LUIS PANIAGUA: “La música, mi música, es energía transformadora”

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“Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música”
Aldous Huxley, científico

Luis Paniagua es uno de los artistas que más me han impresionado en los últimos años. Su música, aterciopelada, profunda y, por momentos, misteriosa, me ha acompañado últimamente durante mucho de mi periplo vital. Hoy lo traemos a nuestro blog… una visita para conocer desde donde viene toda esa sensibilidad tan hermosa que muchos compartimos.

Luis es uno de los artistas más reconocidos por crítica y público dentro de lo que a él le gusta llamar “Músicas Ancestrales”: más antiguas, más cercanas a lo más esencial del ser humano. Su ya larga trayectoria incluye 14 discos en solitario, una vida entera dedicada a la música, desde el momento en que comenzó a tocar con su hermano en el grupo de éste, Atrium Musicae, a la edad de 15 años.

Con ocasión del Taller y Concierto que realizó en Castellón recientemente, tuvimos la posibilidad de charlar un largo rato con él. En la charla se desgranó, poco a poco, toda la historia de un ser digno que lucha por conseguir que eso que él siente que es la Música, con mayúsculas, se exprese a través de su sensibilidad. Y podemos dar fe de que lo logra.

Como veréis, en la “entrevista”, o charla informal, hablamos de lo divino y de lo humano… y es muy significativa para entender al artista, y a la persona. Así que no explicaré nada más por anticipado.

Después, os presentamos el último vídeo que ha colgado Luis en su canal en youtube: una grabación del Tema “Gracia”, interpretado durante el Festival de las Tres Culturas en el Museo de la Ciudad de Murcia el 27 de Mayo del 2011.

A disfrutar…

¿Como empezó todo, Luis?
Yo era el pequeño de nueve hermanos.  Mi padre era médico y le encantaba la música clásica: tuve la fortuna de nacer en una familia donde estaba muy bien acogida la música y el arte en general. A los 15 años ya estaba haciendo giras y muchos conciertos de música clásica con mi hermano Gregorio y el grupo que formó, Atrium Musicae. Además, también me interesaban mucho los  pocos discos que había de músicas del mundo en aquel momento por casa.

En el año 75 compré un sitar en Berlín, y en el año 80 me fui a la India 6 meses para aprender a tocarlo. A la vuelta comencé a componer mi propia música, a hacer conciertos ya en solitario, primero en pubs, con gente estaba charlando y yo tocando el sitar allí… hasta que pasé a tocar en Centros Culturales, de Yoga y similares: y eso fue un gran cambio, pasar a tocar en silencio. Poco a poco me fui abriendo camino: teatros, festivales de nuevas músicas…

Y a la gente le empezó a gustar, a conocer: era diferente.

¿Cuando comenzaste a notar el cambio, que a la gente le gustaba y lo empezaba a apreciar más?
A principio de los 80. … más o menos a partir de tocar la lira y la voz sólo, y mucho más enfocado a lugares como Centros de yoga y demás. Encontré que era más profundo, más rico para las personas. Tocaba fibras mucho más sensibles del ser humano.. y coincidió con un gran cambio en mi vida en todos los ámbitos.

Háblanos de la lira.
Las primeras Liras se han descubierto en Mesopotamia, liras de plata. La lira que toco la construyó mi hermano Carlos, ¡es como la lira que tocaban Apolo y Orfeo! Siete cuerdas de tripa, y un caparazón de tortuga. Ahí fui descubriendo que actualmente se toca por ejemplo, en la cuenca del  Mar Rojo por árabes, en Etiopía, por los cristianos ortodoxos de forma  litúrgica, o en Kenia o Uganda de una forma más lúdica. Y que son los árabes los que la tocan tal y como se hacía en la Grecia Antigua…

Y tú elegiste la forma de tocar que heredaron los árabes..
Empecé de forma autodidacta: realmente, comencé gracias a un disco que grabé con mi hermano Gregorio de música de la Grecia antigua, una obra pionera y muy apreciada por músicos: en los noventa, lo retomé, y más tarde me di cuenta de que la forma que tocaba era muy similar a la del mundo árabe en nuestros días.

