Niñas y niños nos interpelan

, , 7 Comments

“Si tuviera que sintetizar un mensaje para todos aquellos que trabajan con niños, lo primero que diría es que con demasiada frecuencia los adultos plantean como prioridad el aprendizaje de la disciplina. Obviamente que un niño tiene que aprender los límites, pero para mí el eje de la educación debe pasar porque aprenda a pensar, que sea curioso y que EDUQUEN SUS SENTIMIENTOS. Si el niño vive así, la disciplina cae por su propio peso. Pero si nos centramos sólo en la disciplina, todo el resto se escapa.

“El niño tiene un potencial enorme y existen dos herramientas privilegiadas para desarrollarlo, que son LA TERNURA Y EL AMOR”

“El negro tiende a identificarse con el patrón blanco, aspira a ser como él y se rechaza a sí mismo. Esta tendencia está en todos los niños que no responden al patrón más valioso: hombre, blanco, rico y occidental, y crecerá o no de acuerdo a cómo las instituciones educativas y sociales manejen este asunto. (…) En cuanto a discriminación de género, existe en todos los países estudiados. Los niños ya discriminan a las niñas, y ELLAS TIENDEN A AUTORECHAZARSE”
Mónica Sorin

Ver el mundo que nos rodea y sus defectos desde los ojos de los niños es un ejercicio más doloroso que los análisis de los antropólogos o sociólogos.

“Niñas y niños nos interpelan” es un libro Mónica Sorin (Argentina, 1943), psicóloga, investigadora social y experta en Arteterapia y desarrollo humano del ISPA, Barcelona, que sirve de espejo del Sistema en que vivimos pero sin distorsiones y lenguaje políticamente correcto, porque si de algo se caracterizan los niños es por su sinceridad, agudeza y contundencia en expresar sus opiniones.

“Niñas y niños nos interpelan” se basa en una investigación realizada con 185 niñas y niños de 5 países (España, Argentina, Cuba, Lisboa y Francia) y en esta entrevista publicada por La Vanguardia el 16-1-2005 (1 y 2). Mónica Sorin explica en detalle los resultados.

El concepto del dinero que tienen los niños y su lado oscuro, las desigualdades entre ricos y pobres, el machismo presente desde la infancia, la infravaloración femenina, los prejuicios raciales, el concepto de vejez, el sentido de pertenencia a un país,  son temas sobre los que nos podemos sorprender en la primera parte de la entrevista y en la segunda, la autora hace un análisis de la educación, el consumismo, las prisas y la presión a que están sometidos los niños de hoy, y ofrece alternativas y sugerencias para tratar de corregirlo.

Una entrevistadora esclarecedora en muchos sentidos que podríamos resumir en: “Lo que se les dé a los niños, ellos lo devolverán a la sociedad” y ¿de qué nos sirve querer “moldearles” a ellos  si no cambiamos nosotros y la sociedad previamente?.

Y esto es lo que nos interpelan las niñas y niños:

Mi padre, psiquiatra, decía que la educación de sus hijos empezó cuando nació su bisabuela.

¿Cada familia transmite sus mitos, sus valores, sus prejuicios?
Que a la vez son expresión de un mundo concreto en el que esa familia se ha forjado. En el trabajo de campo que hemos realizado con grupos de niños, entre ocho y diez años, de Buenos Aires, La Habana, Toulouse, Catalunya y Lisboa, hemos pretendido ver cómo los niños se aproximan a conceptos como la etnia, la riqueza, el género, el gobierno, la nacionalidad… Pero no se trata de una muestra estadística, sino de un estudio de tendencias.

