PADRES LIBRES, HIJOS LIBRES: El poder de la palabra

, , 21 Comments

padres libres

(Artículo de la experta Yvonne Laborda)

Hoy necesito hablar sobre la importancia y el poder que tiene, sobre nuestros hijos y niños en general, el hecho de nombrar los hechos reales y los sentimientos que realmente tenemos dentro.

Muchas veces les decimos cosas a nuestros hijos las cuales están muy distanciadas de su vivencia real y de su realidad emocional. Por poner un ejemplo, imaginemos esta situación: Un niño está aburrido, se siente cansado y tienen hambre. En un momento dado empieza a molestar a sus dos hermanas empujándolas o interrumpiendo su juego. Viene la madre que está en la cocina preparando la cena y dice en voz alta: “Ya está bien Lluís, otra vez, siempre igual… ¿es que no puedes dejar de molestar a tus hermanas ni un solo día…? Tranquilízate o vete a tu cuarto un rato”.

En este caso nadie nombra lo que realmente le pasa a Luis (que está aburrido, que se siente solo, que tienen mucha hambre y que está agotado). Lo que sí decimos es que es un pesado. Y le retiramos nuestra aprobación, presencia y por consiguiente nuestro amor incondicional que en este caso está condicionado por su comportamiento.

Podríamos decir que el amor, aceptación, mirada, presencia… que Lluís recibe de su madre está condicionado por cómo se comporta.  El traduce: no sé qué me pasa pero hay algo que no está bien en mí y mi mamá no me quiere ni me acepta cuando me “porto mal”. En este ejemplo lo que se nombra desde la mirada y la vivencia de la mamá no tiene nada que ver con la vivencia emocional de Lluís. La mamá piensa que Luís es un pesado y Luís se siente sólo y rechazado. Nadie le ha puesto palabras a lo que le pasa realmente a Lluís. A Lluís le pasa algo pero eso es nombrado desde la interpretación de su madre. Dichas interpretaciones no reflejan la realidad emocional de nuestros hijos.

Cuando mamá o papá nombra como cierto cómo somos, qué deseamos o incluso qué sentimos puede llegar a afectarnos y condicionarnos el resto de nuestras vidas. O bien solemos ser fieles a lo que se nombró o nos rebelamos contra ello. Los niños pueden llegar a registrar e interiorizar más lo que se nombra que lo que realmente les pasa o sienten. Queda grabado en el inconsciente y luego de adultos nos sale en forma de reacciones emocionales, automáticos. Nadie suele nombrar nuestras carencias o necesidades no satisfechas. No por ello dejan de existir. Hay personas adultas que no podemos nombrar ni tan siquiera lo que nos pasa debido a la falta de conexión con nuestro autentico ser.

Luís empezó a molestar a sus hermanas por qué se sentía mal y ese mal estar le hizo tener esa reacción emocional negativa. Nadie se preocupó de ver o averiguar qué es lo que le pasaba a Luís o qué es lo que le provocaba dicho mal estar. ¿Qué podríamos haber hecho para que el discurso y la realidad de Luís no fueran tan distintos? Quizás podríamos decirle: “Lluís cariño, veo que estás aburrido y quizás te sientas solo ya que tus hermanas están jugando entre ellas y yo estoy en la cocina. ¿Te gustaría venir a ayudarme? La próxima vez que te sientas así puedes venir y pedirme que esté contigo. A tus hermanas no les gusta que las empujes.” De este modo estamos nombrando lo que realmente le pasa y siente. Aún mejor hubiese sido estar presente y ver lo que pasaba para poder atender a Luís antes de que se sintiera tan mal como para hacerles “algo” a sus hermanas. Cuando nuestros hijos no pueden tener nuestra presencia o mirada de una forma natural pueden llegar a provocar que vengamos aunque sea haciendo algo que no “está bien”. Es más importante tener a mamá cerca. Hablarle así sería validar sus sentimientos y aceptarlos. Cuando nos sentimos comprendidos y queridos también podemos empatizar con los demás. Somos los adultos quienes deberíamos darles ese modelo.

