EL HOMBRE DE HIERRO: la nueva masculinidad según Robert Bly

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“El hombre es más ancho que el mar y que sus islas, y hay que caer en él como en un pozo, para salir del fondo con un ramo de agua secreta y de verdades sumergidas”.
Pablo Neruda, poeta chileno

La eterna búsqueda de la esencia toma a veces caminos extraños. Durante milenios, “lo femenino” y lo “lo masculino” parecieron dos mundos separados por alambradas casi insalvables de prejuicios e incomprensiones.

Más tarde, y a través de un largo y muchas veces amargo camino, las mujeres lograron que los varones tuvieran, tuviéramos que tener en cuenta el enorme caudal de la energía femenina
En realidad, fue una tareja conjunta: es decir, los hombres se dieron cuenta de que faltaba “algo” en su interior que no habían sido capaces de dar forma, y las mujeres reclamaron su espacio con la avasalladora fuerza de las injusticias pasadas. Ello nos llevó a movimientos como el feminista, que reivindicaron el papel de la mujer en la sociedad cayendo muchas veces en los mismos errores que el machismo había repetido hasta la saciedad…

La otra vía, la del redescubrimiento por parte de los hombres de su lado femenino, siguió su camino. Y llegó a cuotas más que interesantes y, en muchos casos, necesarios.

Evidentemente, el modelo de hombre autoritario y justiciero que se había enseñoreado del mundo desdeñando la sensibilidad y las emociones en general había fracasado, y urgía sustituirlo.

Pero…

La sustitución consistió en una asunción por parte de los hombre de un modelo femenino: es decir, de la aparición del “hombre suave”

Robert Bly es un poeta estadounidense nacido en 1926. Su biografía es fascinante: autor plenamente comprometido con su tiempo, perteneció a la Asociación Americana de Escritores contra la guerra de Vietnam y tuvo una influencia muy destacable entre los poetas de su generación. En 1952 recibió una beca Fulbright para viajar a Noruega, de donde procedía su familia, y comenzar un estudio de traducción de poetas noruegos al inglés.

En Europa, Bly descubrió no sólo a muchos poetas noruegos desconocidos para el público estadounidense, sino a muchos otros autores que le impactaron profundamente, como Machado, Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, César Vallejo, o el místico sufí Rumi.

Decidió dar a conocer la obra de estos autores en EEUU. Sus iniciativas posibilitaron que muchos escritores de su época conocieran a estos poetas y los apreciaran en su justa medida.

En 1990 publicó IRON JOHN (editado en español por Gaia Ediciones). En el realiza un análisis de los arquetipos que aparecen en el cuento “Juan de Hierro” de los hermanos Grimm.

Este libro iba a convertir en un clásico que iniciaría lo que se ha venido en llamar “la nueva masculinidad“, y serviría de punto de partida para que en Estados Unidos se creara el “Movimiento del hombre mitopoético”.

Bly analiza al hombre desde una perspectiva basada en Carl Gustav Jung. A través de diferentes técnicas como el estudio de los conocimientos arquetípicos inscritos en los “cuentos de hadas”, intenta averiguar cuál sería el camino para poder desarrollar de verdad el pleno potencial que los hombres poseemos en nuestro interior.

Me parece un punto de vista muy interesante para poder abordar un tema, el de la masculinidad, que creo que urge tratar. Para poder crecer, no basta con destruir: hace falta descubrir, sacar a la luz, la verdadera esencia que nos llevará a vivir en armonía.

Os dejo con sus palabras sobre “el hombre suave” que aparecen en el primer capitulo de “Iron John”: si bien menciona al hombre americano, creo que lo que dice es en gran medida universal.

Qué gran punto de partida… si entendemos que es eso, un principio, y no un final.

En los setenta, empecé a detectar por todo el país un fenómeno que podríamos denominar «el varón suave». Incluso hoy en día cuando hablo en público, más o menos la mitad de los varones jóvenes son del tipo suave. Se trata de gente encantadora y valiosa —me gustan—, y no quieren destruir la Tierra o dar comienzo a una guerra. Su forma de ser y su estilo de vida denotan una actitud amable hacia la vida.

Pero muchos de estos varones no son felices. Uno nota rápidamente que les falta energía. Preservan la vida, pero no la generan. Y lo irónico es que a menudo se les ve acompañados de mujeres fuertes que definitivamente irradian energía.

Nos encontramos ante un joven de fina sensibilidad, ecológicamente superior a su padre, partidario de la total armonía del universo y sin embargo con poca vitalidad que ofrecer.

