YIRA…, YIRA…: un tango sobre el velo que cubre el mundo

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Mi abuelo materno fue un enamorado de los tangos. Cómo no, Carlos Gardel fue su cantante favorito. Había un tango en especial llamado Yira Yira que, cada vez que sonaba, grandes lagrimones rodaban por su cara, como si fuera un niño. Yo siempre le preguntaba a mi madre: ¿Por qué llora el “iaio”? Y ella me contestaba: “Porque le gusta mucho, y se emociona”.

Con los años, y teniendo un punto de vista de adulto sobre la vida de mi abuelo, entendí que lo hacía porque sentía empatía con lo que ese tango dice: El velo que cubre el mundo y la bofetada de la cruda realidad, el desengaño, las heridas recibidas por alguien que sentía amor y que recibió a cambio puñaladas, golpes y desengaños.

Corren tiempos oscuros, sin duda. El mundo tiene poca luz, todo está ennegrecido, un mundo sordo, mudo e indiferente, tal y como cuenta Gardel.

Pero el egoísmo debe caer. Y para saber eso antes debimos descubrirlo, vivirlo, y hoy por hoy ya está en nuestras manos darle la vuelta, convertir la vida en algo luminoso, apetecible, que valga la pena. Aunque nos quiten el velo, debemos ver más allá. Hay mucho más de lo que podemos ver, y nos toca trascender para vislumbrarlo.

Por mi parte, estoy seguro que mi abuelo Ginés me está ayudando a ello desde el cielo.

Esta es la letra:

Cuando la suerte, que es grela,
fallando y fallando
te largue parao….
Cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao…
Cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol….
Cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar…
la indiferencia del mundo
que es sordo y es mudo
recién sentirás.

Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor…
que al mundo nada le importa
Yira…Yira…
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor…

Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao…
Cuando te dejen tirao
después de cinchar,
lo mismo que a mí…
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar…
¡Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
se puso a ladrar!

Yira, Yira fue compuesto por Enrique Santos Discépolo en 1930.

 
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9 Comentarios

  1. 1 - isabel urrutia sepulveda

    4 marzo 2010 02:27

    precioso,aparte es muy elucuente a lo que esta pasando con mi pis y el planeta
    Responder
  2. 2 - kuky

    4 marzo 2010 18:30

    Genial Karolus!!!!, me has hecho lagrimear, he tenido que vivir 60 años para entender el tango, 20 de los cuales lejos de mi país. gracias
    Responder
  3. 5 - Karolus

    28 septiembre 2010 17:31

    Hola Agustín.
    Cuando escribí este post busqué el significado de la letra. No soy argentino ni uruguayo y había cantidad de palabras que no entendía.
    Sorpresa la mía cuando descubrí el “lunfardo”. Los letristas y compositores de tango usaban a menudo esa jerga en sus escritos.
    Con todo esto, aclarar a los lectores que efectivamente “yira” significa “prostituta callejera”. En el caso de esta canción, se usa el término “yira” principalmente como una evolución del verbo “girare”, en italiano, que significa “girar”.
    Maestría la de Santos Discépolo, pues usa la palabra en doble sentido: “Yira” por el mundo que gira y gira sin esperarte, y “Yira” porque da vueltas sobre el mismo sitio, al igual que las prostitutas se alejan del suyo para volver, al hacer la
    calle, y evitar así ser vistas por la policía.
    El autor usa los dos significados: el uso de la prostituta como objeto despersonalizado, de usar y tirar; y el modo en que el mundo nos usa también interesadamente, dejándonos de lado en su funcionamiento egoísta e interesado, sin importarle si vivimos o morimos, que sentimos, que pensamos, y abandonándonos en la cuneta una vez ha obtenido lo que deseaba…. Crudísimo el paralelismo entre prostitución y vida cotidiana.
    Es particularmente interesante cómo el tango se construye entre la prosa y la jerga, despertando emociones a través de lo florido y de lo mundano.
    En este diccionario online de lunfardo podréis averiguar el significado del resto de términos que hay en la letra.
    Un saludo!
    Responder
  4. 6 - Ariel

    30 enero 2016 03:49

    Para Agustin…

    Escrito por el mismo Enrique Santos Discépolo, Cómo escribí “Yira… yira…”

    “Yira… yira…” surgió, tal vez, como el más espontáneo, como el más mío de los tangos, aunque durante tres años me estuvo “dando vueltas”. Porque sí está inspirado en un momento de mi vida. Venía yo, en 1927, de una gira en la que nos había ido muy mal. Y después de trabajos, fatigas, luchas y contratiempos regresaba a Buenos Aires sin un centavo. Me fui a vivir con mi hermano Armando a una casita de la calle Laguna. Allí surgió “Yira… yira…”, en medio de las dificultades diarias, del trabajo amargo, de la injusticia, del esfuerzo que no rinde, de la sensación de que se nublan todos los horizontes, de que están cerrados todos los caminos. Pero en aquel momento, el tango no salió. No se produce en medio de un gran dolor, sino con el recuerdo de ese dolor.

    “Yira… yira…” nació en la calle. Me la inspiraron las calles de Buenos Aires, el hombre de Buenos Aires, la rabia de Buenos Aires… La soledad internacional del hombre frente a sus problemas…

    Yo viví la letra de esa canción. Más de una vez. La padecí, mejor dicho, más de una vez. Pero nunca tanto como en la época en que la escribí. Hay un hambre que es tan grande como el hambre del pan. Y es el hambre de la injusticia, de la incomprensión. Y la producen siempre las grandes ciudades donde uno lucha, solo, entre millones de hombres indiferentes al dolor que uno grita y ellos no oyen. Londres gris, Nueva York gris, Buenos Aires…, todas deben ser iguales… Y no por crueldad preconcebida sino porque en el fárrago ruidoso de su destino gigante, los hombres de las grandes ciudades no pueden detenerse para atender las lágrimas de un desengaño. Las ciudades grandes no tienen tiempo para mirar el cielo… El hombre de las ciudades se hace cruel. Caza mariposas de chico. De grande, no. Las pisa… No las ve… No lo conmueven…

    Yo no escribí “Yira… yira…” con la mano. La padecí con el cuerpo. Quizás hoy no la hubiera escrito porque los golpes y los años serenan. Pero entonces tenía veinte años menos y mil esperanzas más. Tenía un contrato importante con una casa filmadora que equivocadamente se empeñaba en hacerme hacer cosas que me desagradaban como artista… Como hombre digno. Y me jugué. Rompí el contrato y me quedé en la calle. En la más honda de las pobrezas y en la más honrada soledad…

    “Yira… yira…” fue una canción de la calle, nacida en la calle cuando le mordía el talón a los pasos de los hombres.

    Grité el dolor de muchos, no porque el dolor de los demás me haga feliz, sino porque de esa manera estoy más cerca de ellos. Y traduzco ese silencio de angustia que adivino. Usé un lenguaje poco académico porque los pueblos son siempre anteriores a las academias. Los pueblos claman, gritan, ríen y lloran sin moldes. Y una canción popular debe ser siempre el problema de uno padecido por muchos…

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