La revolución personal diaria

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Revolucionaria. Así decido vivir.

Toda palabra tiene más de un significado. Si acudo al diccionario oficial de mi idioma, entre las varias acepciones que ofrece elijo “Acción y efecto de revolver o revolverse.” Exactamente. Y encuentro como sinónimo de “vivir”, entre varias propuestas: “mutación, cambio, modificación, transformación, progreso, innovación, renovación”

Procuro estar consciente de que cada día vivir me supone una revolución personal: cambiar repetidamente; evolucionar, avanzar, crecer, a cada momento, una y otra vez.

Y me percato de que solo hay un punto de partida: yo: mi mente, mis pensamientos y mi actitud.

En cada época de la historia ha destacado una revolución que ha supuesto un cambio, una transformación social de grandes dimensiones, a diferentes niveles: desde el género o la raza, hasta los cimientos culturales y laborales, pasando por límites territoriales e incluso nombre del país. En su gran mayoría han destacado la violencia, la fuerza y la destrucción, bajo la creencia indiscutible de que el fin justifica los medios. Dedos de la mano sobran para contar las pacíficas. Y el nexo común, de unas y otras, que pasa desapercibido por inconsciencia: la revolución personal.

Todo es cuestión personal. De una persona, con unos pensamientos y unos ideales, a la que se unen otras personas, de pensamientos e ideales semejantes. Correctos o equivocados. Locos y egoístas o sanos y bondadosos.

Es probable que no sea un ideal humano novedoso que todos queramos cambiar el mundo, pero sigue siendo totalmente desconocida la irrefutable verdad de que el cambio empieza por uno mismo. No cabe otra forma.

Cada día me doy más cuenta de que voy en modo “piloto automático” y de mi incoherencia: veo la paja afuera y no veo la viga que tapa a mi Ser Divino y bloquea mi potencial de vida plena.

Señalo con un dedo acusador a gente, cercana o lejana, que roba, miente, ensucia, destruye, se tapa ojos y oídos, se emborracha, droga, consume compulsivamente, no se implica, no responde, no tiene vergüenza… En un momento de luz, paro y veo 3 dedos, bien reforzados, apuntándome.

¿Qué es un grupo si no una suma de personas? ¿Qué es una sociedad, un país, sino la suma de más personas? ¿Qué es la raza humana sino la suma de muchas más personas?

Todo empieza por mí. Por mi revolución personal diaria. Una aportación de bondad o maldad al mundo.

Estos son los pilares-manifiesto de mi revolución:

-    Soy más que mi cuerpo físico, personalidad, posesiones, bienes, títulos, carrera… Soy energía divina no-física, viviendo una experiencia física.
-    Soy “astilla” del “Palo” Creador: de la misma naturaleza, digna y merecedora. Hago honor a mi rango en la realidad física.
-    Tengo libertad para elegir pensamientos, respuestas, enfoque, actitud…
-    Tengo poder creativo por lo que atraigo, permito o rechazo personas, situaciones y condiciones,  según use mis pensamientos, palabras, emociones, actitudes, hábitos y comportamientos.
-    Las quejas y excusas son hábitos de pensamientos negativos y probablemente falsos, implantados en mi mente cuando no podía elegir y que siguen en vigor por no enfrentarlos y averiguar si aquí y ahora me son válidos o no.
-    Respondo personalmente por los efectos que produzcan mis causas mentales.
-    Hay una Ley Universal que se aplica siempre y a todos: Causa-Efecto. La Justicia Divina existe.
-    No me corresponde elegir, crear ni responder por nadie.
-    No me corresponde juzgar a nadie, ni a nada.
-    Recogeré la cosecha-frutos de las semillas que plante.
-    Mi tiempo de vida física es limitado y desconozco su duración.
-    El único momento real que tengo es ahora. Aquí y ahora vuelvo a elegir.

En mi área de influencia y decisión: lo que está en mis manos y dentro de mi poder, me pregunto:
¿Qué pienso al respecto? ¿Sirve a mi propósito?; ¿Qué puedo hacer yo?; ¿Quiero tener los frutos de estas semillas?; ¿Cómo puedo servir mejor?

Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa”, recomienda la sabiduría china. “Si cada uno barriera la puerta de su casa, el mundo estaría limpio”, sentenció la Madre Teresa de Calcuta. “Sé el cambio que quieras ver en el mundo”, aconseja Gandhi. Grandes ejemplos de revolución personal y de influencia para otros que también decidieron realizar su revolución personal y así, juntos, con mayor fuerza, transformar el  mundo.

Es mi tarea y mi propósito de vida: hacer mi revolución personal cada día. Y cuando  caiga, levantarme. Y cuando falle, rectificar.

Me ocupo de mí y de mis asuntos. Es lo menos egoísta que puedo hacer, porque el bien del mundo empieza por mí.

Ana Novo
La Comadrona Espiritual ®
www.creoycreo.com
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4 Comentarios

  1. 1 - Sandra

    13 febrero 2014 22:43

    Tengo mis propias webs de productos ecológicos locales y me informo sobre temas de consumo responsable vía internet.
    Responder
  2. 2 - J.Gomez

    18 febrero 2014 01:20

    Un excelente planteamiento de vida. Me ha encantado lo de “piloto automático”, cuanta razón… y por supuesto “Mi tiempo de vida física es limitado y desconozco su duración”, creo que es un pensamiento que no se tiene (excepto en ciertas edades). Todos pensamos que llegaremos hasta edades lejanas, dejando de vivir con intensidad cada momento.
    Responder
  3. 3 - Luis Carlos Varelaleontafurtsh

    29 agosto 2014 23:10

    La palabra adecuada, acuñada por un estudiante de último año de ingeniería mecánica UTP(Julián Ayala):REPLOVULUCION.
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