Solidaridad entre personas mientras llega el mundo ideal

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Solidaridad

En un mundo ideal nadie pasaría hambre, no existirian las guerras, todo el mundo viviría cómodamente feliz. Soy optimista y creo que el mundo ideal no es una utopía y que acabará llegando. No comparto las teorías que dicen que para que haya ricos tiene que haber pobres. Pienso que los avances tecnológicos han de servir para mejorar la vida de absolutamente todo el mundo. Pero hasta que el mundo ideal llegue… la solidaridad entre personas es indispensable. Dicha solidaridad se manifiesta de múltiples formas, a nivel individual o de organizaciones, enfocada a unas necesidades u a otras.

Es muy habitual en las grandes ciudades ver a personas pidiendo limosna. Yo acostumbro a ver a alguien cuando voy al supermercado. ¿Por qué no darle la moneda que he usado para coger el carrito que yo tengo la posibilidad de llenar? Mucha gente dice que los que piden es porque no quieren trabajar, que están en esa situación porque quieren… pero ante la duda yo prefiero ayudar con un simple gesto.

Una manera muy sencilla de ser solidarios es recorrer nuestra casa y regalar todo aquello que ya no hacemos servir: ropa, juguetes, muebles que están en el trastero, etc., etc. Seguro que a alguien le van a ser de gran utilidad.

Los descuentos que hacen algunas empresas se podrían entender como un caso especial de solidaridad. Si es verdad que tienen un componente marketiniano, pero también sirve para que un mayor número de personas accedan a determinados servicios o tratamientos, como por ejemplo hace idental.

En otras ocasiones la solidaridad no viene de individuos particulares o de empresas, sino que provienen de otras organizaciones: universidades, ONGs, administraciones públicas. Mediante acciones como los bancos de alimentos, vivienda social, asistencia dental social, etc. Pero las iniciativas más organizadas y de mayor volumen también necesitan de la ayuda de toda la sociedad.

Las ONGs que operan en países en vías de desarrollo o en zonas de conflicto armado necesitan de todo tipo de profesionales voluntarios (o con sueldos claramente inferiores a sus homólogos en la empresa privada) y necesitan gran cantidad de fondos económicos obtenidos de las cuotas de sus socios particulares.

Los bancos de alimentos se organizan como una empresa en el sentido de obtener el máximo beneficio a partir de los recursos de los que disponen. Los recursos son donaciones de particulares y empresas, tanto en dinero como en productos de alimentación. locales cedidos en ocasiones por ayuntamientos. El capital humano son voluntarios que aportan su tiempo para que el banco de alimentos funcione: recepcionar productos en el almacén, participar en campañas de recogida en supermercados, almacenaje y logística, relación con entidades colaboradoras, entregar alimentos directamente a familias, a comedores sociales y a otras instituciones que se encargen de su distribución. Los beneficios están claros y consisten en ayudar al mayor número de personas posible.

¡Ojalá el mundo ideal llegue pronto! Pero mientras tanto seamos todos solidarios.

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