Carta abierta al gremio policial

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“A muchísimos ciudadanos nos llama poderosamente la atención cómo -a través de ustedes, la policía- se llega a aplicar la ley con extremo rigor, celo y contundencia a miles de personas que, en situación precaria y casi como último recurso (…), se sientan, acampan o se manifiestan en forma pacífica (salvo elementos aislados) en las plazas y calles públicas, reivindicando y clamando por el debido cumplimiento de los Derechos Fundamentales de TODOS. De ustedes también. Y, en cambio, esa misma ley NO se aplica (ni en una ínfima parte de aquel rigor) a los banqueros usureros, estafadores y despiadados, a los especuladores financieros carroñeros, a los magnates corporativos depredadores, y a los políticos corruptos, incompetentes o inconscientes que -cual títeres- sirven a todos ellos. Es decir, hablamos de todos aquellos que acumulan el más grave peso de la responsabilidad y autoría -directas- por esta y por todas las crisis y lacras que asolan nuestra sociedad”

“Por ello, es claro que la policía -como institución y colectivo socioprofesional-, debe abordar un ineludible proceso de análisis, reflexión y DEBATE INTERNO, para redefinir su papel en la sociedad y con respecto al estado y a los poderes corporativos a los que éste sirve; revisando, cuestionando e investigando cada uno de sus integrantes la estructura, dinámica e intereses reales detrás del vigente sistema socioeconómico y político”
Freeman

(Artículo de Freeman, analista crítico de la realidad y webmaster del blog Liberación Ahora, sobre el papel de la policía ante el despertar y el empoderamiento de la sociedad y su cisma interno. -Por deseo expreso del autor, este texto no lleva ni negritas ni enlaces a otros artículos-)

Una institución tan clave y necesaria en la sociedad como es la policía, cuyos efectivos más competentes, nobles y honestos realizan para el conjunto de los ciudadanos una invaluable labor de servicio, muchas veces abnegado y heróico (a menudo no reconocido, entregando incluso la vida en cumplimiento de su deber), no puede ni debe ser demonizado ni desprestigiado injustamente por causa de los desmanes de una minoría que no merece placa ni uniforme; ni aún cuando el cómodo silencio o la connivencia de buena parte de los mandos y agentes (ante estos casos y ante las muchas lacras del sistema en sí) manchen y dañen la imagen y la honorabilidad de todo el colectivo.

Por ello, muchos queremos dejar claro que rechazamos y denunciamos el furor injustificado contra la institución policial en sí y sus honrados integrantes. Un acoso -rayano a veces en el linchamiento- que llega a convertir a este colectivo profesional en uno de los chivos expiatorios de una sociedad profundamente frustrada y precarizada, la cual sin embargo tiene -en cada ciudadano- su cuota correspondiente de responsabilidad en la situación actual, por haber cedido siempre neciamente (con su silencio, consentimiento, colaboración y voto) su poder y soberanía, poniéndolas en manos de individuos de gran ambición y pocos escrúpulos, al frente de todas las áreas y estructuras, desde lo político y económico hasta lo industrial y comercial, pasando por lo sanitario, educacional, científico y cultural.

Así, la institución de la policía -en su genuina, valiosa y positiva función- merece mi (nuestro) apoyo y defensa sin ambajes, al igual que lo merecen todos aquellos cualificados, nobles, competentes y honestos integrantes, los cuales no sólo tienen todo mi respeto y reconocimiento, sino también mi más sincera admiración y aprecio.

Todo lo cual, no obstante, no implica que los ciudadanos -desde fuera- y los profesionales policiales -desde dentro- no hagamos cuestionamiento y crítica constructiva -o firme amonestación si es necesaria- de todo aquello que no funciona como debiera, o que simplemente refleja fallos o negligencias graves a un nivel profundo.

En este sentido, a muchísimos ciudadanos nos llama poderosamente la atención cómo -a través de ustedes, la policía- se llega a aplicar la ley con extremo rigor, celo y contundencia a miles de personas que, en situación precaria (desesperada muchas veces) y casi como último recurso (al ser ignoradas y marginadas sistemáticamente por sus “representantes” y las instituciones), se sientan, acampan o se manifiestan en forma pacífica (salvo elementos aislados) en las plazas y calles públicas, reivindicando y clamando por el debido cumplimiento -amparado en la Constitución y legitimamente exigible- de los Derechos Fundamentales de TODOS. De ustedes también.

Y, en cambio, esa misma ley NO se aplica (ni en una ínfima parte de aquel rigor) a los banqueros usureros, estafadores y despiadados, a los especuladores financieros carroñeros, a los magnates corporativos depredadores, y a los políticos corruptos, incompetentes o inconscientes que -cual títeres- sirven a todos ellos. Es decir, hablamos de todos aquellos que acumulan el más grave peso de la responsabilidad y autoría -directas- por esta y por todas las crisis y lacras que asolan nuestra sociedad.

A estas élites, por lo general, no se les toca; y menos aún se les “echa el guante”. Al contrario, se les consiente y se les protege. Ustedes, la policía -y el ejército en ocasiones- lo hacen para ellos. Tengan, por favor, el coraje y la entereza de verlo. Ustedes son de hecho su salvaguarda (no en vano ellos les pagan y les ordenan), así como el “doberman” que pueden lanzar sobre la gente que, legitimamente, rehusa aceptar, acatar u obedecer semejante “orden” establecido.

