En defensa de una economía realmente verde

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Como bien muestra esta maravillosa viñeta realizada por nuestra editora Laura, a mí se me pone la misma cara de circunstancia cuando leo y releo los maravillosos planes económicos y políticos que ahora se están cociendo para un mundo post-crisis.

Medioambiente y sostenible son dos palabras con las que el ciudadano medio está cada vez más sensibilizado.

Políticas medioambientales, actividades sostenibles, pensar en verde…, son conceptos que progresivamente aparecen en los medios de comunicación al tiempo que las empresas llenan el marketing de ese color para atrapar a un público angustiado, ansioso de ver por fin noticias positivas en contra de los mensajes apocalípticos relacionados con el cambio climático.

Ahora, ha llegado el turno del crecimiento sostenible.

La mayoría no queremos responsabilizarnos ni modificar un ápice nuestro estilo de vida basado en la necesidad nunca satisfecha de bienes materiales: vivimos atrapados en la rueda eterna del consumo y aún sabiéndolo, el sistema se encarga de que nunca deje de girar.

En este escenario, medioambiental, sostenible y verde son conceptos que se prestan a una fácil devaluación y son utilizados para que la rueda continúe perfectamente engrasada.

Recientemente se ha comenzado a hablar en la esfera política de un mundo post-crisis, encaminado hacia una política económica que fomente lo que se ha dado en llamar economía sostenible. En España incluso se está preparando una ley para su desarrollo.

No obstante, los mismos que fomentan y en cierta medida diseñan esa economía verde, siguen muy atentos y aferrados a los indicadores del crecimiento económico para espantar el fantasma de la deflación en primer lugar, la recesión después y la recuperación del empleo en cuanto el crecimiento económico alcance cifras suficientemente positivas.

En este escenario, ya no se sabe de lo que se habla y se mezclan y confunden los conceptos de economía sostenible y crecimiento sostenible.

Sin embargo, por pura definición de crecimiento económico (para el que ni siquiera existe una definición única), en él existe una parte importante relacionada con el aumento en la economía real de la producción de bienes y servicios, y este aumento supone al mismo tiempo un mayor consumo de recursos naturales finitos. Crecer económicamente, ese tan ansiado 3 ó 4 por ciento sobre el PIB nacional (porcentaje que permite crear empleo), supone en cierta medida, producir y consumir más.

Al ciudadano medio se nos decía hace unos años que se debía ahorrar más, ahora justo lo contrario, el ahorro asfixia el consumo, se nos vendía la moto a la hora de comprar un magnífico piso-chollo cuando las únicas burbujas de las que no era tabú hablar eran las de Freixenet por Navidad, ahora se nos aconseja esperar en la compra porque posiblemente el mercado inmobiliario se hunda aún más…

Como para fiarse de analistas, gurús financieros y la madre que los pa…, pero ahora, ha llegado el momento que todos abracemos una nueva causa que nos va a resolver todos los problemas y temores: el crecimiento sostenible (con ella de paso hay que olvidar qué creó esos problemas y quienes fueron sus adalides). Aunque la mona se vista de seda, mona se queda . Pues eso.

Pero, ¿no es una contradicción (o un disparate) hablar de crecimiento sostenible?. No se puede crecer sosteniblemente mientras ese crecimiento se siga basando en una mayor producción y consumo.

¿Podemos esperar que los mismos actores (incluyendo sus manzanas podridas) que crearon el problema se presenten ahora como su solución?.

Es un insulto a nuestra inteligencia que nuestros representantes públicos nos vendan la moto, una vez más, con contradicciones de este tipo delante de nuestras narices.

Crecer, crecer y crecer, esa es la consigna de la propaganda económica neoliberal mientras se nos anestesia colectivamente por el drama del paro y a la generación H se la tiene bien cogida por los hue…

Y es que ahora, en un mundo en el que se vislumbra un futuro cercano post-crisis, nos vienen a decir que hay que cambiar de modelo económico, pues, como diría el abuelo de Bart Simpson (que hasta él se ha debido de dar cuenta): ¡pues vaya sorpesa!.

Yo, particularmente, prefiero cambiar de canal…

Lo sentimos mucho, pero el crecimiento sostenible no es posible, como bien se puede entender en el fantástico documental Aritmética, población y energía.

 
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2 Comentarios

  1. 1 - Laura

    12 noviembre 2009 21:27

    Parece mentira que siguamos cayendo una y otra vez en las mismas trampas. Pongo sostenible detrás de cualquier cosa y te vendo hasta un resfriado sostenible. Suena bien, eh?
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