Desde el punto de vista del niño que distinta hubiese sido su realidad si su mamá le hubiese hablado así. No se sentiría mal por el rechazo de su madre sino todo el contario. El hecho de nombrar lo que realmente le pasa le puede ayudar a identificar mejor sus sentimientos y en un futuro poder evitar tener esas reacciones emocionales. Que al fin y al cabo sólo son la expresión de su necesidad de amor no satisfecha. Pero para ello necesita de un adulto que sea capaz de conectar con sus propias necesidades no satisfechas y dicho adulto también tienen que ser capaz de saber  identificar las suyas propias. En este caso la madre también tuvo una reacción emocional hacia su hijo. En este otro artículo en donde hablé sobre la importancia de mantener o recuperar la conexión emocional con nuestros hijos comenté algunos de los factores que nos imposibilitan dicha conexión.

Para poder nombrar lo que nos ocurre a nosotros, y de este modo liberar a nuestros hijos de lo nuestro y no proyectarlo sobre ellos, es necesario, a veces, romper con alguna de nuestras cadenas del pasado. Me refiero a dejar de repetir algunos de los comportamientos que nuestros padres tuvieron con nosotros. Solemos hacerles a nuestros hijos lo mismo que nos hicieron. Deberíamos preguntarnos: ¿Qué tipo de padres quiero para mis hijos? Muy probablemente a esta madre también le retiraban el amor, la mirada, la aceptación y la presencia cuando no se comportaba cómo sus padres esperaban. Pocos hemos sido respetados, aceptados, comprendidos y queridos por quienes éramos. La mayoría hemos tenido que “ganarnos” el amor, el aprecio, el cariño, la mirada y la aceptación de nuestros padres, abuelos, profesores… Y ese es el modelo que, inconscientemente, vamos dando a nuestros hijos generación tras generación.

Cuando nuestros hijos tienen comportamientos que a nosotros no nos gustan solemos tener reacciones emocionales hacia ellos del mismo modo que Lluís tuvo hacía sus hermanas. Queremos que nuestros hijos dejen de tener dichas reacciones cuando nosotros, como adultos responsables que deberíamos dar ejemplo, no podemos ni sabemos cómo dejar de tenerlas. Les pedimos que sean de un modo que ni nosotros somos capaces de ser. Solemos gritarles, castigarles, criticarles, etiquetarles… cuando nos sentimos frustrados o impotentes por lo que está pasando y sólo vemos el comportamiento del niño y no vemos qué lo causó o cómo se siente, sólo sabemos que estamos molestos y que queremos que pare, se calle o se vaya.

Saber y poder nombrar lo que nos pasa a nosotros por dentro es de vital importancia si queremos y deseamos que ellos también puedan llegar a hacerlo. Cuando nos enfadamos, sea con un niño o un adulto, suele ser porque alguna de nuestras necesidades no está siendo satisfecha y debido a esto nos sentimos de un modo y el modo en que nos sentimos nos hace reaccionar de determinada manera. Si entendemos que cuando nos sentimos mal es cuando, también, actuamos mal  podremos ver que si nuestros sentimientos son armoniosos nuestra actitud también lo será. Nadie que se siente feliz, en paz, querido, escuchado, aceptado, valorado… necesita comportarse mal ni tiene reacciones emocionales negativas. Cuando hacemos todo lo posible para que nuestros hijos sean felices y se sientan bien, en vez de sólo querer cambiar su comportamiento, automáticamente nos empezamos a sentir bien nosotros. Y la relación entre ambos mejora y es más amorosa y pacífica. Es que el amor transforma y cambia a las personas. Tanto a quienes lo reciben como a los que lo dan.

En conclusión, si les decimos a nuestros hijos cómo nos sentimos cuando ellos hacen o dicen esto o lo otro y que por favor necesitamos un poco de silencio, orden, tranquilidad, respeto, libertad… entonces les será más fácil poder satisfacer nuestra necesidad. Si por el contario les gritamos o nos enfadamos y les criticamos y reprimimos se sentirán aún peor y su necesidad de ser queridos y aceptados no estará siendo satisfecha y la cadena vuelve a empezar. Se sienten mal y desconectados de sus padres por tanto más difícil lo tienen para sentirse bien y actuar armoniosamente. No obstante, para que nosotros podamos nombrar lo que nos pasa tenemos que estar conectados con nuestras emociones y luego con nuestras necesidades no satisfechas. Si nosotros podemos darles este modelo ellos podrán luego expresar las suyas.

