Una técnica de mindfulness muy poco habitual

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mindfulness y fuego

El mindfulness está de moda y me parece que ha venido para quedarse.

¿Por qué será? ¿Para qué será?

Antes de entrar en materia, permíteme que te cuente una pequeña anécdota.

Hace unos años, Bert y yo participábamos en un curso de supervivencia de una semana en Escocia.

Una de las pruebas que tocaba aquel día era formar equipos de tres personas.

Con mapa y brújula en mano debíamos reunirnos al final del día con el resto del grupo en un punto predeterminado para pernoctar.

Las condiciones climatológicas “acompañaban” a la perfección la escena: lluvia, humedad y frío. Y el terreno no era para menos: barro, maleza y un abrupto desnivel en los momentos más inoportunos.

Supongo que no es preciso que te dé los detalles de en qué condiciones llegamos al lugar de encuentro pero te lo resumo en dos palabras: exhaustos y caladitos hasta los huesos.

Lo peor es que no llegamos a un confortable albergue donde ducharnos y ponernos algo seco, no. Llegamos a la mitad de la nada donde estaba todo por hacer: buscar un sitio adecuado donde pasar la noche, encender un buen fuego (¿bajo esta lluvia y con la madera empapada?), cambiarse de ropa y preparar algo de cenar.

Tengo que reconocer que en aquel momento me vine abajo. Lo único que quería era llorar e irme a mi casa cuanto antes. Pero es justo en esos momentos donde el control mental es tan importante para salir airoso de la situación y no caer en un pozo sin fondo.

Decidí poner la mente en blanco, a raya de todo tipo de pensamientos, y me concentré concienzudamente en una única tarea: encender el fuego.

No era cuestión de vida o muerte, claro está, pero la diferencia entre tener o no tener lumbre aquella noche iba marcar la diferencia en nuestro ánimo y bienestar físico. Había que poner toda la carne en el asador y sacar fuerzas de donde no había.

Después de mucho batallar y gracias a un trabajo en equipo absolutamente ejemplar, conseguimos encender el dichoso fuego en unas condiciones extremadamente difíciles.

No te exagero si te digo que ese fue uno de los momentos más memorables de mi vida. Pasar del infierno al cielo en cuestión de segundos era casi como un milagro.

Fui capaz de imaginarme lo que experimentaron aquellos hombres primitivos ante la incorporación de ese nuevo elemento en sus vidas, lo que pasó por aquellas cabezas ante el espectro de posibilidades que se abrían en su horizonte ante semejante descubrimiento.

Vale, muy bien, ¿y qué tiene que ver todo eso con el mindfulness?

Durante siglos, el fuego ha sido fuente de vida, de luz y de calor.

En Occidente, nos hemos separado de este elemento tan importante y muchos han perdido la habilidad de manejarlo.

Ya no hace falta el fuego en los hogares, aunque siempre se encuentra alguna llama , ya sea la de una vela o la del calentador de agua.

¿Para qué querríamos encender fuego si con apretar un botón ya tenemos la vida solucionada?

Encender un fuego es una parte fundamental de la vida en la naturaleza que te conecta con ese sentir tan primitivo que todos llevamos dentro.

En nuestro caso, con los años y con mucha práctica, el fuego se ha convertido en una parte importante y muy presente en nuestra vida cotidiana. Lo encendemos a menudo, cocinamos al aire libre siempre que podemos y nos encanta sentarnos por la tarde alrededor de la hoguera para charlar o, simplemente, disfrutar de la noche.

La hoguera, ha tenido siempre un marcado carácter social por ser el centro en torno al cual se reunían las comunidades y se transmitían los conocimientos y las historias de generación en generación.

Ahora es la tele la que ocupa su lugar.

En cualquier caso, estés donde estés, en el momento que la llama prende, te sientes como en casa.

