CONSUMO: Domingo Jiménez Beltrán: (4/5) “Para la economía, somos unos chicos malos si no cumplimos con nuestro cometido básico, que es consumir aunque no lo deseemos”

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“A mi personalmente me gustaría abolir la palabra “consumidores” y quedamos en la de “usuarios”, usuarios de envases (que se reutilizan), de viviendas (que se renuevan), de energías (renovables), de agua (que se recicla y se puede reutilizar) … e incluso un día de transporte privado, incluso de automóviles que no compraríamos sino que adquiríamos su uso y retornaríamos continuamente para su actualización, renovación o ajuste tecnológico”

“Aquí en Dinamarca esto ya no es una moda, es parte de la cultura y ninguna empresa o producto se puede permitir una mala imagen ambiental o de uso abusivo de recursos, …”

“Hoy ya no podemos continuar señalando o exculpándonos sólo en la industria, los usuarios y consumidores tenemos una gran responsabilidad pero también una oportunidad de conformar nuestro futuro a través del mercado, aprovechémosla”
Domingo Jiménez Beltrán

(Artículo de Juanjo de Murcia para El Lector Alternativo Opina en la serie de 5 artículos sobre Domingo Jiménez Beltrán, uno de los mayores expertos europeos en temas medioambientales: bosques, energía, suelo, consumo, agua y medio rural)

¿Os dais cuenta que la navidad empieza cada vez antes? Ya tenemos villancicos, luces y turrones a final de octubre (no es raro encontrar mazapanes en las bolsas de Halloween).

Aquí en España se inaugura oficialmente el 22 de diciembre, con la lotería. Pero mucho antes ya estamos llenando los centros comerciales para comprar “algo” a un familiar o amigo, normalmente a alguien que tiene de todo y no necesita nada, salvo nuestra amistad y compañía.

¿Y por qué no regalar un servicio? Un día de balneario, una sesión de masajes, fin de semana en un alojamiento rural o una cena en vegetariano. Una experiencia, algo que se vive y se siente, y casi siempre se recuerda con cariño, pero que no se puede guardar en un tarro para almacenarlo. Y encima es sostenible y no contamina ni deja residuos (¿cuánto contamina un masaje?).

Pues en este artículo, Domingo Jiménez Beltran nos expone eso, cómo la economía nos dirige a consumir productos, aunque algunos no nos gusten, en vez de consumir servicios de calidad, que son los que generan mayor satisfacción a sus usuarios y a su vez más empleo.

MEDIO AMBIENTE Y CONSUMO. REFLEJOS DE UN DESDOBLAMIENTO

La ventaja del ejercicio ambiental es que te obliga o te permite una visión global de las situaciones o problemas, aunque esto puede ser a veces perturbador para el sistema; y a veces en mi posición actual en la Agencia, tengo la sensación de estar desarrollando unas capacidades de análisis al servicio de las instituciones Europeas y nacionales de los ciudadanos en general, que asustan un poco, pues es como si –parafraseando aquel famoso libro sobre información sexual de principios de los setenta- pudiéramos responder a todo aquello que Vd. quiso saber sobre el medio ambiente pero tenía miedo de preguntar.

Una mirada ambiental, en particular a la economía de mercado y a la sociedad de consumo nos suele deparar imágenes perturbadoras para el sistema, pero al mismo tiempo esperanzadoras para el futuro en cuanto hay claramente un escenario posible, de mayor calidad de vida y más sostenible. Pero primero hay que reconocer los problemas lo que a veces implica reconocer como en el famoso cuento de Andersen de “El traje del emperador”, que el emperador está desnudo.

Y esto significa reconocer situaciones de desdoblamiento continuo de nuestras aspiraciones y comportamientos.