El hecho de poder nombrar lo que realmente sentimos y nos pasa a nosotros es muy liberador desde el punto de vista del niño ya que le despojamos y le liberamos de lo que es nuestro y dejamos de culparle por lo que sentimos nosotros. Además de liberarle de la necesidad (inconsciente) de seguir haciéndolo en un futuro con sus hijos.

Ellos no provocan, en realidad, nuestro enfado. Simplemente son el detonante, y no la causa en sí, que hace que conectemos con nuestras necesidades no satisfechas.  Yo he llegado a hablarles a nuestros hijos de mi propia infancia en algún momento puntual debido a alguna reacción que he tenido. Es muy importante que sepan que cuando no nos comportamos respetuosamente con ellos es porque en ese momento no somos capaces o no sabemos hacerlo de otro modo mejor. Simplemente hemos perdido el control.

A muchos de nosotros en nuestra infancia nos han pegado, gritado, amenazado, criticado, juzgado y castigado. Al ser ese el modelo que recibimos muchos no sabemos hacerlo de otro modo. Cuando alguno de nuestros hijos despierta ese enfado, esa frustración, esa impotencia, ese miedo, esa rabia… reprimidos en nuestro interior es cuando sin pensarlo podemos llegar a repetir ese viejo patrón. Simplemente nos sale el automático. Nombrar eso que nos está pasando ayuda mucho y nos libera tanto a nosotros como a nuestros hijos.

Por ejemplo: “En este momento, hijo mío, no sé qué me está pasando pero es como si un volcán estuviera en mi interior y creo que voy a explotar. Voy un momento al balcón, al lavabo, a la habitación antes de que haga o diga algo que no quiero. En seguida vuelvo, te quiero”. Esta actitud no sólo nos ayuda a ambos a comprendernos y aceptarnos más sino que les damos las herramientas necesarias para que ellos también puedan gestionar mejor sus emociones y enfados. Les hacemos de modelo. No obstante, quizás no siempre podremos actuar de dicha manera…

Que sanador es un: “Cariño, perdona por haberte gritado pero es que he perdido el control. Necesitaba tranquilidad y silencio y no he sabido hacerlo mejor, te quiero”.  Que distinto hubiese sido para muchos de nosotros haber oído esas palabras cada vez que nuestros padres perdían el control, ¿verdad? La verdad es que  culpamos a nuestros hijos por lo que nosotros no sabemos controlar. Necesitamos que primero ellos se controlen para luego nosotros recuperar el nuestro. Y yo me pregunto: ¿No debería ser precisamente al revés? Que fuéramos los adultos que les mostrásemos como poder mantener la paz interior y saber gestionar los conflictos sin necesidad de perder el control. Podemos romper esas cadenas y empezar a hacerlo de otro modo. Nombrando y poniendo palabras a lo que nos pasa puede ser un primer gran paso.

Solemos decir con mucha facilidad: “Es que está celoso, es que es un terremoto, no para quieto ni durmiendo, es un pesado, un caprichoso…” Lo que no vemos ni percibimos es que quizás no esté para nada celoso. Simplemente necesita más mamá y la mamá está ocupada con el nuevo bebé pero nadie le está poniendo palabras a lo que realmente siente el niño.

Muchas veces nombramos la palabra celos y la realidad del niño es otra muy distinta: carencia de mamá. No son celos del bebé en sí mismo sino la falta de mamá que le hace sentirse triste y solo. Sería muy liberador oír: “te gustaría estar más con mamá, ¿verdad? Desde que llegó tu hermanita pasamos menos ratos juntos. Como lo siento. Ahora, cuando se duerma me pongo a hacer algo contigo. ¿Qué te gustaría hacer?” Quizás tampoco sea un terremoto, y lo único que necesita es correr y más ejercicio físico y más aire libre. Al no poder satisfacer su necesidad motriz se mueve todo el día en todas partes. Pero nadie ve eso ni lo nombra. Tampoco es que sea un pesado, simplemente está aburrido y no sabe cómo canalizar ese mal estar en su joven cuerpo y desgraciadamente se siente solo en dicha circunstancia ya que nadie sabe nombrarlo ni ayudarle. Quizás no sea un capricho el hecho de que quiera o prefiera comer esto a aquello. Hay veces que el cuerpo nos pide más de esto y menos de aquello.

