Si tú me dices ven lo dejo todo … pero dime ven: un acercamiento al “Universo Espinosa”

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“Cuando crees que tienes todas las respuestas, llega el universo y te cambia las preguntas”

“Más que en Dios, yo creo en la sensación de la gente buena. Creo que HAY GENTE BUENA que te marca caminos. Y yo he podido conocer a mucha gente buena. Cuando conozco a alguien bueno y sabio, pienso que he encontrado a un pequeño dios”

“No es triste morir. LO LAMENTABLE ES NO VIVIR, no vivirlo todo, incluida la tristeza o la misma muerte”
Albert Espinosa

(Artículo de Juanjo sobre un libro que le ha aportado mucho: “Si tu me dices ven lo dejo todo… pero dime ven” de Albert Espinosa que con tres cánceres a sus espaldas, una infancia en hospitales y habiendo perdido una pierna, un pulmón y medio hígado extrae enseñanzas positivas de las circunstancias y exprime la vida al máximo)

Tranquilos, este artículo NO desvela nada de la trama.

Hace pocas horas que me terminé el libro y todavía estoy flotando en el universo creado por Albert Espinosa. Empiezas a leerlo, y sin darte cuenta entras en la magia de las palabras, su ritmo allegro ma non tropo, los sentimientos sobre la mesa y las frases de sabiduría. ¡Qué frases que nos deja el payo! Luego os cuento algunas.

Es una historia de las tres veces (con 10, 13 y 40 años) que el protagonista se pierde en su mundo, y las personas (diamantes) que pasan por su vida para mostrarle una nueva dirección.

También analiza los secretos de algunos objetos. Cuando acabéis de leerlo, ya nunca miraréis igual las mesitas de noche, los faros marinos, sacos de boxeo, ni esos momentos en los que uno se pierde para poder encontrarse, momentos en los que paras tu mundo unos días para lograr que vuelva a girar. Y sobre todo os fijaréis la próxima vez que digais: debo hacer … (ese maldito debo).

Un libro que se lee en “una sentá”, que empiezas y no puedes parar hasta terminarlo, cual horchata bien fresquita en verano. Dura en tus manos el tiempo que de un viaje en avión de Madrid a Capri (cuando no te toca ventanilla y viajas solo). Porque si te toca ventanilla es un pecado no admirar los paisajes castellanos, la costa mediterránea, o gran parte de la “bota italiana”. Pero me estoy yendo del tema … no sé si porque estoy enamorado de los paisajes desde el avión, por subir hasta el cielo en el que os estoy poniendo el libro, o por hacer en este párrafo un homenaje al estilo literario que encontraréis en esta corta pero intensa historia.

Como os prometí, ahora os voy a contar dos buenas frases de las docenas que me ha dejado el libro. Podría deciros más, porque tantas buenas se pueden sacar, pero no quiero influir en las que le resuenen a vos. Así como ejemplo os pongo dos (me ha salido un pareado):

“El universo conspira a favor de los que lo mueven. Y esos son los que lo paran. ¿Tú quieres mover el mundo o que te mueva?”

“Cuando crees que tienes todas las respuestas, llega el universo y te cambia las preguntas”

¡Toma ya! Pues como esas un montón.

Y como para conocer un poco al autor, siempre ayuda a entender mejor el talento que comparte con nosotros, aquí os dejo un mix de entrevistas, de esas que me gusta hacer, para así conseguir la entrevista que quizá yo le hubiera hecho (de El periódico de Catalunya 25/04/11, Semanal XL el 29/05/11, La Contra de la Vanguardia 16/01/07).

Le espero en una sala mientras él, en el lavabo, ajusta su pierna electrónica, que perdía aceite. Estamos en el Teatre Nacional de Catalunya, donde Albert Espinosa escenifica ahora la obra ‘El petit secret’. Llega del lavabo a buen paso (el retoque ha funcionado bien) y en la conversación asoma en seguida el cáncer (“¡que tanto me ha enseñado!”). Hablar con Albert me enseña a mí muchas cosas, como que “no es triste morir” y que lo lamentable es no vivir, no vivirlo todo, incluida la tristeza o la misma muerte. Sabe de lo que habla y sabe contarlo, y por eso sus obras ayudan a vivir.

Libros, teatro, cine, tele… ¡Todo un universo Espinosa!
Sí, es el mundo amarillo, que nació en el teatro más pequeño de Barcelona, el Malic, con Retazos. Ese mundo se ha ido haciendo más grande. Hay gente joven que no viene por Polseres vermelles, chavales de 12 ó 13 años que se saben de memoria trozos de los libros. Eso me toca mucho.

En su último libro explica de forma muy literal que lo pequeño puede ser muy grande. Sin hacer spoilers…
Tenía ganas de hacer una historia en la que faltase un elemento principal pero que cuando conoces este dato la historia tampoco cambia tanto. El libro está dedicado a la gente que es diferente. Me gusta mucho esta sensación de crecer. Hay veces en la vida en que has de crecer, enfrentarte a tus miedos.

