EDUCAR EN EL ASOMBRO: juego libre, apego, naturaleza, silencio, belleza y poco más

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“Menos productos de lujo y más Hacendado, menos móviles y más tiempo en familia, menos juegos de consola y más bicicleta, menos recompensas materiales y más muestras de cariño, menos televisión y más paseos en la montaña observando la naturaleza, menos ruido y más silencio. Aprendiendo que lo bueno y lo valioso lleva su tiempo y esfuerzo”
Catherine L`Ecuyer

Son muchos los autores que llevan años alertando sobre el secuestro de la infancia por la sociedad (Carl Honoré en “Bajo presión“), sobre que la crianza actual es fría y no cubre las necesidades reales de los niños (“Una Nueva Maternidad” y el movimiento de la crianza con apego) y sobre que las escuelas de viejo paradigma bloquean la creatividad de los niños (Ken Robinson y más). Y ahora Catherine L’Ecuyer nos recuerda en su libro “Educar en el asombro“  que hemos alejado a los niños de lo esencial porque “crecen en un entorno cada vez más frenético, consumista, ruidoso y exigente (…) con un sinfín de actividades que les están apartando del ocio de siempre, del juego libre, de la naturaleza, del silencio, tan importante para el pensamiento crítico, la reflexión, la creatividad, la interioridad, en definitivo para el aprendizaje verdaderamente sostenible”.

Catherine es canadiense, madre de 4 hijos, abogada y consultora con un MBA del IESE en Barcelona y en un momento de su vida rechazó una oferta laboral en Lehman Brothers en Londres para no “renunciar a la maternidad en todo su sentido”. Crítica de la conciliación actual, aboga por las necesidades de los niños y no solo por las de las empresas y de las mujeres.

A raíz de observar a su propia familia y por su trabajo como consultora de empresas en el ámbito de la dirección de personas y como profesora de universidad,  tocando a temas relacionados con la motivación, se interesó sobre el fenómeno de la falta de motivación, tanto en los empleados como en sus propios alumnos, y empezó a investigar sobre el motor del aprendizaje en la infancia. En su blog Apego & Asombro y en su libro propone el asombro como punto de partido en “un viaje desde dentro hacía fuera de la persona”.

Y en este texto nos explica qué es Educar en el asombro:

EDUCAR EN EL ASOMBRO

Los niños son naturalmente asombrados. Mientras descubren el mundo, estrenan la realidad, se asombran. Una cosa “es”… podría “no ser”… El asombro es no dar el mundo por supuesto. Una flor, la luna, una sombra, el verde de las hojas, el viento en el pelo de mamá, una sonrisa… Como decía Chesterton, “en cada una de estas deliciosas cabezas, se estrena el séptimo día de la creación”.

¿Qué ocurre cuando un niño está saturado, bien sea por un exceso de consumismo, por la falta de límites, por una sobre estimulación externa, o por las pantallas estridentes? El ruido ensordecedor acalla sus preguntas. El niño empieza a dar el mundo por supuesto, a pensar que todo le es debido, que las cosas, o peor, que las personas tienen que comportarse como él quiere. Entonces el niño asombrado y agradecido se convierte en un niño cínico, hiperactivo y rebelde, pendiente de que “le diviertan”. Cuando ocurre ese cambio, el niño empieza a tener pataletas con frecuencia, que son manifestación de su frustración ante una realidad que no se amolda a lo que él quiere. Entonces el niño pierde el contexto: piensa que la realidad debe obedecer a sus antojos. Estamos a un paso del niño tirano. Milan Kundera decía que “los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la infancia es la imagen del futuro”. En un mundo inestable de cambios continuos, Kundera nos dice a dónde hemos de mirar para saber como será el futuro: a los niños.

Una forma inequívoca de mejorar el futuro de nuestro mundo es por la vía de la educación en el asombro y en la belleza. Educar en el asombro es educar al niño en el agradecimiento por la vida, por la belleza que lo que le rodea.

Un niño asombrado no ve, sino que mira, escucha, interioriza. Un niño asombrado está a la expectativa de la realidad, preparado a adentrarse en ella; no es dependiente de ella, esperando con ansiedad o aburrimiento que el mundo le entretenga. Un niño asombrado no teme el silencio, sino que lo busca como a un amigo, en compañía del que se puede reflexionar, pensar, formular preguntas, buscar respuestas. Es un niño creativo, genial. Un niño asombrado tiene una sensibilidad y una atracción natural hacía la belleza. Porque el asombro está provocado por la belleza, y por eso solo un niño rodeado de belleza encuentra motivos para asombrarse. ¿Qué es bello para un niño? Decían los filósofos que la belleza es la manifestación de la verdad y de la bondad. Entonces es bello para un niño todo lo que respeta su verdad y su bondad: su naturaleza, su inocencia, sus ritmos, su sed de misterio… En la medida en que el niño consigue armonizar su orden interior con un entorno que este hecho a su medida, se desvanece en él la tensión y la falta de unidad que bien podrían ser la raíz de muchos de los trastornos que observamos hoy en día en los niños.

Educar en el asombro es replantear el aprendizaje como un viaje que nace desde el interior de la persona, una aventura maravillosa facilitada por una consideración profunda de lo que reclama la naturaleza del niño. En definitiva, educar en el asombro es clave. Y nunca es tarde para educar recuperando el asombro perdido. Descubrir el asombro como algo bueno y deseable y querer recuperarlo es el mejor punto de partida para conseguirlo, porque es, en sí manifestación de asombro.

Catherine L’Ecuyer, Máster del IESE
http://apegoasombro.blogspot.com.es

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En El Blog Alternativo: Artículos sobre educación

Y esta es una reciente entrevista con la autora:

Ver vídeoPara Todos La 2 - Entrevista: Catherine L'Ecuyer,  "Educar en el asombro"
 
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