Lo que solemos hacer es interpretar lo que le sucede al niño y se nos olvida que su vivencia puede, a veces, estar muy alejada de dicha interpretación. Les decimos que se pongan la chaqueta porque  hace frío cuando ellos en realidad no lo sienten así. Somos nosotras las que estamos sentadas en el banco quietas mirándoles mientras sentimos frío pero ellos están corriendo y jugando. Les negamos incluso lo que su propio cuerpo está sintiendo. Incluso los profesores, los médicos, los pediatras y los abuelos interpretan erróneamente lo que le pasa al niño o lo que el niño está sintiendo.

Nombrar lo que les ocurre a los niños es darles voz. Cuando les damos voz les estamos queriendo, aceptando y respetando tal y como son ahora. Esta aceptación y amor incondicional es lo que les da la seguridad psicológica, la autoestima, el valor y poder para llegar a ser quienes han venido a ser y no quienes nosotros queremos que sean. Es muy difícil poder darles voz cuando nosotros tuvimos tan poca siendo niños. Pero eso se nos ha olvidado intelectualmente hablando. No obstante, nuestro cuerpo emocional si lo recuerda y nos sale en forma de reacciones automáticas inconscientes. Descargamos sobre nuestros hijos todo aquello que no pudimos descargar sobre aquellos adultos siendo niños.

Los niños por si solos no siempre pueden decirnos lo que les pasa, por tanto, lo manifiestan en su actitud. Ya hemos comentado que cuando se sienten mal se portan “mal” y cuando se sienten felices y en paz su actitud también lo refleja. Que maravilloso sería poder hacerles sentir bien la mayor parte del tiempo. Hay niños que pueden llegar a enfermar como consecuencia emocional. Ya sabemos que también hay un origen emocional en muchas enfermedades. No nos damos cuenta de que, a veces,  sólo pensamos en nuestro bienestar y se nos olvida el  del niño. A un nivel inconsciente es como que nuestro niño interior no lo tuvo y ahora de adultos lo anhelamos.

Una vez entendemos mejor parte de nuestro pasado podremos vivir un presente más consciente y de este modo poder llegar a cambiar el futuro. No olvidemos que nuestros hijos serán los padres de nuestros nietos. Mi gran deseo es que en esta generación de padres podamos romper de una vez por todas con todos estos patrones y rompamos la cadena para poder  liberar a todos los niños del futuro. ¿Nos queremos sumar al cambio? Entonces, empecemos a responsabilizarnos de lo que sentimos y hacemos y dejemos de interpretar y juzgar tanto a los demás.

Os ánimo a todos y a todas a empezar a ponerle nombre a lo que sentís y a lo que vuestros hijos sienten para llegar a comprenderos, respetaros, aceptaros y quereros más y mejor.

Me siento feliz en este preciso momento por haber tenido la oportunidad de compartir estas reflexiones aquí y ahora. Gracias por leerme.

Yvonne Laborda
yvonne logo

Madre de dos niñas y un niño. Terapeuta Gestáltica. Actualmente lleva más de 15 años estudiando e investigando sobre el comportamiento humano: La influencia de nuestra infancia y el por qué somos como somos y actuamos como actuamos… Escribe e imparte talleres y charlas sobre aprendizaje autónomo, crianza con conciencia y crecimiento personal.

Educa a sus 3 hijos sin escuela y defiende el aprendizaje autónomo (UNSCHOOLING). Tiene un blog: “Aprendiendo todos de todo” que sirve de referente a las familias interesadas en estos temas. También tiene una web profesional: “yvonnelaborda.com” en donde ofrece sus servicios como terapeuta familiar, personal, de pareja, infantil… Ejerció de profesora durante 15 años antes de ser madre.

 
Publicidad
 

21 Comentarios

  1. 1 - Ayari Germon

    16 febrero 2015 03:55

    Felicidades!!
    Un artículo lleno de amor y sensatez.

    gracias por poner en palabras algo tan importante como la crianza respetuosa.

