EL MITO DE LOS DEBERES: ¿Por qué son perjudiciales para el aprendizaje y la convivencia? por Alfie Kohn

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el mito de los deberes

“Creo que el efecto más perturbador es que la falta de interés de los niños por las tareas los lleve a adoptar una actitud negativa hacia el colegio y el aprendizaje en general. Diría que las tareas son el principal y MAYOR EXTINGUIDOR DE LA CURIOSIDAD INFANTIL. Queremos niños completos, que se desarrollen social, física y artísticamente, y que tengan también tiempo para relajarse y ser niños”
Alfie Kohn

El impacto de los deberes en la vida de las familias con hijos escolarizados es, en muchos casos, el siguiente:

  • una carga para las famlias
  • un estrés para los niños
  • un conflicto familiar
  • menos tiempo para otras actividades
  • menos interés por el aprendizaje

Esos son los temas que se tratan en los primeros capítulos del libro recién publicado en español “El mito de los deberes: ¿Por qué son perjudiciales para el aprendizaje y la convivencia” de Alfie Kohn, profesor, autor comprometido con la renovación pedagógica, uno de los críticos más destacables en EEUU del sistema educativio actual, experto en el proceso de aprendizaje y cómo se bloquea, y escritor de varios libros.

Existe un mito por el cual los deberes en casa (tras largas jornadas escolares) benefician a los niños y aportan responsabilidad, disciplina, hábitos de estudio y más. Pues Alfie Kohn tira por la borda este tipo de planteamientos y, avalado por multitud de investigaciones, concluye que “los deberes no proporcionan ningún beneficio académico para los alumnos de primaria y existen serias dudas sobre si son recomendables para los estudiantes de secundaria”. A pesar de esto, el sistema perpetúa los deberes sin ningún cuestionamiento de generación en generación por varios motivos:

  1. un conjunto de creencias equivocadas sobre el aprendizaje
  2. una desconfianza hacia la infancia y la juventud
  3. y un enfoque de la educación cada vez más contaminado por la competición.

El mito de los deberes: ¿Por qué son perjudiciales para el aprendizaje y la convivencia” analiza todo esto. Sus capítulos principales se titulan: “La verdad sobre los deberes”, “Seis razones por las que los deberes siguen existiendo (a pesar de lo que dicen las pruebas)” y “Recuperar la sensatez”; y, además de las críticas y desmitificación de los deberes, el autor plantea medidas concretas para cambiar lo que ocurre en las escuelas (y en nuestras casas) con el fin de rescatar el gusto por aprender de nuestros hijos y el bienestar en nuestras familias.

Canadá, Australia, Francia, España, … el dilema de los deberes (y el desmantelamiento del viejo paradigma educativo) es un asunto que compartimos millones de familias en el mundo y Alfie Kohn nos aporta un gran material sobre el que reflexionar, abrir los ojos y CAMBIAR DE RUMBO.

A continuación adjuntamos las primeras y últimas páginas del libro:

homework

Perdiendo sus infancias

Tras pasarse la mayor parte del día en la escuela, a los niños se les mandan —por norma general— tareas adicionales para realizar en casa. Un hecho muy curioso cuando te detienes a pensar sobre ello, pero no tan curioso como el hecho de que muy pocas personas se detengan a pensar sobre ello. Merece la pena preguntarse no solo si existen buenas razones para apoyar la práctica casi universal de mandar deberes para casa, sino también la razón por la que esta práctica tan a menudo se considera como algo natural —incluso por un considerable número de familias y de profesorado a quienes les preocupa su repercusión en la vida de los niños—.

El misterio aumenta cuando se constata que las extendidas creencias sobre los beneficios de los deberes —mayor rendimiento académico y promoción de valores como la autodisciplina y la responsabilidad— no vienen corroboradas por la evidencia científica disponible. Como veremos más adelante, los datos en que se apoyan dichas creencias son débiles o inexistentes, dependiendo del componente específico que se esté investigando y de la edad de los estudiantes. Pero, de nuevo, esto rara vez ha provocado una discusión seria sobre la necesidad de los deberes, ni ha calmado las exigencias de que se manden todavía más.

Padres y madres hablan con frecuencia sobre los deberes de sus hijos, siendo uno de los primeros temas que surgen en las reuniones con los profesores, sean individuales (tutorías) o generales del aula. No hay mejor forma de asegurar la asistencia a una reunión de clase que avisar de que se van a proporcionar consejos sobre los deberes escolares. De forma similar, hay una demanda aparentemente ilimitada de libros que ofrecen ayuda con títulos como: The HomeworkSolution: Getting Kids to Do TheirHomework (La solución a los deberes: Cómo conseguir que los niños hagan sus deberes); Seven Steps to Homework Success (Siete pasos para el éxito en los deberes); Homework Rules and Homework Tools (Reglas y trucos para los deberes); Ending the Homework Hassle (Ponerfin a la molestia de los deberes); How to Help Your Child with Homework; Hassle Free Homework (Cómo ayudar a tu hijo con los deberes; deberes sin problemas), etc.

