Exodus, Dioses y Reyes: imponer o liderar

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“Los que están más cerca del poder
son los que están más ansiosos de alcanzarlo
pero no son los más preparados para ejercerlo.”
Padre

Exodus, la película, no me ha gustado.

Sí, esta vez no os voy a prevenir, desde el principio, de no leer este artículo antes de ver la película. La película de Ridley Scott es aburrida y superficial. Puede que técnicamente no tenga peros, no soy tan experta, no voy a opinar, pero la historia que cuenta la película me ha decepcionado. En este sentido coincido con la crítica pero sólo en parte.

 Exodus, en esencia, no estaba pensada para no gustar.

En parte porque ni me parece “una pérdida total de tiempo” ni “una película totalmente descartable”. Tras dejarme sentir y superar la primera impresión, he llegado a ver detalles en la cinta de gran valor lo cual me lleva a pensar que la idea primigenia de la historia es interesante y que Ridley Scott, o los guionistas, o los dos a la vez, no han logrado que esa idea primera creciera, evolucionara y traspasara la pantalla.

Exodus, el mito, me ha decepcionado porque esperaba otra cosa.

Es cierto y lo confieso también, además, que yo iba a la película con expectativas y eso que me tengo entrenada para no generarlas pero aún así, de vez en cuando, como buen ser humano, recaigo en mis propias debilidades. Para mi, da igual que Moisés existiera o no, da igual que lo que cuentan los libros de él fuera histórico o no.

Para mi el valor está en el mito y en lo que nos enseña. Por eso, yo esperaba que este nuevo Moisés fuera tan valiente con Noe y que se saliera del guión, para hacer una lectura del mito más acorde a nuestro tiempo, profundizando en lo simbólico y llevándonos a realidades más elevadas, incluso a similitudes existentes entre aquel entonces y nuestro ahora. A un claro cambio de era.

Así que, en un segundo momento, acepté que Ridley Scott no hubiera querido hablar de lo que no ha hablado, acepté que no insinuara lo que implicó que Moisés fuera hermano de Ramses, un iniciado en el conocimiento más sagrado del antiguo Egipto al que sólo accedía la realeza; acepté que no quisiera mostrar lo velado tras la simbología de las diez plagas; acepté que no ahondara en el cambio de era tan importante que supuso el éxodo… y decidí que, si él no lo hizo en la película, yo tampoco lo desarrollaría en este post.

Exodus, su esencia, esconde una intención interesante.

Respetado eso, a cambio decidí rescatar aquellos puntos de la película que me parecen interesantes y que, a mi entender, se pierden, de manera absurda en un exceso de celo y de miedo a no transgredir. Ahora sí, si decides adentrarte en la madriguera de Exodus y aún no has visto la película, pues reflexiona… estás a tiempo de no seguir adelante, de momento, hasta que la veas.

Lo primero que hace la película es mostrarnos a Dios como un niño, con el que habla Moisés. Y aquí es donde nace mi visión de que uno de los objetivos, quizás el primordial de la película, es humanizar a Dios. Sacarlo de la inalcanzable poltrona celestial en la que la Iglesia de Pedro y otras iglesias lo pusieron, para recolocarlo donde de verdad le corresponde, en nuestro interior.

Desde un punto de vista de coaching más exotérico diríamos que el liderazgo representado en Moisés, se alcanza conquistando al niño interior como símbolo de nuestra esencia, de nuestra autenticidad. Desde un punto de vista esotérico, de coaching evolutivo, diríamos que el liderazgo del héroe radica en la conquista del niño interior como la divinidad que todos tenemos dentro, esa que es la única capaz de conectar con Dios o con el Universo, por su inocencia, por su pureza. Pero no la conexión con el niño inocente, falto de experiencia sino el niño conquistado, el niño que tiene el corazón impregnado de todas las cualidades del ser. Por eso el niño puede ser incluso su hijo. Por eso Moisés habla consigo mismo. Por eso:

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“YO SOY”
Dios

Moisés, como tu y como yo, por un lado es Dios y por otro no lo es, siguiendo lo que dijo Jesús y que ahora toca interpretar de manera más elevada: “solo ellos (los niños) entrarán en el reino de los cielos”. Moisés, como mito, es un héroe, su vida representa el Camino del HéroeMoisés confía en sí mismo, enfrenta la adversidad, se rige por la intuición, es sensible, poderoso, equilibrado, es justo, empatiza, reconoce, presiente y se maneja en la unidad.

