Tú tienes reloj, yo tengo tiempo. Entrevista al tuareg MOUSSA AG ASSARID

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En el desierto no hay atascos

Moussa Ag Assarid es el mayor de trece hermanos de una familia nómada de tuaregs. Nació al norte de Mali hacia 1975 y en 1999 se trasladó a Francia para estudiar. Es autor de “En el desierto no hay atascos“, donde describe su fascinación y perplejidad ante el mundo occidental.

Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis.
Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

A continuación está la entrevista que concedió a La Vanguardia

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles…!

Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo

¡Qué turbante tan hermoso…!

Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.

Es de un azul bellísimo…
A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…

¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

¿Por qué?
Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

¿Quiénes son los tuareg?
Tuareg significa “abandonados”, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: “Señores del Desierto”, nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

¿Cuántos son?
Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… “¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!”, denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

¿A qué se dedican?
Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio…

¿De verdad tan silencioso es el desierto?
Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba… Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre… Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

¿Sí? No parece muy estimulante. ..
Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

Saber eso es valioso, sin duda…
Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro…

Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja…
Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté… Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua… y sentí ganas de llorar.

Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso…

¿Tanto como eso?
Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos… Yo tendría unos doce años, y mi madre murió… ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

¿Qué pasó con su familia?
Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa… Entendí: mi madre estaba ayudándome…

¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo…

Y lo logró.
Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.

¡Un tuareg en la universidad. ..!
Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la noche, miráis la tele.

Sí… ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa… En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde…

Fascinante, desde luego…
Es un momento mágico… Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor… La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor…

Qué paz…
Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

Vía entrevista: La Contra de La Vanguardia 1 febrero 2007
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14 Comentarios

  1. 2 - Victor

    12 septiembre 2009 23:53

    emocionante lo q describe este Ser, mi pueblo, los aborígenes Canarios, provienen de los amazig, o eso nos gusta creer a algunos. Me encantaría recuperar ese modo de vida, estoy en ello.
    Increíble como encontró un libro tan mágico como el principito . . . debe ser un Angel este chico. Gracias por el Blog
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  2. 5 - primitivo

    18 junio 2010 13:05

    Emocionante, ojala supieramos todos valorar todas estas cosas sencillas de la vida que en realidad son las que nos dan la felicidad de vivir,,,me transmite tanto esta entrevista!!! vivir asin sin dudas es vivir en paz con Dios tambien.
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  3. 6 - Can-Men

    11 diciembre 2010 21:00

    Una cita respecto al título y al mensaje:

    DESPACIO SI TIENES PRISA

    “Ustedes tienen que aprender a pensar despacio. A ustedes les entran las cosas por los oídos pero no escuchan. Ven cuadros, ven cifras, pero no dialogan ni escuchan. Ustedes no ven a los que están a su alrededor. Cuando se piensa despacio antes de hacer las cosas, se ve todo, todo lo que está alrededor. Ustedes piensan con afán y las cosas les quedan mal hechas”.

    Mamo Kuncha

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  4. 7 - Antonella

    30 julio 2011 17:45

    me dieron este texto para relacionar con socializacion(primaria y secundaria), cultura escolar, poder, experiencias. Alguien podria ayudarmee!! gracias besos
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  5. 8 - Kraco

    22 abril 2013 13:12

    Empezemos: Este hombre dice que es hermano de otros 12 hijos de su madre y ésta, según el se muere a sus 12 años, aunque el no sepa su edad debido a que no sabe cuando nació… ALGO NO ENCAJA. Simplemente, no se como ha podido conseguir una beca…
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  6. 9 - Roger Mallet

    1 abril 2014 11:41

    Yo tuve un amigo tu área.se llamaba Taoudji.Me enseño a conducir por el desierto y más.me acuerdo mucho de el.Es un pueblo de muchas cualidades que nunca se dejará dominar
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  7. 10 - miguel

    18 agosto 2016 12:25

    Lo podemos perfeccionar: Tú tienes reloj. Yo tengo modo. Si para no sufrir a Cronos el esquema o estrategia es no tener que correr, entonces la vida se simplifica. Pero simplificar no es siempre ni una posibilidad, ni una cosa deseable. Dado que la complejidad también cuenta. De facto, Muamar Gadafi tenía muchas ventosidades por intolerancia a la lactosa. Era gran bebedor de leche de camella. O Bob Marley con su cáncer. Favorecido por la discrasia sanguínea fruto del porro. No siempre el retorno a lo natural es lo mejor. El modo es una orquestación de espaciotiempos. Las oligocracias nos dicen que debemos no perderlo. De esa manera nos meten el miedo en el cuerpo. Y nos obligan a actuar de manera sencilla. Es preciso simplificar para vencer. Pero previamente es necesario complejizar para tener la perspectiva adecuada. Y vencer no es una necesidad del mal civilizado. Es que el buen salvaje siempre fue un mito. El tata gatarba o transfondo maligno de todas las cosas. Que dicen los budistas. El modo debe poner la desideración o voluntad propia al frente de todo. Y usar la onírica como herramienta de trabajo estético. Que mezcle las necesidades con los deseos de satisfacción de éstas. A lo grande. Transformando la mera supervivencia en sobrevivencia. Es por ello que Gadafi tenía su guardia pretoriana de vírgenes prestas a matar. Probablemente sea cuento chino. O de las mil y una noches. Pero no me trago que el Tuareg sea la creme de la creme de los bereberes. Frente a un simple beduíno que se convierte en playero en andalucía varias generaciones after. De los tuaregs se ha contado también el bandolerismo y el asesinato. Aunque todavía no tan brutal como el yihaddista. El culto al retorno a la naturaleza es el del cambio de escenario. Pero la moral, buena o mala, no depende del escenario. La tesitura de los hombres no depende de la comodidad. Sino de las entrañas de éstos. Así que negar la complejidad de medir el tiempo, so pretexto de disponer de él negándose a lo que no sea simple, es una mala opción en algunos casos. Las verdaderas utopías no pueden estar fundamentadas en el retorno a un paraíso pestilente como el oasis. Sino a un nuevo mundo que aúne características de los anteriores.
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