Las venas abiertas de América latina y Eduardo Galeano

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“Los colonizadores llegaron y conquistaron a los americanos, derrocando sin miramientos a los mayas, aztecas, incas y otros poblados y tribus”

“Esos fueron los principios de la globalización. Los ingleses, principalmente, como tenían una producción gremial bastante alta (telares, orfebrería, fundiciones, armas …), llevaban sus productos más modestos a África y los cambiaban por esclavos, luego iban a América y vendían los esclavos y los artículos ingleses de lujo a los virreyes, generales y demás gentuza que mandaba allí, a cambio de los minerales en bruto, que llevaban a Gran Bretaña”

“En la península ibérica, MANDATARIOS BASTANTE INEPTOS, utilizaban el dinero de los metales traídos de América en fastuosos artículos de lujo, enormes iglesias y catedrales, y caprichosas guerras”

“Ya situados en principios del siglo XIX, convertidos en países independientes, casi todos nacían con una economía nefasta (prácticamente sólo empresas mineras y monocultivos), en las que casi todos los nuevos estados eran deudores de los bancos británicos, que les habían prestado dinero para combatir contra España y Portugal (que también pidieron sus créditos a los mismos bancos). De esta manera, dedicaron gran parte de su actividad económica a PAGAR ESTOS PRÉSTAMOS”

“Los países que se salían de la norma, o aplicaban leyes que beneficiaban a sus propios ciudadanos por encima grandes comerciantes extranjeros, también acababan sometidos con guerras”
Resumen del libro “Las venas abiertas de América Latina”

(Texto del articulista Juanjo sobre la historia contada por los vencidos a través del libro “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, desde la colonización hasta el siglo XX: el oro, los esclavos, el retraso industrial, los préstamos de bancos ingleses, la política de EEUU y el FMI, las guerras provocadas y las grandes injusticias)


Hace tiempo que me apetecía saber quién era y qué decía un tal Eduardo Galeano, de quien últimamente me estaban llegando varios artículos y pensamientos.

Busqué en la biblioteca pública, y sólo encontré “El libro de los abrazos” (gran hallazgo; os hablaré en un próximo post). Me acerqué al mostrador y pregunté si es que el libro de “Las venas abiertas de América Latina” estaba prestado, y me dijo no, que lo tenían allí. Fue a buscarlo, y resulta que estaba literalmente escondido, tapado a su derecha con un libro gordo, y de frente con el travesaño del estante. Así que no me extrañó que en 9 años, sólo una persona lo leyera antes que yo, y eso que sus paisanos abundan por estos lares.

Como este libro habla de historia, y no contiene ninguna trama, aunque os los cuente por encima no os destripo ningún final.

En este post, Can-Men ya explicó un poco de qué trataba el libro (en la época que se hizo famoso porque se lo regaló Hugo Chaves a Obama), pero me ha invitado a que lo detalle un poco más.

Para empezar, yo, como español, quiero pedir PERDÓN. Perdón por todo lo que algunos de mis compatriotas os hicieron en el pasado. Las guerras, saqueos, violaciones, esclavismo … o sea, que convertimos aquel paraíso en un auténtico infierno. Los blancos, al sentirse en el otro lado del mundo, pensaban que el océano Atlántico servía de muro tras el cual no podía ver los pecados el Dios que vivía en Europa, y hacían y deshacían a su antojo. Y como se puede ver en películas como “La misión”, una parte del clero fue a ese nuevo mundo a enseñar al Dios amoroso, y otros a hacer negocio y extender el Dios vengativo.

Hoy día tenemos carta de derechos humanos, y ya veis lo que pasa en el Congo, Dafur, Somalia, Afganistán, etc, pues imaginaos en aquella época, donde unos tenían los derechos (nobles), otros las obligaciones (súbditos) y a los de más allá ni siquiera les reconocían poseer alma (raza negra e indios americanos).

A grandes rasgos, las cosas funcionaban así:

Los colonizadores llegaron y conquistaron a los americanos, derrocando sin miramientos a los mayas, aztecas, incas y otros poblados y tribus. Era sencillo, porque allí no se conocía el acero (las armas eran talladas en madera), ni tenían caballos y encima pensaban que los blancos barbudos venían a salvarlos.

