La creación intelectual, los derechos de autor, el arte y su transmisión…, y el romanticismo

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Hace unos días amanecíamos con una curiosa noticia: la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) había extendido contrato a un peluquero de Barcelona para cobrarle entre 6 y 12 euros mensuales; el motivo era tener una radio encendida en su establecimiento. Es evidente que esto de los derechos de autor, la creación y el arte se está utilizando de un modo perverso.

Por un lado, las discográficas que pierden dinero día a día y se les va el negocio al traste. La SGAE cumple con una ley que hace pagar a justos por pecadores y, de paso, beneficia a quién más arriba está.

Por otro, existe todo un sector social que reclama la gratuidad y el libre acceso a todo. Libertad de intercambio, libertad de disponer y restricciones mínimas.

Entonces, ¿Qué pasa con los autores y creadores? Es decir: las discográficas se quedan con buena parte de sus derechos, mientras que por internet se pide que el libre intercambio sea un hecho. ¿De qué van a vivir?

Es un tema muy complejo, y como en todas las cosas de la vida hay matices, versiones y visiones.

Cuando alguien crea algo, le genera una autoría. Esa autoría se convierte en beneficios económicos cuándo se empieza a comercializar. Hasta ahí, parece todo claro: hago algo que es nuevo y  es de creación propia, lo registro, lo comercializo y me gano la vida.

En el mundo empresarial a eso se le llama patente. El diseño de un coche, un aparato con determinada función, un teléfono con prestaciones concretas… todo ello pasa a ser de uso comercial exclusivo de su creador o del que compra su creación.

En el mundo del arte, la cosa cambia. El arte se presupone cómo algo para ofrecer, que va más allá del beneficio económico y del concepto empresarial. Pero en cuanto las discográficas entran en el juego, volvemos atrás y hablamos otra vez de patentes, usos y beneficios. Lícito, sí. Ético, creo que no. No obstante, el que firma un contrato discográfico hoy por hoy ya sabe dónde se mete.

El artista internacional que más tanto por ciento recibe de sus propios derechos de autor es David Bowie. Creo que un 18% del 100% generado. El resto va para la discográfica. Cuando eso le pasa a alguien que vende millones de discos, se hace rico. El que vende quince o veinte mil copias, con suerte vive. Y no os cuento cómo se enriquecen las discográficas con ese tanto por ciento… más el margen de beneficios por las ventas.

Lo que ocurre hoy en día, con las descargas y las copias ilegales, agravia el problema. La discográfica pasa a ganar poco, pero el autor gana menos aún. La crisis está acabando con negocios de beneficios exagerados, y este es uno de ellos. Así que pena no dan, se han hecho muy ricos. Los autores, últimos en la escala, están pasándolo peor.

La gestión de los derechos de autor se creó para proteger las creaciones intelectuales y artísticas. Si alguien en Japón utiliza una canción mía y se gana un dinero, es lógico que pague los derechos de esa canción pues se está enriqueciendo a costa de un trabajo mío. Si yo copio a cualquier escritor famoso y hago un cuento para publicarlo, caerá sobre mí todo el peso de la ley. Con la música es lo mismo.

Otra cosa es que esa gestión se esté haciendo de un modo que roza la usura y que, para proteger a los autores, se cobren derechos por todo: CD’s, equipos de música, Ipod’s, MP3, ordenadores, etc… Aunque sea legal hacerlo, me parece una vulneración de los derechos básicos individuales. Por no hablar de la presunción de inocencia, que se pasan por el forro.

En el caso de nuestro peluquero, el señor pagará: canon por comprar su aparato de radio, impuestos que irán a las TV y radios públicas, canon por los cd’s originales, canon por los cd’s vírgenes con los que grabarse sus propios discos para que no se le rayen en la pelu, y canon por ser un establecimiento público. Excesivo, creo… Además las emisoras de radio y TV pagan también por emitir música, pues se ganan la vida con ello. La bolsa se llena por momentos.

Luego está la perspectiva contraria, un sector que defiende la gratuidad y la libre circulación de música, software y etc… Cosa que tampoco me acaba de agradar.

