Ser un prisionero jamás

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Puede que no sepa lo que quiero
Pero SÉ LO QUE NO QUIERO SER
Puede que no sepa lo que quiero
Pero sé lo que no quiero, prisionero
Prisionero, prisionero
Ser un prisionero jamás, jamás
Puede que no yo tenga dinero, pero nadie me dirá que hacer
Puede que no sepa lo que quiero
Pero nadie me dirá prisionero, prisionero
Ser un prisionero, jamás

Canciones protesta han existido desde el principio de los tiempos porque la música es una de tantas expresiones para denunciar las injusticias.

En la segunda mitad del siglo XX destacaron las canciones protesta anti-bélicas en EEUU y pro-democráticas en los países que salían de la dictadura militar, y en el siglo XXI, el genero está siendo renovado con fuerza por una juventud rebelde con causa, crítica con el Sistema, rompedora de viejas estructuras y mensajera de las nuevas.

Hemos visto a la rapera francesa Keny Arkana con sus temas llenos de rabia junto con contenido de nuevo paradigma, a los Pachamama Crew cantando junto con Vandana Shiva contra los transgénicos, a los raperos del decrecimiento advirtiendo que el planeta perece sino se decrece, y, en un estilo diferente, hemos sonreído con la ironía del himno de la crisis.

Ahora, la banda venezolana Telegrama explica en “Ser un prisionero jamás”, perteneciente a su segundo álbum “Country Club”, lo que no quieren ser en la Vida: autómatas, parte de la uniformidad perdiendo su identidad, vivir bajo esquemas limitados en un modelo económico que favorece a unos pocos y aplasta a muchos, y sentirse encarcelados.

Obviamente no se trata de criticar todos los trabajos porque gracias a ellos convivimos en sociedad y mantenemos a nuestras familias. De hecho, ellos se burlan sólo de las profesiones con prestigio social y que simbolizan cierto status.

No nos confundamos. Estos chicos no defienden la pereza, ni la anarquía, ni que todos sean artistas, sino que vociferan que rechazan el camino vital de nacer, hipotecarse por dentro y por fuera y morir. Es decir, han desertado y se niegan a obedecer este MANUAL PARA VIVIR:

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Y los demás ¿estamos satisfechos de la vida que llevamos, la aceptamos voluntariamente o somos prisioneros y nos gustaría cambiar?

Nunca es tarde para decir JAMÁS.

Y esta es la letra de la canción:

Llegó la hora de cortarse el pelo
Ponerse serio
Dejar la música y buscar empleo
En una empresa con 10.000 puertas
Y abrirlas todas con mi carnet de banda magnética

Puede que no sepa lo que quiero
Pero sé lo que no quiero ser
Puede que no sepa lo que quiero
Pero sé lo que no quiero prisionero
Prisionero, prisionero, prisionero
Ser un prisionero jamás

Que esté en un gimnasio también una escuela
Que celebre el halloween aunque esté en Venezuela
Almuerzo ejecutivo
Happy Hour a las 7 el viernes es casual
Cobro utilidades, tengo un carro de la empresa
Quizás haré feliz a las amigas de mi abuela
Con un cheque de mierda y un crédito perpetuo
Esperar por el ascenso hasta no aguantar más

Puede que no sepa lo que quiero
Pero sé lo que no quiero ser
Puede que no sepa lo que quiero
Pero sé lo que no quiero prisionero
Prisionero, prisionero
Ser un prisionero jamás, jamás
Puede que no yo tenga dinero, pero nadie me dirá que hacer
Puede que no sepa lo que quiero
Pero nadie me dirá prisionero, prisionero
Ser un prisionero, jamás

Ser un prisionero jamás. Ingeniero
Ser un prisionero jamás. Abogadero
Ser un prisionero jamás. Un banquero
Ser un prisionero jamás. Mediquero
Ser un prisionero jamás. Administradero
Ser un prisionero jamás. Farandulero
Ser un prisionero jamás. Politiquero
Ser un prisionero jamás

We are sudamerican rockers

Sitios oficiales de Telegrama: web, myspace y facebook

 
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3 Comentarios

  1. 1 - Juanjo

    25 octubre 2010 22:31

    La frase que más me gusta:
    “Sus abusos parecían no perturbarme más. Sin mi reacción de víctima para alimentarse, las llamas fueron apagándose”.
    Debo dejarme de victimismos con “el sistema”.
    Poner luz sobre los rincones oscuros del sistema, sí.
    Tratar caminos alternativos, sí.
    Ser o hacerme su víctima, jamás.
    Gracias. También lo mayores aprendemos mucho con los cuentos.
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