Doña Paciencia en el día a día y las mermeladas como terapia

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“En nuestro mundo con prisas donde con un clic llegamos a otros mundos, la paciencia espera en un rincón que alguien la reconozca. ¿Eres paciente? Es muy posible que sí, que lo seas en algunos aspectos de tu vida. ¿Crees que te convendría serlo un poquito más?. La paciencia es un arte cuyos matices perfilamos a lo largo de la vida (…)”

“Si el estrés te está haciendo mella, si crees que no puedes parar y no lo haces por más que el cansancio se presente, si no te apetece mucho salir… pues la respuesta que buscas la tiene Doña Paciencia en la receta de mermelada de pasiones sublimadas (…)”
Jimena Fernández Pinto

Recibimos en el Lector Alternativo Opina un regalo para nuestro corazón y nuestro paladar.

Jimena Fernández Pinto es escritora de libros de cuentos y magia y su biografía nos permite descubrir que es una mujer de mundo llena de sensibilidad, cuyo camino vital le ha llevado del racionalismo de nuestra sociedad a las exploraciones internas para llegar a ser coaching mágica.

Este artículo es una fusión de reflexiones sobre la paciencia, la observación y las preguntas acertadas con recetas de mermeladas caseras con poca azúcar y de todo ello resulta un sano ejercicio de autodescubrimiento.

Sabiduría y dulzura desde la cocina que me ha recordado mucho a la atmósfera de “Como Agua para el Chocolate” y que recomiendo a todos que leáis con paciencia y gozo.

Así nos susurra Jimena Fernández Pinto:

MERMELADA Y PACIENCIA O LA PACIENCIA DE CADA DÍA

En nuestro mundo con prisas donde con un clic llegamos a otros mundos, la paciencia espera en un rincón que alguien la reconozca. ¿Eres paciente? Es muy posible que sí, que lo seas en algunos aspectos de tu vida. ¿Crees que te convendría serlo un poquito más? O a lo mejor quieres pasarle este artículo a algún amig@. La paciencia es un arte cuyos matices perfilamos a lo largo de la vida.

La paciencia nos invita a observar. Es pasiva por excelencia. Para ella la mejor resistencia es el no hacer nada, de ahí su poder para cambiar las cosas. Para Doña Paciencia el “no” se enfrenta con silencio y calma. Lo que sucede es que donde los demás se desesperan, ella espera sin mover un dedo. No se trata de obrar con malas artes, aunque puede hacerlo, sino de saber que no hace falta enfrentarse a nada ni dar lugar a confrontaciones.

Tampoco se trata de ser pasivos a todas horas, sino de utilizar su energía cuando la necesitamos. La pasividad, el hacer sin hacer, pueden ser tan fuertes como un grito o un ataque. La paciencia espera sentada y sonríe porque además tiene tiempo para observar y comprender. Pero antes hemos de ejercitarla, no aparece como un milagro. Está en nosotros, empecemos por reconocerla.

La paciencia nos espera en la cocina, sentada en un rincón con un café con leche nada cargado o una rica infusión endulzada con miel. El tiempo y la espera son sus distintivos. Nadie como ella para las recetas de mermeladas que requieren que estemos cerca de la olla removiendo tranquilamente, a fuego muy lento, escuchando la cocción y confiados en dar con el punto exacto de transformación de la fruta en confitura.

Si el estrés te está haciendo mella, si crees que no puedes parar y no lo haces por más que el cansancio se presente, si no te apetece mucho salir… pues la respuesta que buscas la tiene Doña Paciencia. Este es un momento que invita a encubar ideas, no gripes ni virus. Lo que sucede es que para hacerlo hace falta eso de lo cual justamente carecemos: tiempo. Por si todo esto fuera poco, no se trata de una receta infalible.

No, nada implica que si regulamos y medimos bien el ingrediente del tiempo y lo sazonamos adecuadamente, el resultado será exquisito. No podemos saber cómo será el desenlace ni cuándo tendrá lugar. Esto es algo que sucede mucho con las mermeladas, justamente, y más aún con las jaleas. Pesas la fruta, su zumo, el azúcar, colocas cada ingrediente con mucho mimo a fuego lento y después de todo no queda en su punto exacto. Es que nos hace falta el cuidado especial de La paciencia.