El autor debe cobrar por lo que hace. Es de ley. Si cocino una olla de cocido, y luego viene alguien y se la come toda sin dejarme nada, será injusto. He comprado los ingredientes, me he pasado horas cocinando, tengo que fregar los cacharros… Un plato, vale. Pero ¿todo?  Debemos pensar que chinchando a las discográficas acabamos chinchando a los autores por partida doble. Sean superventas o no, se han ganado estar dónde están y juzgar eso me parece incorrecto.

Otro tema es el hecho de compartir. Prestarse películas o Cd’s, sea por internet o físicamente, nunca debería ser un delito. Pues no supone lucro alguno, creo. Es el caso del P2P (emule…).

Como en todo, lo que pasa con este tema es la pura consecuencia de una sociedad en decadencia y malentendida. Si nos fijamos, están todos los papeles clásicos ahí representados:

1. el tiburón que quiere hacer dinero a costa de lo que sea, sin ética alguna y sin objetivos trascendentes.
2. el romántico que cree en lo que hace y quiere darlo a conocer al mundo.
3. el listo que, con disfraz de progre, coge lo que quiere sin pagar, citar o enlazar y con el rollo acuariano por bandera. Rollo acuariano fatal entendido, por cierto.
4. la gente que desea hacer intercambio de un modo justo y para poder vivir, realizarse con lo que hace y tener su espacio. Como cualquier trabajador.

Como autor, yo debería decidir cuándo y cómo cobro derechos por mis obras. También decidir si cobro o no cuándo alguien las use. Ahora mismo, en España no se puede. Si hago una actuación sin cobrar, SGAE cobrará los derechos de mis canciones. La ley lo ampara. Y yo no puedo renunciar, por ley. Si quiero prestar una canción y no cobrar, puedo ceder los derechos pero no renunciar a ellos. Se presentará factura igual y debe haber un beneficiario.

En cambio, si alguien usa mi trabajo para beneficiarse del modo que sea, sí creo correcto que esos derechos deban pagarse. Porque así también puedo vivir yo, unos trabajando y el resto usando lo existente para ganarse la vida. Me parecen modos de otra época y más piscianos que acuarianos. Si en acuario se tiene en cuenta al grupo, entonces a nadie se le ocurrirá aprovecharse de otro.

Las restricciones en internet obedecen a limitaciones y miedos que nos quieren imponer para que la circulación de información sea menor en cantidad y calidad. Los artistas cada día se ingenian nuevas maneras de editar sus obras, de gestionar sus derechos y de no pasar por el tubo. Y creo que cada vez la gente es más consciente sobre cómo gestionar internet, las descargas y el uso que se hace de ellas.

Creative Commons es una de ellas, muy bien pensada por cierto. También la Plataforma de Autoeditores.

Mi opinión personal es que la actitud y la intencionalidad son básicas. Si alguien tiene intención de engañar o de enriquecerse a costa de otros, ni agua. La piratería tiene muchas formas en la vida: el que toma electricidad del vecino, el que usa el trabajo de otros, el que se mete en casa ajena, en fin…

Como músico, prestaría mi trabajo en función de las intenciones y pretensiones del otro. Y siempre poniendo como condición que se haga un uso ético; para mí, ese modo de funcionar arreglaría muchos problemas en este mundo.

Por desgracia, las intenciones egoístas en todos los bandos lo emponzoñan todo y hacen que el mundo sea como es.

Viñeta: Forges
Más información: Artículo de Javier Marias en El País
Más Información: Creative Commons
Más información: Plataforma de Autoeditores

 
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8 Comentarios

  1. 1 - Maria Magdalena

    8 marzo 2010 20:18

    pues no estoy de acuerdo, no se está atropellando nuestra presunción de inocencia. Es que nos estás imputando un delito que no se ha cometido, ni se puede cometer como usuario, ya que si no me equivoco la descarga de copias no es delito. Y pagamos por una hoja en blanco, por una hoja en blanco.

    Bien, y por qué no pagan la sgae un cánon a los fabricantes de soportes electrónicos ó plásticos. Sin ellos es imposible la venta de las obras.

    Y como todos somos contribuyentes involuntarios de estos mantenidos, deberíamos saber las cuentas que tienen. Pero qué sabemos?

