“No hay que divorciar el aspecto espiritual del revolucionario. El mindfulness puede ayudar a cambiar el mundo”. Entrevista a Michael Schwammberger

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Michael Schwammberger

¿Qué es el mindfulness? ¿En qué nos beneficia el estar presentes? ¿Cómo podemos mejorar nuestra vida y el mundo?

Chan Phap Son, nombre espiritual de Michael Schwammberger, fue durante 15 años monje en Plum Village -Francia-, la sede y comunidad del Maestro Zen Thich Nhat Hanh. Ahora se dedica a enseñar libremente en Inglaterra y España, y en su reciente visita para preparar la gira de Thich Nhat Hanh en primavera 2014 por Madrid y Barcelona nos ha contestado estas preguntas y ha compartido su sabiduría:

1. ¿Qué es el mindfulness y qué nos puede aportar a los ciudadanos con vidas ocupadas?

Mindfulness es la cualidad de estar presente, de ser más conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor. Con mindfulness tenemos unas referencias mucho más positivas. Al ser más consciente de mi mismo esa conciencia me ayuda a esclarecerme, a tener claridad de mi experiencia, a saber dónde tengo que poner energía y saber cómo responder a los retos.

2. ¿Es más fácil practicar el mindfulness en un monasterio que en el día a día trabajando?

Para entender la función de mindfulness es bueno hacer un curso o equivalente, así sabremos lo que es exactamente. Una vez tenemos esa experiencia ya podemos aplicarla a la vida cotidiana. La finalidad del monasterio es apoyar primero la “estructura mindfulness”, para poder después introducirla en vida cotidiana.

3. Con “la que está cayendo”, ¿el mundo necesita más mindfulness o más revolución activa?

La imagen que me viene a la cabeza es de Gandhi. Sin su componente espiritual difícilmente hubiera podido emprender cambios con la repercusión y profundidad que tuvo. No hay que divorciar el aspecto espiritual del revolucionario. La cuestión es qué clase de revolución queremos. No es necesariamente suficiente ser consciente de una injusticia. Tenemos que tener una perspectiva mucho más amplia en la que se basa nuestra acción.

La plena conciencia nos ayuda a saber cómo está todo esto conectado. Nos ayuda a saber que hay una injusticia pero que está conectada a una estructura mucho más amplia. Esa es la finalidad de la plena conciencia: quizá hay una injusticia particular, pero la causa de esa injusticia es mucho más amplia. Todo llega al mismo sitio. Mindfulness no es lineal, no es “voy a hacer una acción para cambiar algo”, sino que se identifican todas las causas. El aspecto espiritual es importante que esté vivo cuando hablamos de una revolución, de una acción social más expresiva, porque es el contexto general el que quieres arreglar, no una cosa particular.

Para que nos entendamos, propongo este ejemplo: las acciones de Greenpeace ayudaron años atrás a concienciar sobre los problemas de los vertidos en el mar del norte, y eso es muy importante. Pero todavía más importante es saber porqué consumimos tanto.

4. ¿Cómo sería la sociedad si casi todos practicásemos esta conciencia plena?

No sería perfecta, pero habría más condiciones para crear armonía. Para mejorar lo que se puede mejorar, para nuestro crecimiento personal a un nivel más profundo. Ese conocimiento ya nos hace sentir mucho más felices. A veces la infelicidad viene porque no sabemos quiénes somos. Nos dejamos llevar por estructuras mentales superficiales, como la rabia.

5. ¿Desde qué edad podemos inculcar esto a nuestros hijos?

Cualquier edad. Pero no se trata de inculcar, es más bien una cualidad que incluye amor, paciencia, benevolencia, compasión, cualidades que automáticamente podemos sentir. Cualquier niño puede sentirse conectado con esas cualidades. No son un adoctrinamiento, son estar en contacto con cualidades que nutren nuestro espíritu.

6. ¿Es optimista Thich Nhat Hanh sobre el futuro? Porque en sus últimas declaraciones augura una extinción.

