La historia de las cosas: los dispositivos electrónicos, nuevo video de Annie Leonard

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La historia de las cosas (electronics)

Chatarra electrónica

“La mayoría de los dispositivos electrónicos que consumimos, móviles, televisores, ordenadores, etc. están diseñados para tener una vida corta; son aparatos que se consumen como cualquier otro producto y que al poco tiempo de ser producidos terminan en un vertedero, incinerados o reciclados en el tercer mundo, al tiempo que el usuario se ve forzado, por imagen o por necesidad, a una renovación constante y absurda“

Annie Leonard se dio a conocer hace un tiempo en Internet por su conocido documental La Historia de las cosas, en donde mostraba de una manera muy amena cómo los objetos son producidos, consumidos y tirados a la basura poco tiempo después.

Ahora vuelve a la carga con la historia de los dispositivos electrónicos, con datos muy reveladores y preocupantes de una industria que nos ha acostumbrado a reciclar nuestros aparatos electrónicos cada cierto tiempo, bien porque no merece la pena su reparación, por quedarse rápidamente obsoletos o bien por la presión de usar lo último.

Y es que la durabilidad de toda esa parafernalia electrónica está diseñada de antemano para su caducidad…


Aún no existe el video con subtítulos en español, pero la misma web de la autora ofrece el script del mismo en inglés y aquí tenéis lo que más me ha llamado la atención de sus comentarios:

Los dispositivos electrónicos adolecen de un mal diseño: están concebidos desde el principio para el basurero (designed for the dump), es decir, de antemano se conoce su caducidad.

El diseño para el basurero significa que la vida últil del aparato será muy corta y que en breve será sustituido por otro.

Esta obsolescencia diseñada está relacionada con la ley de Moore, según la cual la capacidad de procesamiento de los dispositivos se duplica cada 18 meses. De aquí, la industria rápidamente vio la oportunidad de un mercado en continua renovación (lo nuevo se convierte en viejo al poco tiempo obligando al usuario a comprar más en un ciclo autoalimentado sin fin).

Los aparatos electrónicos, a pesar de su aparente inocuidad, están fabricados con cientos de componentes químicos diferentes, muchos de ellos reconocidos como peligrosos.

Además, en su fabricación se emplean materiales y químicos también peligrosos, como el PVC, disolventes, mercurio y retardantes ignífugos, con los que tienen que tratar los trabajadores de este sector.

Estas industrias tienen mayor peso lejos del mundo desarrollado, donde las consecuencias de esta contaminación son difíciles de evaluar. No obstante, y no en vano, Silicon Valley, donde se concentran las mayores empresas de la industria electrónica de Estados Unidos, es una de las comunidades más contaminadas de aquel país.

Un estudio de IBM determinó que las trabajadoras de esta industria tienen un cuarenta por ciento mayor incidencia de abortos y en general más probabilidad de muerte por leucemia, tumores cerebrales o cáncer de riñón. Esta misma conclusión se está constatando en estas industria a lo largo de todo el planeta.

Como cualquier otro objeto fabricado, consumido y deshechado, los aparatos electrónicos siguen la regla de “los tóxicos que entran, salen”, es decir, los agentes químicos nocivos que contienen terminan siendo liberados en algún momento cuando son tirados a la basura, reciclados o incinerados, en ocasiones en forma de las peligrosísimas dioxinas.

Una gran cantidad de estos aparatos terminan siendo reciclados por trabajadores en condiciones penosas en el tercer mundo, sin herramientas adecuadas y desmontando los dispositivos manualmente, exponiendo sus cuerpos directamente a sustancias altamente peligrosas.

Cada año se generan (en USA) 25 millones de toneladas de basura electrónica que se tira, incinera o recicla, lo que hace pensar en que el diseño de las mismas es completamente erróneo.

Las compañías que fabrican estos aparatos no tienen en cuenta los costes humanos y medioambientales que suponen su fabricación, ya que externalizan los verdaderos costes de producción; de ese modo, se perpetúa este paradigma de fabricación en el que ellos ganan grandes beneficios a costa de que todos los demás paguemos.

No obstante, algo puede cambiar de todo este embrollo. Se denomina Responsabilidad Extendida del Productor (extended producer reponsability) o product takeback y consiste en hacer que los fabricantes asuman ese coste extra que ahora mismo consiguen eludir. Si de verdad lo tuvieran que asumir, trabajarían para producir dispositivos más verdes, eficientes, duraderos y modulares, de modo que si una pieza se rompe, se sustituyera ésta y no el objeto completo.

Afortunadamente, están surgiendo leyes en este sentido en Europa y Asia, así como en ciudades y estados de USA.

Ooppps!, y yo que iba renovar mi disco duro multimedia en breve!

En realidad, ¿quién no se ha quejado alguna vez de la obsolescencia diseñada de todos los productos electrónicos que compramos?. Annie Leonard no hace más que indagar más en un hecho que podemos constatar nosotros mismos a diaro.

¿Cuántos cargadores de baterías tenemos en casa?

¿Por qué me siento impulsado a cambiar mi móvil por otro más moderno si no necesito esas innovadoras y relucientes funciones que casi nadie usa?

¿Por qué mi padre ha tenido en los últimos diez años como ocho modelos distintos de reproductores y luego me llama a mí para que se los configure?, ejem…

¿Por qué cuando alguien ve un televisor de rayos catódicos parece que esté viendo una foto en sepia de principios de siglo?, del siglo XX, digo…

¿No nos timan cuando en pocos años hemos pasado por el CRT, el plasma, LCD, TFT, LED, 28 pulgadas, 32″, 42″, 50″, RGB, dvi, HDMI…. pufff?, por favor, si lo que quiero es ver una película y ya está!, y no hablemos de los cambios de los equipos informáticos.

No podemos ignorar que toda esta carrera de locos se sustenta en una industria tóxica que genera montañas de basura aquí y en el tercer mundo.

Os dejo con el interesantísimo video (de momento en inglés).

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