LO QUE HAY QUE TRAGAR. Entrevista a Gustavo Duch, fundador y ex-director de Veterinarios Sin Fronteras

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¡Este sistema alimentario global es un desvarío energético, social y ecológico! ¿Le hablo de cómo estamos deforestando y suprimiendo biodiversidad de semillas a cambio de monocultivos de soja y agrocombustibles? Es de locos. ¿O del oligopolio de la leche? (…)

En vez de este sistema alimentario industrial basado en maximizar beneficios económicos, ¿no sería más inteligente apostar por pequeños campesinos, ganaderos y pescadores artesanales, locales, ecológicos? ¡No habría hambre, habría más dignidad, habría más salud!
Gustavo Duch

“Lo que hay que tragar: minienciclopedia de política y alimentación“ es un retrato crudo de la globalización alimentaria y del lado oscuro de la pesca internacional, granjas industrializadas y toda la secuencia de producción y distribución de alimentos expoliando a los países pobres. Todos ellos temas de los que apenas estamos informados y que preferiríamos no saber para no amargarnos la comida.

El autor de “Lo que hay que tragar” es Gustavo Duch (Barcelona, 1965), fundador de Veterinarios sin Fronteras y su director de 1987 a 1991, experto en cooperación al desarrollo y colaborador y defensor de movimientos y campañas relacionados con la lucha por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos como “No te comas el mundo” o “Somos lo que sembramos”.

Lo que hay que tragar” es un texto valiente y claro en el que el autor cuestiona los monocultivos, la producción de agrocombustibles, la agricultura transgénica y “demás tropelías que han despojado a los pequeños campesinos y pescadores de su fuente de trabajo”, denuncia a  los oligopolios de los alimentos: Pescanova, Calvo, Monsanto y Danone, entre muchos otros, y defiende el Derecho a la Alimentación de los países más pobres.

Es decir, al igual que hemos visto con expertos como Jeff Rubin en “Por qué el mundo se hace cada vez más pequeño” que vaticina el fin del tipo de globalización actual, como Paul Roberts en “El hambre que viene: la crisis alimentaria y sus consecuencias“, o como la activista Esther Vivas en “¿Dónde están las campesinas?“, “Lo que hay que tragar” se posiciona a favor de la DESGLOBALIZACIÓN y potenciar la agricultura y producción local, claves para la soberanía alimentaria de los pueblos y una vida más digna para todos y no sólo para unos pocos.

Y en esta entrevista publicada en La Contra de La Vanguardia el 24-3-210 y titulada “Acabamos pagando varias veces cada latita de atún“, Gustavo Duch asusta con la lista de atropellos e insensateces cometidas en nombre del dios “Dinero” y de haber convertido el alimento en una mera mercancía más.

Explica el caso de la perca del Nilo en el Lago Victoria, en África, en el que las multinacionales extraen diariamente toneladas de percas para el consumo en Europa, mientras dos millones de personas ribereñas pasan hambre (esto se ve con crudeza en el documental “La pesadilla de Darwin”), denuncia no sólo la gestión del secuestro del pesquero ALAKRANA, sino la existencia de este negocio y defiende a los piratas somalíes (tema que tratamos en el post “Los veraderos piratas no están en el Indico“), critica las granjas de cerdos que EEUU deslocaliza en México contaminando esas tierras y arruinando industrias, y sigue y sigue contando escándalos para concluir con la única solución posible: “apostar por pequeños campesinos, ganaderos y pescadores artesanales, locales, ecológicos”.

¿Acaso hay alguien honesto que piense en las personas y en la Tierra y no en su bolsillo que no aporte la misma solución?

Así lo explica Gustavo Duch:

Tengo 45 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy veterinario, fundador de Veterinarios sin Fronteras. Estoy casado y tengo dos hijos, Xavi (15) e Irene (14). ¿Política? La de los pequeños campesinos. ¿Dios? Me siento cómodo con los religiosos de la teología de la liberación.

¿Qué es la perca del Nilo?
Este pescado rosado, ¿ve? Está en nuestros mercados.

¿Viene del Nilo, de veras?
Del lago Victoria. Es un pez carnívoro que introdujo la FAO para facilitar la subsistencia a los pueblos ribereños.

¿Y ha sido así?
No: unas mafias controlan esa pesca y la exportan a Europa. Esa perca se vende aquí a cinco euros. Si compra mero al mismo precio, le han timado: ¡es perca del Nilo!

¿Con qué beneficio para los ribereños?
Mínima, debido a esas mafias. Además, la perca depreda el resto de los peces del lago… Y a Europa nos llegan dos millones de raciones diarias de esa perca, ¡y en Tanzania hay dos millones de personas hambrientas!

Conclusión.
Malbaratamos el medio ambiente del tercer mundo, nos apropiamos de sus recursos naturales y les dejamos el hambre. El sistema alimentario global imperante es muy disfuncional: ¡produce el doble de alimento del que la humanidad necesita…, pero millones de personas siguen hambrientas!

¿Cómo se explica esta paradoja?
Porque tratamos el alimento como una mera mercancía más. Y hasta lo tiramos.

Cuénteme otro caso ilustrativo.
¿Recuerda el secuestro del pesquero Alakrana en aguas africanas del océano Índico?

¡Cómo no…!
Es uno de los atuneros españoles y lo pagamos todos: cuatro millones de euros de subvención europea a la pesca los metimos ahí en vez de apoyar a pescadores artesanales.

