Un día perfecto: aquel que es tal cual es, o sea, imperfecto

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“Un día perfecto
es cuando miramos dentro
y enfrentamos el miedo a lo que vemos,
el miedo a lo imperfecto.”

Itziar Azkona

Estuve de nuevo en el cine, tras el corto verano. Alguien muy querido me susurró suavemente al oído que fuera a ver “Un día perfecto”. Y allí fui, como siempre, sin saber nada de la película, tan sólo el nombre del cine y la hora. No me gusta condicionarme ni con el trailer, ni con un resumen de la trama, ni con las críticas. Simplemente sabiendo que si alguien me ha susurrado que vaya a ver una película es porque algo le ha llegado dentro. Y me propongo sorprenderme.

Mi primera sorpresa fue cuando me di cuenta que la película era española, dirigida por Fernando León de Aranoa, y patrocinada por entidades nacionales. Y la sorpresa fue tan grata que aquí estoy para compartir en que puede basarse la intensidad de una película sencilla. Por primera vez hablando de una película española.

Un día perfecto es, fundamentalmente, una película muy sencilla llena de intensidad y de matices, llena de luz. Enmarcada en la guerra de los Balcanes, en ella se habla de las vicisitudes de cualquier guerra, de las personas y sus relaciones y de la vida misma y todo ello sin violencia, sin armas y sin sexo desbordado. Simplemente hecha a base de una bella historia, una buena interpretación y un gran diálogo.

Un día perfecto es, además, un día torcido, que se desvía por mil recovecos impensables por la mañana y que cobran todo el sentido por la noche. Los personajes, que son cooperantes al final de la guerra, no logran ninguno de sus objetivos más inmediatos en el largo día, con su noche, en que transcurre la película. Su objetivo es sacar un cadáver de un pozo de agua para que no se contamine y la población local pueda beber, el eje central de la trama, y no lo logran, a priori. En el camino están las vacas, las minas, la burocracia paralizante y las secuelas de todo conflicto bélico, la falta de recursos.

Un día perfecto es, sobre todo, aquel, en el que a pesar de que todo sale al revés y en el peor de los escenarios imaginables, no perdemos la risa. Los personajes de la película, sobre todo Tim Robbins, en su interpretación, nos recuerdan al protagonista de la Vida es Bella, al personaje quijotesco que es capaz de reír aunque todo parezca que está para llorar. De hecho, la película, regada de sentido del humor por doquier, hace sentir incómodo al espectador. Al principio, éste se resiste a reír de lo triste. Pero logra progresar hasta que todos entienden que las peores cosas de la vida, sólo se terminan superando con esa curva que todo lo endereza, la sonrisa y la ilusión puesta en algo mejor, aunque se llame “idealismo”.

Un día perfecto es, más que nada, aquel en el que vivimos el presente y nos centramos en lo concreto, en buscar una cuerda, en sacar el cadáver del pozo, en sanear el agua. Y no importa cuantas trabas nos encontremos en el camino, no sólo no protestamos sino que nos empleamos cada vez más a fondo para superar cada obstáculo, en el momento que surge, en base a los hechos reales. Y para ello, no hace faltan armas ni violencia pero sí toda nuestra creatividad para la búsqueda de cada solución, incluso cuando es tan sólo el problema el que nos aporrea a nuestra puerta. Es Nikola, el niño que busca su balón quien proporciona la cuerda.

Un día perfecto es, incluso, el que resulta de sacar nuestro propio cadáver del fondo de nuestro pozo particular para sanar nuestras heridas. Ese cadáver que todos llevamos escondido dentro, que ni siquiera reconocemos que lo tenemos, aunque lo tengamos anclado a nuestra chepa y lo vean otros. Para sacarlo tan sólo necesitamos voluntad y la inquietud de mirar dentro, eso sí, muy dentro. El muerto de la película era grande y gordo, cada más a medida que seguí hundido en el pozo, como la mayoría de nuestros muertos internos. Y aparentemente no había cuerda ni tampoco el sistema quería que saliera a flote, no vaya a ser que si yo saco el mío, me sane, limpie mis aguas y entonces otros puedan beber de mi agua. Y surjan más pozos y más aguas cristalinas.

Un día perfecto es, al final, aquel en el que valoramos cada posibilidad, a nivel interno, sin mucho hablar, sin mucho pensar, sin mucho insistir, tan sólo con el fluir. Para llegar a la cuerda que sacaría el muerto del pozo había que sortear vacas muertas en el camino, con minas dentro o a los lados. Como todo camino hacia el interior está minado, hay que ir con cuidado, en compañía mejor, pero sobre todo, teniendo en cuenta que si nos apoyamos tan sólo en la lógica corremos un serio peligro. Las minas pueden estar en cualquier sitio, incluso en aquel que no pensábamos jamás que podían estar. Y hay una clave, seguir a la vaca, seguir a la abuela que seguía a las vacas, dejándonos llevar por la intuición, observando, percibiendo, llegando más allá de todo lo lógico, siguiendo a la sabiduría que nace de estar conectado con la naturaleza…

