“Querida incompresión”, cuando un recurso terapéutico se convierte en creación artística

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“Sé, amiga incomprensión, que me comprendes. Porque en ti nace todo lo que me queda por descubrir. Porque  aquello que no se dice es todo aquello que uno de verdad siente”

El ejercicio terapéutico es altamente satisfactorio para el terapeuta cuando, además de ver los resultados en el paciente, la propia terapia evoluciona y toma sus propias formas.

Hace no mucho viví el caso de una chica dedicada al mundo de la interpretación y la danza que, después de contraer el VPH y tener que hacer un redescubrimiento de su entrega y dimensión como mujer, se planteó un cambio de orientación y objetivos. Empezó a preparar un espectáculo propio en el cual todavía está inmersa y que en breve, si dios quiere, verá la luz.

Tuvimos largas sesiones de terapia, muchas de ellas intentado profundizar en los porqués e intentando ligar las experiencias sufridas con un trabajo de comprensión e integración de los arquetipos subyacentes en cada una.

Un día me sorprendió gratamente con un escrito, espontáneo, que por su cuenta decidió hacer. En él relataba sus impresiones y sentimientos relacionados con su experiencia. El texto era bastante crudo, explícito y de una riqueza terapeutica muy grande.

Me sentí satisfecho porque, aparte de poner sobre el papel cosas que ni ella misma sabía que había puesto, hizo un ejercicio artístico interesante, de cierto nivel, que con pulido y revisión podía convertirse en algo. Le animé a escribir y recoger sus textos en un libro.

Tanto para los que damos como para los que recibimos terapia, estas experiencias son clarificadoras en cuanto a lo mucho que se puede avanzar de un modo amable y agradable.

Este es el escrito, que transcribo literalmente y sin corregir:

Querida incomprensión,

Escribo para intentar comprenderte. Cuando por fin vislumbré y vi la verdad primera en mí, todo se desvaneció como un telón que cae en un teatro en medio del ápice álgido de la obra.
Así estoy. Destelonada. Destalonada. Bajé de mis altos talones a caminar descalza. Me descalcé para que todo aquello que por fin se me descubrió pudiera ser sentido por mi piel.
Y mi piel, ansiosa de deseo de sentir, abierta, despojada de toda escama sobrante, abría sus poros dispuestos a dejar entrar en mí la vida del presente. Dejar entrar la tierra que hasta el momento había parecido ser prometida.

Pero querida incomprensión, no fue así.
Sus palabras, sus gestos, sus miradas, sus detalles, sus insinuaciones, sus cumplidos, sus anhelos, sus intentos de persuasión, todo, todo ello quedó congelado por haber conseguido llegar a mi verdad primera. La cual no hubiera logrado encontrar sin todas las palabras que configuran la tierra prometida.

El momento álgido fue cuando en un ápice de mí me orgasmé en él y él, rato después, se orgasmó en mí y se puso a reír. Se río con él y no conmigo. ¿Entendéis? Se rió después de franquear la línea que separaba la resistencia protectora de lo aparentemente fuerte, con la línea frágil, maleable y exquisita de la tan anhelada verdad primera. Mi alma desnuda.

Querida incomprensión, no entiendo aún como alguien puede ayudar con amor, persistencia  y coraje a romper armaduras que protegen dolores y daños, y a la vez encierran el placer a la vida presente, y con todo, al fin, entrar en la perplejidad de ver una alma desnuda.

¿Será el miedo de verse en un espejo, de ver la cara de la inmensidad poderosa del coraje  que afirma la vida, lo que a la humanidad nos encierra? Querida incomprensión, me aleja de él ahora que estoy dispuesta a descubrir. Él se arremolina en su insistente perplejidad, en su insistente tozudez de estar al otro lado de lo posible. ¿Entiendes que no entiendo?  Aún así, aún no entenderte, alguna cosa empiezo a entender y hasta me da risa. En tu anhelo de alejarme de la comprensión, en tu anhelo de alejarme de la posibilidad, hay tu y su deseo último de querer vivir  por cada poro de tu y su piel todo por lo que un tiempo persististe y persistió  y todo por lo que por otro tiempo saliste y salió corriendo para refugiarte y  refugiarse.

Sé, amiga incomprensión, que me comprendes.
Porque en ti nace todo lo que me queda por descubrir. Porque aquello que no se dice es todo aquello que uno de verdad siente.

Querida incomprensión, aunque no pueda entenderte, ¿Sabrías decirme dónde termina el hastío del miedo a descubrir todo lo que se puede llegar a sentir aquí dentro, para sencillamente vivir sintiendo?

Gracias por escucharme. Y si puedes y le ves, querida incomprensión, dile que en el momento que pueda, me hable de su silencio porque en él reside la verdad primera. Lo sé, porque él fue quién me ayudó a descubrirlo.

Con toda la incomprensión comprensible del mundo, te escribe con todo el anhelo de comprender,

Tu querida comprendida

 


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