Será porque eso resulta rentable…
No lo es a la larga. En un solo viaje, cargan ¡3.000 toneladas! de atún. Si cada lata contiene 50 gramos de atún, salen ¡60 millones de latas!: una para cada español (y sobran). Repartidas entre los 2,5 millones de somalíes que pasan hambre cada día, tendrían hasta 25 latas de atún por cabeza…

Pues que se lo pesquen ellos.
Ellos no disponen de esos atuneros gigantes…, ¡por suerte para los atunes! Ellos ya vivían decentemente de su pesca artesanal…, pero nuestros atuneros esquilman su pesca: arruinados, los somalíes pasan hambre.

¿Y por eso se convierten en piratas?
¡Por fuerza! Pero ¿piratas, ellos?: ¡nosotros rapiñamos allí, protegidos por nuestras corbetas… que también costeamos usted y yo.

Pues qué cara sale una latita de atún…
La pagamos varias veces: sume subvenciones, dispositivo del ejército (100 millones de euros), rescate de marineros…, más los euros que enviamos con las ONG para paliar el hambre que ya hemos provocado…

Saldría más barato compartir la pesca.
Sí. Los “piratas” han retirado a las grandes flotas pesqueras a alta mar, ¡y vuelve a haber pesca para los pescadores artesanales! Venden sus capturas en mercados locales por 150 euros, y con eso viven con decencia.

¿Y cómo va la pesca en Marruecos?
Faenan cien barcos españoles: por eso España sacrifica a los pobres saharauis… Pescamos sardina, caballa y pulpo para conserveras gallegas deslocalizadas en Marruecos, por su mano de obra barata y explotable.

¿Algún otro abuso pesquero?
Millones de salmones se crían en jaulas gigantes en fiordos del sur de Chile, para exportar a Europa, Japón y Estados Unidos: hay que alimentarlos con toneladas de sardina, anchoa y jurel. ¡Se necesitan cinco kilos de pesca para “producir” un kilo de salmón!

¿Con qué consecuencias?
Pesqueros de arrastre esquilman la pesca frente a Ecuador, Perú y Chile: empobrecen a los pescadores artesanales, que emigran a los extrarradios de las urbes… ¡Miseria!

Y esos salmones ¿están ricos?
Su concentración contamina las aguas. Y enferman. Les echan antibióticos…, que luego ingerimos con su carne. Así también crece nuestra resistencia a los antibióticos…

Qué panorama.
Ahora están muriendo esos salmones a causa de un extraño virus…

Ay, que así empezó el virus de la gripe porcina, ¿no?
Esos cerdos son criados industrialmente, con escasas condiciones sanitarias: están en México porque los ciudadanos estadounidenses no los quieren en sus pueblos… ¡Es que 100.000 cerdos cagando y meando juntos contaminan mucho tierras y aguas!

Pero generarán empleos en México…
Generan miseria. Bastan 14 personas para gestionarlos. Y, para alimentarlos, Estados Unidos envía maíz barato, ¡arruinando a los productores locales de maíz autóctono!

¡Que lo lleven a Haití!
¡No! A Haití estamos llevando contenedores de arroz “humanitario”… que están arruinando a campesinos locales: deberíamos comprarles a ellos su arroz y distribuirlo luego entre la población.

Estamos haciéndolo muy mal, veo…
¡Este sistema alimentario global es un desvarío energético, social y ecológico! ¿Le hablo de cómo estamos deforestando y suprimiendo biodiversidad de semillas a cambio de monocultivos de soja y agrocombustibles? Es de locos. ¿O del oligopolio de la leche?

Me falta espacio para tanto desastre.
Pues se lo resumo: en vez de este sistema alimentario industrial basado en maximizar beneficios económicos, ¿no sería más inteligente apostar por pequeños campesinos, ganaderos y pescadores artesanales, locales, ecológicos? ¡No habría hambre, habría más dignidad, habría más salud!

Sitio oficial: Lo que hay que tragar

Venta online del libro

Vía entrevista: La Contra de La Vanguardia 24-03-2010

En El Blog Alternativo: Los verdaderos piratas no están en el Indico
En El Blog Alternativo: ¿Dónde están las campesinas?
En El Blog Alternativo: Por qué el mundo se hace cada vez más pequeño
En El Blog Alternativo: El hambre que viene. Crisis alimentaria y consecuencias

 
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16 Comentarios

  1. 1 - Enric

    25 marzo 2010 00:59

    Madre mia!
    A esto se le llama decir las cosas por su nombre. La contra de la Vanguardia se ganaría el cielo si en vez de ser la última hoja fuera la portada!!

    Gracias por estas verdades, un saludo

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  2. 2 - Ana Blanco

    25 marzo 2010 08:18

    Para explicar cómo se me ha quedado el cuerpo utilizaré una expresión muy gráfica que decía mi padre: “se me han caído los palos del sombrajo”, que se puede traducir por: me he quedado muerta. Efectivamente, comparto la opinión de que hay que fomentar el mercado local.
    Saludos
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  3. 3 - Ana Pérez

    17 abril 2010 11:32

    Justo ayer comencé a leer el libro de Duch, es una lectura fácil que te impulsa a pasar la página y no detenerte. Pero ante mi sorpresa y decepción, he comprobado que hay una falta ortográfica que se repite constantemente,: SÓLO lleva acento cuando equivale a “solamente”. Me gustaría que Duch pudiera leer esto, para rectificar en futuras edicciones. Un saludo,
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