21 DÍAS ENTRE CHABOLAS: luces y sombras de la ciudad

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Realmente son muy interesantes los reportajes que el equipo de Callejeros realiza para la cadena de TV española Cuatro. En un estilo y formato similar también se ha emitido la serie “21 días” de la periodista Samanta Villar: 21 días entre chabolas, 21 días sin comer, 21 días fumando marihuana y 21 días machacando mi cuerpo.

Hoy quiero compartir el programa en el que Samanta convive con una familia gitana de un barrio chabolero de Sevilla.

La verdad es que por sistema tiendo a desconfiar de estas iniciativas: creo que es muy difícil librarnos de nuestros prejuicios, y estos programas suelen acabar siendo una defensa a ultranza de determinados aspectos de la marginalidad sin querer ver sus sombras.

Debo decir, para empezar, que en este caso no es así.

La idea no es novedosa: la periodista vivirá con una familia gitana durante 21 días y nos irá contando todo lo que va viendo. Y lo primero que salta a la vista son las precarias condiciones en que viven los chabolistas.

No hay ninguna ducha: la única forma de lavarse es en tinas donde se meten enteros y se lavan por partes. El agua corriente es un grifo donde llenan sus baldes. Las casas son de chapa metálica: en verano son como hornos y en invierno hace frío.

El documental hace un esfuerzo destacable en no intentar idealizar el estilo de vida gitana: nos muestra como el patriarca del clan le deja claro a Samanta que allí el que manda es él, aunque sea “como un padre”.

El machismo es evidente también cuando conocemos la difícil situación de las mujeres que tienen a sus maridos en la cárcel. La ley de los gitanos dice que  no pueden salir sin su madre, o sin algún miembro de la familia del marido. Tampoco pueden pintarse o ir de fiesta: – “si estuviera mi marido”,- dice una joven -, sería otra cosa”.

Son costumbres ancestrales. No podría ser de otro modo en gentes que procuran aislarse y a los que se aísla del resto de la sociedad.

Sus formas de ganar dinero están todas bordeando la legalidad, por no decir sobrepasando los límites en la mayoría de los casos. Su base principal de sustento es el robo de hierro por las obras de los alrededores para venderlo por unos pocos euros.

En ésta tarea colaboran los niños desde temprana edad, acudiendo a recicladores de hierro donde el peligro de intoxicación y accidentes de múltiples tipos es alto… por no mencionar a la policía. Como dice Samanta, estas actividades son absolutamente tercermundistas. Y no nos engañemos: son permitidas por las autoridades policiales y políticas. El mirar para otro lado en algo así está bien visto por mucha gente…

“Hay veces que nos acostamos sin comer. El primer día lo haces, el segundo también: el tercero, si tienes hijos, ya no lo haces…”

Haces cualquier cosa. ¿Es una justificación del robo? Sinceramente, ¿qué haríamos nosotros si no tuviéramos comida para nuestra hija?

Hay algunas luces, desde luego: Pinto, un gitano que se casó con una paya y vive fuera del barrio de chabolas, con trabajos con contrato… de vez en cuando. Martín, un ex-drogadicto que gracias a la metadona y a su madre está saliendo del túnel y empieza a ver la luz.

El relato de ésta experiencia es descarnado aún en los momentos más amables. La alegría de los gitanos cuando por fin instalan la ducha en el barrio contrasta con la detención de uno de ellos. Le acusan de robo a mano armada…

Pero es gente de buen corazón. Su dignidad a la hora de defender que los niños vayan a la escuela “llueva o nieve” revela una voluntad de que sus hijos logren salir de la pobreza, dignidad que no depende del dinero.

Asimismo, conceptos como la HOSPITALIDAD o la hermandad familiar son realidades que deberíamos aprender de ellos en muchos aspectos. La unión y la solidaridad dentro del clan son muy sólidas.

¿Cómo podría explicar las sensaciones que me produjo?

Me alegro de no estar allí. No cambiaría mi vida por la de ellos. Pero sí intentaría por todos los medios que tuvieran las mismas oportunidades que tenemos los que vivimos en este primer mundo del que ellos también forman parte. Es evidente que cometen errores, pero también es cierto que tienen muchas más opciones de cometerlos.

Si una cadena se mide por su eslabón más débil, la salud de una sociedad se mide por cómo trata a los desfavorecidos. Y aquí es evidente que hemos suspendido.

Si tenéis un hueco en la agenda, ved el programa. Merece la pena. Puede que luego valoréis más tantas cosas que damos por hechas y que la mayoría de la humanidad no tiene.

JUAN

Sitio oficial: 21 días
Pista: KostenlosKultur

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