“Los pobres son buenos algunas veces, pero otras no, porque roban”, afirma Charles, francés, de ocho años.
Cuanto más rico es el niño, más le cuesta discriminar lo que es ser pobre y ser rico. Una niñita, hija de un millonario, escribió: “Había una vez una familia tan, tan pobre, que el mayordomo era pobre, el jardinero era pobre y el chófer era pobre”. Esta imposibilidad de imaginar lo que es la pobreza y la riqueza se da también entre los niños muy pobres. Recuerdo la reacción de un niño musulmán europeo ante una foto: “A este bebé lo han llevado al médico porque está enfermo –afirmó–, así que su familia es rica, porque puede ir al hospital”.

Ellos se resignan a la pobreza.
Hay en muchos niños esa sensación de “las cosas son así y seguirán siendo así”. Salir de la pobreza, para ellos, casi nunca pasa por el trabajo, sino por la caridad, la lotería… Y, muy claramente, los niños prefieren ser amigos de los niños ricos que de los niños pobres. Había niños que tenían discursos muy bonitos sobre ayudar a los pobres, pero, sin embargo, a la hora de elegir a sus amigos, tendían a elegir al rico.

“Si no fuera por el dólar nos moriríamos, pero hace a las personas egoístas y hiere a otros”.
Esta frase es de una niña cubana de nueve años, una síntesis impactante de lo que le ocurre a muchas familias en Cuba, cuya subsistencia depende de los dólares que reciben. En general, el dinero es una prioridad en la mente de los niños.

“Me gustaría ser rico, pero tampoco mucho y ser mafioso”.
Lo dijo un niño argentino, país en el que, sin proponérnoslo, salió el tema de la corrupción. Indagábamos sobre la percepción que tienen los niños sobre policías y ladrones, pero en las respuestas se nos cruzaba continuamente el tema de la corrupción de tal manera que a veces no sabíamos si nos estaban hablando de los policías o de los ladrones, una triste realidad en Argentina, donde las grandes mafias están en contubernio con la policía o en manos de ésta, y los niños ya lo tienen totalmente asumido.

“No me gustan las personas muy oscuras, no me gusta mi piel” (Sonia, portuguesa, ocho años).
Tanto en Lisboa como en Toulouse, donde trabajamos con muestras en las que había un alto grado de inmigrantes, encontramos un fenómeno muy desolador, algo que ya definió el psiquiatra Frantz Fanon en “Los condenados de la tierra”.

El negro tiende a identificarse con el patrón blanco, aspira a ser como él y se rechaza a sí mismo. Esta tendencia está en todos los niños que no responden al patrón más valioso: hombre, blanco, rico y occidental, y crecerá o no de acuerdo a cómo las instituciones educativas y sociales manejen este asunto. En Lisboa y en Toulouse encontré niños que, aun con la nacionalidad portuguesa, decían: “Yo no soy portugués, porque no soy blanco”. El fenómeno del autorrechazo aparece en las cinco muestras de los países estudiados. En cuanto a discriminación de género, existe en todos los países estudiados. Los niños ya discriminan a las niñas, y ellas tienden a autorrechazarse. Allí donde hemos encontrado más discriminación por el nivel socioeconómico, el pobre también tiende a discriminarse.

“No me gustan las niñas porque son feas y malas, me arañan”.
Hay un alto nivel de violencia simbólica en la publicidad, en la televisión y en los videojuegos respecto a las mujeres, el problema es que lo tenemos totalmente asumido. En nuestro estudio, el nivel más alto de prejuicio se vio en los niños catalanes respecto a las niñas. Algo que me impactó y que se dio en los cinco países fue el grado de aceptación que, en orden de mayor a menor, es: los varones hacia los varones, las niñas hacia los varones, las niñas hacia las niñas y, por último, los varones hacia las niñas. Todo un retrato de situación del lugar en que está la mujer en la sociedad.

“Me gustan los viejos porque son buenos y, si son ciegos, los puedes ayudar a cruzar la calle”.
En particular en Catalunya y en Argentina hay una actitud muy cariñosa hacia la vejez, y creo que ahí los niños desafían de alguna manera la mirada cruel que la sociedad tiene con los ancianos. Las vivencias que tienen los niños con sus abuelos son más fuertes que cualquier expresión descalificadora que los niños puedan oír de los viejos.