Y cuidado con las simplificaciones. Ser justo no es ser blando. Si es cierto que la película nos muestra a un Dios limitante y castrador, muy saturnino, pero absolutamente necesario para los tiempos del momento. Ser justo implica mover la energía que toca en el momento que toca. Moisés sabe que su pueblo es inmaduro, social y políticamente hablando y por eso les dota de los mandamientos. Algo que hoy en día está tan contaminado que duele y el dolor no deja ver la verdad. Pero en un momento de la historia, las leyes de este tipo eran necesarias, porque el nivel de evolución de la Humanidad aún lo exigía. No como ahora en España, que con ciudadanos, cada vez más adultos, hay cada vez más leyes.

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“He venido a decirte
que algo va a pasar
que está más allá de mi control.”
Moises

Moisés no gobierna desde estar en el poder como Ramses, sino desde tener el poder. Moisés no es el que hace, es el que intuye, el que presiente, el que canaliza, el que observa, el que atiende las señales, el que escucha, el que se identifica con un ideal mayor. Moisés ve claramente que el mundo de Ramses, es un mundo de poder absoluto en decadencia que no es justo y que puede y debe mejorar. Moisés entiende que ha llegado la hora de liberarse del viejo paradigma y de resurgir a la nueva era, en paralelo a nuestra situación actual.

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“Duermes tranquilamente
porque te sabes bien amado.”
Ramses

La película muestra una clara dualidad en la forma de experimentar la vida muy bien representada en el contraste de Moisés con Ramses. Ramses es temeroso, inseguro, ciego, imprudente, temerario, déspota y todos aquellos atributos que derivan del miedo tan falto de amor por sí mismo como de amor por los demás. Y que pasa entonces, no sólo a Ramses sino a todos, que necesitamos controlar y hacer que las cosas ocurran como queremos que ocurran, sin esperar a que sean como van a ser. Es tal el afán de controlar en Ramses que, cuando las cosas no ocurren como el quiere, mata tanto a la razón como a la intuición. Cuelga al médico y cuelga a la sacerdotisa. Cuando no estamos con Dios estamos contra él, es decir, contra nosotros y contra el mundo. Y da igual, no atendemos ni a izquierda ni a derecha, a ninguna de las dos fuentes de comunicación que nos alimentan, la racional y la emocional, ambas, estupendas cuando suman y se equilibran.

Quizás uno de los sinsabores de la película es que plasmando muy bien esta parte de la dualidad entre la fuerza externa del gobernante autoritario y la fuerza interna del líder y héroe a Ridley Scott le ha faltado trasladar, más allá de la batalla técnica del mar muerto, la victoria del poder del amor y la aspiración de Moisés sobre el miedo y el instinto de Ramses. Para mi, el amor no traspasó la pantalla y no salió claramente vencedor. Demasiada muerte al final. Demasiado miedo. Aunque quizás no, porque para que lo nuevo surja lo viejo ha de morir. Y en ello estamos. En el miedo y en la violencia. La historia y la conexión con mi “niña interior” son las que me dan confianza y esperanza.

MoisesRamses500

“Me pedisteis que os guiara,
ahora os toca a vosotros confiar en mi fe.”
Moisés

Exodus me ha inspirado y por eso he escrito este post. Gracias por leer.

 

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AUTORA: Itziar Azkona
Terapeuta, Coach y Emprendedora.
También soy maestra de mi pasado, artesana de mi presente y aprendiz de mi futuro, algo mago merlín, maestra de Reiki, escritora, socióloga, astróloga y  educadora para la Felicidad…
Web: http://www.coachingemodus.com/

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