La historia real del violinista, el metro de Washington, la belleza, los niños y nuestras vidas

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“La vida es aquello que pasa mientras
estamos ocupados haciendo otras cosas”
John Lennon

Esta es una historia verídica que nos puede hacer recapacitar a todos sobre el ritmo y el sentido de nuestras Vidas:

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Viernes, 12 de enero de 2007, una fría mañana y hora punta en una estación de metro en Washington.

Un hombre blanco vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol, saca un violín y durante 43’ interpreta piezas clásicas de Bach.

En este tiempo, sólo 7 personas se detuvieron y otras 20 dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos colectivos, ni reconocimientos.

El violinista desconocido y con poco éxito es este:

Joshua Bell (EEUU, 1967) es uno de los mejores intérpretes del mundo, y entre sus muchos éxitos destaca que interpretó la banda sonora de la película El violín rojo, que fue galardonada con un oscar.

Esa mañana en Washington tocaba un Stradivarius del siglo XVIII valorado en 3,5 millones de dólares, y tres días antes había llenado el Boston Symphony Hall, a 100 euros la butaca.

No había caído en desgracia, sino que estaba protagonizando un experimento social promovido por  el diario The Washington Post sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. Los objetivos eran descubrir lo siguiente: en un ambiente banal y a una hora inconveniente

  • ¿Está la gente preparada para percibir la belleza?
  • ¿Nos detenemos a apreciarla?

Según los pronósticos de expertos como Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EEUU, el músico debería recaudar unos 150 dólares, de 1.000 personas, unas 35 se detendrían haciendo un corrillo, absortas por la belleza y unas 100 echarían dinero.

Los resultados finales fueron muy muy inferiores y lo curioso es que los individuos que más apreciaron el arte fueron un rockero y niños.

La persona que se paró más tiempo a escucharle, 7’, fue un treintañero funcionario del Departamento de Energía de EEUU que la única música clásica que conocía eran los “clásicos del rock”, pero que posteriormente declaró lo siguiente: “fuera lo que fuera lo que estaba tocando el virtuoso, me hacía sentir en paz“.

Y quienes más atención prestaron fueron NIÑOS PEQUEÑOS. Uno de 3 años se plantó delante del músico pero su madre le impidió disfrutar de la música y lo arrastraba aunque el niño seguía mirando con la cabeza girada. Eso ocurrió con más niños y todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha.

1. ¿Qué aprendió el violinista? Humildad. Estas son sus palabras:

“Era una sensación extraña, la gente me estaba… ignorando. Habitualmente me molesta que la gente tosa en mis recitales, o que suene un teléfono móvil; sin embargo, en la estación de metro me sentía extrañamente agradecido cuando alguien me tiraba a la funda del violín unos centavos”.

2. ¿Qué aprendieron los expertos?

Su generosa conclusión es: “que el contexto importa, y que una estación de metro en hora punta no permite que la gente aprecie la belleza”.

3. ¿Qué podemos aprender nosotros? Varias cosas.

Que los niños son nuestros mejores maestros como ya hemos indicado aquí en varias ocasiones y que deberíamos hacer más caso a su sabiduría y bondad innata porque están exentos de prejuicios. Ellos no veían a un músico callejero “pobre y fracasado” sino a un artista que regala felicidad y altas vibraciones, y no les importa el tiempo y los compromisos sino el aquí y ahora.

Y sobre todo, la gran lección es:

Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar
a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita,
¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?

Vía: La iluminación
Más información: The Washington Post
Más información: El País
Sitio oficial: Joshua Bell

 
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11 Comentarios

  1. 1 - Karolus

    7 febrero 2009 18:28

    Que gran verdad eso de que los niños son sensibles a la belleza y a las altas vibraciones. En mi experiencia personal y laboral he podido constatar que cuando un niño capta algo interesante, bello… se queda enganchado. (dejemos la TV aparte, que aunque encaja en lo que he dicho se basa en un proceso totalmente diferente. Ya hablaremos de ello). Si a un niño no le gusta algo, se levanta y se va sin ningun tipo de problema ni remordimiento. Como no tienen prejuicios y llevan el alma muy a flor de piel, muy cerquita de sus sentidos, enseguida captan cosas. Fijaos en lo quieto que se puede quedar un niño (en general, claro está) cuando está disfrutando de algo. No mueven ni un pelo. ¡¡Ni tan solo aplauden!! Se tiran minutos y minutos sin pestañear siquiera y observandolo todo: manos, instrumentos, movimientos, micros, altavoces, TODO. Y seguro que ni saben que son la mitad de cosas, pero captan perfectamente lo que está pasando y lo gozan. Y luego te hacen preguntas absolutamente sorprendentes.
    Hay que hablar al alma de los niños, ya sea con música, con cuentos de la manera que se quiera. Ellos responden siempre. Efectivamente, nosotros tenemos tantas capas entre el alma y nuestros sentidos que nos cuesta captar y percibir. Necesitamos recuperarlo.
    Por otra parte, interesante la reacción del rockero. Sobretodo por las caraceterísticas del rock y sus efectos en la gente. Demuestra que en el fondo las que determinan son las personas y no las circunstancias.
    Gracias por esta inyección de buenas emociones.
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  2. 3 - aabb

    29 marzo 2010 17:40

    “¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?”

    Pues en mi opinion, personas. Personas maravillosas a nuestro alrededor, vecinos, compañeros de trabajo, conocidos, etc… a los que solo conocemos superficialmente y que podrian sorprendernos por su sencillez, bondad y honestidad.

    Cualidades silenciosas. Son personas que suelen pasar desapercibidas. A veces incluso algunos las malinterpretan y las confunden con debilidad o falta de inteligencia.

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