No hay duda de que estamos ante un tema de enorme relevancia para casi todos los que conviven con niños y jóvenes —un tema ante el que muchos nos sentimos frustrados, confundidos o incluso enfadados—. Pero a pesar de nuestra preocupación, rara vez se cuestiona la creencia de que se deberían seguir mandando deberes.

Esta postura de aceptación generalizada sería comprensible si, de vez en cuando, la mayoría del profesorado decidiera que un determinado tema debe continuar después del colegio y, entonces, se pidiera a los alumnos que leyeran, escribieran, investigaran, o hicieran algo en casa esa tarde. Podríamos plantearnos dudas sobre ciertas tareas pero, al menos, sabríamos que los profesores están aplicando un criterio, decidiendo caso por caso si las circunstancias realmente justifican la intromisión en el tiempo familiar, y valorando la probabilidad de que el resultado sea un aprendizaje significativo.

Este escenario, sin embargo, no tiene nada que ver con lo que sucede en la mayoría de los colegios e institutos. Los deberes no se limitan a los momentos en que parecen adecuados e importantes. Lo que la mayor parte del profesorado y responsables educativos está diciendo no es: “Hacer este proyecto concreto en casa puede ser útil”. Sino que más bien, el punto de partida parece ser, “Hemos decidido de antemano que los niños tienen que hacer algo todas las tardes (o varias tardes a la semana, o todos los fines de semana). Ya se nos ocurrirá qué les haremos hacer’ La práctica mayoría de los centros educativos —públicos y privados, de primaria y de secundaria—acepta este compromiso genérico con la idea de los deberes en abstracto. Incluso muchos colegios supuestamente progresistas establecen criterios que especifican el tiempo que los niños de una determinada edad deberían dedicar a algún tipo de tarea
escolar en casa.

¿Alguien se ha planteado la necesidad de cuestionar todo esto? Considera el siguiente párrafo extraído de un artículo aparecido
en la revista Parents:

Si no se obligara a los niños a aprender cosas inútiles y sin sentido, entonces los deberes serían absolutamente innecesarios para el aprendizaje de las asignaturas ordinarias. Pero cuando se exige la acumulación de una gran cantidad de datos con poca o ninguna importancia para el niño, el aprendizaje es tan lento y costoso que el colegio se ve obligado a requerir la ayuda de casa para salir del lío que el propio colegio ha generado.

Quien sea lector habitual de esta revista pero no recuerde haber leído esta provocativa declaración, tal vez sea porque el artículo apareció en el número de noviembre de 1937. El autor era un superintendente escolar llamado Carleton Washburne, nombre que recibió como homenaje tras su muerte un colegio de su ciudad natal, Winnetka (Illinois). Para comprender el drástico cambio que, desde entonces, se ha producido en la actitud de la sociedad, lo primero que vemos en la página web del Washburne School es
un “enlace a los deberes escolares de los alumnos”.

Y, naturalmente, los lectores de las principales revistas y periódicos actuales ya sabemos de qué manera se trata este tema. Por ejemplo, el ejemplar de febrero de 2004 de Parents incluía un artículo que aceptaba de forma acrítica la propuesta de que todos los niños deberían tener deberes para casa desde primero de primaria; y luego procedía a ofrecer sugerencias prácticas de cómo ayudar a los niños “a centrarse y a terminar” lo que les hubieran mandado.

Cualquiera que no esté satisfecho con este tipo de consejos puede sentir una punzada de nostalgia por el inteligente cuestionamiento y el pensamiento progresista tan común entre 1920 y 1940. Lamentablemente, hoy sigue siendo necesario utilizar los mismos argumentos y luchar las mismas batallas contra las mismas prácticas y creencias a las que se enfrentaron Washburne y sus colegas. Pero esto no significa que los supuestos “movimientos pendulares” en el pensamiento educativo se correspondan con cambios en la práctica. Hablando de la educación en su conjunto, las teorías progresistas han generado periódicamente un aumento del interés entre investigadores y teóricos, pero nunca han hecho serias incursiones en la mayoría de las aulas. La frase “volver a lo básico” es un concepto equivocado. En realidad, no hace falta volver, nunca nos hemos ido.