    Todos dependemos de todos, pero estos mantenidos tienen el favor del poder. Me dan asco.

    Responder
  2. 2 - Karolus

    9 marzo 2010 12:03

    Hola María Magdalena, gracias por tu comentario.

    No obstante creo que lo que tú dices y lo que dice el post está muy en consonancia, ¿no? Es decir, dices que en él se atribuye delito a los internautas y creo que en ningún momento se dice tal cosa. En todo caso, me gustaría mucho que pudieras extenderte un poco más para ver si hay alguna parte del post que no se entiende bien o bien soy yo quien no ha entendido tu argumento con claridad. Gracias de nuevo.

    Puntualizaré un par de cosas de todos modos:

    1.Estoy de acuerdo en que el intercambio de archivos y las descargas por ese motivo no deberían ser constitutivas de delito, si bien prestar un DVD a un amigo tampoco lo es. El problema está cuando hay gente que se aprovecha de las creaciones ajenas y saca beneficio con eso. Como en cualquier ámbito, enriquecerse ilegalmente debe ser sancionado. Yo, al menos, no concibo una sociedad avanzada y evolucionada en la que exista el pillaje, el robo o la piratería, sea en el ámbito que sea. El respeto a lo ajeno debe ser básico, sobre todo la ética social y personal.

    2.Pero claro, por otro lado tenemos a los gestores de los derechos de autor, en España la SGAE, que se enriquecen con eso, con lo cual es una vuelta de tuerca a lo mismo sólo que disfrazado de legalidad. Es cierto que revuelve las tripas saber que al director general de dicha gestora le van a quedar 24.000€ de pensión cuando se jubile. Vamos, un reflejo de cómo está el mundo.

    3.Por último, creo que seremos mejores el día que utilicemos la inteligencia de manera activa y las revoluciones se hagan de un modo interno. En mi opinión, ya ha pasado la época de las revoluciones con pancarta pues nos han tomado la medida y están muy desgastadas. Podemos piratear, descargar, etc…, pero con eso también fastidiamos a los autores. Los últimos en caer serán los grandes empresarios, que siempre encontraran una teta de la que chupar cuando se agote la que tienen. A mi modo de ver, hay que ser suficientemente avispados como para pinchar el globo del sistema sin dejar primero en pelotas a los que están en la base de él, sobreviviendo como hacemos todos.

    Un saludo!

    Responder
  3. 3 - Maria Magdalena

    9 marzo 2010 21:32

    Pues no me has entendido.
    Usas la frase “por no hablar de la presunción de inocencia que se la pasan por el forro”. Y no estoy de acuerdo con que el concepto abusivo que supone el canon sea precisamente la falta de respeto a la presunción de inocencia. Es mucho peor, conceptualmente. Es implicar a un simple comprador en un delito que no se ha cometido.
    Y en muchos casos, no se va a cometer, porque no es delictivo tener las copias, sí negociar con ellas.
    Y en muchos casos el uso que se va a hacer de los materiales que llevan canon es para realizar tus propios trabajos artísticos. Y como yo me dedico a dibujar cuando tengo tiempo libre, me repatea mucho más el canon por la hoja en blanco que el tema de las descargas de internet. Pero tengo que pasar por el aro, al igual que todos, y pagar por el ordenador, que es mi medio de trabajo, y por la hoja en blanco, que ya he contado para qué la quiero. En cuanto a música, esta gente ha afinado muchísimo mi gusto por los autores extranjeros, así me evito la posibilidad de pasar por su asqueroso aro en mi blog, por ejemplo.

    Además señalé que como inversora obligada en una sociedad privada, algún derecho debo tener a saber qué cuentas tienen. Y dónde está la famosa casa del actor. Y qué beneficio reciben los artistas de estos mantenidos.

    Sobre las conclusiones que expones estamos de acuerdo. Saludos y gracias a ti también.

    Responder
  4. 4 - Karolus

    10 marzo 2010 23:19

    Hola María Magdalena.

    Muchas gracias por tu aclaración y también por tus aportaciones. Es un placer contar con lectores como tu que aportan y amplian tan fantásticamente bien.
    Un Saludo!

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