ADIÓS AL CRECIMIENTO: los “más” de una sociedad del vivir bien

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No hay salidas a la crisis desde una economía crecentista. Ya sea en España o en el resto de Europa”. Así de claros y tajantes se muestran Jean Gadrey, economista, profesor en la Universidad de Lille y miembro del consejo científico de ATTAC Francia, Florent Marcellesi, ingeniero civil, especialista en cooperación al desarrollo y coordinador de Ecopolítica, y Borja Barragué, investigador de la UAM y miembro de Ecopolítica y de la Red Renta Básica. Los tres son los autores de “ADIÓS AL CRECIMIENTO. Vivir bien en un mundo solidario y sostenible” cuyo discurso es muy diferente al que escuchamos oficialmente, mucho más esperanzador y también transformador/rompedor del sistema.

Aseguran que este modelo industrial, adicto al crecimiento y a la productividad, se tambalea; analizan de forma muy documentada los motivos por los que el crecimiento ya no es una solución viable para enfrentar los retos económicos, sociales y ecológicos, y exponen las alternativas existentes para “transitar hacia una nueva era de prosperidad en el Norte y en el Sur, para las generaciones presentes y futuras, donde es posible aprender a vivir bien y ser felices dentro de los límites ecológicos del Planeta”.

El crecimiento no es la solución, es un problema; El mayor bienestar desvinculado del «tener más»; La avidez consumista, condición del crecimiento; Pobreza, vivir bien y crecimiento; Pensiones, jubilación y sociedad sostenible; o En lo inmediato: ¡los recursos existen! son varios de los capítulos de esta obra.

Para saber más sobre el libro: este es el PRÓLOGO, una entrevista con los autores, venta online y a continuación adjuntamos el apartado “Los «más» de una sociedad del vivir bien

¡SÍ SE PUEDE! y como dicen los autores: “Somos conscientes de que el camino no es fácil pero depende de todos y todas dar la bienvenida al “vivir bien en un mundo solidario y sostenible”

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Los “más” de una sociedad del vivir bien

Un informe británico titulado Prosperidad sin crecimiento ha despertado -y con razón- diversos comentarios desde su publicación en marzo de 2009. Fue redactado —lo cual le da peso— por el muy oficial Comisario para el desarrollo sostenible del Reino Unido, Tim Jackson. Dicho informe, disponible en castellano, contiene argumentos que invitan a poner fin a las ideas y a las políticas que hacen del crecimiento económico un imperativo de progreso. Pero, para ser aún más convincente, debería completarse en dos aspectos: por un lado, el futuro del empleo y del sistema productivo (cuestión tratada en la Segunda parte de este libro); y, por otro, las perspectivas concretas de mejora del bienestar para todos y todas en un futuro sin crecimiento. Es a eso a lo que nos referiremos ahora:

Vivir bien sin crecimiento cuantitativo

En un artículo cuyo contenido se puede consultar a través de Internet, se encontraba una presentación del informe de Tim Jackson con esta importante reserva: “Es de lamentar que la obra sea más floja en lo relativo a los cambios sociales que en lo que respecta a los cambios económicos. Exhorta a pasar de una economía que busca la opulencia o el utilitarismo, a una economía que busca la plenitud humana, pero no propone una visión convincente de lo que podría ser la vida en una sociedad donde las personas tienen un nivel de vida confortable y disfrutan en abundancia de tiempo libre para desarrollar sus talentos y su humanidad”.

Esta reserva es justa. Es cierto que la cuestión es particularmente delicada. Habría que reflexionar sobre ello rechazando entregarse unilateralmente al culto de la frugalidad generalizada o de los “sacrificios” que hay que hacer. Sin duda, poner fin a una adicción exige esfuerzos, mucho más importantes cuando aún se padece el síndróme de abstinencia. Pero son las contrapartidas positivas, individuales y colectivas, las que más pesan a la hora de unirse a dicha reflexión, y éstas son numerosas. Sin ocultar la necesidad de reducir fuertemente determinadas formas de producción y consumo (“hacerlo mejor con menos”, vivir con más sencillez…), hay que valorar también todos los “más” que sean legítimos. Lo “mejor sostenible” sin crecimiento material global es una combinación de “menos” y de “más”, de decrecimiento de lo dañino y de crecimiento de las cosas apreciables. Al no olvidar los “más”, escapamos de una ritual de sacrificio que tiene pocas oportunidades de extenderse como la pólvora y que no está justificada. Esa actitud podría extenderse si se demorase el proceso de implantación de políticas de reorientación económica y social, que es lo que precisamente debe evitarse.

