Estemos sanos con una buena alimentación

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Desde hace unos meses asistimos a la mediatización de una enfermedad y su mercantilización.

Aterrados, vemos cómo estamos a las puertas del invierno (en el hemisferio norte, claro) y los titulares nos recuerdan diariamente que la amenaza está ahí y que nos puede afectar a nosotros o a algunos de nuestros familiares; ¿se da la voz de alarma ante una amenaza real o se acaparan titulares apocalípticos acojonando al personal para así ganar lectores?.

¿Estamos en una sociedad en donde el miedo moviliza más que cualquier otra cosa, como podría afirmar Naomi Klein en su último ensayo?.

¿Nos podemos fiar de todo este circo mediático en un tema tan importante como la salud de nuestros hijos?.

Todo esto me hace tener un conjunto de reflexiones que quiero compartir con vosotros en cuanto a cómo nuestra sociedad enfoca la medicina y nuestra salud.

Por alguna razón nos hemos acostumbrado a dejar nuestra salud en manos de otros, nos hemos des-responsabilizado en gran medida de lo que nos pasa y además queremos que una pastillita, da igual el color o el tamaño, acabe de inmediato con aquello que nos hace enfermar.

Nuestra salud, hoy día, está totalmente mercantilizada y no es más que un mercado para el poderoso sector farmacéutico, acusado en numerosas ocasiones de inventar enfermedades, asunto que en inglés está perfectamente conceptualizado como disease mongering y que consiste en ampliar los límites de lo que se considera una patología y poder así fabricar y vender nuevos medicamentos, antes no necesarios.

No queremos enfermar pero tampoco queremos preocuparnos por no enfermar, del mismo modo que muchas parejas que deciden tener hijos después quieren que otros los críen.

La medicina convencional actual se basa en reconocer unos síntomas que si encajan en un protocolo pre-establecido, deberán ser tratados a posteriori con tal o cual medicamento: jarabes, analgésicos, antibióticos, etc. ¿Alguien ha salido alguna vez satisfecho de la consulta de un médico después de decirle que se vaya tranquilo a casa y que el cuerpo sanará por sí mismo?. No, queremos una solución ya a aquello que probablemente hemos provocado nosotros mismos por una mala alimentación o unos malos hábitos de vida.

Debemos responsabilizarnos por nuestra salud y más aún por la de nuestros hijos y trabajar más en la prevención, y por ello me pregunto:

  • ¿es la alimentación actual lo suficientemente rica en nutrientes para mantenermos, pues eso, nutridos?
  • ¿no se abusa de azúcares y grasas ocupando éstas el lugar que deberían tener una mayor proporción de fruta y verduras en nuestra dieta?
  • al alejarnos de nuestra alimentación tradicional y natural (como diría Michael Pollan, aquellos platos que reconocerían nuestra abuelas), ¿no impedimos que nuestros cuerpos tengan lo necesario para protegernos del exterior?
  • ¿favorece un estilo de vida sedentario, falto de espacio y luz nuestro sistema inmunológico?

¿Por qué no entonces tratar de que el sistema inmunológico esté en forma en todo momento para evitar enfermedades o, por lo menos, minimizar su impacto?. ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué llegamos a acumular tantas cápsulas, jarabes, etc. en casa?. ¿Cuántas molestias o afecciones que en alguna ocasión nos han fastidiado podríamos haber evitado con una mejor alimentación?.

Aquí es donde adquiere todo el sentido del mundo la prevención, incorporándola a nuestros hábitos de vida.

Inauguramos con esto una serie de posts para que nuestro sistema inmunológico (SI) esté en forma a través de nuestra alimentación y unos hábitos de vida saludables.

Por ejemplo, ¿sabíais que la luz natural es fundamental para la generación de células inmunológicas?, ¿o que hacer algo de ejercicio facilita el movimiento del líquido linfático, que es imprescindible para que nuestro sistema inmune esté fuerte?. ¿Sabéis el papel fundamental que tiene en todo esto la vitamina C?. ¿Sabéis que tanto el estrés como el exceso de alcohol reducen la fortaleza de nuestro sistema inmune?.

Veremos cómo la clave para que nuestras defensas estén fuertes reside en una correcta alimentación, ¡qué sorpresa, eh!.

Espero ayudaros a que este invierno elijáis menús no sólo nutritivamente saludables, sino además que fortalezcan nuestro sistema inmune.

Como dice el refrán, ¡más vale prevenir que curar!.

 
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