  • Que por un lado, un planteamiento responsable como ciudadanos del mundo nos obliga a (respondiendo a criterios de eficacia y equidad en el uso de recursos naturales, que son las bases de la sostenibilidad) satisfacer nuestras necesidades e incluso a obtener una mayor calidad de vida, con menos consumo de recursos y energía, y también nos obliga a una desmaterialización progresiva de la sociedad o a consumir menos
  • Mientras que por otro, la presión de la economía de mercado y una respuesta disciplinada como consumidores, (que parecen más bien al servicio del mercado o de la oferta que lo contrario) nos induce a consumir más. En este aspecto no deja de ser perturbador que señales positivas desde el punto de vista ambiental como la bajada del consumo, (normalmente todavía muy referido a productos y energía más que a servicios) son consideradas como señales fatales en la economía y aparecen muchos días en las cabeceras de los periódicos como “mal comportamiento del consumo”, así que somos unos chicos malos si no cumplimos con nuestro cometido básico que es eso, consumir aunque no lo deseemos.
  • Que por un lado admitimos que la tecnología, que permite satisfacer las necesidades productivas sobre todo de productos, incluso alimentarios, con muchas menos horas de trabajo, sea generadora de paro.
  • Mientras por otro lado aceptamos una necesidad creciente de servicios y demandas sociales y ambientales todavía insatisfechas y desatendidas (cuidado de enfermos y ancianos, servicios educacionales y médicos, recuperación ambiental y cuidado de la naturaleza como bien incluso económico…), que aun siendo básicas para nuestra calidad de vida, no consideramos como alternativa para una fuente inagotable de generación de empleo; y en lo que quizás tiene que ver el hecho de la baja presencia de estas actividades, como la de los servicios que nos presta la naturaleza y el medio ambiente, en el PlB, que es cada vez menos un verdadero o genuino indicador de progreso incluso en términos económicos y ciertamente no de calidad de vida.
  • Que además por un lado en pro de esa mal entendida productividad que implica menos mano de obra por unidad de producto y servicio, sustituyéndola por energía y materias primas, apoyamos una economía intensa o abusiva en el uso de recursos naturales en general no renovables o de uso limitado y restrictiva en el uso de recursos humanos.
  • Mientras por otro señalamos como grandes problemas de la sociedad moderna algo que nos obstinamos nosotros mismos en crear, que es el paro y el abuso de recursos naturales.

Está claro que estamos en una situación de desdoblamiento de nuestras aspiraciones y comportamientos; bastaría con que ordenáramos o arrumbáramos nuestras naturales ansias de desarrollo en ansias de mejor calidad de vida, y no forzosamente asociadas a mayor consumo, sobre todo de productos, para forzosamente progresar en una desmaterialización de la sociedad, una progresiva sustitución de productos por servicios y actividades más satisfactorias e intensivas en mano de obra.

Está claro que calidad de vida y calidad ambiental son caras de la misma moneda, como también lo son el uso racional de recursos naturales y el de recursos humanos.

Pero del dicho al hecho hay un trecho y quizás la reflexión más importante es cómo romper esa dualidad, esa diferente percepción por un lado como ciudadanos del mundo y por otro como usuarios y consumidores, parece que en competencia, de ese mundo del que pretendemos disfrutar y conservar.

A mi personalmente me gustaría abolir la palabra consumidores y quedamos en la de USUARIOS, usuarios de envases (que se reutilizan), de viviendas (que se renuevan), de energías (renovables), de agua (que se recicla y se puede reutilizar) … e incluso un día de transporte privado, incluso de automóviles que no compraríamos sino que adquiríamos su uso y retornaríamos continuamente para su actualización, renovación o ajuste tecnológico; quizás esto satisfaría el apetito insaciable de los fabricantes de automóviles y la presión imposible de los sindicatos por mantener esa gran mano de obra transformando las grandes plantas de fabricantes en talleres de renovación o reutilización de automóviles, intensos en mano de obra y tecnología y menos energía y materias primas, haciendo del mantenimiento y mejora en calidad, pero posible disminución en cantidad y sobre todo uso, del parque automovilístico un objetivo, en lugar de su abusivo crecimiento.

Pero todo esto no interesa al sistema productivo, a la oferta, sobre todo a la gran empresa, al consorcio internacional, cuya movilidad y capacidad de maniobra y respuesta ante presiones locales o sindicales, está mejor servida por el suministro de productos (que se pueden almacenar y transportar) y con más energía y materias primas (con movilidad en aprovisionamientos -debido a los bajísimos costes del transporte, por no costes ambientales- lo que crea mercados a precios cada vez más bajos, DESECONOMÍAS en los países en desarrollo y explotaciones abusivas de recursos naturales e impactantes ambientalmente) que por el de servicios (intensos en mano de obra, menos movibles y especuladores).

Pero sí interesa al consumidor o usuario y sobre todo al que es responsable y no necesariamente ecologista sino más bien egoísta, pensando en una verdadera mejor calidad de vida para los suyos, en un mundo en el que vemos que hay recursos más que suficientes si se sustituyese la necesaria búsqueda de eficacia en base a una competitividad, a todas luces desleal e insolidaria, por esquemas transparentes o de competencia leal y de cooperación quasi forzada, incluso a nivel internacional, a través de esquemas fiscales y desarrollo de fondos que permitan paliar las desigualdades y miopía de un sistema de mercado, incluso reglado para asegurar la competencia leal en términos ambientales.