Has mencionado que la lira toca fibras muy íntimas del ser humano…
Es que es un instrumento muy básico, muy primitivo… en el buen sentido. Son siete cuerdas al aire, que dan siete notas, es una limitación muy grande… que te permite una riqueza insospechada al mismo tiempo, porque al concentrarte en una debilidad la haces fortaleza. Sin saber por qué, volví a lo más básico, a lo primigenio. Algo más cercano a mi propia cultura que el sitar, de ascendencia hindú. Y todo por inclinación propia, no por decisión… surgió de forma visceral. No sé quién eligió a quién. Y la sencillez en mi voz, mate y aterciopelada como la de la lira, hace que juntos suenen bien.

En la antigua mitología se decía que la lira era un instrumento intermediario entre el Cielo y la Tierra, y también se decía de la tortuga, que forma parte de la lira, por su semejanza a la curvatura celeste en la concha, y su parte plana a la tierra; en realidad, yo considero que todos los instrumentos son intermediarios entre el cielo y la tierra, y más que eso, los intérpretes.

De hecho, yo toco con muy poca gente: por un lado, por una cuestión económica, de costes, y por otro y más importante, es muy complicado combinar con otra persona. Como ejemplo, en mi disco “El Cielo en la Tierra”, colaboro con Farran Sylvan James, una gran artista y persona. Si he de colaborar con alguien en ese sentido, me interesa mucho más la persona, que el instrumento a combinar en sí. Si estoy en sintonía con la persona, la música se va a potenciar seguro, y eso va a hacer que siga en la línea en la que a mí me gusta encuadrar mi trabajo: músicas ancestrales, más antiguas que las más antiguas… lo primario y esencial al Ser Humano. Me gusta cuando en mis  conciertos la gente me dice que , a pesar de ser la primera vez que escuchan mi música, no les es ajena.

Es una visión muy platónica ¿no? La Música como una Idea a la cual podemos llegar a través de un interprete y su maestría…
Gracias a ello, las músicas nos colocan en un estado intermedio entre el Cielo y la Tierra. Me gusta la idea de un sitio intermedio. No sólo Cielo, debemos ser prácticos, y pisar la Tierra… sin olvidarnos del Cielo… hay otros mundos, sutiles, hermosísimos, que también están. Me agrada la idea de equilibrio en ese sentido, la imagen de un camaleón que mira a ambos lados, o un funambulista que va sobre un alambre con una gran vara manteniendo ese preciado equilibrio entre el sol y la luna

Estar en el mundo pero no ser de el. Sabes que hay más.
Esa idea está, efectivamente, en muchas culturas… en la India me he encontrado con lo mismo. No tenemos que engancharnos, que apegarnos a nada absolutamente.

Nanas de Sol…
Un gran cambio. Todo surgió de la trayectoria vital que llevaba hasta entonces, pero pasaron cosas puntuales muy importantes, principalmente a raíz de un inipi, de un Temazcal. En él, entré en un estado alterado de conciencia… pasaron muchas cosas… muy hermosas y muy tenebrosas. Accedí a lugares internos míos que no había llegado hasta ese momento. Me quedé muy tocado… poco a poco me fui dando cuenta de lo que era, que podemos llegar a un estado alterado de conciencia mediante prácticas  extremas como a  través de un ayuno prolongado… o temperaturas altas de frío y calor, como sucede en un Temazcal. En esos momentos, llegamos a partes de nosotros mismos que de otra forma sería mucho más difícil poder acceder. Otro ejemplo sería la temporada de 40 días que pasó Jesús en el desierto…

Entre otras cosas, me encontré con mi propia muerte. Visité a diferentes médicos hasta que dí con la persona adecuada. Y a raíz de todo ello, empezé a dejar a tocar el sitar, un instrumento muy sacrificado, hasta masoquista a veces, y comenzé con la lira y a cantar vocales: descubrí por mí mismo los armónicos, y me dediqué a investigar ese mundo casi a rastras… sólo con la lira y la voz.

Y le empezaron a venir muchísimas músicas. Y al cabo de año y medio… ya tenía más enegía, y me decidí a grabar esa música. Ha sido el disco en el que menos ilusión ficticia he puesto. El primero que hice para ver por qué esto me había venido, y con muchas ganas, pero esforzándome en tener disciplina para grabarlo. Y la lira me daba palmaditas en la espalda… nada tenía sentido, era lo que San Juan llama una noche oscura del alma, o una depresión de camello…

¿Crees que para un artista es a veces necesario un momento de crisis así?
Antes de haberlo vivido, sí lo recomendaba: ahora estoy agradecido de haberlo vivido… ¡pero no lo recomiendo a nadie!  Es una experiencia muy intensa… y después de 14 años, sigo sacando frutos de aquello que me pasó. Todo Nanas de Sol, al que llamé así porque me estaba acunando a mi mismo para despertar, no para dormir.

