Crónica de mi viaje a Perú: el Amazonas, el pulmón del planeta (4/6)

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Foto: a lo lejos, el cerro de Chirikyacu

“Vivimos en la más absoluta inconsciencia. No sabemos realmente quienes somos ni qué hacemos en este mundo. Por eso vamos dando tumbos, ciegos perdidos, como ya dijo José Saramago. Nos pretendemos invencibles pero no creemos en nosotros mismos. Nos colmamos de cosas por si acaso eso nos fuera a llenar el espacio interior que intuimos vacío.

Si queremos paz tendremos que avanzar hacia el concepto de Unidad a partir del cual todos somos UNO porque lo que yo hago en mi entorno afecta a todos los entornos del planeta. Y así se encenderán un día las luces y veremos que en nuestro interior está todo el Universo y su esencia divina que soy yo misma”
Itzi

En la comunidad me mostraron todo tipo de plantas medicionales y árboles frutales. Y visité los terrenos de cultivo de maíz, yuca, frejol. Vi algodón y cacao. Conocí frutas como la waba o el caimito pero no terminaba de ver el café del que tanto hablaban.

Así que pregunte. “Está en el cerro”, me dijeron y apuntaron a una montaña a lo lejos. El penultimo día me llevaron hasta el río Sisa a pescar carachamas, a bañarnos y de paso darnos una buenísima caminata de ida y de vuelta. De regreso, del calor y el esfuerzo, me tragué litros chicha, una bebida de maíz, tan habitual para los indígenas como el agua para nosotros.

Ya sólo me quedaba un día en Chirik Sacha y pedí que me llevaran a ver el café. Unos y otros me decían: “bueno, podemos subirte mañana y bajamos al día siguiente”. “No, no, imposible” -decía yo- “tenemos que ir mañana y volver en el día porque al día siguiente me marcho ya para otro lugar!”.

Al final les convencí, así que al día siguiente tuve que estar lista a las 4 de la mañana para salir hacia el monte. No protesté, si había que madrugar sería para evitar el calor, lógicamente.

Y así fue, salí con Norman a las 4 de la mañana, con linternas en la mano camino del café. Al principio un camino de montaña suave, de vez en cuando cruzando quebradas de río poco profundas. Poco a poco el camino se empinaba, de repente en el suelo había playa de arena, luego no había camino porque las lluvias habían arrastrado el camino y era un socabón.

De tanto en tanto pasábamos por delante de comuneros que subían a caballo. Empezó a amanecer. Cuando me cansaba me decía “necesito líquido, esto es como subir el everest pero dentro de una sauna todo el rato” y efectivamente, cuando paraba para comer una naranja de las de la abuelita Lumba, entonces me recuperaba.

El camino seguía, la pendiente se incrementaba y ningún paso era igual que el anterior. Increíble. Ahora aparecían piedras más grandes que yo, luego eran las raíces de los árboles las que hacían de escalera para seguir subiendo. Mosquitos, vegetación inmensa, vistas increíbles.

Pero de pronto empecé a visualizar en mi mente a comuneros subiendo y bajando por ese camino, a caballos cargados, subiendo y bajando por ese camino y pregunté: “Norman, ¿este es el camino que hacéis para llegar hasta el café?, y los caballos, ¿no revientan, no se despeñan?” En mis horas de subida no dejaba de prometerme a mí misma que cada mañana, cuando tomara el café subdesarrollado en mi desarrollada casa, pensaría en Norman y en todos los indígenas que viven un infierno para conseguir “dos perras gordas”.

 Fotos: sus “botas”, las mías, las de Norman, sus pies descalzos

Fotos: el camino al cerro, por donde suben personas a diario, por donde bajan caballos con 100 kilos de café a sus espaldas

En la cima mis piernas ya casi no respondían pero lo había logrado. Devoré una piña entera y cinco plátanos, litros de agua, ¡¡¡en fin!!! Devoré todo lo que me ofrecían y el almuerzo fue visto y no visto.