Si con las guerras ya murieron bastantes aborígenes, luego añadimos las enfermedades que traían los europeos, para las cuales no tenían defensas los nativos. Y si lo completamos con el sometimiento a esclavitud de los supervivientes, ya terminamos un cuadro con más horrores que una película de Saw.

Como parece ser que era sencillo encontrar oro (la culturas precolombinas tenían gran cantidad de artilugios de ese material, sin tener minería), se encontró pronto plata en Potosí (se podría decir que había una montaña entera de plata de alta ley), y otros minerales que se explotaban en la época, se necesitaba gran cantidad de esclavos.

Al quedar pocos aborígenes, se necesitaron traer millones de negros africanos. Como sabéis, África no se colonizó hasta el siglo XXVIII y XIX. Allí unas tribus tenían guerras con otras, y los vencedores vendían a los vencidos a los europeos como esclavos. En muchas otras ocasiones, los europeos hacían sus propias escaramuzas para capturar sus propios esclavos.

Esos fueron los principios de la globalización. Los ingleses, principalmente, como tenían una producción gremial bastante alta (telares, orfebrería, fundiciones, armas …), llevaban sus productos más modestos a África y los cambiaban por esclavos, luego iban a América y vendían los esclavos y los artículos ingleses de lujo a los virreyes, generales y demás gentuza que mandaba allí, a cambio de los minerales en bruto, que llevaban a Gran Bretaña (los minerales en bruto son mucho más baratos que ya procesados en fundiciones, donde se revalorizan muchísimo más de lo que cuesta fundirlos y hacer artículos con ellos, además de fomentar la economía británica de fundiciones y herreros).

Los españoles y portugueses también seguían estos “negocios”, pero menos. Su actividad principal era ir a “las indias” con comida, y volver con metales preciosos. La mano de obra era tan escasa en América, que los esclavos agricultores y de los telares se llevaban a las minas, lo que hizo que prácticamente la única actividad comercial fuera la extracción de metales, por lo que se tenía que importar casi todo el alimento de allende los mares. O sea, la industria incipiente fue eliminada de primeras.

En la península ibérica, mandatarios bastante ineptos, utilizaban esos metales para gastar en fastuosos artículos de lujo, enormes iglesias y catedrales, y caprichosas guerras. La nobleza sólo gastaba, nada producía. Algunos artesanos que consiguieron amasar grandes fortunas, suficientes para ofrecer dote para unirse a una noble casadera o poder comprar un título, estaba mal visto que una vez tuvieran su título nobiliario conservaran su negocio. ¡Tenían que convertirse en inútiles!

Lapidaron todas las ganancias usurpadas en América en caprichos inútiles, que de poco o nada sirvieron para el avance de España y Portugal. Incluso gastaban más de lo que traían, y acababan pidiendo préstamos a los banqueros británicos y flamencos (en este libro no hablan de préstamos de judíos).

Se detalla ampliamente cómo se descubrían y explotaban esos yacimientos, o se arrasaba con los bosques vírgenes para los monocultivos, que acababan con toda la riqueza del subsuelo, y la consiguiente quema de más bosque para tener más terrenos de cultivos, cómo traían esclavos o trabajadores con sueldos de hambre hacia las nuevas ciudades.

Primero les pagaban con comida insuficiente (carne seca, fríjoles, boniatos, aguardiente) y después con escaso dinero que casi siempre se gastaba en aguardiente (que de esto no faltara) antes de llegar a casa. Cuanta que los africanos trajeron la costumbre de comer tierra para conseguir los minerales que el cuerpo necesitaba (en aquella época no se sabía nada de los minerales y vitaminas corporales, pero comprobaron que así mejoraban su penosa salud). También se describen cómo quedaban las ciudades/poblaciones después de que se terminara el negocio minero.