Con respecto a los deberes en particular, es igualmente importante ser conscientes de que los cambios en las actitudes por parte de los investigadores o, incluso, de la sociedad en general, no se traduce necesariamente en variaciones significativas en la cantidad de deberes que los estudiantes realmente tienen que hacer. Es fácil confundir lo que se debate con lo que se hace. Por ejemplo, un artículo de 1999 en el New York Times incluía esta observación: “Una vez que el péndulo oscila hacia un lado, se necesita mucho tiempo para invertir la dirección; pero hay signos de que el exceso de deberes escolares que sufren los niños pequeños está pasando factura“. Es probable que la segunda mitad de la frase sea cierta y que, como ha ocurrido en otros momentos, algunos articulistas hayan tomado nota de lo que está ocurriendo. Pero eso no significa que el péndulo esté oscilando o, metáforas mecanicistas aparte, que se esté haciendo algo para evitar que los niños paguen esta factura.

Final del libro

Cambiando la forma de pensar

Es desconcertante que muchas escuelas que se describen, con orgullo, como “progresistas” o “alternativas”, manden tareas tradicionales de manera habitual en cuanto los niños llegan a tercero o cuarto de primaria y, algunas veces, incluso antes. Es igualmente desalentador enterarse de que otras escuelas intentaron trazar un rumbo diferente, para verse obligadas al poco tiempo a volver al redil. Un colegio de primaria en Oregon logró abolir los deberes, solo para que llegara un nuevo director y, rápidamente, los restableciera. En la ciudad de Nueva Jersey, las familias de mentalidad tradicional frustraron un intento del equipo de una nueva escuela para que los niños pasaran las tardes como quisieran. Algunos educadores me dicen que, como mucho, pueden limitar la cantidad de deberes que mandan a los niños, o tratar de hacerlos lo más pensados posible.

Cambiar el valor por defecto no es fácil, sobre todo en lugares donde el compromiso con el valor de los deberes está más cerca del dogma religioso que de la hipótesis científica. De hecho, incluso su cuestionamiento, muchas veces, no es bienvenido —como hemos visto con documentos como la posición adoptada por la PTA/NEA, que insta a los padres a “hacer ver a los niños que piensan que los deberes son importantes” (p. 116). En lugar de reclamar a los adultos que den ejemplo de pensamiento crítico, el mensaje es seguir la corriente. “Algunos críticos argumentan que los deberes son inútiles, incluso cuando los estudiantes son diligentes en hacerlos, y que las escuelas deberían eliminarlos”, reconoce un conocido escritor sobre temas educativos. Sin embargo, “en vez de debatir la utilidad de los deberes —dice— asumamos que mientras estén ahí, los padres deben hacer todo lo posible por apoyarlos”. Es difícil imaginar una declaración más precisa de lo que significaría para cualquier persona reflexiva —y padre preocupado— abdicar de sus responsabilidades. Insistir en que debemos apoyar cualquier política que esté en vigor, incluso una que pueda ser perjudicial, es un consejo profundamente perverso en cualquier contexto. Teniendo en cuenta que estamos hablando de educación, la contradicción es especialmente lamentable.

Otros, por su parte, sugieren que los padres preocupados por ver a sus hijos pasar una tarde tras otra haciendo tareas inútiles no deberían quejarse, sino complementar los deberes con actividades más interesantes de su propia creación. “Si la escuela insiste en hacer que los estudiantes memoricen montañas de información sobre, por ejemplo, Asia Central, sin hacer este aprendizaje significativo”, los padres podrían “sacar un libro o alquilar una película que les acerque más vivencialmente a esta región”, propone un experto. Sin embargo, esta idea también resulta problemática. En primer lugar, plantea serias preocupaciones sobre la equidad: solo algunos padres tienen el tiempo, la formación y los recursos para proporcionar a sus hijos un tipo de enriquecimiento del que deberían poder beneficiarse todos los niños; evitar hablar sobre los deberes es hacernos cómplices de la ampliación de la brecha de desigualdad social en la próxima generación.

En segundo lugar, un montón de tareas no solo resultan inadecuadas, son perjudiciales. Transmite a los niños la idea de que aprender sobre lugares lejanos (o la poesía o conceptos matemáticos) es algo aburrido y sin sentido, y elimina su deseo de explorar ideas. Como ocurre con muchos otros temas educativos, los beneficios de añadir buenas prácticas son limitados, a no ser que también estemos dispuestos a trabajar por la eliminación de las malas prácticas.

Podemos evitarlo: debemos animarnos unos a otros (y a nosotros mismos) a repensar la creencia básica de que los deberes son inevitables y deseables. Deberíamos debatir sobre su valor y, si estamos convencidos de que hacen más mal que bien, posicionarnos en su contra. Los profesores deberían hablar sobre el tema con sus colegas, así como con los padres; los padres deberían hablar con sus amigos, así como con los profesores de sus hijos. Compartir información es una forma de ayudar a que esto ocurra, como encontró Bethany Nelson en la Sparhawk School. Del mismo modo, Ruth Lazarus, una trabajadora social del área de Chicago, comenta: “Los padres suelen tener tal ansiedad por las consecuencias de que sus niños no completen sus deberes, que yo diría que es la principal fuente de estrés para la mayoría de las familias con las que trabajo que tienen niños en edad escolar. Sin embargo, los datos ofrecidos por la investigación se han mostrado verdaderamente útiles para aliviar este estrés. Puesto que la investigación no corrobora el valor [de los deberes], muchas familias pueden relajarse”.