Sistema reglado de mercado en el que afloren todos los costes, con aplicación no sólo del admitido pero todavía mal entendido principio “QUIEN CONTAMINA PAGA”, sino del emergente (admitido por los ministros de la UE en su declaración de preparación de Río 92, pero relegado dada su envergadura) “quien usa los recursos paga” los costes para asegurar una explotación sostenible (en el caso de los recursos renovables, como la madera, o incluso de uso limitado como el agua) o su sustitución equivalente en el caso de las no renovables (combustibles fósiles) para vivir de los intereses y no del capital, que es el principio de la sostenibilidad o de la economía de la permanencia.

Y también empieza a interesar todo esto a las empresas que piensan en el desarrollo sostenible en términos de negocio sostenible, ya que el cambio en el paradigma del desarrollo, de sustitución de cantidad por calidad no significa menos negocio, sino negocio distinto, y una economía menos especulativa y por tanto más segura, más blanda y más viable para las PYMES, pequeñas y medianas empresas, que es el colectivo empresarial que en estos momentos crea empleo y acoge cada vez más iniciativas o cooperativas de antiguos asalariados o incluso usuarios/consumidores a los que hay que facilitar cada vez más su paso a la responsabilidad empresarial.

Los ciudadanos en nuestro papel básico de consumidores y usuarios tenemos una gran responsabilidad en la necesaria transformación socioeconómica requerida para entrar en un proceso de desarrollo sostenible y de mejora ambiental y de calidad de vida, que son caras de la misma moneda.

La clave, incluso para los cambios en los modelos de producción, es el cambio en los modelos de uso y consumo. En las reuniones preparatorias en Nueva York de la Conferencia de Río y finalmente en Río en junio 1992, lo más difícil fue que la delegación de EEUU aceptase como una necesidad básica el cambio en dichos modelos de uso y consumo, hasta entonces y siguen siéndolo, considerados como inherentes a la economía de mercado, con el consumidor como rey o más bien falso rey (o emperador desnudo) en manos de una corte poderosa que es la oferta y su arma de seducción que es la publicidad.

Y estos cambios son hoy posibles como vemos que empieza a ocurrir, aunque todavía en pequeña escala en los productos alimentarios pero también en los electrodomésticos, automóviles, en la vivienda…, en los que el consumidor o usuario busca mayor calidad ambiental de los productos, ecoetiquetados …; aquí en Dinamarca esto ya no es una moda, es parte de la cultura y ninguna empresa o producto se puede permitir una mala imagen ambiental o de uso abusivo de recursos; hoy con la rapidez con que se difunde la información, con asociaciones de usuarios y consumidores organizados, con un lnternet que permitirá incluso recoger firmas y simular un referéndum o provocar un plebiscito de “usuarios y consumidores unidos” en cuestión de horas, los  desplazamientos del mercado como lo que se produjeron con ocasión de la plataforma Brent Spar o de las pruebas nucleares francesas, son situaciones más que temidas, indeseables y a evitar a toda costa por las Empresas.

Hoy, uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos es que el ciudadano esté totalmente informado en su función de usuario y consumidor, y no sólo a través de la publicidad, sino sobre todo por medio de la información a exigir en productos y servicios y de los necesarios sistemas de calidad y certificación, entre los que está el ecoetiquetado o más bien un etiquetado transparente y relevante y no forzosamente completo y complejo. Un consumidor y usuario bien informado y que ejerza responsablemente es la clave para racionalizar la demanda y arrumbar hacia la sostenibilidad los sistemas de producción.

El éxito del Convenio de Viena y Protocolos de Copenhague y Montreal para reducir las sustancias que afectan la capa de ozono, se debe en gran parte a la presión de los consumidores, y podemos además asegurar que los cambios radicales exigidos en los procesos de producción y en los productos para sustituir los CFC han sido una buena ocasión para la innovación y el negocio (nadie ha oído a la industria quejarse).

Ojalá seamos capaces de trasladar esta eficacia a la reducción de los gases de efecto invernadero, en particular del dióxido de carbono CO2, con la consiguiente reducción de carburantes y combustibles fósiles; mucho es lo que puede hacer el usuario en este caso para reducir en particular el crecimiento abusivo del tráfico; no olvidemos que más del 50% de este crecimiento reciente se debe a la utilización del automóvil para trayectos de muy pocos que podrían nacerse en muchos casos a pie y a veces más rápidamente.

Hoy ya no podemos continuar señalando o exculpándonos sólo en la industria, los usuarios y consumidores tenemos una gran responsabilidad pero también una oportunidad de conformar nuestro futuro a través del mercado, aprovechémosla.

Domingo Jiménez Beltran

Vía entrevista: Consumo-INC
Viñeta de El Roto
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