Recuperando la Tradición de la Mujer Sabia o Salvaje. Entrevista a Laia Oraá

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“Durante siglos las mujeres fueron médicas sin título. Excluidas de los libros y la ciencia oficial aprendían unas de otras y se transmitían sus experiencias entre vecinas o de madre a hija. La gente del pueblo las llamaba “mujeres sabias”, aunque para las autoridades eran brujas o charlatanas”
Bárbara Ehrenreich y Deirdre English, en “Brujas, sanadoras y comadronas”

Tras un intenso siglo de derechos y conquistas sociales externas -aún incompletas-, ¿somos las mujeres modernas más libres, sabias y felices que nuestras antepasadas?

Entrevistamos a Laia Oraà, recuperadora y divulgadora de la sabiduría ancestral femenina, sobre su experiencia vital y la Tradición de la Mujer Sabia y Salvaje, un camino para el definitivo cambio de paradigma.

Estas son sus respuestas:

1.  ¿Las mujeres del siglo XXI lo hemos conquistado todo? ¿Qué nos falta o que nos sobra? ¿Nos han robado algo?

El territorio de la mujer es su propio cuerpo y, desafortunadamente, desde hace muchísimo tiempo este territorio ha sido politizado. En España, en estos momentos, nos encontramos con la fatídica ley del aborto de Gallardón, pero tenemos que trasladarnos hasta el fin de los matriarcados de la Vieja Europa para comprender que este hecho no es algo nuevo, sino la supremacía de un patriarcado que decide, jerárquicamente, por nosotras mismas. Hasta que la mujer no pueda decidir libremente si ser madre o no, no habremos conquistado lo que nos pertenece. Hasta que no se comprenda que la igualdad entre géneros es una falacia del sistema en el que nos encontramos, no habremos conquistado todo lo que nos pertenece. Porque, párate a pensar algo: en un sistema capitalista, en el que la voz cantante es la del hombre* y sus necesidades, ¿la igualdad entre géneros no es la aceptación del modelo patriarcal dominante?

*

Hombres y mujeres somos distintos, ni mejores ni peores, uno no está por encima del otro, pero no somos iguales, por lo tanto, nuestras necesidades no son las mismas. Lo que conquistaron las mujeres de antaño, la sabiduría de las plantas, la ciencia del parto, de la relación entre el ciclo de la luna y el ciclo menstrual, la de nuestra sangre, etc., fue aniquilada por parte de los círculos más elevados de la jerarquía patriarcal, hace muchos años (recordemos, por ejemplo, la quema de brujas). Pero uno de los grandes problemas es que no recordamos. La historia ha sido escrita por los vencedores, por los hombres, y los testimonios de las buenas prácticas de aquellas mujeres apenas existen. Por ello se hace tan necesario el estudio y la investigación en los ámbitos de la sabiduría femenina ancestral.

Fruto de la evolución socio-cultural, incluso el lenguaje ha sido territorio robado pues, en estos momentos, la palabra “bruja” aún tiene connotaciones negativas, cuando su significado real es “mujer sabia, mujer que sabe” y la menstruación aún se ve como algo sucio, que hay que tapar: “estoy menstruando, necesito descansar más, pero no puedo, que no se note.”  Por lo tanto, también la desconexión del ciclo menstrual, uno de los instrumentos más valiosos que tenemos, cuando está bien entendido, nos ha sido arrebatado.

Las mujeres en su mayoría, aunque esto ya va cambiando, no menstrúan de manera consciente y son muy utilizadas frases como: “estoy mala”, cuando se encuentran en sus días de sangre. Las mujeres hemos conquistado parte del terreno masculino imitando el hacer patriarcal: envidiándonos entre nosotras, siendo ejecutivas de éxito, queriendo ser “perfectas” o  “súper mujeres” y hemos olvidado lo femenino en nosotras. ¡Hemos llegado a un punto en el que amamantar en público es un acto revolucionario! Queda mucho por conquistar, pero ahí estamos desde Casa de Luna, llamando a mujeres preparadas para andar lo desandado y tejer lo descosido.

