Reflexiones sobre “La Vía Pacifica”. La Gran Transición

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“Es evidente que la No Violencia no es una forma de inacción o falta de voluntad sino lo opuesto. De hecho, es mucho más fácil alzar la voz o lanzar una piedra que mantenerse firme ante el embate de las fuerzas oscuras que constantemente incitaran el uso de la rabia y frustración.

PARA ACTUAR PACÍFICAMENTE HEMOS DE TENER CORAJE Y MUCHA FUERZA DE VOLUNTAD. Un movimiento basado en la conciencia tiene como objetivos el equilibrio y la armonía, en lugar del aniquilamiento del adversario. Por ello, decide perdonar sus errores y aplicar justicia si es necesario, enmendar rumbos y continuar el camino en pos de la colectividad a la que pertenece. Ese hermoso multiorganismo que algunos llaman sociedad, un reflejo Macro de el propio cuerpo humano, millones de conciencias que deciden su propio rumbo dentro del gran Ser, pero que a veces se vuelven contra si mismas al no comprender que son absolutamente codependientes”
Fabián Cabrera

Indignarse era el primer paso tras abrir los ojos y contemplar los acantilados donde nos está llevando una mal modelo de sociedad y quienes la conducen. Pero las reacciones tras la indignación pueden ser de distinta naturaleza, y de elegir bien depende el futuro de los movimientos de cambio y el éxito de sus demandas.

La vía de violencia, que al sistema le encantaría que tomáramos -incluso provocándolo- para desacreditar al activismo colectivo y para justificar contra-medidas, es un retroceso a niveles de conciencia que debemos precisamente dejar. En cambio, la vía pacífica, con firmeza y aplomo, puede convertirse en un arma de destrucción masiva de viejos paradigmas.

Fabián Cabrera, desde Chile, nos envía sus reflexiones en un momento en que todos los pueblos del mundo se están movilizando para cambiar las reglas de juego y el rumbo de todos…

Alrededor del mundo podemos observar la masiva intención de encontrar soluciones a problemáticas que según muchos se trata de un despertar de conciencia colectiva. Pero ello conlleva un desafió aun mayor, ya que la mayoría se pone de cabeza en analizar situaciones que como mínimo les causan molestia e incomodidad hasta depresión o desesperanza dependiendo del caso, lugar y circunstancias.

Ante ello, encontramos dentro del baúl interno múltiples herramientas, muchas de ellas ya oxidadas por el uso excesivo y otras obsoletas, pero al final de cuentas, somos libres de elegir la que consideremos más apropiada para solucionar el problema en el que estemos entrampados aun cuando no sea la mas efectiva.

Muchos en momentos complejos siempre optan por la opción más simple que es condenar tal o cual situación pero solo actuar cuando ya no se vislumbre arreglo posible y arremeten violentamente, descargando toda su ira y frustración contra el causante o quienes los resguardan, actitud que no comparto pero que comprendo muy bien.

Solo debemos analizar que la violencia no es más que una expresión desesperada, o más bien una suplica para que cambien las condiciones, pero, la evidencia de años de revueltas sociales y políticas demuestran lo contrario. Aquel sistema corrupto para algunos, o represor para otros, no hace más que seguir ideando nuevas formas de combatir contra los “enemigos” del sistema. Esa es, de hecho, una más de las causas directas de situaciones opresivas, el sistema necesita enemigos a quienes combatir, con ello justifica acciones inconscientes e injustas, pero al cabo, necesarias para su supervivencia.

Observo la misma esencia en que por siglos cientos de vasallos indefensos exigieron al señor feudal “protección y seguridad”, que es en el fondo es lo que prometen y promueven quienes están en el poder actualmente. Prometen un sistema perfeccionado, que nos resguardara ante cualquier peligro pero a cambio exige obediencia, sumisión e incondicionalidad.

Pero esto es solo en la forma externa. En el interior sigue reinando la idea de que siempre es necesario tener miedo, preocuparse y desconfiar de quien está a tu lado, esto lo hace en consecuencia inestable e incoherente, su base claramente es el conflicto.

Por ello, “La Vía Pacifica” viene a mostrar a través de seres fuera de serie como Gandhi y Martin Luther King, que aparte de la lucha armada disponemos esta vía, como una de las pocas formas en que el sistema no tiene como contraatacar de la forma convencional, es decir, siendo victima. En otras palabras, le quitas la costumbre de defenderse.

Exponiendo sus reales deficiencias a los ojos de los no-despiertos, el sistema se vuelve el atacante pero ello implica que estamos en conflicto, no es la intención de la “no violencia”. Para ello está la formulación de una nueva sociedad, justa y equilibrada, en que prime la “ley del más sabio” en lugar de la “ley del más fuerte”, pero si nos encontramos ofuscados por la cólera o rabia difícilmente se podrá visualizar condiciones favorables o plantear lo que realmente se debe cambiar.

Respeto y Coherencia son legítimas aspiraciones que la mayoría considera como prioridad, pero además de las implicatorias a gran escala de la “No Violencia” están las implicancias internas, o mejor dicho de nuestro “Ser interno”. Porque más allá del nombre y el rol que desempeñamos en la comunidad existen pistas de que somos seres espirituales ilimitados, que vivimos a través de nuestros sentidos e interpretamos el exterior según las percepciones entregadas.

Este Ser puede verse afectado por las condiciones externas y las limitaciones mentales impuestas, por ello la agresión y la critica continua sin formas constructivas dañan y obstruyen los canales perceptivos, la mente se empaña y lo único que redunda la cabeza es el problema mismo o el recuerdo de una experiencia cumbre negativa.

Por esta razón, la Vía Pacifica mantiene convicciones sólidas, cohesión de ideas puras y permite observar con mayor claridad los obstáculos y errores, ya que la mente se mantiene serena, enfocada en su misión de limpieza y renovación, clara en su objetivo de exponer las incongruencias, pero firme en su meta de acoger a todo aquel que esté dispuesto a actuar en conciencia evitando el aislamiento.

Asimismo es evidente que no es una forma de inacción o falta de voluntad sino lo opuesto, de hecho, es mucho más fácil alzar la voz o lanzar una piedra que mantenerse firme ante el embate de las fuerzas oscuras que constantemente incitaran el uso de la rabia y frustración.

Para actuar pacíficamente hemos de tener coraje y mucha fuerza de voluntad. Un movimiento basado en la conciencia tiene como objetivos el equilibrio y la armonía, en lugar del aniquilamiento del adversario. Por ello, decide perdonar sus errores y aplicar justicia si es necesario, enmendar rumbos y continuar el camino en pos de la colectividad a la que pertenece. Ese hermoso multiorganismo que algunos llaman sociedad, un reflejo Macro de el propio cuerpo humano, millones de conciencias que deciden su propio rumbo dentro del gran Ser, pero que a veces se vuelven contra si mismas al no comprender que son absolutamente codependientes.

Fabián Cabrera
Chile
fabian.cabrera@gmail.com

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