El Chi Kung, una disciplina para conectarse profundamente a la Naturaleza

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“Occidente hace mucho tiempo que desconectó de su ser profundo, y olvidó las herramientas que todas las culturas tradicionales han tenido para relacionarse de una forma sagrada con la tierra. Una de ellas es el Chi Kung, bautizado por el Dr. Yves Requena, médico y director del Instituto Internacional de Qi Gong, como “GIMNASIA DE LA FELICIDAD”.

“Se trata de una disciplina energética que forma parte del conjunto de la Medicina Tradicional China, junto con la Acupuntura, la Dietética y la Farmacopea, con más de 3.000 años de experiencia”

“A través de una serie de movimientos suaves, lentos que armonizan la respiración y la concentración los practicantes aprenden a caminar por la tierra con una mirada ampliada, purificada, renovada, que es la del OJO DEL CORAZÓN”
Beatriz Calvo Villoria

(Artículo de Beatriz Calvo Villoria en El Lector Alternativo Enseña sobre la relación entre el Chi Kung, la Naturaleza y la felicidad)

Cada vez son más las personas dentro del mundo medioambiental que están adaptando la perspectiva de la ecología profunda, al descubrir que la naturaleza es el reflejo de nuestro estado de salud interior.

Personas que buscan una relación cada vez más profunda que les permita conocer a la Naturaleza desde dentro, desde una relación de unificación, de contemplación, donde el sujeto y el objeto sean uno, en definitiva una relación de amor que tanto defendía Félix Rodríguez de la Fuente.

Como decía Raimon Panikker ninguna tentativa de restauración ecológica del mundo tendrá éxito mientras no lleguemos a considerar la Tierra como nuestro cuerpo y el cuerpo como nuestro Sí.

El movimiento ecológico no debe de ser otro modo tecnológico de explotación de la tierra por muy tecnológico que sea. “Si pretende ser una eco-filosofía digna de tal nombre, esto requiere una relación completamente distinta con la tierra. La tierra no es un objeto ni de conocimiento ni de codicia. La tierra es parte de nosotros mismos; de nuestro Sí”.

¿Pero cómo alcanzar esa sensibilidad que nos permita renovar nuestro pacto con la tierra esquilmada por la codicia actual del hombre moderno, cómo establecer nuevas relaciones basadas en la comprensión de lo que la Naturaleza representa? ¿Cómo despertar a ese tipo de conciencia que permite ver que estamos rodeados de milagros ante los cuales abismarse, como decía Shahrazade, en los «límites del asombro y la admiración»?

Occidente hace mucho tiempo que desconectó de su ser profundo, y olvidó las herramientas que todas las culturas tradicionales han tenido para relacionarse de una forma sagrada con la tierra.

Armado con su ciencia y su tecnología, ha dominado, domado, explotado la naturaleza y está a punto de darle el golpe de gracia mientras convierte a las vacas en caníbales e instala los desiertos donde había agua. Pero el Oriente
aún mantiene vivo esa veneración, y posee herramientas muy poderosas para recuperar esa mirada purificada de todo egoísmo o utilitarismo voraz.

Una de ellas es el Chi Kung, bautizado por el Dr. Yves Requena, médico y director del Instituto Internacional de Qi Gong, como “gimnasia de la felicidad”.

Se trata de una disciplina energética que forma parte del conjunto de la Medicina Tradicional China, junto con la Acupuntura, la Dietética y la Farmacopea, con más de 3.000 años de experiencia. Ha sido tema de múltiples investigaciones en China, Japón, Australia y Estados Unidos, tanto en hospitales y facultades de medicina como en laboratorios científicos, por lo cual sus aplicaciones terapéuticas son cada vez más precisas.

Su práctica continuada no solo cura múltiples enfermedades para las que occidente aún no tiene cura sino que despierta una sensibilidad excepcional a las energías propias de la tierra, árboles, ríos, montañas, animales e incluso nos hace más receptivos a los que las ciencias tradicionales han designado como las influencias de los astros.

A través de una serie de movimientos suaves, lentos que armonizan la respiración y la concentración los practicantes aprenden a caminar por la tierra con una mirada ampliada, purificada, renovada, que es la del Ojo del corazón.


Esa mirada es aquella que sobrepasa la visión inmediata, horizontal. Es al mismo tiempo simbólica, poética, y comparte con el niño un cierto don de inocencia.

Esa mirada ayuda a comprender que una montaña, un río, un bosque, son algo más que un conglomerado de minerales, una masa de agua, unos troncos de árboles, y nos habla de nuestra misión personal, del santuario interior desde el que debemos ejercer nuestra acción en el mundo, la de guardianes de un tesoro escondido a los ojos del hombre moderno.

Como dice Jean Biès toda la naturaleza esta ahí para enseñarnos quienes somos. Esa es su importancia pedagógica. “A nosotros nos corresponde saber captar sus mensajes, descifrar sus «claves», recordar sus lecciones; y para escucharlas más de cerca, decidirnos de una vez por todas a instalarnos en su seno, conllevando eso un completo giro en nuestra vida o incluso un cambio hacia un destino más modesto. Pero ¿qué no haríamos para escuchar al polvo decirnos que nosotros somos polvo de estrella, lo cual nos hace ser estrella? ¿o escuchar al viento decirnos que no somos mas que un soplo (pneuma), pero que Pneuma significa Espíritu?”

Beatriz Calvo Villoria
beatriz@salamacomunicacion.com
www.salamacomunicacion.com
www.iiqg.com

FOTO 2: Corbis

Venta online de libros de Yves Requena y de Chi Kung

 
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