Crema de calabaza al roquefort con pipas garrapiñadas

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A pesar de que se las asocia a los suspensos, decepciones amorosas y Halloween, las calabazas son buenas. Son un alimento anticancerígeno por la presencia del antioxidante betacaroteno y más efectivas para los problemas de vista que la zanahoria.

La calabaza es la hortaliza más grande del mundo y la reina del otoño: en cremas, guisos y hasta dulces.

Esta crema de calabaza al roquefort con pipas garrapiñadas es una exquisita receta que fusiona la suavidad de la calabaza, la fuerza del roquefort y el dulce del garrapiñado consiguiendo un sabor delicioso y diferente a la típica crema de calabaza con verduras o a la calabaza a la naranja.

Y así elaboramos la crema de calabaza al roquefort con pipas garrapiñadas:

  • 1 kg de calabaza, ya pelada y despepitada
  • 1 cebolla, unos 300 gr
  • 1 patata, unos 200 gr
  • 100 gr de queso roquefort o similar
  • 80 gr de pipas de calabaza y 40 gr de azúcar de caña

Troceamos la cebolla, la salamos y la pochamos en una cazuela con el fondo cubierto ligeramente con aceite unos 15’, que quede bien transparente, vigilando que no se pegue.

Añadimos la calabaza y la patata peladas y troceadas y rehogamos un minuto. Cubrimos con agua y dejamos cocer hasta que esté todo blandito, unos 35’.

Quitamos un poco de caldo y lo reservamos para conseguir una textura más de crema que de sopa. Luego lo podemos añadir si se necesita.

Batimos junto al roquefort y salamos al gusto, aunque ya tiene un sabor suficientemente definido y apenas se necesita sal. Podemos pasar la crema por un pasapuré para que quede más fina.

Paralelamente vamos garrapiñando las pipas en una cazuelita a fuego suave. Simplemente ponemos las pipas y el azúcar a calentar y poco a poco éste se funde y va recubriendo las pipas.

Hay que ir removiendo constantemente para que no se quede todo pegado.

En unos 5’, cuando veamos que las pipas ya están garrapiñadas, las extendemos sobre una superficie dura y bien limpia, como el mármol/encimera de la cocina, y dejamos que se enfríen allí. Ponemos la cazuela a remojo para que luego la podamos lavar bien.

Servimos la crema de calabaza caliente con las garrapiñadas de guarnición y con el calor se funde el azúcar decorando la superficie de la crema. La combinación del dulce y el roquefort es realmente especial y rica.

La calabaza de la foto es de la huerta de mi padre y lo que hacemos es congelarla ya pelada y en dados y así la tenemos siempre disponible para todas estas recetas de calabaza.

Con tantos atributos, la verdad es que deberíamos desear a la gente que les den muchas calabazas. La calabaza no se merece tan mala fama.

En El Blog Alternativo: Recetas con calabaza

 
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