Aquellos que siempre han asumido que los deberes son necesarios puede que no sean muy receptivos a ver cuestionadas sus ideas, al menos al principio. Phil Lyons, profesor de ciencias sociales afirma que la posibilidad de cuestionar los deberes lleva a algunas personas a reaccionar de la misma manera que hacen los creacionistas “cuando les intentas explicar la teoría de la evolución. A pesar de todos los argumentos lógicos, se niegan a creer que menos deberes puedan llevar a más y mejor aprendizaje“. Pero enseguida agrega que se puede invitar con éxito a que muchas personas reconsideren sus creencias, incluso cuando estamos hablando de estudiantes más mayores —e incluso en los sectores en los que se consideran los cursos de bachillerato principalmente como una fuente de credenciales para la admisión en universidades selectivas—:

He encontrado un montón de hostilidad por parte de padres que piensan que sus hijos están siendo estafados porque llegan a casa y dicen que no tienen deberes. Pero después de explicárselo, la mayoría se muestra favorable y apoya esta política. Los adultos reconocen abiertamente que no recuerdan nada sobre las elecciones de 1876 de cuando estudiaban historia en bachillerato, y que otros aprendizajes y experiencias eran más importantes. Una vez que les explico que esos importantes aprendizajes y experiencias se consiguen mejor sin necesidad de mandar deberes repetitivos, generalmente pasan a mostrarse de acuerdo.

Otros padres, por su parte, no necesitan que les convenzamos de que los deberes son generalmente inútiles y estresantes; necesitan que se les convenza de que hablar sobre esta evidencia es importante. Aquí tienes a Kathy Oliver, profesora de tercero de primaria en Washington:

Lo que he encontrado es que la mayoría de los padres no quieren la pesadez de los deberes, pero tienen miedo de renunciar a ellos porque las cosas siempre han sido así. El año pasado envié en enero una encuesta para ver cuál era el sentir de los padres, y de veintiséis padres, solo dos respondieron que deseaban que hubiera más deberes tales como memorizar las tablas de multiplicar o la ortografía. También tengo padres qué me cuentan lo que pasa en cuarto de primaria, con dos horas de deberes todas las tardes, y cómo lo odian. Hace poco una madre sacó a su hija del colegio y se la llevó a otro centro por esta razón. Aunque la animé a que se lo comentara al director, no lo hizo. Me dijo que muchas otras madres sentían lo mismo pero que tenían miedo de “complicarse la vida”.

Katharine Samway era una de esas madres que habían aceptado su papel “como supervisora delegada…de la escuela”, “una guardiana del status quo educativo”. Supervisar el ritual diario de los deberes llegó a ser “del todo intolerable para su hijo y para sí misma”. Permitió que “algunas tardes el precioso tiempo en familia y su equilibrio psíquico se erosionaran, e incluso se destruyeran” porque no “quería ser criticada por no apoyar la educación de mi hijo”. Pero al final se plantó. “He permitido demasiadas tardes que las obligaciones impuestas por el profesor reemplacen las necesidades e intereses de mi familia”. Se vio pensando: “Tenéis a nuestros hijos durante seis horas, cinco días a la semana. ¿No podemos disponer de algo de tiempo para hacer lo que queramos con ellos?” Hasta que un día decidió decirle a su hijo: “No, no puedes hacer tus deberes hasta que hayamos vuelto del espectáculo/ regresado del paseo en bicicleta/acabado de jugar al fútbol/leído el libro, el capítulo o el poema”. Llegó a la convicción de que cuando las prioridades de la escuela están equivocadas, no hay que aceptarlas. La familia es lo primero. Los niños son lo primero. El verdadero aprendizaje es lo primero.

A estas alturas ya no te sorprenderá saber que Katharine Samway es profesora, a la vez que madre. Su experiencia como madre le enseñó el lado negativo de los deberes —lo que quitan—. Su experiencia profesional le dijo que no había mucho en el lado positivo; había poco que perder poniendo el poema o incluso el paseo en bicicleta por delante de las tareas de clase. Por supuesto, por valiente que fuera su decisión, lo que comenzó a hacer era solo una medida provisional que rescataba a su propio hijo. Pero decidió publicar sus reflexiones en una publicación educativa, con la esperanza de ayudar a que sus colegas repensaran sus prácticas.