Como aquel lejano y helador día en Escocia. Aquella llamarada reconfortante nos permitió, en cuestión de instantes, sentirnos otra vez personas después de secar la ropa y preparar una sencilla pero deliciosa comida.

Las risas y las historias alrededor del fuego se sucedieron como si los momentos de bajón nunca hubieran existido.

¿Qué pasa mientras enciendes un fuego?

  1. Lo primero que notarás es que el resto del mundo deja de existir.
  2. Como por arte de magia, dejas de pensar en todas las cosas que no salieron bien ayer, se te olvidan tus recuerdos, así como todos los problemas que tendrás que solucionar mañana y hasta tus complicados y, a menudo improbables, planes de futuro.
  3. Solo existís tú y tu fuego. Buscas, cortas y preparas la madera, pruebas y te vales de la técnica más adecuada en ese momento, hasta que el milagro se produce ante tus ojos.

Te sientes como un niño con un juguete nuevo. Nadie que lo intenta puede disimular su entusiasmo ni borrar una sonrisa extasiada de su cara cuando la llama prende.

Si entendemos la palabra mindfulness como prestar atención plena al momento presente, intencionalmente y sin juzgar, me parece que encender fuego es un ejercicio que nos acerca, de forma casi inevitable, a dicho momento en el que todo se detiene, en el que la atención se concentra irremediablemente en el ahora.

La práctica del llamado mindfulness se ha instaurado por pura necesidad.

La vida va demasiado deprisa, vivimos a todo gas, no tenemos tiempo para nada, ni siquiera para estar presentes en el momento que estamos viviendo ahora mismo.

Repito, ni siquiera para estar presentes en el momento que estamos viviendo ahora mismo que, en realidad, es el único del que disponemos.

Este hecho es sumamente grave porque solo tenemos poder para hacer y cambiar algo desde ese momento que verdaderamente existe: el ahora.

No cuento nada nuevo, ya lo explicaba Eckhart Tolle hace años en su libro El poder del ahora (1999), al igual que muchos sabios de la antigüedad.

Pero hoy en día, más que nunca, es preciso parar y recuperar el control de nuestras vidas.

Así que el ejercicio que hoy te propongo es muy  sencillo: enciende un fuego, detente y déjate envolver por la magia de su fuerza, su cálida luz y su calor reconfortante.

Eso sí, con mucho respeto por el entorno, que más vale prevenir que curar.

 

¡Muchas gracias por estar ahí y por leerme! Si te ha gustado este artículo, no dejes de compartirlo, para que más personas puedan beneficiarse de él.

Y muchas gracias a Angel,, por permitirme acercarme a ti a través de su blog. Un enorme placer para mí poder hacerlo. ¡Gracias!

¡Un abrazo enorme!

Kiki

Sobre la autora

Soy Kiki Nárdiz, coautora del blog Rewilding Drum, desde el que comparto estrategias y herramientas para ayudarte a salir del automatismo y a recuperar la energía a través del contacto consciente con la naturaleza. Te regalo mi guía “7 errores que te alejan de tu naturaleza salvaje y como solucionarlos”

Foto de Alex Klopcic para Unsplash

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4 Comentarios

  1. 1 - jair

    25 marzo 2017 23:08

    Interesante tema como para entrar a otra dimensión con esta práctica , bueno esa es la impresión que me llevo
    Responder
  2. 2 - Nat

    30 marzo 2017 01:03

    Eso es San Fermín… Por eso me importan tanto, por eso me gustan , eso es lo que los hace diferentes a todas las demás cosas. Paralizan mi vida, la de mi familia, la de mis amigos, la de mis conocidos, la de mi ciudad, la de las instituciones, la de toda la provincia … y luego se sigue justo donde lo dejaste y no ha pasado nada…
    Todos los años me recuerdan lo mismo, que se puede hacer una pausa, que es posible entregarte sin reserva a las actividades descuidadas o abandonadas por las exigencias diarias y que no va a hundirse el mundo por eso.
    Estos Sanfermines también haré fuego…
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