Fotos: mi almuerzo en el cerro, juane, el tupper ecológico y el “cafué” en español ketchwa

En el cerro vi a los hombres y mujeres que viven allí de lunes a viernes en sus tambos, las casas indígenas de la montaña, lejos de familiares y vecinos porque claro, a ver quién es el guapo que hace ese camino todos los días. ¡Con razón me querían quitar de la cabeza lo de ir y venir en el día!. ¿Pero qué ruido es ese? ¡¡¡Parece una motosierra!!! Efectivamente, todo mi esfuerzo para descubrir:

  • árboles tumbados por dorquier… una visión que me atraveso el alma
  • un ruido de motosierra que no paró desde que llegué hasta que me marché, casi 6 horas
  • un monocultivo extensísimo de café, que dentro de cinco años habrá agotado los nutrientes del suelo y ya no dará fruto
  • y, entonces, vuelta a deforestar más terreno…

Los indígenas agricultores, tienen, de años ancestrales, una sabiduría natural basada en el multicultivo. Por ejemplo, si uno planta en un mismo terreno maíz y frejol es porque un cultivo desgasta los nutrientes del suelo y el otro lo fija y el suelo se mantiene fértil, de manera natural.

La técnica para obtener las mejores alubias de Tolosa tiene una base científica. Pero claro, así no se gana dinero, sólo se subsiste. Por cierto, este café se paga a precio de comercio justo y es orgánico pero ¿creéis en serio que cumple todos los requisitos de un desarrollo sostenible? No escribo más, sólo vean las fotos.

Fotos de localizaciones diferentes y regiones distintas, fotos que no necesitan más comentarios

Pero aquí quería llegar yo. ¿Con qué cara dura, morro o geta, podemos decir a los indígenas que no talen los árboles de la selva del Amazonas desde nuestras colmenas de chalets adosados y rascacielos? Pues sí lo hacemos.

Numerosas ONG’s se dedican a enseñar a los indígenas a preservar su medio ambiente. Y aquí llegamos a mi colaboración con APECO, la Asociación Peruana para la Conservación del Medio Ambiente. Y al momento de aprender que nada es blanco ni negro, sino que en cada cosa está presente el arco iris y sólo hay que sentarse, esperar, mirar, ver y elegir un color.

Con APECO, tuve la oportunidad de visitar la comunidad Ketchwa de Chirikyacu y la comunidad Awajun de Shimpiyacu. Además de visitar y conocer estas dos comunidades, en compañía de Sandy, antropóloga que trabaja en la selva, fuimos elegiendo jóvenes líderes, mujeres y hombres para que asistieran a un curso, en Tarapoto, sobre la preservación de ecosistemas y concienciación del valor del medioambiente.

Sí, apoyo la moción de enseñar a los habitantes del Amazonas a preservar su riqueza porque es su futuro. Cada vez hay menos selva. Cada vez hay menos agua en la selva. Cada vez se produce menos en la selva. Ahora bien, si además del futuro de los indígenas es el nuestro, el de todos, el del planeta en general, entonces habrá que darles algo a cambio.

Y así, el mundo financiero pisa el acelerador y crea los bonos de carbono. “Si quieres que no corte mis árboles, tu que ya no tienes, tendrás que pagarme por ello”. Y ¡ála! a crear un producto financiero.

La filosofía de base me parece muy justa y os dejo con el debate si os interesa, sin entrar en él en profundidad. Simplemente diré que no me parece suficiente. Creo indispensable replantear conceptos, revisar formulas y reinventarnos. Para mi ha quedado patente la necesidad de formular un nuevo concepto de desarrollo humano que no se vincule 100% al desarrollo económico.