    Responder
  2. 2 - Mimi

    16 febrero 2015 10:50

    Maravilloso !!!! Me he quedado con la boca y el corazón abiertos leyendo el artículo.Lo releeré otras muchas veces para que no se me olvide nada
    Gracias por compartir tu sabiduría y experiencia
    Un abrazo
    Responder
    • Yvonne Laborda

      16 febrero 2015 16:13

      Mimi, me encantó lo de “el corazón y la boca abiertos”. Me alegra mucho saber que has resonado con esta lectura. Ahora lo importante es intentar llevarlo a la práctica…
      Un beso.
      Responder
  3. 3 - Tantien

    16 febrero 2015 10:52

    Hola. Me ha parecido interesante el artículo, pero no consigo encontrar el punto a partir del cual se ensamblan algunas ideas.
    Una de ellas es el amor, tal y cómo lo planteas, parece que el amor este supeditado a ciertos patrones de conducta. Creo que no se debe confundir la capacidad de escoger una estratgia educativa con la incapacidad de discernir nuestros condicionamientos emocionales. De modo que veo entremezcladas tres ideas claramente distintas: amor incondicional, emocion condicionada y respuesta adecuada.
    Otro punto, en relacion a la captacion de la realidad por parte del niño, es que se plantea la posibilidad de supeditar nuestro amor hacia el a su propio ideal de lo que deberia ser un trato amoroso, lo cual plantea tres problemas: aceptar su duda, confirmar su limitada, y por lo demas, egoista interpretacion de la realidad, y por ultimo, menospreciar su capacidad de adaptacion, aceptacion y abstraccion.
    Son esas capacidades, y no la complacencia, las que le ayudaran a desarrollar un centro estable a partir del cual suavizar la identificacion con las emociones, el resultado de sus acciones y el condicionamiento del pasado, para vivir con amor incondicional hacia si mismo y los demas, sean cuales sean las circunstancias, necesidades, edad o pensamiento.
    Si nos consideramos víctimas, ponemos en duda nuestro propio amor y dejamos que sea el niño el que establezca el criterio, desde su divertido y subrealista laboratorio emocional estamos enseñandole a responder de forma caprichosa en un entorno sobreprotegido. Para mi, es el desarrollo del centro la via directa hacia ese equilibrio necesario en la vida adulta.
    Gracias por la oportunidad de esbozar estas ideas.
    Responder
    • Yvonne Laborda

      16 febrero 2015 16:20

      Tantien, gracias por tu reflexión. No obstante, no la entiendo del todo. ¿Podrías ponerme un ejemplo claro de lo que comentas y citar algo de mi artículo para entender mejor a qué te refieres exactamente? Gracias bonita.
      Añadir que yo no me refería a interpretar lo que al niño le sucede sino simplemente nombrar lo que se ve o dejar que lo nombre él. O simplemente dejar abierto el ambiente para lo que no se nombró. Lo más importante, en mi opinión, no es el nombrar lo real sino en NO nombrar lo que no es… No hacer interpretaciones.
      Responder
      • Tantien

