Recibir sin dar, ¿una nueva ley?

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Ya hemos hablado del tema en “Esperando al pato asado o buscando soluciones a la crisis” o “La hora de la cosecha“, y ahora Ana Novo viene más  contundente que nunca recordándonos que hasta el refranero dice que “manos que no dan…”

No puedo afirmar si venimos del mono, como hizo Darwin o de la explosión del Big Bang, según otro modelo científico. Personalmente, creo que somos consecuencia de una explosión, pero del Amor, que yo llamo Dios, por lo que, aunque envueltos en ropaje físico, nuestra verdadera naturaleza es divina.

Aunque no es sobre el origen del ser humano esta reflexión, sino que, con independencia del mismo, lo que no se puede dudar es que estamos, vivimos, una parte de nuestra existencia en este Planeta y dentro de un Universo cuyo descubrimiento no tiene fin. Y también sé, porque nos lo han dicho maestros, filósofos y científicos de todos los tiempos, que para mejor funcionamiento del mismo existen unos principios, unas leyes, del mismo origen y tiempo, y de general aplicación.

Lo curioso es que toda la creación sigue el dictado de esas Leyes, a excepción del ser humano que, siendo el último de la fila, intenta saltárselas a la torera. ¡Y así nos va!

Y digo “intenta” porque no es posible escapar a las mismas. Aquí no sirven los atenuantes ni las triquiñuelas varias. La ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento ni de sus resultados.

En todo el Universo para recibir antes hay que dar. Es la Ley. La naturaleza enseñó al hombre primitivo que tenía que sembrar si quería cosechar productos; que tenía que fabricar armas y salir a cazar o pescar si quería comer otros alimentos; que el macho tenía que entregar su esperma y la hembra su óvulo para crear una nueva vida… Y como hablamos de leyes, a las pruebas me remito.

Paradójicamente, con el desarrollo tecnológico e informativo que tenemos hoy día, existe una falta de crecimiento y evolución del ser humano que renuncia a su libertad y poder creativo, a hacer uso de sus habilidades y recursos y esconde sus dones y talentos para poner su bienestar, su destino y felicidad en manos de otros, pidiendo, exigiendo “que me den”, sin entregar nada a cambio ni mover un solo dedo. A todos los niveles y en cualquier ámbito.

Se confunden churras con merinas y en nombre de la solidaridad o del estado de bienestar, por causa de la crisis, o por demagogia pura y dura, aprovechando la propensión humana a lo fácil, rápido y gratuito, se violan las leyes de la vida que son las que garantizan al ser humano su dignidad, valor, respeto, justicia, abundancia,  libertad y felicidad.

¿Cómo sería, en cambio, si la persona, la familia, la sociedad diera lo mejor de sí, de su riqueza interior, en ideas, pensamientos, emociones positivas, proyectos, esfuerzo, determinación, trabajo, perseverancia, paciencia, confianza, convencimiento, apoyo, intercambio…? ¿Qué recogería? ¿Habría crisis, pobreza, desempleo y violencia?

Hablar del valor, de la libertad y del poder del ser humano, cuando se atreve a tomar las riendas y responsabilidad de su vida, no es popular. No vende. No se trata en prensa ni tv. La gente no quiere escucharlo ni aceptarlo. Es incómodo, da miedo, cuesta esfuerzo, renuncia, tiempo y dinero, no es fácil. Mejor quejarse y culpar.

Pero es la Ley: Lo que siembres será lo que recojas. Lo que des siempre te volverá.

Afortunadamente a mí me lo enseñaron mis padres acudiendo al refranero español: “manos que no dáis, ¿qué esperáis?”

Ana Novo
La Comadrona Espiritual ®
www.creoycreo.com
Venta online de sus libros

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4 Comentarios

  1. 1 - Ana Blanco

    24 julio 2013 08:23

    Me ha gustado mucho el artículo. Y estoy de acuerdo en que hemos perdido “el norte”.

    Saludos.

    Responder

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