No soy emprendedor ¿y qué?

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emprender o no emprender
Hay un camino para cada persona, pero la economía cambia en una dirección. Ana Novo nos invita a reflexionar y auto-conocernos…

“Todo está bien si termina bien”. Aprovecho el título de esta obra del genial W. Shakespeare para empezar en positivo la reflexión de hoy, si bien necesito combinar esta frase, con la cara opuesta de nuestro refranero: “mal acaba quién mal empieza”. Y todo esto aplicado a la figura del emprendedor.

La promoción a destajo de la cultura emprendedora en nuestro país, con objeto de dinamizar su maltrecha economía y adaptarnos de sopetón al cambio de era, puede dar como resultado que el remedio sea peor que la enfermedad, pues quién no sabe leer no puede acometer estudios universitarios. Ni se empieza una casa por el tejado. Falta tiempo para informar de la bajada de la cifra de desempleados y el incremento de las altas de autónomos, pero se retrasan los datos de tantos emprendimientos fracasados antes del año de su inicio.

Es mucha la desinformación y desconocimiento de la población en general y, por tanto, buen caldo de cultivo para la demagogia y los cantos de sirena. Oír campanas y no saber donde.

Dentro de mi propósito de ayudar a la persona, cuando así lo decida,  a convertirse en héroe de su vida, conociéndose y usando su libertad y responsabilidad personal para una vida plena y con sentido, resalto la formación e información veraz y útil para que pueda trabajar, esto es, realizar un trabajo-actividad que le guste y entusiasme, eficientemente y con un alto valor para el interés y bienestar de otros, por lo que recibirá los ingresos adecuados que le permitan cubrir sus necesidades y las de su familia y una gran satisfacción y contento personal.

Todos tenemos ese derecho y deber: trabajar. La forma en que lo hagamos, por cuenta propia o ajena,  es lo que será elección de cada uno y no debe depender tanto de modas ni tiempos, sino de cualidades, valores, razones y actitudes personales.

Este es el quid de la cuestión.

Es cierto que los tiempos están cambiando y la evolución personal y del planeta exige transformación y avance. Y, como ya ha vivido anteriormente la humanidad, el mercado laboral y sus reglas de juego vuelven a modificarse, siendo la tendencia de los países del primer mundo (y aunque a la cola, España entre ellos) potenciar el rol de emprendedor vs. el de empleado asalariado de la era industrial. Es el cambio y no se puede parar, pero sí aceptarlo, prepararse y adaptarse. Y, por supuesto, en determinadas actividades el empleo seguirá primando, en cambio, otras desaparecerán, mejor dicho, se deslocalizarán a países emergentes, para dar paso a las que usen la creatividad, las nuevas tecnologías, la especialización y el avance de las comunicaciones.

El reto en España: crear y desempeñar un rol de la era del conocimiento (autónomo, emprendedor), con una mentalidad y paradigma de la revolución industrial (patrón, obrero). Tamaña transición no hay ley, acción ni subvención que puedan acometerla con éxito. Sí, podemos, con una mentalidad y formación diferente.

Lo primero, pues, auto-conocimiento, punto de partida del trabajo personal y cimientos seguros del desarrollo y éxito profesional y social. Saber quién soy, que me gusta, en que destaco, mis cualidades y valores, mis miedos y debilidades, mi actitud personal, la buena gestión emocional, mis aptitudes comunicativas, la capacidad de influir y motivar, escuchar, ocuparme de conocer y que me conozcan y convencer a otros de que lo que soy y lo que hago es muy conveniente para ellos, es el paso previo necesario, a fin de decidir si quiero emprender o trabajar por cuenta ajena, en una empresa privada o administración pública. Esa información será la clave y no la desesperación por estar en desempleo y no haber ofertas de trabajo.

Está bien emprender, si tienes capacidad, actitud y “para qué” emprendedor, además de conocimiento cualificado. Está bien ser trabajador de empresa pública o privada si tus valores, actitudes y “para qué” te conducen bajo la organización y dirección de otros. En ambos casos tendrás que pagar el precio.

Está bien, lo que bien termina. Lo que mal empieza, mal acaba.

Lo peor, la ignorancia, la madre de todos los males y no querer aceptar lo que es, resistirse y no adaptarse. Conócete, infórmate y elige. Tírate con paracaídas y sabiendo utilizarlo. En esto eres libre y por ello responderás.

Puedes ser emprendedor. Puedes trabajar y salir de la cola del paro. No es cuestión de crisis ni de política. Es cuestión de dar antes de recibir: conocimiento, mentalidad, actitud y poder creativo.

¿Qué eliges?

Ana Novo
La Comadrona Espiritual ®
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2 Comentarios

  1. 1 - Jean

    14 agosto 2013 11:14

    Interesante post. Yo como emprendedor os puedo asegurar que tiene sus pros y sus contras. Es evidente que si trabajas en una empresa en la que eres un simple obrero, sin grandes responsabilidades, cuando termina tu jornada sellas y te marchas a casa o al bar de enfrente y te olvidas. Como autónomo nunca desconectas y ese es el “contra”. Eres libre y gestionas tu tiempo pero si sabes hacerlo bien, de lo contrario se hunde el barco.
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  2. 2 - Max

    27 agosto 2013 10:11

    Me parece que, en el fondo, el artículo es una JUSTIFICACIÓN del maligno sistema social que nos agobia. Me decepciona, sobre todo cuando habla de “primer mundo” y de “países emergentes”, que son JERGAS propias del sistema neoliberal que debemos aborrecer.
    No se puede tocar campanas y estar en la procesión.
    Adaptarse, tal como insinúa este artículo, es seguirle el juego al sistema.
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