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Un buen maestro siempre nos va a decir cuáles son los problemas que tenemos que afrontar, va a definir la situación de peligro. Él siente que si no cambiamos pronto, el futuro no es predecible, y como lo siente lo tiene que decir. No para causar pánico, sino para que podamos asumir responsabilidades. Para que no dejemos que la situación empeore y nos veamos forzados a actuar.

Thay dice que lo peor es la desesperanza. Hay una frase que me gusta mucho de Martin Luther, y que viene a decir: “Aunque yo supiese que el mundo se acabará acaba mañana, aun así hoy plantearía un árbol”. Si emprendo una acción positiva, va a tener una resonancia. Si tengo en mi cualidades de “no miedo”, hay una resonancia que va a ayudar a no crear pánico, miedo, etc. Debemos cultivar cualidades de “no miedo” para no caer en la depresión.

7. ¿Cómo será su gira por España en primavera 2014?

Toda la info está en la web: http://tnhspain.org/

thich nhat hanh en españa

8. ¿Cuáles serían tus 10 consejos para mejorar nuestras vidas?

  1. Parar y descansar más. Necesitamos saber parar para saber cómo actuar desde un sitio de mayor claridad y amor. Parar y descansar son cruciales.
  2. Debemos simplificar nuestras vidas, llenarlas tanto crea un vacío interior en el que sentimos el impulso de querer llenar…cuanto más lo intentamos llenar (este vacío) más vacíos nos sentiremos. La simplicidad nos ayuda a reconocer lo que ya está presente en nuestras vidas…y siempre ha estado presente, simplemente no lo vemos.
  3. Nutrir nuestras mentes de cosas positivas.
  4. Evitar consumir cosas negativas: ideas, alimentos, conversaciones, ambientes, etc. No es cuestión de evitar, es cuestión de usar nuestra inteligencia para saber lo que nos hace bien y lo que no nos ayuda.
  5. Practicar la generosidad. Esto ayuda a los demás y nos ayuda a estar en contacto con los demás.
  6. Pasar más tiempo con personas sanas y que nos hacen sentir bien tanto intelectual como emocionalmente e incluso espiritualmente.
  7. Practicar una disciplina mental: yoga, meditación, etc.
  8. Cuidar nuestra nutrición.
  9. Contribuir a una concienciación social positiva. No nos quedemos en casa, salgamos a expresar nuestros sentimientos. No dejemos que sean los políticos, economistas, etc que sean los únicos que dicten qué clase de sociedad queremos.
  10. No destruir, minimizar todo acto que cause daño, que cause destrucción.

La Gira De Thich Nhat Hanh En España, 2014

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2 Comentarios

  1. 1 - Victor Chertkov

    30 noviembre 2013 14:55

    La revolución… Esa dulce idea de revolucionario que hace la vida mejor. Un sueño de los guerreros del sofá.

    Me da la impresión de que esa idea tan extendida y acariciada por algunos grupos de la población se basa en una fantasía. Estamos acostumbrados a llamar cualquier tontería una revolución. Inventan un artilugio mecánico – una revolución, descubren una manera de engañar mejor a la población para venderle algo innecesario – una revolución, modifican lo existente un poquito – una revolución, implantan un nuevo tratamiento de alguna enfermedad – una revolución.

    Se nos olvida que revolución es de revolver – poner todo patas arriba. Lo que enumeré antes no tiene nada que ver con una revolución. Y poner el ejemplo de Gandhi como un revolucionario es un mal ejemplo. El éxito de Gandhi no se debe únicamente al innegable componente espiritual suyo. Solo con la espiritualidad no puedes hacer gran cosa en este mundo. Nos guste eso o no.

    De hecho la pretendida revolución de Gandhi tampoco fue tal – India sigue viviendo unos contrastes sociales bestiales. Poco o nada ha cambiado en ese sentido. Es una potencia nuclear y eso no es para chulear a nadie – es un argumento de enorme peso para presionar a quien haga falta. No dudan en aniquilar a los grupos separatistas del norte del país. Mantiene una pugna permanente con Pakistan (otra potencia nuclear) y cada año aumenta el presupuesto militar. ¿Dónde está satyagraha de Gandhi? En la historia.