¿Por qué tienen tanta importancia los números para usted?
Es mi parte de ingeniero. Siempre he querido saber los datos exactos, pesar las cosas, contar los decibelios. Me entusiasma. Hay una poesía en los números. Y me gusta mucho la estadística. También me gusta mucho la ruleta. Tengo la sensación de poder adivinar los números que salen. Los números te llaman. El otro día me enseñaron esta bolsa con un 23… Y sabía que el tercer libro, ese tres, me daría suerte.

¿Y los puntos suspensivos, por qué le gustan tanto?
Porque los puntos finales no te abren la mente. Los puntos suspensivos, aunque a veces no toquen, abren muchas cosas. Y a mí me gusta mucho volar, pensar…

¿Qué tal va su mano con tanta firma?
Bien, bien. Aunque este Sant Jordi fue muy intenso. Me llevé una gran alegría al ser el autor más vendido en catalán y en castellano. Me encanta cuando escriben por ahí que soy el «fenómeno Espinosa». Es algo muy bonito. Hay momentos en la vida en que todo se junta. En que todo explota. Además, el día de Sant Jordi también fue el día que perdí la pierna. Un día épico para mí. Es un día al que tengo mucho cariño.

¿Qué recuerdo de aquel día, de aquel Sant Jordi de hace décadas, no borrará nunca de su mente?
El baile de despedida de mi pierna. El médico me dijo que le hiciera una fiesta de despedida e invitase a toda la gente que tuviera algo que ver con la pierna. Invité a un portero de fútbol al que había metido goles, a una chica con la que había hecho piececillos… Hice un último baile a dos piernas al ritmo de Espérame en el cielo que era la canción que tenía mi compañero de habitación.

Recuerdo que, cuando me la cortaron, no tenía esa sensación fantasma de que aún la sientes, aunque no la tengas. Porque ya me había despedido de ella. Hasta el fantasma se fue. Ahora, fíjate, tengo la suerte de poder decir que soy de los pocos que tienen un pie en el cementerio. Ahí está mi pierna para demostrarlo. Ese recuerdo es imborrable. Cuando desperté y vi que no tenía la pierna, tuve la sensación de que las pérdidas se convertirían, con el tiempo, en ganancias. No perdí una pierna, gané un muñón.

¿Cree usted en Dios?
Más que en Dios, yo creo en la sensación de la gente buena. Creo que hay gente buena que te marca caminos. Y yo he podido conocer a mucha gente buena. Cuando conozco a alguien bueno y sabio, pienso que he encontrado a un pequeño dios.

¿Hasta dónde llega nuestra capacidad de sufrimiento?
No tiene límite. Yo siempre digo que el dolor no existe. Existe el término «dolor», pero no el dolor. Cuando estaba en el hospital, había dolor y sufrimiento, pero también había felicidad. Yo era un niño y un adolescente con cáncer. Pero pesa más la palabra «niño» o «adolescente» que la palabra «cáncer». Cuando ahora voy a ver a niños al hospital, noto que tienen esa fuerza que a mí me salía cuando estaba enfermo. Y cuando sales, pierdes el miedo a la muerte. Y perder el miedo a la muerte es una de las cosas que me dio el cáncer.

¿Se recupera uno realmente de algo así o en el fondo se queda tocado para siempre? Conviertes las pérdidas en ganancias. Pierdes una pierna, un pulmón y medio hígado, pero ganas en otras cosas. Tuve la suerte de sentirme adulto con 13 años. Mis padres eran mis enemigos, como ocurre con todos los adolescentes, y entonces descubrí la fuerza de la familia. Forma parte de mi vida y no puedes olvidar. Lo primero que hago al levantarme es ponerme la pierna postiza para ir al lavabo. Pero no es algo que cambiaría en mi vida. Forma parte de lo que soy.

¿Sigue pensando que vive la vida de aquellos compañeros que nunca pudieron salir del hospital?
Sí, suman un total de 4,7 vidas. Siempre he tenido la sensación de poder hacer recuerdos y deseos de ellos. A uno de ellos le encantaba la palabra «pomelo» y decía que le gustaría verla escrita en un libro. Pues yo lo hice en El mundo amarillo aquello me produjo una gran alegría. Esa muerte está muy viva.

El deseo de aquel chaval está muy vivo en gente. La muerte, al final, da mucha vida. Los siento dentro de mí y tengo la sensación de que ellos son igual de supervivientes que yo porque sobrevivir no es siempre vivir. Ellos distraían el cáncer con su muerte para que nosotros pasáramos.