 2. ¿Qué es la Tradición de la Mujer Sabia o Salvaje y que nos puede aportar a las mujeres de hoy?

La Tradición de la Mujer Sabia o Salvaje no deja de ser un viaje a través de los tiempos, y a través de diferentes culturas del mundo, con el fin de recuperar la sabiduría femenina ancestral. No partimos de la base “lo de antaño siempre es lo mejor”, sino que investigamos, evaluamos y transmitimos a las mujeres de ahora el conocimiento que, fruto de la evolución socio-cultural y de los altos mandos del poder, nos fue arrebatado. Las fuentes más valiosas son los pueblos indígenas que aún viven, pero también nos basamos en la experiencia real de las mujeres del presente y en estudios realizados por médicxs, arqueólogxs, historiadorxs, etc. que han sido pioneros en sus campos, al dedicarse al estudio de lo femenino, en sus ámbitos.

Ser conocedoras de esta sabiduría y aplicarla a nuestra propia vida nos hace más conscientes de nuestro propio cuerpo, y este es el primer paso, porque cuando eres consciente de tu cuerpo puedes confiar en su poder y sentirte soberana del mismo. De esta manera, dejas de temer procesos naturales de la vida como es, por ejemplo, el parto, y empiezas a sanar las heridas que permanecen, intactas, en el inconsciente femenino colectivo. Cuando sabes que tu mal es el mal de muchas mujeres más, que la vergüenza a la masturbación, a mirarte en el espejo desnuda, etc., es común entre mujeres, comprendes que todas somos una y que, sanándote tú y enseñando lo que has aprehendido a tu hermana, amiga o vecina, vamos sanando todas.

3. ¿Por qué reivindicas la menstruación que tanto dolor e incomodidad trae a muchas mujeres?

El hecho de que la menstruación sea vivida con dolor o incomodidad es una herencia patriarcal del modelo de sociedad en el que llevamos viviendo desde hace tantas generaciones. No es que tu abuela o tu madre no te quisieran lo suficiente como para explicarte que la sangre es vida, es aprendizaje, es el botón de “reinicio” de las mujeres y tiene un poder enorme, sino que ellas mismas ya habían sido víctimas, como lo has sido tú, de estas creencias. Y ahí reside gran parte del trabajo, en la sanación de tu linaje femenino, conformado por línea materna: madre, abuela, bisabuela… y así, hasta el principio de los tiempos.

Dicen que la primera experiencia con tu sangre marcará tu relación con ésta, durante toda tu vida fértil. Pues bien, yo no tuve una primera regla habitual. Tenía el himen imperforado, algo que pasa en un tanto por ciento muy reducido. Cuando, por fin, se supo qué era lo que me pasaba, concertaron cita en el hospital para hacerme abrir el himen, para que pudiese salir la sangre de menstruación que se me había estado acumulando durante algunos meses. De esta manera, mi primera regla fue todo un rito de paso, aunque en aquel momento no lo pudiese entender así. Imagina una niña en una cama de hospital y, a su alrededor, dos médicos y unos cuantos estudiantes de medicina, casi en corro, mirando el poco habitual suceso. Faltó la Tienda Roja, el fuego ardiendo y los tambores de las mujeres, pero el primer acercamiento que tuve de mi sangre  fue, sin duda, en manada.

Para poder comprender mi primera menstruación como un rito de paso, reconciliarme con ella y vivirla como un regalo (porque lo es, tu sangre es un regalo), he tenido que adentrarme en la sabiduría ancestral femenina, en la Tradición de la Mujer Sabia. Y este es parte de mi trabajo desde Casa de Luna, ayudar a las mujeres que así lo desean, a reconciliarse con su naturaleza, para comprenderse y vivir su cuerpo de mujer desde una plenitud que no nos enseñan en la escuela primaria.