Si este libro ha establecido algo, es que las fuerzas responsables de que los deberes atiborren las mochilas de nuestros hijos son múltiples y poderosas. Pero ya hemos superado esas fuerzas en otras ocasiones. Hemos cuestionado otras creencias infundadas, rescatado a otras personas que no tenían poder para defender sus propios intereses, cambiado otros por defecto. Si los deberes persisten a causa de un mito, nosotros les debemos a nuestros niños —a todos los niños— luchar por una política que se base en lo que es verdadero y tiene sentido para ellos.

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51 Comentarios

  1. 1 - max

    31 mayo 2013 10:14

    Gracias Blog Alternativo. Excelente reseña, muy interesante el libro. Lo compartimos en nuestras redes. Uno tras otro van cayendo los mitos y se despeja la vista para entender que desaprender es uno de los primeros requisitos para permitir un verdadero aprendizaje movido por la curiosidad innata. Después de 6 o 7 horas en las escuela. ¿ Qué sentido tiene obligar a los niños a convertir nuestra casa en su extensión?. Más bien creo en que se podrían proponer actividades cooperativas, con valor social, lúdicas y de descubrimientos, siempre divertidas. Pero claro, eso exige otro modelo de escuela y hasta de educación y crianza.
    Responder
  2. 4 - PILI

    1 junio 2013 19:48

    Excelente artículo!!

    Lo comparto tanto en ideas, en experiencias… como físicamente.

    Muchas gracias

    Responder
  3. 5 - Claudia Avalos

    3 junio 2013 18:23

    totalmente de acuerdo! Es mas, los Ninos y jovenes tienen tanta carga academica que llegan a copiar y pegar lo que leen en Internet, porque no les alcanza el tiempo para analizar lo que estan leyendo.
    Responder
  4. 7 - Cristina

    9 octubre 2013 14:22

    Muy exagerado. En la escuela se puede y debe hacerse TODO, pero tb debemos entrenar los para la vida adulta. Por qué tanta actividad extra escolar y no se juega e Inter- actúa con más niñ@s en la calle ? Y esas Familias que no quieren que se les molesten nada ?
    Responder
      • Ana Gabriela Brienza

        30 octubre 2013 18:01

        Lo de la vida adulta en lo que entrenan los deberes es que en la vida hay que esforzarse para obtener buenos logros.
        Mi experiencia es que, detrás de todo esto, lo que hay son maestras que no quieren corregir los deberes.
        Yo mi crié en una época en la que el trabajo era sinónimo de dignidad, ahora parece que el trabajo fuera una mala-palabra.
        Niños inteligentes como los de hoy, tienen que estar ocupados intelectualmente porque el ocio es el hueco por el cual se cuelan los vicios (alcohol, drogas, etc.).
        La inteligencia que no se encauza adecuadamente, se “desparrama” inadecuadamente. Sobre este tema no me van a enseñar a mí.
        Responder
        • Patricio Schaller

          5 noviembre 2013 20:08

          Estimada Ana Gabriela: No deseo enseñarle nada, simplemente decirle que esforzarse, trabajar y dignidad no son derivados del disciplinamiento, tal vez sean derivados de los deseos de las personas por autosuperarse.
          Menos aún aceptar esta teoría rigurosa y prejuiciosa entre el ocio y los vicios, que no tiene por supuesto ninguna validez científica mas que su propio sentido común.
          Lo cognitivo no siempre está vinculado a la conflictiva emocional, menos aún la determina.
          Responder
          • Ana Gabriela Brienza

            7 noviembre 2013 03:54

            Pues me alegra mucho saber que no deseas enseñarme nada porque por lo visto, quien tiene que aprender aquí, parece que sos tú, empezando por lo que significa verdaderamente la palabra “disciplina” y lo importante que ha sido para el desarrollo de una potencia mundial, como es ni más ni menos que Japón: https://www.youtube.com/watch?v=ZQK4qi4P8T4#t=28

            Y respecto a lo cognitivo y la conflictiva emocional creo que también has leído bastante poco. Yo me atrevería a sugerirte que leas algún libro nuevo, no todo ese bolazo que afirma que todo lo que pasa en esta vida tiene algún tipo de cognotación sexual. A veces es bueno leer algo que abra una puerta diferente, no solamente los libros que te mandan leer en las facultades. Porque a veces, hay gente que descubre cosas diferentes y en las facultades no las difunden porque hay otro tipo de intereses. Me refiero a la corriente del análisis transaccional. ¿Has leído algo sobre juegos psicológicos?, ¿sobre guiones?, ¿sobre posturas existenciales?, ¿sobre otras formas de estructurar el tiempo?
            Aquí te sugiero algo como para ir empezando:
            http://www.psico-system.com/2010/08/nacidos-para-triunfar-muriel-james.html
            Después si querés conversamos, a ver si los vicios no tienen nada que ver con el ocio, tal como sostenés tú.
            Si te interesa, también puedo sugerirte algo sobre lo que opinan el Dr. Thomas Szasz y otros representantes de la corriente de la antipsiquiatría:
            http://psiquiatriahistorica.blogspot.com/2006/10/la-antipsiquiatra-me-llamaron-loco-y.html
            Y por las dudas aclaro que lo de las facultades lo digo, porque lo sé muy, pero muy bien:

          • Ana Gabriela Brienza

            21 noviembre 2013 16:01

            Transcribo a continuación texto extraído del CLAM, Leccionario dominical y festivo, Nº 274 Ciclo C-A noviembre-diciembre 2013:

            “Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Tesalónica 3,6-12

            Hermanos:
            Les ordenamos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que lleve una vida ociosa contrariamente a la enseñanza que recibieron de nosotros. Porque ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes, y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramten, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes. Aunque teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar.
            En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma. Ahora, sin embargo, nos enteramos de que ALGUNOS DE USTEDES VIVEN OCIOSAMENTE, NO HACIENDO NADA Y ENTROMETIÉNDOSE EN TODO. A éstos les mandamos y les exhortamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse el pan.”

            Con esto qué quiero decir: que ya desde el siglo I, estaba clarísimo que el que no trabaja, molesta
            .

  5. 8 - María Guerrero

    20 octubre 2013 09:36

    Yo soy profesora de mates en secundaria, y siempre he mandado deberes para aquellos alumnos que quieren practicar un poco lo que hemos hecho en clase, poniéndose a prueba, como un simple entrenamiento mental.

    Pero siempre es una actividad optativa, porque hay alumnos que no lo necesitan, o simplemente prefieren entrenarse en otras cosas (deporte, leer libros o cómics, o simplemente salir en bici con sus amigos, etc.).

    Creo que los deberes deberían existir, pero de forma optativa, para los alumnos que quieran hacerlos (a mí de pequeña me gustaba, al llegar del cole, hacer los deberes… para mí era un entretenimiento, como ahora me gusta hacer crucigramas, para ponerme a prueba…). Parece mentira, pero muchos de mis alumnos hacen los deberes, aunque sean optativos!!! Algunos por inercia de tantos años haciéndolos, algunos porque sus padres les obligan aunque sean optativos, y algunos porque les gusta practicar (sí, no son imaginaciones mías, hay alumnos a los que les gustan los números!).

    No deberíamos ser tan dogmáticos en las cuestiones escolares (deberes sí/deberes no), hay muchas tipologías de alumnos, y por ello las metodologías también deben ser variadas (trabajos por proyectos, pero no siempre, clases magistrales, pero no siempre, deberes, pero no siempre, etc……) para poder llegar un poquito a todos.

    Responder
  6. 9 - Can-Men

    21 octubre 2013 15:28

    Aprender sin deberes
    NO HAY DEBERES EN FINLANDIA
    Lo que no les impide ser el nº 1 del mundo en rendimiento escolar siguiendo estandares convencionales (informe PISA) … ¡y los escolares son más felices!
    Algunas claves:
    * Los profesores tienen mucho prestigio, están muy valorados socialmente, y tienen mucha autonomía.
    * El sistema educativo se autorregula (es decir, que los políticos NO intervienen para cambiarlo todo y sin criterio pedagógico cada vez que un partido llega al poder).
    * Comienzo tardío de la enseñanza formal (hasta los 7 años: juego y juego).
    * Libertad del profesorado para la innovación pedagógica. Metodologías basadas en la experiencia, no sólo en la adquisición formal de contenidos.
    * Ratio alumno/profesor bajo, lo que permite una atención individualizada a cada alumn@.
    * No hay deberes (no sabemos hasta qué edad…)
    * etc.
    Infografía que resume lo esencial. ¡¡Pinchar en la imagen para aumentar!!
    http://neomam.com/wp-content/uploads/2013/03/2Djp3WN.jpg
    Responder
  7. 11 - Claudio

    22 octubre 2013 04:43

    Los deberes deben existir , en tanto y en cuanto sea repaso de los contenidos y no una carga excesiva ,por falta de tiempo ó pereza del maestro y/ó profesor. Yo tuve muchos deberes en la escuela primaria y secundaria . Y eso no impedía que los algunos dias en la semana y fines de semana tuviera tiempo para jugar divertirme con mis amigos. Creo que la demonización de los deberes es a cargo de una generación de niños de exceso de Internet y TV , y padres que trabajan muchas horas del dias ,ó en el peor de los casos padres que no se hacen cargo y son indolentes. Los deberes deberían fomentar la responsabilidad y no la sobrecarga;También tener un plan de estudios que evite la sobrecarga y exceso de contenidos. La reforma educativa Finlandesa , no es aplicable en Argentina , por muchas razones , principalmente politicas y geopolíticas ,sociales y culturales . Para compararnos con otros países hay que investigar como se formaron sus sitemas educativos y los paradigmas sociales de cada país . Comparaciones a la ligera son irresponsables . Tampoco creo que un Pedagogo que ofrece una formula mágica con un libro, y mas si viene de países como USA.
    Responder
  8. 12 - Isabel

