La captura del jabalí de Erimanto: 7º trabajo de Hércules

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“La percepción de las incongruencias es una de las más grandes armas dadas al hombre para que le sirvan de base para el sentido del humor, ya que LA RISA es lo único que desbarata las cristalizaciones del pasado. Así que, desde una perspectiva ligeramente alterada, muchas de las aterrorizantes experiencias de la vida pueden ser transformadas por un benéfico sentido del humor”

“En la imagen de Hércules dirigiendo al jabalí por sus patas traseras, vemos el símbolo del Alma dirigiendo un ego torpe y burlado. Este es el principio de equilibrio comprendido en el Séptimo Trabajo. El Equilibrio es más una condición dinámica que estática, se trata de un sistema equilibrado de energías, una distribución ordenada, dirigida y controlada de la energía por una voluntad inclinada al bien”
Eva Monferrer

Equilibrio, discernimiento, justicia, los excesos del deseo (la borrachera con los Centauros), la jovialidad, alegría y facilidad al realizar la prueba a estas alturas de la Evolución Humana es lo que encontramos en el 7º trabajo de Hércules: la captura del jabalí de Erimanto .

El viaje del Alma de Hércules, el héroe que todos llevamos dentro, sigue su camino de realización, mejorando y aprendiendo en cada etapa.

Y esto es lo que nos depara este trabajo que corresponde al signo astrológico de Libra:

1. EL MITO

“Otro trabajo aún debe ser llevado a cabo, para ser él más parecido a su Padre, necesita equilibrio, y juicio sano, y preparación para una prueba mayor y para futuro a la raza de los hombres. Por esto, que se prepare con cuidado”. Fuera del Concilio, el Maestro llama a Hércules: “Sal, hijo mío, y captura al jabalí; salva una región asolada, pero toma el tiempo de alimentarte”. Y Hércules, salió.

Y Hércules, que es un hijo de hombre, y no obstante, un Hijo de Dios, pasó a través del Séptimo Portal. El poder del Séptimo Signo pasó a través de él.

Él no sabía que se enfrentaba a una prueba dual, la prueba de la rara amistad, y la prueba del coraje sin temor. El Maestro lo había instruido para buscar un jabalí, y Apolo le dio un arco flamante para usar.

Dijo Hércules: “No lo llevaré conmigo en el Camino, por temor de matar. En mi último trabajo, en las riveras del mar, yo maté y destruí. Esta vez, yo no mataré. Yo dejo el arco”.

Y así, desarmado, excepto por su fuerte maza, trepó el acantilado de la montaña, buscando al jabalí, y viendo, a cada lado, visiones de miedo y terror. Él subió más y más alto, y, entonces, se encontró con un amigo. En el Camino se encontró con Folos, uno de un grupo de Centauros, conocido de los dioses.

Ellos se detuvieron y hablaron, y por un momento, Hércules olvidó el objeto de su búsqueda. Y Folos llamó a Hércules, invitándolo a abrir un tonel de vino, que no era suyo, ni tampoco pertenecía a Folos. Este gran barril pertenecía al grupo de Centauros, y a los dioses que habían beneficiado al grupo de Centauros con el barril, dándoles la orden de que nunca debería ser abierto, salvo cuando los Centauros se encontraran todos presentes. El tonel pertenecía al grupo.

Pero Hércules y Folos lo abrieron en ausencia de sus hermanos, sólo llamando a Quirón, otro Centauro sabio, para que fuera y compartiera su
jarana. Así, los tres se deleitaron juntos, y bebieron hasta embriagarse haciendo mucho bullicio. La gritería la oyeron los otros Centauros desde lugares distantes.

Los Centauros acudieron encolerizados, y una feroz batalla tuvo lugar, y a pesar de las sabias resoluciones, nuevamente el hijo del hombre, que era también un Hijo de Dios, se transformó en el mensajero de la muerte y mató a sus amigos, los dos Centauros con los que antes había bebido. Mientras, los demás Centauros se afligían con fuertes lamentaciones. Hércules escapó a las altas montañas, y nuevamente reanudó su búsqueda.

