Despierta tu poeta interior: perdiste el rango de princesa

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Dibujo de Cenicienta.
De la diseñadora gráfica Jirka que representa los personajes de Disney de carne y hueso.
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Yo era delicada, tierna enredadera de la montaña
tú, la gota de rocío, dulce soplo de aire de la mañana.
Yo era poema encerrado, pájaro enjaulado
tú, mi princesa esperada.

Vivía en un castillo enorme, hecho de piedras,
vivía arriba en las nubes, arriba en las almenas.
De vez en cuando abría la ventana, respiraba el nuevo día
tú, mi princesa contemplada.

Poco a poco empecé a salir de paseo, por las verdes alamedas,
pero un día caí en la madriguera
y un torbellino de emociones e ilusiones me secuestraron
tú, mi princesa esfumada.

Logré escapar y regresé a mi castillo enorme, hecho de piedras.
Vivo arriba en las nubes, arriba en las almenas,
ya no abro la ventana, ya no respiro el nuevo día,
tú, mi princesa perdida.

Será el castillo, serán las alturas,
quizás las trincheras de las vastas llanuras,
puede que mis propias mentiras, pero desde luego no más tú,
sino yo, mi propia princesa escondida.

Itziar Azkona

Vivir entre el cielo y la tierra, entre los sueños y la realidad no es cosa fácil. Vivir en equilibrio no es cosa fácil. Cuando las raices crecen y nos atan a lo material en exceso, vemos los árboles pero no el bosque, perdemos perspectiva, visión y dirección. Por el contrario cuando desplegamos las alas de la fantasía y la ilusión corremos el riesgo de elevarnos tanto que perdemos el contacto con la realidad más concreta.

A veces, como los pájaros que aprenden a volar, es un ejercicio de sube y baja, como una montaña rusa. Comienza el primer vuelo, despegamos y ya en el aire, la inseguridad de los primeros aleteos nos desconcentra y caemos a tierra. El porrazo es monumental y decimos: “nunca más lo vuelvo a intentar, no merece la pena”. Pero seguimos. Ahora bien cada nueva caída de cada nuevo intento duele más, el dolor se va acumulando y el vasto manto del miedo se va haciendo cada vez más grande, cada vez más pesado.

En esta dinámica construimos nuestro castillo, nuestras trincheras, para escondernos, para perdernos tanto que al final ya no sabemos ni como encontrarnos. A fuerza de caídas nos vamos diluyendo, nos vamos acongojando. Sólo la constancia, la fuerza de voluntad, la creencia de que estamos aprendiendo y no fracasando a cada momento nos elevara a la altura necesaria.

Los opuestos nos muestran el camino, nos marcan el justo equilibrio. Si observamos ese momento en que la marcha está siendo más costosa de lo que debiera podremos corregir hacia el centro, ya que los extremos queman, los extremos cansan, los extremos quiebran. Sólo por ensayo y error, sólo por subidas y caídas, sólo a través de pedacitos de “ser o no ser”, ante cada cuestión, llegaremos a ver la princesa que llevamos en nuestro interior.

Cuando la encontramos es como estar observando el arco iris, con sus colores, con su forma redonda, sin esquinas donde poder esconderse. Y entonces seguimos el camino, hacia el único sentido posible, hacia adelante, avanzando. Hasta la próxima aventura. Y si no, recuerda que al bajar de la montaña rusa dijiste con voz alegre y brillo en los ojos: “¿subimos otra vez?”…

“Escribe un poema…y tu vida se hará poesía”
Itziar Azkona

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AUTORA: Itziar Azkona
Terapeuta y Coach de PNL y New Code por John Grinder
También soy maestra de mi pasado, artesana de mi presente y aprendiz de mi futuro, algo mago merlín, maestra de Reiki y  educadora para la Felicidad…
Web: http://www.coachingemodus.com/

 
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