    22 octubre 2013 19:06

    Una pregunta, ¿algún político , empresario, albañil, fontanero, electricista, panadero, etc. etc… se llevan el trabajo a casa después de la jornada?
    Y además van cargados como burros con esas mochilas a cuestas, siempre paseando libros. Y la educación deja mucho que desear.
    Responder
  9. 13 - rose

    26 octubre 2013 14:00

    no puedo estar más de acuerdo. Yo soy maestra, doy la asignatura de science en centros bilingues y rara vez mando deberes. Yo pienso que si se trabaja intensamente en clase, con actividades diferentes, juegos, canciones, experimentos, es más que suficiente. SI alguna vez mando deberes, es siempre algo que ellos tengan que investigar. Por otro lado, llevo 3 años dando clases particulares a un niño de secundaria con hiperactividad, pues bien, son tantos los deberes que tiene, que ni haciendo una hora todas las tardes le da tiempo a ponerse al día, con lo cual, cuándo se supone que le voy a poder explicar para que entienda los temas? Cuándo podremos reforzar lo ya visto? NUNCAA…porque es interminable, y me hace sentir indignada como profesional que sus profesores (de un centro concertado que parece que aún no han entendido que este niño necesita otro ritmo) no se sean capaces de ve que son ellos los responsables de que este niño fracase en la escela, porque pone toda su voluntad y esfuerzo día a día.
    Responder
  10. 14 - susana

    27 octubre 2013 17:01

    No puedo estar más de acuerdo sobretodo con estos dos últimos comentarios, pienso que se sobrecarga a los nin@s, y con tantos deberes para casa se desagrada la relación con nuestros hijos, y esto no es nada bueno. El curso anterior mi hijo tuvo un profesor que exigía mucho a los alumnos pero él no se exigía, las notas de los exámenes las veíamos ya, directamente pasados en el boletín, pienso que el que exige primero se tiene que exigir a é l mismo.
    Responder
    • María

      1 noviembre 2013 23:31

      Yo soy maestra y madre y también estoy de acuerdo, harta de los deberes de mi hija, pero también de padres que creen que enseño menos porque apenas mando deberes, al contrario, aprovecho mucho el tiempo de clases y luego, a su casa, a disfrutar de la familia, ocio, etc. estoy totalmente de acuerdo en que matamos su infancia.
      Responder
      • Uno que al parecer le mataron la infancia...

        2 noviembre 2013 13:16

        Matamos su infancia?… lo que matamos es su edad adulta, generando vagos sin sentido de responsabilidad que esperan que se lo den todo hecho, pensando solo en sus derechos y no en sus obligaciones.
        Gente que tira el bolígrafo cuando suena la alarma del movil indicando el fin de la jornada laboral, que no se implica en el trabajo que hace, que elude responsabilidades y que espera encima que su jefe le suba el sueldo…
        Gente nada emprendedora, esperando que le den todo hecho para disfrutar de su tiempo libre cuando acaba su jornada laboral.
        Con ese modelo se genera mano de obra poco cualificada que no sirve para nada y que esta predestinada a desaparecer–> las maquinas/ordenadores etc.. ya hacen eso pero no 8 horas sino 24 horas. y no necesitan tiempo libre..

        Si lo que se pretende es generar eso, el modelo sin deberes es correcto. y de paso cuando salga del colegio y le sobren 8 horas, en vez de pasar tiempo con el hijo a enseñarle algo que le pueda servir en el futuro (formación en algo) le compramos una playstation y que tenga su rato de ocio y disfrute –> igualito como la vida real eh? que cuando sales del trabajo no tienes nada que hacer ni de preocuparte, esperando que en tu trabajo te paguen cursos y te lo den todo hecho…

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  11. 16 - Miriam Maldonado

    4 noviembre 2013 21:03

    Yo soy maestra y pienso que el deber es necesario no en una cantidad que canse al estudiante pero el deber debe ser creativo, dinamico presentado en una forma que el estudiante se sienta que descubre algo, un deber colorido y divertido que represente una aventura para el que lo realice y de esta manera se apasione con el tema motivo de estudio , pero este tipo de tareas representa mayor formacion del maestro, preparacion pues debe ser presentado en materiales diferentes.El deber es la herramienta que tiene el maestro para entrar en el hogar pues garacias a el puede tener un contcato con el padre que firma el deber, con la madre que le ayuda en la investigacion y asi mantenemos un lazo de union. No puede ser un deben cansado, repetitivo y sin objetivo.
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  12. 17 - Patricio Schaller