Lo “mejor” exige más en numerosos aspectos

¿Cómo se comportaría la calidad de vida individual y colectiva en un escenario post-crecimiento? He aquí una lista no exhaustiva de los “más” que deben esperarse de un futuro post-crecimiento. Puerse aspirarse a:

  • Más bienes y servicios públicos asociados a derechos universales, accesibles a todas y todos, gratuitos o según tarifas progresivas que garanticen la gratuidad hasta un determinado umbral de uso sostenible (agua, transportes colectivos limpios, compactos y prácticos…).
  • Más actividades y servicios para el cuidado de las personas y de sus derechos (infancia, personas mayores, dependientes, …)
  • Más viviendas sociales de calidad, con buen aislamiento, de bajo consumo de energía.
  • Más bienes que duren mucho tiempo y que puedan repararse, rehabilitarse, renovarse y reciclarse.
  • Más alimentación sana, resultante de procesos limpios y de cercanía
  • Más comercios y ocio de cercanía, con modalidades más cooperativas, vinculadas más directamente con los productores; más cooperativas de artesanía, de pequeñas empresas…
  • Más personas con buena salud y con una educación que amplíe sus “capacidades de opción de vida”.
  • Más dedicación al tiempo libre y más relaciones sociales, de amigos y familiares.
  • Más aire puro en la ciudad y calidad de las aguas.
  • Más espacios naturales reconquistados y de biodiversidad.
  • Más sentido para el trabajo, reorientado en función de su utilidad ecológica y social y no de su contribución a la expansión de los mercados.
  • Más igualdad en los ingresos, en los patrimonios, entre las mujeres y los hombres, entre países…
  • Más solidaridad, de cooperación y vinculación social de lo local a lo global, más economía social y solidaria.
  • Más seguridad social y profesional
  • Más democracia en diversas formas y más participación ciudadana en las deliberaciones políticas y en las decisiones económicas.

Esta lista indica simplemente que muchos componentes de un régimen post-crecimiento pueden dar lugar a indicadores de “más” y de “mejor”, al contrario de la visión que presenta a la sostenibilidad como un retorno al pasado. Algunos incluso recomiendan recurrir a los términos de “crecimiento cualitativo” para resumirla.

En economía, es más o menos un oxímoron (una contradicción en los términos), pues el crecimiento ya casi sólo se mide, al menos por el momento (véase Anexo de la Segunda parte), como crecimiento de las cantidades. Pero quizás la idea deba recordarse. El cuadro siguiente brinda dos ejemplos de un hermoso “crecimiento deseable”.

Grupos de consumo y Banca ética: dos ejemplos de innovaciones

Se podría escribir un libro voluminoso sólo con los “mil pequeños ejemplos” de iniciativas y de innovaciones solidarias en cada región española. Aquí expondremos dos, en pleno “crecimiento”.

Creado en Japón en la década de 1960, el sistema de los circuitos cortos de consumo-producción pone en contacto directo a las personas que practican una agricultura ecológica y personas consumidoras que la utilizan. Llegó a España a finales de los años ochenta y principios de los noventa y, desde comienzos de 2000, una segunda oleada se está produciendo. Hoy en día es una realidad en constante y rápida evolución, mezclando grupos autogestionados —difíciles de contabilizar— con cooperativas legalmente más estructuradas. En Cataluña, se estima que existen alrededor de 3.000 unidades de consumo que cuentan periódicamente con una cesta con productos del campo ecológicos, mientras que en Madrid existen experiencias pioneras y asentadas como Bajo el Asfalto está la huerta! En su web, la Confederación española de cooperativas onsumidores y usuarios pone a disposición un directorio grupos y cooperativas de consumo a nivel estatal.

Por su parte, la banca ética se presenta como una alternativa a la banca tradicional y su afán de buscar ante todo la creación de rendimiento económico y valor para sus accionistas y altos directivos. Además de obtener beneficios para garantizar la continuidad de la actividad, la banca ética persigue una economía al servicio de las personas y del medio ambiente. Se rige por criterios positivos (financiación de proyectos que transforman positivamente la sociedad), por criterios negativos (no financiación de proyectos nocivos para la sociedad) y por principios de transparencia, coherencia y participación.

Hoy en España existen diversos proyectos de banca ética como Fiare, Triodos Bank, Coop57 u Oikocredit. En el caso de Fiare, se trata de una cooperativa sin ánimo de lucro (los beneficios se reinvierten en la actividad de la entidad) y creada desde la base dentro del ámbito de la economía social y solidaria. Se define como instrumento de intermediación financiera que permite dirigir el ahorro de personas, familias y organizaciones hacia proyectos que suponen la inclusión social desde el crédito, el apoyo a proyectos con fines sociales, lógicos, culturales y de cooperación al desarrollo. Se puede ser cliente suscribiendo alguno de los productos de ahorro que servirán para dar financiación a proyectos aprobados o se puede formar parte del proyecto como persona socia aportando capital social (desde el principio “una persona, un voto”). Además, Fiare, en colaboración con la Banca Populare Ética de Italia y la NEF de Francia, y basándose en el modelo cooperativista construido desde abajo, apuestan poi banca ética europea.

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Sitio oficial: Florent Marcellesi

 
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