
Este texto es una carta al director enviada al suplemento de un periódico, XL Semanal, y que ganó el premio a la mejor carta de aquella semana. La firma Dulcina Fonseca García y se titula “Un simple plátano“.
Me impresionó por su sinceridad, sus vivencias, su capacidad para ir contracorriente como hemos animado en el post del cuento del sapo y por supuesto porque es un canto a una de las mayores virtudes humanas y una gran energía: LA GRATITUD.
Un simple plátano
Después de 11 años trabajando como médico en uno de los países que hemos bautizado como ‘Tercer Mundo’, debí volver a mi casa por asuntos personales.
En una cena familiar, un pariente cercano me preguntó que para qué había estudiado Medicina si estaba malviviendo en una zona perdida de la selva. Sin siquiera darme tiempo a responder, justificaba socarronamente su duda afirmando que, para vivir así, mejor me hubiera hecho misionera y no habría tenido que ¿malgastar? los mejores años de mi juventud estudiando.
Lo realmente curioso es que casi todos los allí presentes le daban la razón haciéndome sentir un animal raro.
Quizá yo pensaría como ellos si me faltase la experiencia de estos años: muchos pacientes han llegado a ofrecerme un plátano como agradecimiento por haber ayudado en un parto o haber aliviado un dolor innecesario de una enfermedad incurable.
Un simple plátano, qué miseria para nuestros estómagos saciados, ¿verdad?. Lo que muchos no saben es que dos plátanos son la cena incluso la comida de un día completo de un matrimonio con tres niños. Sin embargo, en una acción de máxima gratitud (eso que a los occidentales nos falta) han reconocido mi modesto trabajo compartiendo conmigo lo máximo que tienen. ¿Puede un profesional sentir mayor satisfacción?
Dulcina Fonseca García












17 diciembre 2008 20:44
18 diciembre 2008 11:13
24 marzo 2009 21:30
31 mayo 2009 20:05
¿dónde está el mundo civilizado?
24 agosto 2009 11:28
9 septiembre 2009 18:58
No hay nada menos natural que ponerle cáscaras a todo. Todo seguirá conectado a pesar de las burbujas que hemos creado: perderemos humanidad, contacto directo pero no conexión.
Higiene, prevención, etc., palabras muy bonitas que ocultan miedos -a enfermedades, por ejemplo- y obsesiones -por la limpieza, por ejemplo- y eso nos hace manipulables.
Es reutilizable y no hay que tirarlo: ¿y el agua y el detergente que se usa para limpiarlo?, ¿y la energía para fabricarlo y transportarlo al punto de venta?,…
¿Que pensaría la familia africana? ¿Que estamos locos? Peor, los locos no pierden el tiempo poniendole cáscaras a las cáscaras.
Una historia muy humana que apunta hacia el verdadero valor, no de las cosas, sino de los actos.
25 diciembre 2009 13:45
ticos los comentarios de Joseemulero y de Angel. Gracias por compartir y expre
sar Consciencia en mayúsculas!…
2 enero 2010 18:19
1 febrero 2010 13:43
18 marzo 2010 16:17
el artículo nos demuestra que debemos pareciar esos detalles que parecen pequeños pero en el fondo llevan un gran valor y que nos muestran las verdadera felicidad y lo agradecidos y bendecidos que somos de nuestras vidas.
GI.
14 mayo 2010 13:42