Y curiosamente, este trabajo que fue el que menos expectativas me generaba, es el que ha tenido premios y demás… un disco sólo con la lira y la voz, el más sobrio que he grabado… estando yo desequilibrado. Y la respuesta de las personas era “qué maravilla, se te ve con tanta paz, con tanto equilibrio…” ¡¡ y yo estaba totalmente desequilibrado!! Pero estoy seguro de que eso es lo que transmite, porque es lo que yo necesitaba: estoy convencido de que siempre hacemos lo que necesitamos, no lo que nos gustaría que pasara.

Porque desde siempre he sentido que el mundo es un lugar muy inhóspito. Necesitaba acceder a otros mundos, y me di cuenta que en la tierra también hay belleza, pero para mí ha habido muchas veces que lo he sentido así, oscuro, aunue siendo consciente de que hay mucha belleza en muchos sitos.

La atención… Quizás músicas como la tuya nos ayudan a situarnos en zonas que nos dan calma, al lograr que nuestra atención se distraiga de nuestros “malos momentos”…
Eso es. Pero mi música calma o remueve… porque es energía transformadora. David calmaba al rey Saúl… Hermes le regaló la lira a Apolo, que la usaba para estar tranquilo. Te distrae para que, cuando vuelvas a tu vida, lo hagas con una cierta perspectiva y puedas afrontar de forma diferente tu realidad. Hay una idea que me encanta, y es “no hacer de un problema el centro de tu vida”, porque si lo haces, y no eres capaz de salir de ahí, estás hundido: debes ser capaz de tener la perspectiva suficiente como para que el centro de tu existencia no sea un problema, sin tú mismo.

Cuéntanos algo de tu último trabajo, “El cielo en la Tierra”…
Lo hice con esta maravillosa música, Farran Sylvan… ahora cuando lo escuchamos encontramos muchos sitios donde lo haríamos de forma diferente, poniéndose uno perfeccionista, pero es un trabajo muy hermoso.

Sí. El cielo en la Tierra es muy similar, quizás, a Nanas de Sol…
Sí, es cierto. Lo grabamos en un estudio, sólo con lira, y luego me lo llevé a casa donde le añadí algunas percusiones y otros arreglos. Es difícil poner en palabras la música, pero… el Cielo y la Tierra están aquí, ahora, los Angeles y los Demonios están en la Tierra.

Todos tenemos una parte de angel y de demonio. Hay otros seres que también están aquí, luminosos o tenebrosos, sin cuerpo físico: me suena esa idea, me gusta, comulgo con ella. La figura de Jesús me gusta mucho. Después de haber nacido en una familia católica y haber huido de ella, y haber conocido muchas otras culturas, he retomado su figura como la de un maestro: sobretodo, a través de haber descubierto los “Evangelios Apócrifos”, donde se nos muestra un Jesús “diferente”. Hay allí hay frases muy hermosas… en el evangelio de Tomás, por ejemplo, se dice algo así como “No miréis a lo alto para buscar la luz, mirad en vuestros corazones, y un torrente de luz os inundará y os hará felices”.

Junto con Nanas de Sol, el disco que quizás más relacionado está con el misticismo…
De hecho, con Nanas de Sol ha habido mucha gente que me ha contado que el disco le ha llegado  en unos momentos de profundo cambio, de transformación. También ha habido quién me ha dicho que es el único disco que pueden poner desde el principio hasta el fin en, por ejemplo, una sesión de yoga: que está compuesto desde esa idea.

En el fondo, lo que vengo a significar es que creo que lo mejor es que contactes directamente con tu propio ser, que no utilices intermediarios, que intentes llegar a tu propia fuente. Hay que atravesar a los “maestros” y gurúes que también tienen su parte oscura y negativa, como todo el mundo.

En nuestros tiempos, uno de los caminos que más nos están llegando es que hemos de buscar en nuestro interior: hay momentos en que debemos dejarnos llevar más por nuestra propia intuición, tener más confianza en nosotros mismos… Hay mil formas para poder hacerlo, la música es una de ellas: como la meditación, que es una forma de oración.