La mujer fuerte o generadora de vida que se graduó en los sesenta, por decirlo así, o que heredó un espíritu más viejo, desempeñó un papel importante en la creación de este hombre preservador, que no generador, de vida.

Recuerdo una pegatina de los años sesenta en la que se leía: «LAS MUJERES DICEN SÍ A LOS HOMBRES QUE DICEN NO.» Sabemos que hacía falta tanto valor para resistirse al reclutamiento, ir a la cárcel o exiliarse al Canadá, como para aceptar el reclutamiento e ir a Vietnam. Pero las mujeres de hace veinte años decían claramente que preferían al varón más suave y receptivo.

De modo que el desarrollo del hombre se vio ligeramente afectado por esta preferencia. La virilidad no receptiva era equiparada a la violencia, mientras que la receptiva era premiada.

Algunas mujeres enérgicas, tanto entonces como ahora en los noventa, elegían y siguen eligiendo a hombres suaves como amantes y, tal vez, como hijos. La nueva distribución de energía «yang» entre las parejas no se dio accidentalmente. Los jóvenes, por diversas razones, querían mujeres más duras, y las mujeres empezaron a desear hombres más suaves. Durante un tiempo parecía un buen arreglo, pero ya lo hemos experimentado lo bastante como para saber que no funciona.

La primera noticia de la angustia de los hombres «suaves» la tuve al oírles contar sus historias durante las primeras reuniones de varones. En 1980, la comunidad lamaística de Nuevo México me pidió que diera una conferencia para un público exclusivamente masculino, la primera que organizaban, en la que participaron unos cuarenta varones. Cada día nos dedicábamos a un dios griego y a una antigua historia, y luego, por la tarde, nos reuníamos a conversar.

Cuando los más jóvenes hablaban, no era raro que se pusieran a llorar a los cinco minutos. Me asombró la cantidad de dolor y angustia de aquellos jóvenes.

Sus aflicciones se debían en parte al alejamiento de sus padres, que acusaban agudamente, pero otra parte se debía a problemas en sus matrimonios o relaciones de pareja. Habían aprendido a ser receptivos, pero la receptividad no era suficiente para sacar adelante sus matrimonios en tiempos de crisis. Toda relación necesita de vez en cuando cierta violencia: la necesitan tanto el hombre como la mujer. Pero, cuando surgía esta necesidad, el hombre solía quedarse corto. Su actitud era positiva, pero su relación y su vida requieren algo más.

El hombre «suave» era capaz de decir: «Sé lo que estás sufriendo y considero tu vida tan importante como la mía, y cuidaré de ti y te consolaré.» Pero no podía decir lo que quería, y mantener su postura. Resoluciones de ese tipo eran tema aparte. En la Odisea, Hermes le ordena a Odiseo que cuando se aproxime a Circe, que representa cierto tipo de energía matriarcal, levante o muestre su espada. En estas primeras sesiones, a muchos de los más jóvenes les costaba distinguir entre mostrar la espada y herir a alguien.

Un hombre, una especie de encarnación de ciertas actitudes espirituales de los sesenta, un hombre que había vivido en un árbol en las afueras de Santa Cruz durante un año, se descubrió incapaz de extender el brazo cuando sostenía una espada. Había aprendido tan bien a no lastimar a nadie, que no podía alzar el acero, ni siquiera para reflejar la luz del sol. Pero mostrar una espada no implica necesariamente pelear.

También puede sugerir una alegre firmeza. El viaje que muchos americanos han emprendido hacia la «suavidad», hacia la «receptividad» o hacia «el desarrollo del lado femenino» ha sido un viaje enormemente valioso, pero aún queda mucho por recorrer.

No hay punto de llegada.

Página oficial: Robert Bly
Venta del libro online: Casa del libro
En El Blog Alternativo: Nueva masculinidad

 
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9 Comentarios

  1. 1 - jorge lina

    17 septiembre 2010 19:50

    hola
    los travestis, transexuales
    para ud. serian parte de la nueva masculinidad?
    o ya es un extremo muy marcado?
    por tener mas caracteristicas femeninas que masculinas, digo
    no se
    ud. que piensn?
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  2. 3 - Alberto

    12 julio 2014 01:24

    Interesante el punto de vista de Bly sobre la crisis de la masculinidad. Se ha perpetrado en las sociedades industriales un modelo hegemonico sobre la masculinidad que gira en torno al poder económico, político y social. Este modelo tiene consecuencias negativas en los hombre pobre, en su sexualidad, su vida social porque se generan estereotipos inalcanzables.
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