Pues bien, esta clamorosa incompetencia y parcialidad servilista, este doble rasero en la aplicación de la ley (rasero del cual ustedes son en gran parte ejecutores), es sencillamente inadmisible, inaceptable, injustificable. Y, por demás, es ilícito, negligente, doloso, delictivo, fraudulento y arbitrario en grado sumo.

Muchos de ustedes alegarán que sólo reciben y cumplen las órdenes dadas por los mandos superiores, que estos -a su vez- reciben de jueces, políticos, etc. Bueno, esto -en esencia- no les diferencia mucho de la larga y reglamentada cadena de mandos que iba desde Hitler hasta el último soldado o policía alemán que -siguiendo órdenes- detenía a un judío, a un disidente o a un homosexual, o lo embarcaba en un tren atestado, con destino a un campo de concentración.

El caso es que alegar el cumplimiento de órdenes (que rara vez se cuestionan) en base a la obediencia debida a una autoridad (también casi inobjetable), no cambia las cosas: la ley llega a ser muy aguda e incisiva cuando se aplica en la calle, sobre la “gente corriente”; pero se vuelve curiosamente miope y torpe cuando ha de aplicarse en los despachos y gabinetes ministeriales… hasta quedar completamente ciega y sorda en las altas esferas corporativas.

Todo lo cual, como honestamente comprenderán, es inaceptable en lo ético y deontológico, así como inadmisible en un estado que se pretende “social, democrático y de derecho”, tal como la propia Constitución declara de forma tan solemne como -en tantos aspectos- inefectiva.

Por ello, es claro que la policía -como institución y colectivo socioprofesional-, debe abordar un ineludible proceso de análisis, reflexión y debate interno, para redefinir su papel en la sociedad y con respecto al estado y a los poderes corporativos a los que éste sirve; revisando, cuestionando e investigando cada uno de sus integrantes la estructura, dinámica e intereses reales detrás del vigente sistema socioeconómico y político, a la luz de sus frutos y resultados patentes en el conjunto de la sociedad, y especialmente en lo que se refiere a la observancia, garantía y protección de los Derechos Fundamentales de todos los ciudadanos (incluídos los propios agentes y mandos policiales).

Dicho proceso ha de realizarse con sinceridad y compromiso, sin cinismo, paños calientes o justificaciones fáciles y superfluas; aplicando el sentido crítico, el discernimiento, así como un enfoque constructivo y resolutivo, informándose e investigando todos con rigor más allá de las convenientes e interesadas versiones oficiales; pudiendo tomar así conciencia de la gran mentira, estafa y montaje de aquello que actualmente llamamos democracia, y asumiendo todos su responsabilidad -como individuos y como colectivo- por desempeñar, de hecho, la función de apéndice represivo de un poder ilegítimo y criminal.

No son meros puntos de vista, especulaciones o teorías; son los hechos manifiestos, la miseria, el abuso y el nivel de degradación al que hemos llegado como sociedad. Ya no pueden hacer la vista gorda ni alegar que está al margen de su responsabilidad y deber el informarse y saber acerca de la naturaleza, estructura, intereses y efectos del sistema socioeconómico y político en el que ustedes se integran, en una posición -además- clave, como es la seguridad y la aplicación de la ley.

Entonces, no se puede seguir siendo indiferentes, sumisos y conniventes ante el abuso, la corrupción y el crimen generalizados en (y desde) las altas esferas y a pie de calle, acatando y obedeciendo ciegamente a un poder arbitrario y esclavizante, sólo a cambio de un salario y un trabajo más o menos estables o precarios, pues ello compromete y menoscaba muy gravemente nuestra dignidad e integridad como personas (ya seamos albañiles, médicos, limpiadores o policías), deparando socialmente efectos desastrosos e inaceptables.

No se confundan, no se trata de utopías o quimeras irrealizables; se trata -insisto- de nuestros Derechos Fundamentales inalienables, y todos tenemos el deber -ético y profesional, desde la posición que ocupemos- de observarlos, cumplirlos y hacerlos cumplir. Esto, a ustedes, les compete aún más directamente.

La vida no “es así”, sin más. La vida la hemos hecho “así” entre TODOS. Respecto a su propia responsabilidad como policías, es fundamental que se aseguren de saber a quiénes y a qué están ustedes sirviendo realmente. Y si una mayoría de ustedes no quiere o no se siente capaz de afrontarlo, realizando -al menos en un mínimo grado- el proceso descrito en este texto, los ciudadanos que sí estamos haciéndolo podremos comprenderles, pero nunca justificarles.

Atentamente,
Freeman-Liberación AHORA

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21 Comentarios

  1. 1 - laia 6èB

    4 septiembre 2011 08:25

    la actual policia sea cual sea el el ENEMIGO del pueblo asi como politicos,banqueros y militares,la gente tenemos que reaccionar de alguna manera,no confiando en ellos,no contando con ellos e incluso perderles el miedo que nos han inculcado a la hora de recriminarles lo que sea.
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