Un día perfecto es, sin duda alguna, el que acaba perfecto porque es lo que es. No importa lo que haya transcurrido en el camino, por eso, al final, el cadáver sale sólo del pozo, sin que nadie lo fuerce, porque la burocracia paralizante, en este caso, representada por los cascos azules de Naciones Unidas, no dejaban sacar el cadáver del pozo si no era con un juez y con una orden y con un protocolo. Pero llueve, y cuando llueve, lo hace para todos igual, es ese momento mágico del final de la película, donde Fernando recorre cada personaje y cada rincón por el que la película se había paseado antes y llueve, para todos llueve. ¡¡¡Porque es la madre naturaleza la que pone tantas cosas en su sitio cuando nuestra obstinación nos pierde!!

Un día perfecto es, paradójicamente, un día imperfecto. La imperfección de la que aprendemos, gracias a la que nos conocemos un poco más, la que nos impulsa a mejorar, a crecer, a querer ser una mejor versión de la historia. Para lo cual, unas veces, hay que saltarse el protocolo, saltarse la norma, saltarse lo lógico, saltarse lo predecible para continuar con determinación. Para lo cual, otras veces, hay que renunciar, hay que aceptar, hay que olvidar para esperar con comprensión. Pero sobre todo hay que dejar de lado todo conflicto, porque en la película aunque la guerra había terminado había muchos que seguían en conflicto y que se aferraban a sus banderas y que seguían con sus miedos internos.

Un día perfecto es, imperfectamente, paradójico. Expuesto en ese momento álgido de la película en que todo el cine cae en la cuenta de que la única cuerda disponible es la cuerda de la que cuelgan los padres asesinados de Nikola. No hay mayor paradoja que la vida. No hay mayor paradoja que un día perfecto, ese día, en el que lo mejor de nosotros mismos sale de lo más profundo, de enfrentar el miedo, el miedo a lo imperfecto, a la noche, a la oscuridad, a lo más profundo y oculto. Los tesoros siempre estuvieron en el fondo del mar, en la isla desierta o en el fondo del pozo.

Un día perfecto es, en definitiva, el que contiene todo el mundo de posibilidades, esas que llevan a sus protagonistas a saltar la vaca por encima una vez, juzgándose la vida y a no atreverse a tocarla por segunda vez, no tentando demasiado al azar. En medio del camino hacia buscar la cuerda para sacar el cadáver del pozo, dos veces, el grupo de cooperantes se encuentra una vaca muerta que puede contener una mina en su interior o tener minas a los lados, o todo a la vez, o nada al mismo tiempo. Como un día perfecto. Como hoy. Como aquí y ahora. Las dos veces sortean las minas y continúan su camino. Como hoy. Como aquí y ahora.

Gracias a Fernando León de Aranoa por regalarnos esta bella película, llena de luz y de sabiduría, llena de sencillez y de esperanza en que algún día, cuando todos hallamos sacado nuestro cadáver particular de nuestro pozo, seamos capaces de sacar el de toda la Humanidad y hacer que las guerras sean sólo eso, un camino para alcanzar el objetivo, sin violencia, sin armas, sin sexo primario ni agresividad desmedida, sin burocracia paralizante.

“Un día perfecto leí una novel corta (…)
Otro día perfecto Benicio del Toro había leído el guión (…),
Un día también perfecto llegaron a la película las actrices (…)
y tras los días perfectos e imperfectos del rodaje
llegamos a ver Un Día Perfecto”
Fernando León de Aranoa

Y gracias también a Paula Farías, la cooperante que escribió “Dejarse llover” por escribir una historia de libro que ha inspirado una historia de película. Su experiencia como la de tantos otros cooperantes, en el terreno, bajo la lluvia de realidad está siendo la base de un mayor conocimiento de lo que pasa en muchos días perfectos de muchos miles de personas.

“De noche las minas no se ven, si es que alguna vez se dejan ver. De noche todo es más oscuro, más incierto. Minas, minas. Putas minas. Cómo las odiaba entonces. Cómo las odio aún.”

Paula Farias

Os recomiendo que veáis también, ya en la TV, “La Verdad Oculta”, basada en una historia real de una mujer que ingresó en los Cascos Azules y descubrió una verdad muy diferente en uno de sus días perfectos. Porque, al comienzo de un día perfecto, sabemos lo que buscamos, pero no sabemos lo que encontraremos…

 

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AUTORA: Itziar Azkona
Socióloga, Emprendedora, Coach Transpersonal y Astróloga.
También soy maestra de mi pasado, artesana de mi presente y aprendiz de mi futuro, algo mago merlín, maestra de Reiki, escritora y educadora para la Felicidad…
Web: http://www.coachingemodus.com/

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2 Comentarios

  1. 2 - Guadalupe

    9 abril 2016 18:14

    Estupenda exégesis, Itziar. Gracias por la luz, por el agua clara… y por el trozo de cuerda. ;)
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