El alfarero, el mito de la caverna y el consumo responsable

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“Cuatro elementos: tierra, agua, viento y fuego.

Una alquimia sagrada que ha perdurado desde la historia de la humanidad

La alfarería nos ayuda a salir de la caverna en la que nos hallamos y nos muestra una vía de consumo responsable”
Ana Sabater

(Artículo de la escritora Ana Sabater sobre el mundo que representa la artesanía frente al consumismo insostenible actual en la sección El Lector Alternativo Analiza y Propone)

El alfarero tradicional busca cuidadosamente la tierra que necesita, la criba de piedras, la muele, le añade agua y la deja reposar, así consigue su pasta moldeable.

Luego la amasará, la colocará en el torno y en un continuo fluir conseguirá darle forma, como la tierra que da vueltas sobre su eje en un continuo girar y girar. Apretará con las palmas para convertirla en cilindro. Con las manos abiertas la agujereará, con sus dedos la subirá, ayudándose del hueco maestro entre el dedo corazón y anular conseguirá que llegue hasta el cielo, como una espiral que busca la trascendencia y con una mano dentro y otra fuera la configurará en la forma deseada.

Luego la suavizará como tradicionalmente se hacía con un trozo de caña. Colocará su obra maestra al sol para que la inunde con sus rayos y una suave brisa de un viento la secará. Después se llevará a cabo el proceso alquímico por excelencia y cociéndola con el ardor del fuego la obra se convertirá en piedra. Así culmina la transformación.

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Cada obra será arte, cada pieza llevará en sí la artesanía y la energía del alfarero que la produjo y que con su torno logró obrar el milagro gracias a los cuatro elementos: tierra, agua, viento y fuego. Y cada una se constituirá como un elemento indispensable y cuidado del menaje del hogar.

Cada una será distinta y original, no habrá otra igual a ella, porque aunque el ceramista intente crear piezas idénticas la artesanía no lo permite, designará cada una con su propia personalidad y peculiaridad.

José Saramago en su obra La caverna pone frente a frente a un alfarero tradicional con la consumista y derrochadora sociedad moderna. El protagonista, Cipriano y su familia viven en una zona rural y deben enfrentarse o adaptarse a las nuevas necesidades de la sociedad.

Un orden social postindustrial en el que los trabajos artesanales tienen cada vez un rol más insignificante y donde existe un gran centro comercial, cuyo ático tiene la capacidad de decisión de los aspectos fundamentales del orden establecido y que concentra la gran mayoría del capital. Recrea de este modo el mito de la caverna de Platón aplicado a la artesanía alfarera en declive frente al consumismo feroz y voraz que la aplasta.

Platón al principio del VII libro de La República, describió en su alegoría de la caverna un espacio cavernoso, en el cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza.

Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.

Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas. Continúa la narración contando lo que ocurriría si uno de estos hombres fuese liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad.

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Una sociedad que, como la nuestra, vive dentro de una caverna, en la que sólo ve las sombras reflejadas en la pared de la auténtica realidad, que si fueran capaces de ver y vivir deslumbraría sus ojos y no reconocerían.

Un mundo que prima la materia de usar y tirar y que ha olvidado el verdadero valor de las cosas pequeñas, como el alfarero con cada una de sus piezas a las que llena de significado y utilidad.

Vivimos dentro de un espacio oscuro en el que no vemos lo auténtico, únicamente podemos apreciar su sombra, pero la realidad está fuera y tenemos que quitarnos las cadenas y salir, como el alfarero volver a lo tradicional y artesano, lo que perdura y se crea con las manos frente a lo que es de usar y tirar y supone un gasto energético derrochador e insostenible.

-Vivimos dentro de la caverna si cocinamos en un microondas alimentos de origen no ecológico que han sido cultivados fuera de su temporada natural de maduración, a miles de kilómetros sobre sustratos y bajo plástico.

-Salimos de la caverna si cocinamos alimentos de origen ecológico en un antiguo puchero de barro, concebido para que el fuego caliente los alimentos y les imprima su energía, para que el barro cocido los transforme y revitalice. Otra alternativa es la cocción en ollas cerámicas en cocinas solares que son bastante accesibles hoy en día. Sobre todo alimentos de producción local y de temporada.

-Vivimos dentro de la caverna si tomamos los alimentos en platos de usar y tirar, consumiendo comida cocinada en restaurantes de comida rápida y de ingredientes elaborados y poco recomendables.

-Salimos de la caverna si cocinamos cereales integrales que han sido cultivados en campos limpios de productos químicos y ha tomado el alimento de la tierra y crecido con la luz del sol. Luego estos alimentos los tomamos en platos de porcelana o barro cocido que conservarán su calor y cada bocado será algo que agradecer.

-Vivimos dentro de la caverna si tomamos refrescos azucarados en vasos de usar y tirar

-Salimos de la caverna si volvemos a conservar el agua fresca en el tradicional botijo, realizado en barro cocido de arcilla blanca, a la que el alfarero tradicional le añadía sal para lograr la porosidad adecuada, y así mediante su “sudado” lograba enfriar el agua

Si logramos cocinar en un puchero, beber agua fresca en botijo previamente transportada en cántaro, y comer en plato cerámico quizá hayamos dado un paso para salir de la caverna, para adentrarnos en el mundo de las ideas y abandonar el mundo de las sombras al que tan acostumbrados estamos, y así daremos una oportunidad de supervivencia al alfarero artesano tradicional, absorbido por el gran centro comercial, que nos vende los productos manufacturados industrialmente, realizados a miles de kilómetros de nuestra casa, con maquinaria pesada y de producción inmensa. Y aunque la luz del sol nos cegué en un principio, cuando nos acostumbremos a su luz no desearemos volver al mundo de las sombras.

Ana Sabater

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FOTO: Corbis

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