Como el dinero llovía de los metales traídos de las colonias americanas primero, y de los monocultivos de caña de azúcar y café más tarde, no se molestaron en desarrollar otro tipo de economía, ni en Sudamérica, ni en la península ibérica. Así que cuando se fueron acabando las minas, e incluso cuando se independizaron, los dos lados del Atlántico quedaron muuuuy retrasados con respecto a la industrialización que ya se practicaban en Gran Bretaña y otras partes de Europa, sobre todo gracias a las máquinas de vapor.

Aprovechando la debilidad de España después de la conquista de Napoleón, empezaron a independizarse todo centro y Sudamérica. Una vez conseguido, ya liberados del yugo colonial, parecía que iba a empezar a ver la luz, pero lo único que había sucedido es que cambiaron el colonialismo por el imperialismo.

Ya situados en principios del siglo XIX, convertidos en países independientes, casi todos nacían con una economía nefasta (prácticamente sólo empresas mineras y monocultivos), en las que casi todos los nuevos estados eran deudores de los bancos británicos, que les habían prestado dinero para combatir contra España y Portugal (que también pidieron sus créditos a los mismos bancos).

De esta manera, dedicaron gran parte de su actividad económica a pagar estos préstamos (¿os suena esto?). Empezaban a diversificar, teniendo telares que hacían ponchos y otros artilugios típicos de allí, sus propias fundiciones (que incluso exportaban), y ponían aranceles a los productos extranjeros para proteger su economía.

Los británicos, que fueron los que empezaron la industrialización, tenían que dar salida a todos los excedentes de producción, y América era un mercado ideal. Como los aranceles de los nuevos estados y su incipiente industria les molestaban, consiguieron eludirlos o cancelarlos con varias tretas:

  • Se dificultaba que los países pudieran pagar sus préstamos, bajando a voluntad la cotización de las materias primas que allí se extraían.
  • Cuando los estados tenían que refinanciar sus deudas (casi siempre), se conseguía a cambio de modificar las leyes aduaneras, para que dejaran de ser proteccionistas.
  • Con cualquier excusa, hacer un bloqueo comercial a la exportación de estos países (lo que significaba la ruina)
  • O apoyando a golpistas con dinero, barcos y armamento, por lo que después tenían que devolver ese dinero y favores, por ejemplo eliminando aranceles, o dándoles a ellos el control de los puertos (por lo que esa nación encima se quedaba sin los impuestos de los fletes).

De esta forma, consiguieron prácticamente el monopolio en la zona. Así la industria centro y sudamericana, que era casi toda artesanal, no podía competir con los precios de las fábricas británicas, y acababan arruinadas. Fijaos que hasta las prendas típicas (como los ponchos) también se fabricaban en Gran Bretaña. Curiosamente, los ingleses aplicaban grandes aranceles a todos los productos que llegaban a sus costas, pero los eliminaban por la fuerza en otras partes del mundo (lo mismo que EE.UU. en el siglo XX). Con esto conseguían que en la balanza económica, casi todo el dinero acabara en sus manos.

Cuentan como en algunas zonas mineras, dirigidas por británicos, construyeron grandes auditorios para los jefecillos, algunos de los cuales inauguraba el mismísimo Caruso (y os podéis imaginar su caché). O que con algunos créditos que recibían estos países para “desarrollo”, tenían que construir ferrocarriles que fueran desde el puerto hasta donde explotaban las minas y cultivos los ingleses.

O sea, te presto dinero para que construyas un tren que me beneficia a mí, en las que sólo yo tengo derecho de explotación, y encima me tienes que devolver el dinero. Cuando a lo largo del siglo XX estas vías ya no se usaban porque ya se habían acabado las minas o por otras causas, los distintos gobiernos tuvieron que pagarles (vaya morro) para recuperar el derecho de explotación de unas infraestructuras ya ruinosas (pagaron chatarra a precio de AVE).

Nota (este párrafo no sale en el libro):
Este es el método por el que casi todos los países del tercer mundo acaban entrando. Cuando se descubre petróleo o minerales, como el país es tan pobre pide créditos al FMI para poder desarrollar infraestructuras extractivas, y luego ese yacimiento es explotado por empresas extrajeras que se llevan casi todas las ganancias, sólo a cambio de un pequeño canon, que en vez de redistribuirse en el país, acaba en manos de un “dictador autorizado” (cabrón sanguinario que permite el saqueo a las empresas occidentales). Y supongo que deduciréis que son esos pobres ciudadanos los que acaban pagando esos préstamos.

