Todavía no está perfecto

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Todavía no está perfecto, hay que volverlo a revisar… A menudo querer lograr la perfección absoluta es la causa de no terminar nuestros proyectos. El perfeccionismo en sí no es malo. Es muy positivo que pongamos esmero en realizar toda tarea que nos propongamos. Lo que sí es contraproducente es llevar el perfeccionismo al extremo. Será la manera más perfecta de no acabar o hacerlo mucho más tarde.

Pero ¿qué se esconde detrás del perfeccionismo extremo?

Podemos tener miedo a que el producto, el informe… (o lo que sea) terminado no tenga la suficiente calidad. Que no sea aprobado por los demás. Pero un trabajo con una pequeña dosis de imperfección será mucho mejor que uno no acabado. Este realmente no tiene ninguna utilidad, habremos desperdiciado tiempo y dinero en algo que luego no reporta nada.

Muchas personas no se llevan bien con aceptar los errores. Y estos aparecen cuando comenzamos a usar aquello que hemos construido. Debemos aceptar que siempre hay un margen de error y que tenemos que aprender de los mismos. Que un mecanismo falle 20 veces cada 100 usos es algo inaceptable y no hay que considerarlo como acabado. Que falle 1 vez cada 100.000 usos es algo permisible y se puede dar por terminado.

En el punto medio está la virtud

Cuando nos enfrentamos a un proyecto es relativamente fácil llegar a la perfección del 80% (teniendo en cuenta que esto de medir la perfección generalmente es algo muy subjetivo), pasar del 80% al 95% es algo más costoso. Pero sobrepasar ese 95% de perfección supone un esfuerzo que no siempre vale la pena. Hay que buscar el equilibrio entre el esfuerzo realizado y los resultados que se obtienen.

¿Qué es la perfección? ¿Existe?

No siempre está claro que es la perfección. Si te pregunto si el coche X es mejor (o más perfecto) que el coche Y, la respuesta no será única. Quizás yo prefiera un automóvil más sencillo, pero que es suficiente para mis necesidades y cuyas reparaciones son más económicas. Si hablamos de temas que tengan que ver con los gustos personales el tema aún se complica más. Sobre mi mesa tengo un libro. ¿Es perfecta la portada? ¿Trasmite lo que encuentro en el interior? Creo que es adecuada porque quizás la perfección al 100% no existe…

 

 

 

 
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