Este verano he conocido a María, una chica de Nigeria que cuida a un abuelito español de 93 años durante todo el año.
Mary, como muchos de los inmigrantes que vienen a España dejando hijos, padres y demás familiares en el país de origen, es un amor. Siempre que pienso en cada madre que cruza un charco, dejando atrás a unos hijos, que no ven durante muchos años, siento que son verdaderas heroínas.
Aunque no tengo claro si perseguir el sueño capitalista del “Occidente Rico” compensa el sacrificio de dejar unos hijos a cargo de abuelos que, al final, no reconocen ni conocen a sus propios padres. Aún así lo respeto, porque en nuestra zona rica vivimos muy bien, nadie nos ha dicho que esto es sólo nuestro y pienso que cualquiera, sea del lugar que sea, tiene derecho a venir a trabajarlo y a compartirlo.
Y como entre los inmigrantes que conozco hay de todo, bueno, menos bueno, como en mi propio lugar donde vivo, y en este planeta en general, quiero contaros una pequeña historia que me contó María sobre su vida, una historia real, una historia de las buenas.
La madre de María, hace muchos años, se enfrentaba a un matrimonio convenido, en Nigeria, con otro hombre de color, mucho mayor que ella. Pues bien, cuando la madre de María se dio cuenta de con quien se tenía que casar, huyó. Y huyó con un hombre blanco.
Esta huida le valió el que su familia la dejara de hablar y el rechazo que, aún más en aquella época, supuso huir con un hombre blanco y desobedecer los designios marcados en su familia.
La madre de María tuvo trece hijos. Siete murieron y sobrevivieron seis. De entre ellos María, que, al casarse con otro hombre de color, en Nigeria, tuvo dos hijos, un blanco y otro de color.
María trabaja en España todo el año y va a Nigeria una vez cada dos o tres años. Cuando estuvo por última vez, su hija de 11 años le dijo “tu no eres mi mama, mi mamá es con la que hablo por teléfono”.
Pero María trabaja, mucho y bien. Ahorra todo el dinero con la esperanza de hacerse una casa en Nigeria. Con una parte de ese dinero manda a su hija al colegio. Un colegio que a ella le negaron por ser mujer en África.
María sonríe mucho, sonríe las 24 horas del día. Y en su español e inglés deficientes hace chistes y cuenta historias como esta. Sin rabia, sin rencor, sin tristeza. Viviendo el presente, proyectando su futuro, sin estar anclada en su pasado que ya no existe.
Cuando escuché su historia sentí que quería escribirla, regalarla al universo y reflexionar sobre los actos heroicos de personas anónimas como María o la madre de María.
Este relato se lo dedico a todas las madres que renuncian a ver crecer a sus hijos por darles un futuro mejor con la esperanza de este tipo de actos nos enseñen algo y no se vuelvan, demasiado, en nuestra cuenta.
Y también se lo dedico a todas las mujeres que alguna vez se han revelado sobre un futuro machista e injusto, predestinado para ellas, y que se han enfrentado, sin miedo, ni prejuicios, a quienes quisieron imponérselo.
Sólo pude decirle a María que la apoyaba en su proyecto de vida y que dejara que su hija estudiara abogado, médico o lo que fuera, cualquier cosa que hiciera de su hija una nueva mujer africana que luchara por el cambio de la situación de las mujeres y la educación en su país.
¡¡Gracias Maria por ser mi maestra!!
En El Blog Alternativo: Nawal Al Sadawi, escritora árabe: “Hay que tener valor para cuestionar a tu padre, a tu marido, a Dios”













11 septiembre 2009 16:31
14 septiembre 2009 15:24
16 septiembre 2009 20:25
De momento reitero. UN BRINDIS POR LOS SERES HUMANOS QUE DEJAMOS ATRÁS UNA FAMILIA POR UN FUTURO Y MUNDO MEJORES. SEAMOS DEL COLOR DE PIEL QUE SEAMOS.
19 septiembre 2009 13:45
Otra cosa es el ámbito del ser. Desde este ámbito estoy de acuerdo contigo: no hay palabras para describir lo que eres.
19 septiembre 2009 16:51
20 septiembre 2009 20:28
El simple hecho de que mis palabras hayan podido incomodarte un solo instante es suficiente para que te pida disculpas. Y aquí y ahora te las presento.
Por supuesto que eres alguien para desmostrar que estoy equivocado, pero eso solo puede ocurrir en el ámbito del tener. El ámbito del ser se siente no se demuestra. Y en eso soy un aprendiz del aprendiz.
Un beso y un abrazo muy fuertes, te seguiré con atención.
22 septiembre 2009 10:20
17 junio 2012 03:04
20 junio 2012 11:39