“Un papá no es una mamá” de Sergio Sinay

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papa y bebe

“No se trata de papá o mamá, sino de papá Y mamá
ofreciendo dos accesos distintos e integrados
a la vida en la sociedad y al vínculo con los demás”
Sergio Sinay

En el siguiente artículo de Sergio Sinay se habla de las diferencias entre un papá y una mamá.  Hombres y mujeres biológicamente están igual de predispuestos para la crianza de los hijos, exceptuando por supuesto la lactancia materna.

Que la predisposición en crianza sea igual en papás y mamás no significa que seamos exactamente iguales.  Por un lado la sociedad nos aboca a unos y a otros a asumir roles diferenciados, por lo que los padres se especializan en unas tareas y las madres en otras. También ocurre que papás y mamás actuamos de diferente manera. Nosotros tenemos una relación más física con los hijos y las mamás un vínculo más emotivo.

“¡Qué horror, se nota que lo vistió el padre! Fijate la combinación de colores”

“¡Ay, Dios, no lo tires así al aire que se te va a caer y se va a lastimar, pobre chico”

“Cuando él los lleva a jugar vuelven hechos un desastre”

Cada vez que un papá participa en la crianza de sus hijos vistiéndolos, jugando o llevándolos a pasear, hay muchas probabilidades de que estos comentarios se produzcan. Muchas veces están dichos con cariño, a veces con fastidio, otras con resignación.

¿Están menos capacitados los padres que las madres para la crianza efectiva, cotidiana, de los hijos? ¿Son menos hábiles? ¿Se dan menos maña?

El papá no está menos capacitado que la mamá. Ambos tienen capacidades distintas, complementarias e irremplazables. El papá tiene una relación más física con sus hijos y la mamá un vínculo más emotivo. Kyle Pruett, prestigioso especialista del Centro de Estudios sobre la Niñez de la Universidad de Yale y autor del libro Fatherneed (La Necesidad de Padre) cita numerosas investigaciones según las cuales ambos, papá y mamá, tienen una similar predisposición emocional para guiar, cuidar y nutrir a los hijos. “Son la sociedad o sus familias las que no los preparan de un modo similar para ello”, apunta. Trabajos del psicólogo Ross Parke, de la Universidad de California, muestran que ambos son igualmente capaces de interpretar y entender las conductas de los chicos. El experto Michael Lamb concluye que “con excepción del amamantamiento no hay evidencias científicas de que las mujeres estén biológicamente mejor predispuestas que los hombres para la crianza”.

¿Por qué, entonces, los papás siguen siendo menos confiables? Creo que debemos buscar la razón en el viejo malentendido de lo “masculino” y lo “femenino”. Los tradicionales y rígidos estereotipos de género (que aún nos influyen a pesar de los cambios) limitaron durante generaciones a los hombres a la producción y provisión y a las mujeres a la nutrición y la crianza. Un buen papá es, en esta visión, el que asegura el bienestar material de su hijo y de su mujer y no interfiere en la relación entre ellos.

Así se instaló la creencia de que, en última instancia, los hijos son más de la mamá que del papá, que ella los entiende y atiende mejor. Y los hombres nos fuimos aceptando como “negados” para la crianza, para la nutrición, para el contacto emocional con nuestros hijos y para entender sus señales (llantos, síntomas, gestos, etc.) Así, también, salud, alimentación, educación y acontecer afectivo se convirtieron en “especialidades” maternas. Y hoy cuando un padre se propone ser más participativo en su paternidad se encuentra con que hay cosas que no sabe porque no le son familiares (y no porque sean ajenas a su condición de varón). ¿Cómo puede aprenderlas? De la misma manera en que las aprende la madre, la única posible: a través de un contacto frecuente y estrecho con el hijo.

Un papá no es una mamá y una mamá no es un papá. El hijo necesita del contacto con ambos para aprender que cariño, atención, nutrición y guía tienen diferentes modos de expresión según provengan de una mujer o de un varón. Michael Yogman, pediatra y pedagogo, dice: “El padre tiende a jugar más que la madre con el pequeño y sus juegos suelen se más vigorosos, más estimulantes más excitantes”. Los de ella son más acogedores, más sedantes. Así el chico aprende sobre sí mismo, sobre su sexo y sobre el opuesto y se educa para convivir en la diversidad. Cuando un papá viste al hijo no lo viste mal. Lo hace diferente de la madre. Cuando lo arroja al aire y lo baraja, no lo pone en peligro porque él sí puede recibirlo en sus brazos con seguridad (a la mamá probablemente se le caería, por eso ella juega distinto). Y cuando sale con ellos y vuelven sucios, es porque con el papá juegan distinto, a juegos más activos y exploran el mundo de otra manera. Son diferencias. No se trata de papá o mamá, sino de papá y mamá ofreciendo dos accesos distintos e integrados a la vida en la sociedad y al vínculo con los demás.

Vía: Kebuskas
En El Blog Alternativo: Día del padre

 
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