4.  ¿Quién es Laia Oraá y cuál es tu historia hasta implicarte en estos temas?

Mi historia no tiene mucho de particular, soy hija del patriarcado, como todas las mujeres que han nacido y se han educado en sociedades capitalistas donde la preponderancia ha sido del hombre. Provengo de una familia cuyo principal precepto ha sido el amor, y me he criado en un ambiente cálido, para nada hostil.

Soy una mujer que siempre ha cuestionado todo cuanto ha estado a su alrededor. Recuerdo la cara de asombro del cura que nos confesaba periódicamente en el colegio de monjas al que iba, cuando le dije, por fin, después de meditarlo mucho, que le agradecía profundamente su tarea, pero que no tenía pecado alguno. En aquellos momentos, actos como éste podían parecer rebeldía preadolescente o ganas de llamar la atención, pero en mis adentros, desde que soy capaz de recordar, he sido una persona que se ha cuestionado todo cuanto le decían, todo lo que le enseñaban. Siempre he necesitado respuestas, pero también es verdad que siempre he querido ir sola, en busca de ellas.

5. ¿Qué ha significado en tu vida tu estancia en África y en la India?

África e India han sido mis dos grandes experiencias vitales. Ahí nació todo. Durante un tiempo, desde la adolescencia y hasta bien entrados los 20, estuve perdida, y la búsqueda de las respuestas que necesitaba no se encontraban en mi círculo habitual, por lo que decidí ir a su encuentro.  En los dos casos viajé sola, a África con 20 años, a India con 23. En África conseguí olvidarme de mí misma, salir de mi cabeza, donde siempre estaba, y vivir para los demás ofreciendo un servicio a la comunidad en la que me encontraba. Fue una experiencia de crecimiento personal, enorme. Viviendo con ellos, comiendo con ellos, durmiendo con ellos, me llegué a sentir tan en paz que, un día, me sorprendió que me llamaran “nasara” (mujer blanca) por la calle, pues hasta este punto me llegué a sentir una más.

Años después he podido comprender que fue allí donde viví uno de los momentos más importantes de mi vida, una iniciación que llamé la de la Mujer Sabia. Era de noche y me vinieron a buscar, por sorpresa, unos cuantos niños a los que daba clases de inglés por las mañanas. Me sacaron gritando a la calle (pensemos que allí no hay luz artificial, y el cielo y la luna cobran unas dimensiones espectaculares), una de las niñas me estiraba del brazo y gritaba “the moon!, the moon!”, y miré a donde me señalaba. Vi la luna llena más grande y más bonita que he visto en mi vida. No sé quién tuvo la idea, pero nos cogimos de las manos, en corro, los niños y yo, y empezamos a bailar y a cantar a la luna, hasta que nos cansamos.

Pues bien, este momento cambió algo en mí, fue un punto de inflexión que tiempo después comprendería. Desde entonces he mirado al cielo para buscar la luna, y algo dentro de mí se ha aliviado.

Mientras África fue un aprendizaje suave y dulce, India fue brusca y dura. Allí me sentí, por primera vez, inferior por ser mujer, relegada a un segundo plano. Hubo más de una ocasión en la que corrí peligro verdadero, en la que sentí miedo, y fui consciente de una fuerza que nacía en mí, de un coraje que no sabía que existía. Crecí de golpe. Tardé meses en poder poner palabras a todo aquello, pero, cuando lo hice, supe que mi experiencia tenía que servir a otras mujeres. Desde allí, en aquel momento,  no podría hacerlo, pero sí en mi tierra natal. No sabía cómo, ni el qué, pero tenía que trabajar con y para las mujeres.

