LA LACTANCIA SALVAJE de Laura Gutman

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Hasta los años 50 y desde hace millones de años los conocimientos sobre lactancia se transmitían de generación en generación porque las niñas veían a las madres amamantar, pero esa cadena de sabiduría ancestral se rompió por la presión de la industria, la ceguera y errores científicos y médicos, la infravaloración social de la maternidad y todo lo que representa, y la desconexión y huida de las propias mujeres de su verdadera Naturaleza.

Las madres actuales somos el eslabón perdido de la lactancia y nuestro fracaso con la leche materna* es el gran fracaso de esta sociedad.

Este extraordinario texto de Laura Gutman es un canto al retorno, a reivindicar que somos mamíferas y tenemos todo el derecho a estrechar a nuestros bebés piel con piel y alimentarnos con el alimento de su propia especie y que puede brotar como el maná de nuestros pechos si nos permiten hacerlo, si nos apoyan dentro y fuera del hogar y si nos ayudan con eficacia si surgen problemas.

El día que las mujeres recuperemos el poder de nuestra maternidad y los bebés sean colmados en todas sus dimensiones, ese día no reconoceremos nuestro mundo.

LA LACTANCIA SALVAJE

La mayoría de las madres que consultamos por dificultades en la lactancia estamos preocupadas por saber cómo hacer las cosas correctamente, en lugar de buscar el silencio interior, las raíces profundas, los vestigios de femineidad y apoyo efectivo por parte de los individuos o las comunidades que favorezcan el encuentro con su esencia personal.

La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.

Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.

Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamíferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido.

Deleitadas con el milagro, tratando de reconocer que fuimos nosotras las que lo hicimos posible, y reencontrándonos con lo que haya de sublime. Es una experiencia mística si nos permitimos que así sea.

Esto es todo lo que necesitamos para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza  de otros (marido, red de mujeres, sociedad, ámbito social) para ser sí misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos, y dejarse llevar por la locura de lo salvaje.

Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.

Las mujeres que deseamos amamantar tenemos el desafío de no alejarnos desmedidamente de nuestros instintos salvajes. Lamentablemente solemos razonar y leer libros de puericultura, y de esta manera perdemos el eje entre tantos consejos supuestamente “profesionales”.

La insistencia social y en algunos casos las sugerencias médicas y psicológicas que insisten en que las madres nos separemos de los bebés, desactiva la animalidad de la lactancia. Posiblemente la situación que más depreda y devasta la confianza que las madres tenemos en nuestros propios recursos internos, es esta creencia de que los bebés se van a malacostrumbrar si pasan demasiado tiempo en nuestros brazos. La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en los moisés o en los cochecitos o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir:  si lo bloqueamos, desvía su caudal.

Contrariamente a lo que se supone, los bebés deberían ser cargados por sus madres todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. Porque se alimentan también de calor, brazos, ternura, contacto corporal, olor, ritmo cardíaco, transpiración  y perfume. La leche fluye si el cuerpo está permanentemente disponible. La lactancia no es un tema aparte. O estamos madre y bebé compenetrados, fusionados y entremezclados, o no lo estamos. Por eso, dar de mamar equivale a tener al bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. No hay motivos para separar al bebé de nuestro cuerpo, salvo para cumplir con poquísimas necesidades personales. La lactancia es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es entrega.

Dar de mamar es posible si dejamos de atender las reglas, los horarios, las indicaciones lógicas y si estamos dispuestas a sumergirnos en este tiempo sin tiempo ni formas ni bordes.  También si nos despojamos de tantas sillitas, cochecitos y mueblería infantil, ya que un pañuelo atado a nuestro cuerpo es suficiente para ayudar a los brazos y las espaldas cansadas. Incluso si trabajamos, incluso si hay horas durante el día en que no tenemos la opción de permanecer con nuestros bebés, tenemos la posibilidad de cargarlos en brazos todo el tiempo que estemos en contacto con ellos.

Es verdad que hay que volverse un poco loca para maternar. Esa locura nos habilita para entrar en contacto con los aspectos más genuinos, inabordables, despojados, salvajes, impresentables, sangrantes de nuestro ser femenino. Así las cosas, que nos acompañe quien quiera y quien sea capaz de no asustarse de la potencia animal que ruge desde nuestras entrañas.

LAURA GUTMAN

En El Blog Alternativo: Día de la madre

*Menos del 30% de los bebés toman lactancia materna a los 6 meses en España que es el tiempo recomendado por la OMS y UNICEF para la lactancia exclusiva y que se alarga hasta mínimo los 2 años para lactancia complementaria a otros alimentos.

 
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28 Comentarios

  1. 2 - chose

    3 mayo 2009 09:32

    !!Excelente el texto!!Sólo con que dejaran a las madres con sus hijos sin dar consejos ni lecciones, y que éstas siguieran su instinto, la lactancia sería un éxito….y todo lo demás de la crianza. Gracias por compartirlo.
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  2. 3 - Freeman

    13 septiembre 2010 22:33

    Aplaudo esta lección de autenticidad, salud y sentido común. Y repudio aquello en lo que hoy en día se ha convertido la maternidad y la lactancia, por las arbitraias e ignorantes imposiciones sociales, médicas y culturales. Es un crimen que paga generación tras generación. Mujeres madres, sean lo que ustedes son, benditas sean.
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  3. 4 - MARIBEL

    26 septiembre 2011 16:49

    hola soy maribel de 28 años y tengo tres hijos una de 10,uno de 5 y un bebito de casi 4 meses.yo apoyo a las madres que defienden la lactancia materna.yo lo hice con mis hijos mas grandes hasta los 2 añitos cada uno,y lo sigo haciendo con mi nuevo baby.la leche materna aporta todo lo necesario para el bebe y crea un vinculo especial entre ambos.yo adoro amamantar es algo que disfruto mucho.por eso mi mensaje para aquellas madres y para las que lo seran algun dia…amamantar a tu hijo es un milagro.
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  4. 6 - Ángeles Muñoz Torres

    4 abril 2014 23:51

    Es lo mejor y más bonito y cuanto más dejes k actúe tu instinto más fácil es . Tengo dos hijos y el pequeño a tomado pecho hasta los 3 años y medio lo dejo solo y de la manera más natural
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  5. 8 - Rosa Maria Fernandez

    7 abril 2014 12:11

    Todo muy bien pero sin olvidar que ademas de madres somos personas, ni gatas, ni lobas, ni canguras, simplemente personas, sabes, Laura?
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  6. 9 - anabela melgar

    9 abril 2014 05:07

    me emociona laura al leerla al escucharla ella pone en palabras lo que siento 26 meses dando teta a mi hijo y aseguro que no hay nada que me de mas felicidad lo recomiendo es terunra pura llegar del trabajo y correr a abrazar a mi hijo y que me diga tetita mami es el cielo para mi
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  7. 10 - Elizabeth Gonzalez

    13 abril 2014 18:17

    Son momentos que nunca se olvidan, y los bebés crecen demasiado rápido. Disfrutenlo
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