***

Hércules fue hasta los límites de la nieve, siguiendo las huellas del feroz jabalí; lo siguió hasta las alturas y el áspero frío, y sin embargo, no lo vio. La noche se fue acercando y una a una las estrellas salieron, y aún el jabalí se le distanciaba, y buscó dentro de sí mismo alguna maña sutil. Colocó una trampa con habilidad, y sabiamente oculta, esperando en una sombra oscura la aparición del jabalí.

Las horas pasaron, y él esperó hasta que se acercó el alba. El jabalí salió de su guarida buscando comida, impulsado por un hambre de días.
Y en las sombras, cerca de la trampa, esperaba el hijo del hombre. El jabalí cayó dentro de la trampa y a su debido tiempo, Hércules liberó a la bestia salvaje, haciéndola prisionera de su habilidad.

Hércules luchó contra el jabalí y lo dominó, haciéndolo ir por donde él le decía, por el camino que él deseaba.

Desde la cima nevada de la alta montaña bajó Hércules, gozoso en el Camino, conduciendo delante de él, por la senda que bajaba, al feroz pero domesticado jabalí. Por las patas traseras, él conducía al jabalí, y todos en la montaña reían al ver la escena: el tambaleante y cansado jabalí y el hombre que reía y cantaba.

Así ejecutó Hércules su Séptimo Trabajo, y regresó hacia el Maestro de su vida.

“La lección del verdadero equilibrio ha sido aprendida. Aún falta una lección, de nuevo en el Noveno Portal el Centauro deberá ser encontrado y conocido, y rectamente comprendido”.

“El Séptimo Trabajo está completado. El Séptimo Portal ha sido pasado. Considera las lecciones del pasado; reflexiona sobre las pruebas, hijo mío. Dos veces has matado lo que deberías amar. Aprende el por qué”.

Y Hécules permaneció dentro de las puertas de la ciudad y allí se preparó para lo que luego sucedería, la prueba suprema.

El Tibetano

2. SIMBOLOGÍA E INTERPRETACIÓN DEL MITO

Esta prueba trata del Equilibrio y del Discernimiento.

En la primera parte del Mito, Hércules mata a dos amigos Centauros a causa de la borrachera. En la segunda parte, él no mata al jabalí, lo ata y lo sirve de carretilla, lo cual es divertido para todos … El Maestro no elogia a Hércules, sólo le da el aprobado. Aquí se muestra la “Justicia” del signo de Libra: “la Misericordia”.

Y, ¿qué tendrá que ver la borrachera con un signo tan tranquilo como Libra? Es de hecho la necesidad de la catástrofe lo que le mueve, ya que, sin ella, su expresión correcta permanece latente, no se manifiesta: Libra es un signo de invierno, de frío y desolación.

Así que antes de capturar al jabalí Hércules necesita una tragedia.

La forma de la captura es curiosa, porque él no busca un encuentro directo con el jabalí, sino que prefiere no gastar fuerzas innecesariamente. Logra su objetivo de manera suave, sin forzarlo. Al convertir al jabalí en una carretilla vemos las soluciones inusitadas del signo de Libra.

La percepción de las incongruencias es una de las más grandes armas dadas al hombre para que le sirvan de base para el sentido del humor, ya que LA RISA es lo único que desbarata las cristalizaciones del pasado: ¡¡Hércules convierte al feroz jabalí en un objeto de ridículo!!

Así que, desde una perspectiva ligeramente alterada, muchas de las aterrorizantes experiencias de la vida pueden ser transformadas por un benéfico sentido del humor. Lo que nos tomamos con excesiva gravedad y seria formalidad tiene ridículas implicaciones.

En la imagen de Hércules dirigiendo al jabalí por sus patas traseras, vemos el símbolo del Alma dirigiendo un ego torpe y burlado. Este es el principio de equilibrio comprendido en el Séptimo Trabajo. El Equilibrio es más una condición dinámica que estática, se trata de un “sistema equilibrado de energías”, una “distribución ordenada, dirigida y controlada de la energía por una voluntad inclinada al bien”.

El regente externo -ego- del signo de Libra es Venus: la armonía de las cosas. Trata de unir la “gracia” a la fuerza –Aries-, para lograr sus fines de un modo menos violento, más sutil, más dulce. Y el Verbo dijo: “Que se haga la elección”.

El regente interno -Alma- del signo de Libra es Urano: la mente superior. Las cosas viejas son percibidas como cadenas y trabas, y deberán ser descartadas. Más no es en la forma donde deben cambiarse las cosas, sino en la consciencia. Así, en Libra nos equipamos con los más altos ideales de servicio al prójimo, a favor de la unión y la fraternidad.