Volvemos a este descorazonador libro. Los países que se salían de la norma, o aplicaban leyes que beneficiaban a sus propios ciudadanos por encima de grandes comerciantes extranjeros, también acababan sometidos con guerras.

Por ejemplo, Bolivia, que antes tenía salida al océano Pacífico, a mediados del siglo XIX nacionalizó una industria minera cercana a la costa explotada empresas inglesas. Como no lo podían permitir (si funcionaba podría haber un contagio a otros de países), los británicos apoyaron a Chile y Perú para que conquistaran estos territorios. Una vez terminada esta guerra, y repartidos esos territorios entre los dos países vencedores, la explotación volvió a manos inglesas. Bolivia sigue hoy día sin salida al mar.

En esa misma época, Paraguay tenía una economía prácticamente autárquica (autoabastecimiento), y exportaba excedentes cuyos beneficios usaba para tender vías de tren, comprar maquinaria industrial, …, o sea, reinvertir los beneficios en el propio país, y sin pedir créditos. Quitó los latifundios a los terratenientes (pasando a cuchillo a muchos de ellos) y los repartió entre los campesinos, con la obligación de cultivarlos a cambio de dar una parte al estado, acabando así con el hambre en el campo.

Se podría decir que fue uno de los primeros países comunistas, aunque todavía no se hubiera escrito la filosofía de Marx. A esto había que añadir los aranceles a los productos importados y que poseían sus propias fundiciones, que competían con la lejana Europa, vendiendo a sus vecinos por cercanía de mercado. Como el incipiente capitalismo no lo podía permitir, Gran Bretaña pactó para crear una triple alianza Argentina, Brasil y Uruguay (esta última por la fuerza, y sin recompensa posterior), y le declararon la guerra a Paraguay.

Lo que pensaban que iban a conquistar en 6 meses, tardaron 5 años. Tanto querían los paraguayos su nueva forma de vida digna, que en algunos momentos, ya avanzada la guerra y con falta de varones adultos, algunas poblaciones las defendían batallones de mujeres, niños y ancianos hasta las últimas consecuencias. El desastre final fue que una población que anteriormente tenía 3 millones de habitantes, quedaron en 250.000, y la mitad del territorio se lo repartieron entre Argentina y Brasil. A partir de ahí, las fundiciones cerraron, y las explotaciones agrarias pasaron a manos de latifundistas (dirigidas por los generales victoriosos), que todo lo que ganaban lo sacaban del derrotado país.

“Las venas abiertas de América Latina” también mete caña (y no de azúcar) a los franceses, explicando lo que hicieron en Haití, cómo destrozaron todo lo aprovechable antes de salir, y después le hicieron embargos comerciales, que han llevado al país hasta la extrema situación actual.

Curiosamente, los movimientos antiesclavistas empezaron en Gran Bretaña, ayudado porque los esclavos no consumían prácticamente nada, pero los asalariados, aunque míseramente, sí podían consumir sus manufacturas. Cuando se abolió la esclavitud, como muchos habitantes de la zona podían vivir de lo que recogían en los bosques y algo de caza, los terratenientes se quedaban sin mano de obra, sobre todo para los monocultivos de azúcar de caña, cacao y café. Podrían haber ofrecido sueldos decentes para alentar a la población a trabajar como agricultores, pero como eso no entraba en ninguna cabecita de los mandamases de la época, abundaron en las legislaciones de esos países las “leyes de la vagancia”, en los que si no demostrabas con una cartilla que trabajabas al menos 6 meses al año, podías ir a la cárcel o sufrir fuertes multas. De esta forma consiguieron que todos aceptaran trabajar por sueldos de hambre en las plantaciones, a cambio del dichoso sello en la cartilla.