6. ¿Qué es CASA DE LUNA?

casa de luna

Casa de Luna es el fruto de todo lo que he explicado anteriormente. Es un espacio, de momento solamente virtual, donde comparto información y creo conocimiento sobre sabiduría ancestral femenina. Dentro de Casa de Luna he creado el Club para mujeres inquietas, la plataforma de formación para mujeres que desean empezar a transitar este camino. La suscripción a la Casa es gratuita, y cada luna oscura envío un boletín en el que trato un tema determinado, así como la información sobre los cursos que he creado.

En el Club hay cursos de pago, con posibilidad de trueques no monetarios, y otros totalmente gratuitos. El objetivo principal es tejer red, que ninguna mujer con ganas de sentirse y vivirse de otra manera, de sanar, desaprender y aprehender, se quede fuera. Es un espacio abierto a todas las mujeres del mundo.

7. ¿Cuáles son tus cursos? ¿Qué nos puede aportar “El camino de la mujer sabia” o “Diario de una bruja”?

El Camino de la Mujer Sabia es la formación más intensa que ofrezco en estos momentos. Es una aproximación profunda a los aspectos que considero más básicos sobre la sabiduría ancestral femenina. Empezamos contextualizando el espacio donde nos encontramos, entendiendo qué es una sociedad patriarcal y qué significa esto de ser “hijas del patriarcado”, y continuamos mirado a nuestras sombras, directamente, con la intención de identificar creencias limitantes y vaciarnos de todas ellas. Después, aprehendemos a conocer y trabajar con nuestro ciclo menstrual, hacemos un trabajo potente con nuestra creatividad (en relación con el útero) y trazamos el propio mapa de identidad para identificar nuestro talento.

El Diario de una Bruja es un curso que he estado gestando el año pasado, y que se llevará a cabo, por primera vez, durante este 2014. Se trata de confeccionar tu propio Libro de las Sombras, escrito por ti misma, desde la sabiduría que esconde la oscuridad de tu subconsciente, y partiendo de la base de que eres una mujer que sabe, pero a quien no le enseñaron a leerse a sí misma. En este curso se realizan potentes ejercicios de conexión con nuestro subconsciente y  de desarrollo de la creatividad, a través de la escritura, con el fin de que conectes con tu mujer salvaje y puedas expresar lo que ella sabe.

Pero hay más cursos y talleres, todos explicados en la página web del Club para mujeres inquietas.

8. ¿Qué consejos darías a las mujeres de tu generación?

No soy muy dada a dar consejos si no me los piden, pues es algo que he aprendido a lo largo de este camino en Casa de Luna, pero, si tuviese que transmitir un mensaje, diría que el cambio de sociedad y de paradigma pasa por nosotras, las mujeres. Somos las que damos la vida, las que la sustentamos, somos los pilares de nuestras familias y, ahora que ya se ha demostrado que el modelo de sociedad en el que vivimos no procura la felicidad, tenemos que ser el cambio. Pero tenemos que hacerlo juntas, en manada. Reconquistar el territorio político que nos pertenece es nuestra responsabilidad.

9. ¿Cómo sería un mundo con mujeres sabias o salvajes?

Un mundo lleno de mujeres sabedoras del poder de sus cuerpos, soberanas de los mismos y de sus propias vidas, sería un mundo más equitativo y justo. La prueba está en los modelos de sociedades matriarcales que aún existen en algunos rincones del planeta. Un mundo donde las próximas generaciones no nacerían con el peso de la herida colectiva que todos, mujeres y hombres, arrastramos. Pero un mundo con mujeres sabias o salvajes tiene que ser un mundo, también, en el que los hombres hayan aprehendido a amar y a respetar a su propio yo femenino.  Aun así, no olvidemos que lo principal, en estos momentos, es desaprender, aprehender y sanarnos nosotras mismas, dedicarnos el tiempo que, durante generaciones, las mujeres no se han dedicado. Una vez hecho esto, podremos acompañar al hombre en el proceso.

Laia Oraá

 

 
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