“Los políticos mandan demasiado y a mí no me gusta que me manden”.
Hay una gran diversidad en cuanto a la percepción de un gobierno. Un sector de niños ve al gobernante como el protector que organiza el país; otro sector lo ve con un poder excesivo. Aparece también la impotencia frente al gobernante. Una frase preciosa de un niño catalán dice: “Me gustaría que no me mandasen, pero cuando lo hace un gobierno no puedo plantarme delante de un ejército y decir: ‘media vuelta, no gobernéis’”. En general, los gobernantes se perciben como alguien que tiene acceso a la riqueza y al poder y, en los varones, hay un mayor discurso político que en las niñas.

¿Cómo perciben los niños la noción de pertenencia a un país?
Hay diferencias muy notorias entre los países. En Francia y Portugal, al tener un alto porcentaje de emigrantes, hay muchos niños con un bajo sentido de identidad con su país legal y un cierto rechazo a su país de origen. En el caso de los niños catalanes, aparecen claramente tres tipos de repuesta: niños que se consideran españoles, pero no catalanes; niños que se onsideran catalanes, pero no españoles, y niños que se consideran ambas cosas. En la forma en que lo fundamentan y lo explican se ve una gran confusión, por ejemplo: “yo soy catalán, pero no español, porque no conozco España”, o “yo soy español, pero no catalán, porque no hablo catalán”.

¿Qué ha sido lo más importante para usted de este estudio?
Si tuviera que sintetizar un mensaje para todos aquellos que trabajan con niños, lo primero que diría es que con demasiada frecuencia los adultos plantean como prioridad el aprendizaje de la disciplina. Obviamente que un niño tiene que aprender los límites, pero para mí el eje de la educación debe pasar porque aprenda a pensar, que sea curioso y que eduquen sus sentimientos. Si el niño vive así, la disciplina cae por su propio peso. Pero si nos centramos sólo en la disciplina, todo el resto se escapa.

Parece que los niños son todos hiperactivos.
Yo los llamo niños zaping, que pasan de una cosa a la otra sin detenerse en nada… Es el otro otro extremo de la pasividad, aunque los extremos se tocan. En general, cuando hablas con estos sujetos hiperactivos, hay muy poca capacidad de análisis y de autoconocimiento. El niño tiene un potencial enorme y existen dos herramientas privilegiadas para desarrollarlo, que son la ternura y el amor.

¿De qué forma utilizarlas?
La ternura supone una aproximación acogedora, pero no apropiadora. A menudo, la gente confunde amar a alguien con ser su dueño, y cuando nos apropiamos de alguien dejamos de ser tiernos. La ternura supone aceptar que el otro es diferente a mí y que no me pertenece, pero que yo lo acojo, le escucho, hago que me acoja y dejo que me escuche. Es una implicación amorosa en la que uno debe estar pendiente, pero no sobreproteger, no limitar y respetar su autonomía de forma tal que no se convierta en indiferencia.

¿Cómo se trabaja el humor con un niño?
Deben aprender desde pequeños que la risa es un medio terapéutico, creativo y de desarrollo; se trata de ponerle comedia a la tragedia. Que el niño se cae, pues a levantarse y a continuar, porque si no le enseñamos como niño a levantarse después, metafóricamente, como adulto, no sabrá cómo hacerlo. Pero no hay que confundir la risa con la burla, porque, desgraciadamente, en la televisión actual, a menudo lo que se presenta como humorístico en realidad es grosero, burdo y torpe.