También dedica un capítulo entero al tema del petróleo, y cómo se repartieron el mundo la Standard Oil (ahora Exxon, de Rockefeler) y la Shell, dejando un poco del pastel a la que es hoy la BP (British Petroleum), Gulf y Total (Francia).

Más adelante, incluso ya en el siglo XX, los golpes de estado solían coincidir con el deseo de los gobernantes sudamericanos de nacionalizar alguna industria extrajera, creación de aranceles, en momentos en los que se iban a votar en parlamentos alguna ley que perjudicaba a alguna empresa imperialista, o negar a ciertos países poderosos algunos metales estratégicos (creo que casi ningún país de América latina se salva de estos sucesos). De tal forma, que lo que era bueno para la economía latinoamericana, y podía crear algunas pérdidas o contratiempos en los bancos o accionistas europeos, era solucionado por la fuerza, primero con ayuda de los británicos, y después de la segunda guerra mundial con la ayuda principal de los EE.UU. (como en Chile, Argentina, Brasil, Nicaragua …).

Cuando se publicó por primera vez este libro, Pinochet todavía no había dado el golpe de estado. El principal motivo de este golpe fue porque EE.UU. no podía prescindir del cobre chileno, sobre todo entonces que todavía andaban liados en Vietnam.

Sí explica ampliamente como una empresa de alimentación pidió a los EE.UU. que la ayudaran en Nicaragua, porque el gobierno había nacionalizado los latifundios de su compañía y los había repartido entre los agricultores, y no podían permitir que esos comunistas (elegidos en las urnas) arruinaran sus negocios. Era la época de la “caza de brujas” (años 50), y en cualquier que pudiera aparentar ser comunista (hacer sistemas redistributivos más justos o impedir monopolios y abusos lo tachaban como tal), con la simple sugerencia de comunismo susurrado por estas multinacionales en los oídos de un congresista norteamericano era suficiente para invadir el país o ayudar a golpistas.

Y ahora tenemos la deslocalización de la industria hacia Latinoamérica, donde sobra mano de otra barata. Después todas las ganancias vuelven a norte. Allí sólo dejan contaminación y míseros sueldos de hambre.

Pensad que en aquel momento, el sudeste asiático no era todavía la fábrica del mundo, por lo que los brazos baratos de Sudamérica eran imprescindibles.

En la parte final explica cómo EE.UU. creó el FMI y el Banco Mundial, para negar a los países subdesarrollados el derecho de proteger sus industrias nacionales, y para desalentar en ellos la acción del Estado.

Para explicarlo, os pongo algunos párrafos extractados del libro, explicando la situación en 1970:

Los préstamos del FMI y el Banco Mundial fueron condicionados a:

  • La adquisición de los bienes industriales norteamericanos, por lo general más caros (30% – 50%) que otros productos similares en otras partes del mundo.
  • Evitar que los créditos sirvan a la exportación de los artículos que los EE.UU. pueden colocar en el mercado mundial.
  • Exigir que no menos de la mitad de los embarques se realice en barcos de bandera norteamericana (cuyos fletes resultan tan caros, que pueden llegar a doblar el de las líneas navieras más baratas disponibles).
  • Para que importen sus tractores y fertilizantes, imponen la eliminación de los impuestos y aranceles aduaneros para los productos importados de EE.UU.
  • Incluye la adquisición de jeeps y armas modernas destinadas a la policía, para que el orden interior de los países pueda ser debidamente salvaguardado.
  • Exigen la aprobación de determinadas leyes o decretos.
  • Financiación de proyectos de empresas extranjeras, que computan con cargo a la “ayuda”.
  • Parte de sus préstamos se dedican a la construcción de carreteras y otras vías de comunicación y al desarrollo de las fuentes de energía eléctrica, que son una condición esencial para el crecimiento de la empresa privada.
  • La aplicación de la receta estabilizadora del FMI y al pago puntual de la deuda externa.
  • En ocasiones la tienen que emplear para pagar las ya amortizadas y casi siempre oxidadas máquinas que las empresas norteamericanas ya han dejado de usar en sus fábricas.
  • Prohibir la venta de ciertos minerales estratégicos a países de la esfera de la URRS (entonces todavía existía), aunque ellos sí que pagaran precios justos.