Doña Paciencia mira a lo lejos, quizás vea lo que nosotros no somos capaces de entrever y en su horizonte se le dibuja una imagen clara . A todos nos pasa que veces vemos algo que resulta un ancla en la que nos detenemos. Ese áncora puede ser una palabra, una idea, una indicación, un recuerdo. Podemos leer una receta y que en ese instante nos venga a la memoria el momento en que otras mujeres, una amiga, nuestra madre o nuestra abuela, una hermana quizás, cocinaba y esa memoria nos lleva lejos, más lejos aún. La paciencia se deja llevar y se dispone a observar.

Ella simplemente contempla, sin que la risa, el llanto o la cólera o la culpa la alejen de su presente, de su aquí y ahora, de su respiración. Cada palabra la conduce a otras mil. Puede que se haya detenido a pensar, o se le haya ido el santo al cielo. No pasa nada, absolutamente nada. La actitud de Doña Paciencia nos invita a contemplar ese momento, a respirarlo. No se trata de melancolía ni de recrearse en una emoción pasada, para nada.

El modo de la paciencia invita a observar, seguir respirando y continuar atentos. No es aconsejable cortar el flujo del pensamiento. Tampoco embargarse de emoción. Si es un recuerdo que nos hace llorar, es necesario no cerrar los ojos, esforzarnos por mantenerlos bien abiertos y respirar, incluso contar la inspiración y la espiración, uno y dos. Este es el marco desde el cual vamos a trabajar, recuérdalo bien.

MERMELADA DE PASIONES SUBLIMADAS

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Vamos a necesitar fruta, aunque también se puede utilizar tomate, zanahoria, calabaza o calabacín. Una manzana rallada no puede faltar ya que su pectina es lo que nos permitirá unirlo todo utilizando poco azúcar. Además una cucharadita de café o dos de zumo de limón que a su vez fuerza a la fruta a soltar su pectina Y una pizca de sal para intensificar el sabor, media pizca de bicarbonato que nos ayudará a potenciar los tonos y que el color sea brillante. Para el azúcar calcularemos la cuarta parte de la medida de fruta.

Antes de ponernos manos a la obra, organicémonos bien, porque luego no miraremos la receta para nada. No se trata de memorizar, en absoluto, sino de integrar la receta a nuestra manera de pensar, entender la receta, la función de cada ingrediente y hacerla nuestra hasta poder realizarla con los ojos prácticamente cerrados. Para conseguirlo necesitamos transformar la receta en experiencia. Empecemos, como veníamos diciendo, por organizarnos.

Hagamos una lista de los ingredientes:

  • Fruta o tomate/zanahoria/calabaza/calabacín
  • Una manzana para un quilo de fruta, media para medio quilo o un cuarto para 250 gr, se ha de mantener siempre esta proporción. La manzana puede ser verde si nos interesa acentuar la acidez o roja si necesitamos más dulzura.
  • Zumo de limón
  • Una pizca de sal
  • Media pizca de bicarbonato
  • Azúcar, la cuarta parte de la medida de la fruta
  • Además necesitamos una olla y una cuchara de madera.

Vamos a abandonar la receta culinaria por unos momentos. Y vamos a concentrarnos en nuestro momento actual, ése que requiere la ayuda de La paciencia. Identifiquemos lo momento que estamos viviendo.

Supongamos que es el estrés en la pareja. Simplemente no llegamos a todo. Discutimos día sí y día no. Hemos intentado diferentes cosas, pero seguimos anclados. Y cuando traspasamos la puerta de casa, las tensiones acumuladas tampoco nos ayudan. Nos queremos pero la situación no es nada amorosa.

Hagamos un listado de los factores que creemos que inciden en la situación. ¿Es el trabajo o la falta de él? ¿Hay culpabilidad? ¿Se trata de celos o de abandono? Hay dificultades, sin lugar a dudas, y aunque suene obvio hay que apuntarlas. Considerémoslo todo.

Ahora nos encontramos con dos listas: la de los ingredientes y la de los factores que forman nuestra situación problemática. A continuación vamos a relacionarlos. ¿Por qué? Pues precisamente debido a que la paciencia resuelve las cuestiones mediante analogías, estableciendo conexiones, haciendo relaciones, por consonancia y afinidad entre elementos que aparentemente nada tiene que ver.