        16 febrero 2015 18:40

        Hola Yvonne, tratare de ser mas concreto ;)
        Recordemos el punto de partida de tu analisis: el niño esta cansado, aburrido, etc. por tanto molesta a su hermana. Digamos que se encuentra incomodo y lo expresa incomodando a otros. Para mi este punto no deja de ser una hipotesis, no deja de ser una interpretacion de las que quieres evitar mas tarde, ya que de hecho en la practica no podemos saber a ciencia cierta si se encuentra incomodo o si simplemente le divierte mas molestar a la hermana que dibujar. Pero la cuestion es que indirectamente, estas creando una justificacion para algo que no debe tenerla: “esta molesto luego va a molestar a otros” o peor aun “molesta luego el esta molesto”. De manera que estamos estableciendo que hay algo incorrecto pero legitimo, y es esa legitimidad la que el la va a percibir y utilizar.
        Hay muchos puntos sobre los que podriamos extendernos, pero el mas importante para mi es que das por hecho que nuestra conducta adulta esta condicionada por la educacion que recibimos, mas concretamente, por la interpretacion del recuerdo de ciertos sucesos emocionales de la infancia, lo cual pasa por alto nuestra capacidad de abstraccion, de recapitulacion, de superacion y sobre todo nuestra unica y total responsabilidad con respecto a nuestra manera de vivir una vez alcanzada la madurez. A esto me refiero con “desarrollar un centro estable”. Discernir el amor incondicional y despojarlo de toda asociacion, de toda huella y de toda limitacion no pasa por atender a temores tan timidos como el de no tener en cuenta el estado transitorio de un niño. Al fin y al cabo un niño amado se sabe amado y nunca lo va a poner en duda, sea cual sea la experiencia vivida, complaciente o estricta, lo cual no quiere decir que comparta la estrategia educativa de sus tutores una vez alcanzada la madurez.
        Pero un niño que marca las pautas de su conducta de acuerdo con su estado fisico, emocional o sensorial va a tener grandes dificultades para trascender su identificacion con la fricciones que el medio siempre proporciona, lo que se traduce en estres. Un niño al que se le enseña que el amor incondicional pasa por dar voz a todas esas fricciones que no tienen relacion con los sentimientos de sus padres, sino con su propia relacion con el medio, va a sentirse profundamente insatisfecho cuando vea que, al parecer, no puede expresar libremente su propio amor, y vivir de acuerdo con el.
        Los niños del futuro no necesitan ser liberados, necesitamos nosotros liberarnos de ese afan de protagonismo y de esa ansiedad por perdurar mas alla de la muerte, esa gran molestia que hace oidos sordos a nuestras necesidades corporales, verdades y huellas, infalible pero cierta, gran fuente de estres. Desarrollemos un centro estable con Amor y desapego, y quizas asi podamos ayudar.
        Paz :)
        Responder
        • Yvonne Laborda

          17 febrero 2015 02:01

          Hola de nuevo Tantien.
          No es que el niño esté incomodo o molesto… sino que tiene algún mal estar: se siente mal, por tanto al no tener paz interna tiene alguna reacción emocional. Eso para mi no es una hipotesis es el efecto secundario, en mi experiencia personal, con mis 3 hijos y con cientos de niños que pasaron por mis aulas durante los 15 años que fui profe, he visto como niños felices, emocionalmente equilibrados, tenidos en cuenta, amados… no tienen la necesidades de “molestar” a nadie. Cuando alguna necesidad no está siendo satisfecha (física, emocional, motriz, intelectual…) es cuando nos sentimos mal y por tanto podemos o solemos actuar, también mal. Cuando yo pierdo el control: y grito por ejemplo, o me enfado, o disgusto… Es por que me siento de un determinado modo. Y eso que siento es debido a una insatisfacción, una necesidad no satisfecha… algo provoca mi mal estar y es entonces que ese mal estar provoca una reacción emocional en mi. Yo no me divierto gritándole a nadie… es una reacción automática… Mi mal estar se transforma en una actitud, a veces, no deseada… Es no es una hipótesis… eso nos ocurre a todos los humanos y a los animales, también.
          Una pregunta, ¿cuándo alguna vez no has actuado bien ni respetuosamente por qué ha sido? te sentías bien o mal? Cuando nuestro estado de ánimo es armonioso nuestras acciones también lo son…

          Has léido a Marshall Rosemberg y a Laura Gutman? Ellos hablando de esto en profundidad también.

          Un saludo amoroso.

          Responder
          • Tantien

            17 febrero 2015 14:06

            Hola de nuevo Yvonne, gracias por tu disponibilidad. Cierto es que alguien sinpaz interior, con malestar, lo va a manifestar. Pero sólo si se identifica con ello. Las personas felices no tienen la necesidad de perturbar a otros, pero ¿Porque son felices? ¿Porque las circunstancias son complacientes? ¿O han creado unas circunstancias positivas a partir de su felicidad? No estamos irremediablemente obligados a “sentirnos mal” a causa de algun “necesidad” no satisfecha. No pierdes el control “automaticamente” porque te sientes mal, sino porque te identificas con ese estado y no tienes un centro estable que te aporte autocontrol. No somos esclavos de nuestras emociones, somos responsables de ellas, entendiendo que autocontrol no es lo mismo que represión, ya que no hay necesidad de ellas. Pero para desarrollar ese centro estable y autocontrol, esa libertad, no basta con conformarse, con nombrar, hay que vaciarse de identificaciones falsas y transformar el estrés en entusiasmo. Esto tampoco es una hipótesis, se pone en practica desde hace miles de años, se conoce como el Camino del guerrero.
            Paz :)
  4. 4 - Miriam