    Y los angelitos de Greenpeace (muy pulcros y selectivos con sus protestas, curiosamente se callan y no dicen ni mu en muchas de las cosas dignas de ser combatida o cambiadas) lo demuestran todos los días: la organización que tienen no puede sostenerse con la espiritualidad y buenas intenciones – alguien tiene que soltar muchísima pasta para que eso sea posible. Por cierto eso pasa con cualquier revolución, oposición política del tipo que sea – no hay pasta, no hay revolución. ¿Quién pone la pasta? ¿Quién está interesado en poner todo patas arriba? ¿Qué es lo que pretende conseguir? No queremos hacernos estas preguntas y jugamos a los boyscouts.

    ¿Cuándo fue la última revolución en el viejo continente? Las dos revoluciones rusas: 1905 y 1917. Ríos de sangre, innumerables tragedias, después de la segunda revolución una sangrienta guerra civil con la mitad del país en ruinas y una hambruna atroz. Y muertes, muertes y muertes. Literalmente todo fue puesto patas arriba: los que estaban abajo se colocaron arriba, y los de arriba cayeron abajo. Muerte, muerte y muerte. Tragedias incontables.

    Y ¿la anterior revolución? La francesa. Un festín sanguinario otra vez con ríos de sangre, decapitaciones y otras “maravillas”. Probablemente de esa primera revolución nace ese sueño delirante que matando lograos hacer feliz a la gente.

    ¿Realmente queréis ríos de sangre correr por vuestras calles? Estoy seguro que no. No nos engañemos la revolución es algo doloroso, seguramente que no les gustará para nada a la mayoría de los supuestos revolucionarios de hoy en día.

    Luego, si de verdad logramos a aplicar “mindfulness” (no paramos de “inventar” chorradas) a las masas amplias de la población, mataremos cualquier revolución en el estado embrionario. No hay nada mejor que ser plenamente consciente de todo para no participar en un derramamiento de sangre que es una revolución cualquiera.

    Si creyendo que eres consciente (practicas “mindfulness”) y aún así fomentas y participas en una revolución, o no eres consciente de algo o deliberadamente pretendes hacer correr la sangre. La pregunta que deberíamos hacernos es ¿a qué fin pretendes participar en semejante fechoría? Para hacer más feliz a la gente convirtiendo esposas en viudas, niños en huérfanos, haciendo sufrir a los padres que pierden a sus hijos en luchas cuya verdadera finalidad se desconoce y cuyo verdadero beneficiario siempre se quedará en la sombra obteniendo sus beneficios. No nos engañemos esos beneficios son monetarios, amigos. El delirio que nos venden trae muchísimo dinero a uno pocos.

    Si tenéis alguna duda al respecto preguntadles a los que estaban en alguna guerra reciente: ¿sabes por qué has estado allí? ¿mereció la pena quitar tantas vidas y causar tanto sufrimiento? Y ¿si perecieras en esa guerra, es eso lo que necesitan tu mujer, tus hijos, tus padres, amigos y vecinos? ¿Cómo se llama esa noble causa por la que perdiste la vida? No hay ninguna noble causa. Detrás de una revolución – exactamente lo mismo.

    Y por último, las revoluciones, o sea poner todo patas arriba, las promueven unos grupos muy reducidos, movidos por sus propios intereses. La inmensa parte de la población vive absolutamente indiferente a esas movidas.

    De eso hablaba Lenin cuando se refería a las amenazas de la joven república soviética: “la mayor amenaza que tenemos no son los ejércitos blancos que nos asedian, ni tampoco los países de Europa interesados en nuestra desaparición, la mayor amenaza son las viejas costumbres de nuestra población”. En eso se ahoga cualquier revolución.

    Esa población que vive ajena a los sueños delirantes de los revolucionarios del tipo que sea. Y por alguna razón los revolucionarios no se preocupan en interesarse y preguntar a toda esa masa de gente ¿chic@s, qué os parece si ponemos todo patas arriba y matamos a unos cuantos? Simplemente van a su bola convencidos de hacer el bien para la humanidad. Dudo que esto está compatible con la plena consciencia.

    De lo que no hay duda, y eso para nada es evidente, es que tanto el inmovilismo de la población como los delirios de los revolucionarios tienen un innegable componente espiritual. Nos guste eso o no.

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