Lo que digan los demás

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Vieja del visillo

Vivimos en una sociedad lamentablemente muy preocupada por la vida ajena. Reflejo de ello son los altos índices de audiencia de ciertos programas televisivos, aquellos dedicados al análisis exhaustivo de la vida y milagros de famosos y famosetes. Eso sí, si preguntas en tu entorno quien ve ese tipo de programas casi todo el mundo dirá que no, que ellos ven los documentales de la 2 (cadena de televisión española). Así que deduzco que, en general, la vida de los otros interesa mucho y a la vez se oculta dicho interés: “¡Qué va! Yo no veo la telebasura, yo me culturizo con los documentales de historia”. A tenor de las mediciones de audiencia parece que es más bien al contrario.

Pero el interés por conocer la vida ajena no siempre acaba con los personajes más públicos. Sino que continua con el vecino, la cuñada o el suegro. Esto se nota especialmente en las comunidades pequeñas. Yo vivo en un pequeño pueblo y si eres de los que te afectan el que dirán… mejor vive de forma más anónima en la ciudad.

Hay parcelas más privadas, de las que no gusta que otras personas hablen de ellas. Por ejemplo nadie quiere airear su vida de alcoba y que se sepa que compra algún juguetito en una Sexshop. Algunas personas se protegen diciendo alguna mentirijilla y argumentan que las bolas chinas las usan exclusivamente por temas de salud.

Creo que todos debemos hacer un esfuerzo y no interesarnos tanto por la vida más íntima de otras personas. Porque lo que estamos haciendo es distraernos y no ocuparnos de nuestra propia vida. Al fin y al cabo todo el mundo tiene dercho a vivir a su manera, siempre y cuando no haga daño a nadie. Por otro lado es importante que cada uno se esfuerze para que “el que dirán” le afecte lo menos posible.

Si reducimos la cantidad de cotilleos y elevamos la resistencia al mismo, llegaremos a un punto de equilibrio en el que todos viviremos mejor y más tranquilos.

 
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