La huerta de invierno, imprescindible!

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Es un error muy común entre los aficionados a la huerta urbana o familiar, utilizar ésta sólo durante el verano y mantenerla completamente olvidada durante el invierno. Sin embargo, hay muchas razones por las que no sólo es recomendable, sino necesario sembrar durante la época fría del año.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que las variedades hortícolas que se siembran en verano (curcubitáceas como los calabacines y pepinos, solanáceas como tomates, berenjenas y pimientos) son plantas muy exigentes que absorben muchos nutrientes de la tierra; por ello no se debe sembrar de un año para otro los mismos tipos de plantas en el mismo sitio, sino que hay que rotar. En otro momento hablaremos de las rotaciones, tema interesante y que tiene su propia ciencia.

Por tanto, digamos que termina el verano y el pobre suelo no es que esté completamente esquilmado de micronutrientes y oligoelementos, aunque sí sus reservas han disminuido mucho. Llegados a este punto, tenemos varias opciones, que van desde la de abonar profusamente el huerto en la siguiente primavera para reponer nutrientes o bien sembrar en otoño / invierno un conjunto de plantas que vivifiquen de nuevo ese suelo aportándoles nuevos nutrientes, y es que muchas de las variedades apropiadas para esa época hacen eso precisamente: digamos que ¡preparan el huerto para el verano!.

Es bien sabido que las legumbres aportan nitrógeno al suelo, elemento imprescindible para las plantas estivales. Por tanto, habas, guisantes o lentejas, por ejemplo, no deben faltar en la huerta de invierno. También las judías, pero éstas exigen más calor y su desarrollo puede ser más lento durante la época fría.

Por otra parte, también podemos plantar los denominados abonos verdes, que si bien no nos aportan ningún tipo de cosecha que podamos comer, sí añaden al huerto nuevos nutrientes y la misma descomposición de su materia vegetal una vez finalizado su ciclo vital sirve de fantástico abono, pero ¡abono natural!. La borraja, mostaza blanca, la veza, avena e incluso alguna variedad de trébol son consideradas muy buenos abonos verdes.

Todo esto no quiere decir que no sea necesario abonar en primavera, pero gestionando el huerto en invierno, nuestras necesidades de adición de compost o abono se reducirán porque le habremos dado a la tierra más vida durante el invierno.

Por cierto, también es muy buena idea tener algunas hileras de ajos que además de que se desarrollan muy bien en invierno protegen el suelo de futuros parásitos. Andar por bancal de ajos y oler el aroma que despiden es para mí excusa suficiente para darte una vueltecita por el huerto en invierno y de paso ¡sorprender a algún invitado!.

 
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