De hecho, el tema de la espirtualidad oriental… tu trabajo nos recuerda que la espiritualidad occidental también es válida, y trabajos como  el tuyo nos ayudan a conciliar oriente y occidente.
Desde el principio ya lo sentía así. A pesar de que respeto profundamente el yoga o tantas filosofías que han venido de oriente, yo me decía ¿por qué debía decir que no al cristianismo y, sin embargo, aceptar si más la espirtualidad hindú, por poner un ejemplo? A lo mejor es necesario conocer algo, para luego trascenderlo.

Para mí ha sido muy interesante descubrir en algunos libros sobre Jesús facetas para mí desconocidas de él, como que estuvo en la India, que estudió en Egipto. Era un mundo hermoso… en aquellos tiempos, como ahora, la gente buscaba acceder a “otros mundos” de cualquier forma: porque repito que si nos quedamos con lo que tenemos, el mundo es inhóspito. Hay que investigar, en uno mismo en todos los mundos que están a nuestro alcance. También me resulta increíble que seguidores de un gran maestro como Jesús estuvieran con la cruz en una mano, y con la espada en la otra, matando en su nombre… nunca entenderé las “Guerras Santas”.

¿En qué estás ahora, Luis?
Estoy desde hace un tiempo en un proyecto que se va a llamar “Oraciones Universales”, y que consistirá en poner música a distintas plegarias de todo el mundo.

Lo que ya estoy incorporando en mis conciertos, por ejemplo, es una versión con mi música del “Padre Nuestro”: para ello, le he cambiado una palabra…

Y es que me  llegó por una persona conocida que, seguramente, la palabra que habría empleado Jesús para referirse al Padre habría sido “abba”, es decir, un término hebreo mucho más cariñoso y cercano que “padre”: algo así como “papaíto”. Y tras cambiar la primera palabra, salió toda la música… ya la estoy cantando en los conciertos. También me gusta mucho el mantra hindú Gayatri: he tomado una de las versiones en que se canta, concretamente la que me transmitió mi esposa, que es como a ella se lo enseñaron cuando iba al colegio a los cinco años… esa versión pasada por mí, con la lira.

No sé por qué… es lo que me sale ahora. Me gusta hacerlo, me gusta cantarla… me suenan como verdades. Y sólo las que considero verdades universales me surge el ponerles música,  y las canto sin ningún tipo de juicio.

Tus conciertos, este proyecto, y…
Y también está proyectado hacer un segundo espectáculo para bebés con Juan Pedro Romera, similar a “Para una nueva vida”,  que va a ser también para embarazadas. Ya lo tengo en la cabeza, pero falta plasmarlo a nivel escénico.

Una pregunta que me encanta hacer a músicos, Luis… ¿qué escuchas habitualmente?. ¿Cuál es la música que más te ha influído?
Es curioso, porque hay muchas temporadas de silencio,¡sobretodo al acabar un trabajo! En concreto, hubo una época en que pasé 8 años en una masía viviendo sólo… y allí había mucho silencio, o mejor dicho ausencia de música en sí, porque había muchos sonidos…  y viví los dos extremos: es decir, momentos de “qué maravilla vivir en un sitio así”, y otros de “qué infierno estar aquí sólo con mis pensamientos…”. Unos contrastes muy fuertes.

Influencias… muchas, de muchos sitios, desde luego. Pero están los Beatles, Bach, Bob Dylan, Sting, Arvo Part… Amelia Cuni.. principalmente una pieza que hizo con Ali Gromer Khan, Moonson Point, en  el que yo creo que ella improvisa unas notas larguísimas, al estilo un poco de la india, pero sin serlo… es muy especial.

La verdad es que últimamente no escucho, ni leo, nada actual… en los últimos años he escuchado música infantil, mis hijos tienen 10 y dos años, y la verdad es que ¡he retomado mucha música folklórica para niños! Desde otro ámbito, Philip Glass, Steve Reich… Brian Eno, ¡desde luego!. La mayoría de los que tocaron bajo la compañía ECM, en general… Jan Garbarek: su forma de tocar el saxofón… de usarlo de formas diferentes, él me ayudó a descubrir… que el instrumento da igual, ¡es la persona!

Y sin embargo, no desde el ego de “Soy Yo”, sino desde el “te ha tocado”, es decir, desde aceptar lo que te tienes… con toda la humildad, y con toda la grandeza… términos que pueden parecer contradictorios, pero que no lo son en absoluto: aceptar el ser canal para la Música. Uno siempre está buscando su lugar en el mundo, aprendemos todos los días… y un gran paso en ello es la aceptación, la rendición, a lo que uno realmente es.

Y en eso sigo…

Página Web del autor: Luis Paniagua

 
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