    16 febrero 2015 11:44

    Para mí no hay otra forma de aprender buen trato y consciencia que viendo ejemplos, y con esto me refiero tanto a los de tus artículos como al comportamiento de los padres. Gracias por poner palabras a lo que muchos sentimos. Estoy segura de que tus hijos, como efecto secundario (utilizando tus palabras,) te estarán también muy agradecidos.
    Responder
    • Yvonne Laborda

      16 febrero 2015 16:24

      Gracias Miriam por tus palabras. Efectivamente, lo que nos falta a muchos es, precisamente, ese modelo. A mi, personalmente hablando, me costó mucho poder llegar a nombrar mis necesidades o las de los demás ya que eso no lo vi en mi infancia. Ahora ya ha dejado de ser simplemente una intención (algo que quiero hacer) y ya lo puedo sentir como propio… Y, sí, espero y deseo que a mis hijos les llegue…
      Un beso.
      Responder
  5. 5 - Laura

    16 febrero 2015 18:09

    Hola me ha parecido maravilloso creo q con todo lo que he leido de este articulo quizas pueda empezar a entender algunas cosas y situaciones de mis hijos .Un saludo!!!!!!!
    Responder
  6. 6 - Tony

    17 febrero 2015 02:45

    yvone , después de varias horas viajando por internet…tu lectura ha sido lo más educativo desde hace algunos días; gracias por existir y por la puesta en común de tu sabio conocimiento !!!
    Responder
    • Yvonne Laborda

      17 febrero 2015 10:42

      Hola Tony, me emociona saber que lo que comparto te ha llegado… Gracias, también, a ti por expresarlo. La verdad es que tengo la necesidad de seguir compartiendo todo lo que voy aprendiendo sobre el maravilloso mundo de ser una madre consciente… Mis tres hijos han sido y siguen siendo mis mejores y gran maestros…
      Un saludo.
      Responder
  7. 7 - Judit Villarreal

    18 febrero 2015 14:54

    Excelente artículo Yvonne, muy completo. Una duda que me surgió es la siguiente: al nombrar ¿no estaremos interpretando también? ¿No será bueno primero preguntar? Tomando tu ejemplo del niño, en lugar de decir “cariño veo que estás aburrido… ” empezar con “¿estás aburrido cariño? ” porque tal vez está enfadado o le pasa otra cosa, ¿qué opinas?
    Responder
    • Yvonne Laborda

      18 febrero 2015 23:34

      Judith… Claro, que podemos caer en el error de interpretar… Mi intención es precisamente evitar eso. Cuando comento que Luis, está aburrido… me refiero a algo que sí es evidente… preguntarle sería excelente… Lo único es que muchas veces los niños, e incluso muchos adultos, no sabemos exactamente qué es lo que nos pasa. Yo, a veces, intento “verificar” con mis hijos “eso” que creo les está pasando… ya que ellos solo saben que están mal pero no lo identifican… Cuando le pregunto a Urtzi: estás cansado?, tienes hambre? O cuando le digo veo que estás distante, molesto… Es como que él ve que me intereso por su estado de ánimo y no en su comportamiento… De hecho, pienso que no es muy importante saber exactamente cuál es el mal estar, mejor si lo sabemos, pero no es necesario para poder validar y nombrar. Lo importante es que nuestros hijos (todos los niños) no se sientan rechazados por su comportamiento y que NO estemos nombrando lo que NO es poniéndole una “etiqueta” de pesado, molestón, demandante…

      Equivocarnos en si está aburrido o hambriento no es grave si el niño se siente querido aunque haya molestado. Y ve que estamos con él para poder satisfacer esa necesidad no satisfecha… sea la que sea. Y si no la podemos satisfacer, siempre podemos decírselo y acompañarle y seguir validando…

      Responder

Responder

(*) Obligario, Tu correo electrónico no será publicado