Según un informe de la Organización de Estados Americanos, una vez separada la paja del grano, se llega a la conclusión de que apenas el 38% de la ayuda nominal puede considerarse ayuda real.

La explosión de la deuda: Los empréstitos aumentan y las inversiones se suceden y en consecuencia crecen los pagos por amortizaciones, intereses, dividendos y otros servicios; para cumplir con esos pagos, se recurre a nuevas inyecciones de capital extranjero, que generan compromisos mayores, y así sucesivamente. […] Así en 1975 la deuda brasileña era el triple que en los años 60.

Las dictaduras de Brasil y Argentina actúan al servicio del mismo objetivo: proporcionar brazos baratos a un mercado internacional que exige productos baratos. Cuando el régimen de Videla cumplió su primer año de vida, el valor real de los salarios se había reducido al 40%.

En nuestros días (1978), el pueblo del Perú produce harina de pescado, muy rica en proteínas, para las vacas de EE.UU. y de Europa, pero las proteínas brillan por su ausencia en la dieta de la mayoría de los peruanos. […] Cada vez vende más carne al extranjero el pueblo brasileño (que rara vez come carne). […] El forraje que comen las vacas en México contiene más proteínas que la dieta de los campesinos que se ocupan de ellas.

Llaman “países en vías de desarrollo” a nuestras oprimidas comarcas y denomina “redistribución regresiva del ingreso” al empobrecimiento implacable de la clase trabajadora.

La causa nacional latinoamericana es, ante todo, una causa social: para que América Latina pueda nacer de nuevo, habrá que empezar por derribar a sus dueños, país por país. Se abren tiempos de rebelión y de cambio.

“Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente, sobre las conciencias de los hombres”
Eduardo Galeano

Nota: el autor se mete con gente de muchas nacionalidades. Entiéndase que se refiere a los que mandan en esos países, no a los ciudadanos que también les padecemos.

Juanjo

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10 Comentarios

  1. 2 - ana

    30 enero 2012 11:44

    Conozco a Galeano,pero ahora en Argentina somos esclavos no precisamente de las multinacionales,sino del régimen nefasto,monárquico y unipersonal que nos gobierna.
    Responder
  2. 3 - alicia

    30 enero 2012 11:46

    Gracias por este artículo. Aquí, en La Rioja, Argentina, estamos peleando a brazo partido para que no se instale una minera canadiense que viene a hacer lo mismo que desde hace 5 siglos, saquearnos!!!! El Famatina NO se toca!!!!!
    Responder
  3. 5 - Natalia Ventura

    30 enero 2012 20:35

    Si en nuestras escuelas se enseñara historia de esa manera… quizás las cosas serían diferentes.
    Responder
  4. 6 - laura

    4 febrero 2012 15:27

    Estoy en Argentina y precisamente Galeano es una guia intelectual que guia el proyecto Nacional . Y estamos felices !! de ser esclavos de la democracia que a veces es dura con aquellos que fueron y siguen siendo participes del neoliberalismo de los 90 en Argentina y que ahora està destruyendo a Europa ! El canal oficial tiene un canal abierto para todo pùblico !! Que no depende de las Corporaciones y difunde entre otros el pensamiento de este valioso poeta y escritor latinoamericano
    Responder
  5. 7 - Juanjo

    9 febrero 2012 16:59

    Parece que ahora en America Latina se está viviendo unos momentos similares a los de la Europa de los años 70, con apertura ideológica, mejora de la democracia (lento sí, pero mejora al fin y al cabo), y salida de la pobreza.
    Y en Europa estamos al revés, incando la rodilla antes el “Dios mercado”, como hicieron con Sudamérica en el pasado.
    ¿Cómo acabará? Realmente no lo sé, pero no pinta nada bien. Porque no es que los europeos bajen su nivel de vida para que los que no comen coman.
    NO. Eso estaría justificado, pero no es esa la dirección.
    Lo que sucede es que estamos bajando nuestro nivel para que los que comen mucho, coman más.
    Responder

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