Siento mucho insistir, pero ¿se recupera uno? Sí, porque yo no veo la muerte como algo negativo. Siempre digo que me gustaría que se hablara más de la muerte. A mí, por ejemplo, me gustaría morir un viernes. Son los estrenos de cine. Es el día que, desde que era pequeño, siempre me ha producido felicidad por eso. Si muero un viernes, la gente dirá: «¡Joder, qué tío más suertudo!». Me gustaría que la gente dijera el día que le gustaría morir. Vivir o morir no es tan importante como luchar. Luchar y hacer lo que deseas.

¿A qué amigo recuerda más?
A Antonio. Tenía 16 años, dos más que yo, cuando a otro y a mí nos dijo: “A partir de mañana os revelaré las siete leyes para ser feliz, una por día. Pero es un secreto, no se las contéis a nadie”. Y así lo hizo.

¿Qué leyes son ésas?
¡No puedo contárselo! Yo las sigo cada día a rajatabla, y funcionan. Al día siguiente de contarnos la última ley, Antonio murió…

Tiene algo de mágico, de poético…
Antonio tenía cáncer desde los ocho años… Era muy sabio. ¿Y si era un ángel…? En el hospital viví cosas muy poéticas, es verdad. Lo cierto es que allí fui feliz.

¿Qué diría que fue lo que lo salvó tras diez años con cáncer?
Los amigos, la familia y el sentido del humor. La sensación de formar un grupo como Los Pelones de Planta cuarta en el hospital. Sentir que podías enamorarte, que podías sentir, que podías ser tú. El humor es tomárselo con filosofía. Cuando voy a un hospital, los chavales alucinan cuando ven a un cojo haciendo chistes sobre su pierna.

¿Qué es lo primero que recomienda a médicos y enfermeras en esas charlas?
Que toquen al paciente. Que le toquen el pelo, que le den abrazos. Porque lo primero que pierdes con el cáncer son las caricias y los abrazos. Todo el mundo te da golpes en la espalda, pero casi nadie te abraza o te acaricia. Todo el mundo tiene miedo de mostrar sus sentimientos porque eso significa que piensan que puedes morir. Había un médico que siempre me tocaba el pelo y la nuca. Me daba la sensación de que viviría, de que era importante. También les recomiendo que les pregunten.

¿Preguntarle qué?
Todo. Yo voy con mi pierna electrónica al gimnasio, ¡y la gente finge que no la ve! Y cuando están ya a mi espalda, se vuelven para mirarla… ¡y entonces yo me vuelvo de golpe para sorprenderlos mirando!

Ja, ja, ja…
Les digo: “Pregúntame”. Si tienes una curiosidad, pregunta. Desvelado el misterio, ya está. Por eso mismo el enfermo de cáncer debe preguntar todas sus dudas, y el médico debe darle toda la información, toda.

¿Qué preguntas le hacía usted al médico?
La primera, a los 13 años, si se me caería el pelo. Y me explicaron que el pelo cae y vuelve a salir tan fuerte, ¡que ya jamás vuelve a caer! Soy un cojo que nunca será calvo.

¿Por qué hasta que no nos encontramos en el filo normalmente no somos conscientes de algo así?
Porque hay una sensación de que la vida va muy rápida. Pasan los días volando. A veces te sorprendes diciendo que no puede ser que sea de día o de noche. Pasan los años y no te das cuenta. Cuando te pones enfermo, de golpe, paras el mundo. De vez en cuando hay que parar el mundo. Coger un diamante o una
perla y pararlo durante 48 o 72 horas. Plantearte qué quieres hacer realmente con tu vida.

Hace poco Julia Otero le hizo una entrevista en su programa de Onda cero y me gustó mucho una pregunta sobre la crisis:

Julia Otero: ¿Cómo llevas tu éxito actual (libro más vendido del año) con la contradicción de un entorno donde hay crisis, problemas, deudas?

Albert Espinosa: La verdad es que yo vivo muy al día. Siempre tengo la sensación de estar viviendo tiempo extra. A mí con 14 años me dieron un 1.5% de posibilidades de vivir. A mi madre de dijeron que nos fuésemos a Menorca, que disfrutáramos allí mis últimos días, pero al final decidimos luchar. A mí cuando me dicen que las cosas van mal pienso que a veces un 1.5% es mucho. Y creo que en la vida las pérdidas se convierten en ganancias. […]. No nos lo podemos imaginar porque vivimos en el presente. Por ejemplo, hace 6 años nadie me contrató. Estuve 18 meses escribiendo historias y nadie me las publicaba, y pensé: ya vendrán otras épocas. Y ahora que está el libro en lo más alto y Spielberg va a producir mi serie en EE.UU pienso que son instantes en la vida. Ahora tengo conversaciones con amigos algunas mañanas, que se han quedado sin trabajo y disponen de ese tiempo, y son momentos que valen la pena.

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Moraleja que saco: ocúpate de hacer tus cosas, pero que nada te prive de disfrutar de este maravilloso día.

Juanjo

Sitio oficial: Albert Espinosa

Entrevistas: El Periódico, XL Semanal, La Contra de La Vanguardia

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