¿Qué fruta o verdura puede simbolizar el ingrediente más importante de lo que nos está pasando? Quizás sea un fruto de color rojo, rojo fuerte y pasional. Tal vez sea como una piña con pinchos por fuera y dulce por dentro, pero que nos deja fibra entre los dientes. O a lo mejor, sensual como un higo. Puede que sintamos que nos están dando calabazas a nuestras esperanzas y sentimientos más profundos. Puede que todo se reduzca a la fuerza del plátano.

¿Y en qué consistirían las cucharaditas de zumo de limón que produce que el ingrediente principal suelte algo pegajoso durante la cocción? ¿Son los celos nuestra media pizca de bicarbonato que lo hace parecer todo de un tono mucho más vivo y fuerte? ¿Qué es la sal que en lugar de darnos salero produce que el contraste de los sabores sea aún mayor? ¿La manzana del pecado es ácida o es dulce?

¿Lo dulce representa la cuarta parte del ingrediente principal o es aún mucho menor? No hace falta más que una cuarta parte de azúcar para endulzarlo todo y transformar la fruta en mermelada. ¿Cuál es la proporción de azúcar que nos queda en nuestra situación analizada? ¿Cómo podemos aumentar o equilibrar la dulzura? ¿Estamos volcando demasiado azúcar, sal de sobras o bicarbonato a raudales? Quizás nos hemos pasado con el limón…

Una vez que tengas perfectamente identificado cada elemento y sus consonancias, lee la receta que describimos a continuación.

Toma la fruta o verdura que hayas elegido. Límpiala bien bajo un buen chorro de agua fría. Quítale la cáscara, si es necesario.

Si se trata de tomates, es más fácil rallarlos y convertirlo en pulpa. Si son tomates cherry, tendrás que sumergirlos en agua caliente y luego en agua fría para retirarles la piel, porque los utilizarás enteros. Si la fruta tiene hueso, hay que retirarlo de cuajo y lo mismo es aconsejable con las pepitas. Si son uvas o cerezas, tranquilamente corta por la mitad cada una y retira la semilla o el hueso con todo el tiempo y la paciencia que sean necesarios para ello.

Corta en dados la carne de la fruta si hace falta. No vamos a hacerlo ni con los tomates cherry, ni los granos de uva, o moras, por supuesto. La preparación del ingrediente principal toma su tiempo. Cuando ya lo tengas a punto mídelo con un elemento cotidiano como un vaso, una taza. Coloca todo en la olla. Calcula la cuarta parte y mide el azúcar, vuélcalo.

Agrega la manzana rallada, el limón y la sal. El orden de estos factores no alterará el producto resultante. El bicarbonato se pondrá al final, cuando ya está casi todo cocido para que resalten los colores, sino el sabor sería un poco fuerte. Lleva la olla a fuego muy lento, lentísimo y comienza a remover despacio cada tres minutos al principio y más seguido cuando levante el hervor.

Para calcular el punto de una mermelada hay dos factores a tener en cuenta. El primero es que al dar vueltas con la cuchara se comenzará a ver el fondo de la cacerola. Y el segundo es dejar caer un poco de mermelada dentro de un vaso de agua a temperatura ambiente. Si la pulpa no se desintegra en el agua y se mantiene compacta, ha llegado el momento de agregar el bicarbonato y apagar el fuego. Una vez frío ya puedes guardarlo en un frasco en el frigorífico. El frío hace que todo dure más, también en las mermeladas. Pero el vacío, quitar el aire, ya alarga los tiempos considerablemente.

Ya hemos acabado con la receta. Puede que necesites volver a leerla un par de veces. Mientras lo hagas intenta comprender cómo se ha preparado tu mermelada personal del momento, esa situación que estamos intentando analizar de otra manera. El ingrediente básico ya no será la fruta o la verdura sino el elemento más importante del momento que estás observando. Transforma esta receta en cada uno de los factores que inciden en el momento.

Y no olvides nuestro marco de trabajo: cada vez que te embargue la emoción, concéntrate en la respiración, abre bien los ojos, no los cierres ni por un instante porque estamos contemplando y observando. Por ello mismo no vamos a valorar ni positiva ni negativamente, lo cual nos restaría crédito como observadores.

¿Crees que ya conoces cada paso de la receta? Pues entonces vas a realizarla sin leerla. Tómalo como un reto personal, como un experimento, como una actividad diferente. ¿Te atreves a practicar la paciencia?

JIMENA FERNÁNDEZ PINTO

Venta online de los libros de Jimena Fernández Pinto

En El Blog Alternativo: Recetas dulces
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