Dane Rudhyar define esta expresión como “La Tranquilidad de Libra proviene de la relación totalmente aceptada, ya sea ésta con un objeto, con una situación o con una persona… Los hombres sólo podemos estar libres de la naturaleza cumpliendo con ella. Esto es también la elegancia”.

Y el Verbo dijo: “Yo elijo el Camino que conduce entre las dos grandes líneas de fuerza”.

Al llegar a Libra, el Discípulo encara las horas más sombrías del Aula de la Sabiduría, ya que desde el punto de vista del Logos, es en el Signo de Capricornio que se produce un amanecer –La Tercera Iniciación-, el mediodía se produce entonces en Aries, el atardecer en Cáncer y la medianoche en Libra –la luz en la oscuridad-.

El primer decanato de Libra es el más propenso a los excesos del deseo, -la borrachera con los Centauros-, después el segundo y el tercer decanato van expresando mayor capacidad y destreza para capturar al jabalí. Cuando las pasiones y las emociones se domestican, se recuerda la tarea del Alma.

LA ELEGANCIA DE LIBRA

Para Libra, las soluciones avanzan con extrema facilidad, como el proceso de un problema matemático, desde la lógica, donde un paso te lleva con seguridad al siguiente. La simplicidad de medios, el desarrollo de las cosas contemplado como si se abriera una flor, esta es la elegancia de Libra, sin esfuerzo, sin tensión.

“Ser adaptable pero retener la pureza y la integridad de nuestro ideal”
“aceptar rodeos sin perder el rumbo de la meta”
“ser comprensivo con quién necesita el despertar espiritual sin distorsionar o rebajar la calidad del mensaje”
“usar los valores nacidos del pasado pero no desestimar jamás sus futuras manifestaciones”
“ser amable con los hombres, pero inflexible con los principios del espíritu”.

Esta es la elegancia de Libra.


“Cuando nos consagramos al Espíritu, actuamos como el espíritu en términos de las necesidades humanas”.
El Tibetano

A esta altura de la Evolución Humana, la tarea de domesticar el deseo – el jabalí-, se torna peso liviano. A Hércules, el Discípulo, no le cuesta demasiado esfuerzo domesticarlo, y por ello, este trabajo se realiza con jovialidad y alegría. El Alma no conoce la pena, así que en la medida que Hércules alinea su ego a favor de su Alma la alegría aparece.

El deseo no puede ser dominado por la fuerza física –el instinto-, ni por el pensamiento: estos son los dos Centauros del festejo que termina en drama.

Más el Maestro no culpará a Hércules por ello… ¿extraño, no? Resulta que a esta altura evolutiva, el sentimiento de culpa va desapareciendo, y es sustituido por la comprensión sintética de la lección implícita, con la subsiguiente corrección propuesta por la próxima ocasión que se presente en relación a ello.

Por esta razón el Maestro le dice que tendrá que volver a encontrarse con los Centauros… No hay culpa, no hay error, sólo hay experiencia que engendra un comportamiento más maduro.

Por ello todos ríen: el hombre “caído” va liberándose de la culpa.

Al conducir al jabalí por las patas traseras, Hércules actúa como el Alma lo hace con el torpe cuerpo emocional o de deseos de un Discípulo: le impide retornar a su estado de conciencia anterior, aquel que carecía de control.

*Eva Monferrer es experta en Sabiduría Perenne, desde hace más de 20 años, difunde estas enseñanzas a través de clases y talleres presenciales en su escuela de Barcelona (Escuela de Estudios Evolutivos “Indra”), clases online y sus libros que están disponibles en bubok, impresos y en pdf. Ya ha publicado siete de su serie “La Evolución de la Consciencia. Psicología del Alma”.

Eva deja que su obra hable por ella, enseña con su propia autoridad y aúna los mensajes ancestrales, que siempre han estado al alcance de las personas interesadas en ellos, con las explicaciones más modernas de la Física Cuántica, la Psicología Transpersonal y otras disciplinas, transmitiéndolos con un lenguaje cercano y comprensible a quienes buscan respuestas y quieren vivir más conscientemente.

Sitio oficial: Escuela Indra

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