Mis hermanos indígenas tienen el mismo derecho a una evolución, a una mejora en su calidad de vida y trabajo como tenemos nosotros. Pero el que ellos quieran desarrollar, ¡por Dios!, no el impuesto necesariamente por la globalización y el capitalismo más liberal. Y aquí lo dejo. Mucho hay en este blog para poder profundizar más sobre el asunto y cada perspectiva personal.

Te doy gracias Sandy, por organizar brillantemente nuestra incursión en comunidades y por confiar en mí mientras entrábamos en territorio Awajun, una semana después de que unos awajun mataran a toda una familia de colonos que invadieron su territorio. Por cantar conmigo durante las dos horas y media en las que el lodo y el fango no nos permitía avanzar a más de un centímetro por hora, con kilos de peso encima. Por reír conmigo cuando después de tanto impedimento vimos el cartel de “peaje” e hice un chiste, pensando que nos cobrarían por semejante autopista.

Por levantarte tras cada caída y por mirar conmigo al arco iris que apareció a mita de camino para decirnos que todo iría bien si nosotras estabamos bien. Sé que te parecí una absoluta loca durante todo el trayecto pero es que un cuerdo no hubiera hecho lo que nosotras hicimos. Todo para que Karen, una linda awajun, asistiera a nuestro curso de formación. ¿Sabías que el 90% de las mujeres indígenas no termina la secundaria? Todo vale si la lucha es por ellas.

Fotos: cuando llueve las mototaxi no te llevan a Shimpiyacu. Después de 5 horas en coche tuvimos que andar dos horas y media hasta llegar a la comunidad, menos mal que no había nadie en el peaje y la supercarretera nos salió gratis. El arco iris… un mensaje del Universo.

Te doy gracias a Alejandro, por enseñarme a enseñar a adultos con poca formación, como si fueran niños grandes, con arte, con juegos, con vídeos, de manera divertida, didáctica y muy muy efectiva. Gracias también por representar a Lola Flores como nadie, con admiración y devoción, para levantar el ánimo del final del día. Gracias por llevar tu profesion a tu vida diaria poniendo voz al escrito magnífico de William Shakespeare y apoyar así a tu amiga Rut que está de gira por Europa para defender la integridad del río Ene, del territorio ashaninca, como el collar que me regalaste el día de mi cumpleaños y que llena de energía amazónica cada día de mi vida “desarrollada”.

Imagen de previsualización de YouTube

Voz de Alejandro Smith. Me ha prometido grabar a Lola Flores.

Te doy gracias Doctor Percy, de Conservación Internacional, por explicarme, como a una niña, con lenguaje sencillo y preciso, lo que es un ecosistema, la importancia de respetarlo y por debatir conmigo sobre las bondades y amenazas de los bonos de carbono. Y mil gracias por permitirme hablar de todo esto siendo una ignorante que tiene todo aprender.

Fotos: ecosistemas trazados por indígenas de la mano de APECO

Entre todos, Urku estudios amazónicos y APECO, he aprendido que las ONG’s hacen una labor encomiable y que llega, ¡vaya si llega nuestro dinero hasta el lugar final! Pero aún me queda hablar de Takiwasi, la ONG que quiere recuperar las plantas medicinales del amazonas para que no desaparezcan y sembrar en todos nosotros muchos rayos de esperanza. Pero para eso está la quinta parte de mi relato…

Esta noticia es una muestra de lo que implica el desarrollo: Terra

CRÓNICA DE MI VIAJE A PERÚ

  1. Un viaje diferente
  2. Despertando a otra dimensión
  3. Una nativa indígena más
  4. El Amazonas, el pulmón del planeta
  5. El Amazonas, la botica del planeta
  6. El viaje continúa…
 
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5 Comentarios

  1. 2 - Itzi

    13 marzo 2011 23:10

    He visto el corto me ha parecido estupendo. Jugamos a cambio climático sí, cambio climático no, y nos vamos entreteniendo por el camino. Y si todo fuera cierto… gracias por compartirlo!!!!
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