¿Los niños del primer mundo son ansiosos y consumistas?
Tal como está el mundo, la infancia sufre en todas partes distintas psicopatologías. Estos niños hiperactivos de los que hablamos, porque en nuestro entorno son habituales, son el resultado de una sociedad en la que la velocidad impide vivir. Pensamos que corriendo aprovechamos más la vida, algo que es absurdo, porque cuanto más corres menos te enteras y menos vives. Pero si haces pausas y te enteras de lo que pasa a tu alrededor, la vida se hace más más intensa y más plena. El que vive corriendo termina sin haberse enterado de lo que vivió.

Y los niños aprenden a vivir como viven los adultos.
Así es, y a eso se agrega el consumismo, que intenta sustituir lo que el niño no recibe por otros canales. Se habla poco con los niños, se está poco con ellos, pero se los aturde con objetos que los van convirtiendo en una especie de clon. Para no dejar a un niño tres horas frente al televisor HAY QUE DARLE ALTERNATIVAS, herramientas, hay que enseñarle a entretenerse pintando, bailando, pensando… Y a mí me consta que es posible. Hay en Catalunya instituciones maravillosas que potencian esas capacidades.

Cuanto más feroces son las reglas, más debemos generar pequeños espacios en los que pueda instalarse el diálogo, la escucha, la cooperación, la ternura, el amor, el humor, el juego. Y esto vale para adultos y para niños.

Vía de la entrevista: La Vanguardia, 16-1-2005 (1 y 2)

Más información: Icaria Editorial y GOOGLE LIBROS

Venta online del libro

En El Blog Alternativo: BAJO PRESIÓN: libro de Carl Honoré sobre la educación y la infancia
En El Blog Alternativo: Libros sobre crianza
En El Blog Alternativo: Artículos sobre educación

 
Publicidad
 

7 Comentarios

  1. 1 - Ana Blanco

    5 agosto 2010 07:49

    UN trabajo interesante y sorprendente, si, alqunas de las respuestas de los chiquillos me han sorprendido.
    Responder
  2. 2 - Yolanda Ávila

    5 agosto 2010 09:04

    Las respuestas de los niños suelen sorprendernos sencillamente porque no solemos escucharles de verdad, con atención y porque no les dedicamos tiempo de calidad para conocerlos, para valorar cómo ven ellos el mundo.
    Al fin y al cabo un niño es el único que todavía siente la realidad sin inteferencias, tal y como es, aunque cada día a más temprana edad están perdiendo esta cualidad.
    La pregunta es:
    ¿qué realidad estamos creando y están viviendo nuestros niños?

    Un saludo,
    Yolanda.

    Responder
  3. 3 - Yolanda Ávila

    5 agosto 2010 09:15

    Recuerdo una publicación de Save the Children que leí y que recoge una investigación titulada:
    “La percepción de los niños y niñas residentes en España sobre los niños y niñas de origen extranjero” donde se aprecia cómo los estereotipos y los prejuicios se van creando y formando en el proceso de socialización y educación de los niños y niñas pues cuando los niños son pequeños basan sus relaciones y sus percepciones en la amistad y la convivencia. O lo que es lo mismo, conforme van creciendo van adoptando las actitudes y comportamientos de los adultos que les rodean y de la sociedad.

    http://www.savethechildren.es/docs/Ficheros/341/save_the_children_migraciones.pdf

    Un saludo,
    Yolanda.

    Responder
  4. 4 - Ainara Noa

    8 agosto 2010 01:06

    Estoy totalmente de acuerdo con que la disciplina no es algo que se trabaja desde la imposición. Yo tengo la suerte de trabajar con niños y niñas de primaria, y digo suerte porque ahora soy consciente de que mi trabajo me ayuda a mejorar como persona. Creo que es muy importante tratar a los niños con dignidad, siendo consciente del momento evolutivo que están viviendo, entendiéndoles, respetándoles y siendo afectuoso. Esa es la manera de ganarte su respeto y afecto, es algo recíproco. Esa es la base para trabajar la disciplina y no el autoritarismo puro y duro.
    Responder

Responder

(*) Obligario, Tu correo electrónico no será publicado