    5 noviembre 2013 19:54

    Sr “uno que al parecer le mataron la infancia”: Estoy convencido que su nombre revela su vida de niño, que la única forma de ser responsable en su vida fue la de estar obligado, caso contrario, como usted mismo afirma,hubiera deseado que le dieran todo hecho, sin su esfuerzo. Posiblemente usted esté convencido que la disciplina es lo que usted necesitó para ser responsable, pero sabe que hay personas que simplemente son responsables porque se lo proponen, porque vivir lo consideran una responsabilidad, de esa manera crían a sus hijos, sin deberes, con deseos verdaderos de aprender y de respetar al “otro”, además enseñan a sus hijos de esforzarse para aprender y superarse, pero lo logran sin “deberes”, aunque para usted eso es un imposible. ¿Sabía usted que el “deseo” es muchísimo mas eficaz que la disciplina?
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  13. 18 - Cin

    28 enero 2014 02:17

    Patricio Schaller… Bien dicho!!! Además de aprender cosas me parece que debemos comenzar a educar para ser… mejores personas y no una enciclopedia andante… Así nos educaron a muchos y mira el mundo cómo va…
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  14. 19 - David Barberà

    5 mayo 2014 21:10

    Hola, soy un estudiante de la eso.
    Apoyo firmemente el argumento de que los deberes son inutiles. Aparte de no aportar muchos conocimientos pueden ser perjudiciales tanto en la salud física, en la vista, la espalda, en el sobre peso, que en la mental, como depresiones por falta de tiempo libre.

    Ademas, creo que este tema es un pez que se muerde la cola, en teoria los deberes son para ampliar más de 7 horas el horario escolar, para que trabajemos más. Pero si estamos trabajando con poco descanscanso, hay menos motivación y intensidad en los deberes, y a largo plazo en las horas lectivas.

    Aqui, un dia enganche los professores: Estabamos haciendo un trabajo sobre la salud, i nos enseñaron una piramide de la actividad fisica.

    En la base aparecian dibujos de un estilo de vida activo, como caminar, ir a pasear el perro,… I arriba de todo con un maximo de 2HORAS inactividad.

    Estamos 7 Horas al instituto i unas 3 màs con los deberes. ¿Equilibrado verdad?
    ¡La piramide esta totalmente del reves!

    Espero que me entiandan y me apoyen, porque es lo que estoy viviendo ahora mismo.

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  15. 21 - Pantonera

    12 abril 2015 01:18

    David Barberà primero ante todo darte las gracias por tu aportación del otro lado del conflicto, el de los estudiantes. Pero al leer tu texto siento decirte que me han sangrado los ojos!!! Cuando he visto escrito tres veces “i” conjunción con i latina, creo que tu propia manera de escribir contradice tu argumento. Se que tu apellido y algunas (no todas…) de tus faltas te delatan e imagino que tu lengua materna es el catalán, pero también imagino que en ESO ya has tenido suficiente aprendidaje sobre el castellano. Hay otras faltas de ortografía y errores sintácticos que haces que no voy a comentar. Pero siento decirte que para estar en ESO, tu escritura es muy pobre. Así que ¡¿deberes sí o deberes no?! Yo creo que la pregunta es, ¿qué clase de educación estamos dando en España si un alumno de la ESO escribe así? ¿Con o sin deberes? Yo fuese de las últimas generaciones de EGB, y en BUP (que era como la ESO ahora) mi profesora de BILOGÍA te restaba un punto en los exámenes por cada falta de ortografía, incluidas las tildes. Leo tu texto y pienso…Miedo…
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  16. 23 - terrano2

    12 noviembre 2015 13:56

    El problema no son los deberes, son los padres y los profesores. Todos adultos, y todos tratando de deshacerse del niño. La escuela es una granja donde se estabula al niño para que el papa y la mamá puedan hacer sus cosas. El profe poco puede hacer, inmerso en su propio laberinto mental con un niño enfrente que no le interesa ni sabe porque está allí. En resumen, los papás desde que el mundo es mundo, estan preparados para alimentar al niño en lo básico y darles alguna información básica, pero no para darle formación, pues no están preparados. Los profes, tampoco están preparados para formar, quizas enseñan algunas pamplinas que están escritas en los libros, pero eso no le interesa al niño para nada. En fin, la sociedad española se ha puesto una venda y todos fingen que no se enteran, somos un pueblo demasiado orgulloso para admitir la verdad, la correccion politica nos ha derrotado…
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