¿Respetas a tu hijo? Consecuencias del exceso de control

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La autorregulación es innata al ser humano. Pero en una sociedad tan programada y dirigida nos costará más conectar con nuestras verdaderas necesidades. En algunas familias hay mucho control, autoridad, limites, normas y rigidez. En estos ambientes la autorregulación va alterándose. El niño entonces tiene que ir adaptándose a unos ritmos que van muy en contra o están muy distanciados de su propio ritmo biológico.

Podemos hablar de autorregulación:

  • en el sueño,
  • en el hambre y la saciedad,
  • en el frío y el calor
  • en el control de esfínteres,
  • en la motricidad,
  • en el juego,
  • en el aprendizaje,
  • en las nuevas tecnologías

En mi opinión, la autorregulación es respetar y escuchar el cuerpo y las necesidades del mismo. Para que un niño pueda autorregularse tiene que estar absolutamente conectado con su ser esencial, con su alma y con su vivencia interior infantil. No puede existir una autorregulación si hay una sobre adaptación al medio o a ritmos y rutinas muy alejadas del ritmo biológico innato y natural del niño como ser vivo. Los niños ya nacen seguros de sí mismos y conectados a su verdadero SER esencial.

¿Puede existir una autorregulación completa?

Pienso que no podemos autorregularnos al cien por cien por la forma en que vivimos actualmente en sociedad: escolarizados, en familias nucleares, con comida muy industrializada y con muy poco contacto con la naturaleza.

No obstante, a pesar de que no pueda existir una autorregulación completa, sí que podemos intentar acercarnos al máximo posible, aunque no podamos llegar al todo. Os invito a intentarlo aunque sólo podamos llegar a un 40 %, o a un 60 %.

Si no podemos respetar el ritmo biológico de sueño de nuestro hijo, por ejemplo, este hecho no significa que ya no podamos respetárselo jamás, ni los fines de semana, ni los días festivos, ni en verano, ni en vacaciones. De la misma forma, no podremos respetar su ritmo biológico de hambre debido a que en el cole tiene que comer a una hora determinada y una comida determinada, sí que podremos hacerlo en la merienda, en la cena o durante los fines de semana si tomamos conciencia de ello y elegimos hacerlo entonces.

¿Qué ocurre si no podemos respetar, si no podemos escuchar, si no podemos acompañar y si no podemos complacer?

En esos casos siempre propongo validar las necesidades y las emociones del niño y nombrar la verdad de los hechos para evitarle confusión y frustración. Podemos decirle , por ejemplo:

“Mi amor, tienes sueño, te gustaría quedarte más rato en la cama pero tenemos que ir al cole… Como me gustaría que hoy fuera sábado y no tuvieras que ir al cole…”

“Cariño, necesitas correr y moverte pero ahora en casa de la abuela no puedes y te sientes mal. ¿Quieres que bajemos al parque un ratito y volvemos a subir luego?”

Validar y nombrar el malestar que siente el niño por tener que levantarse a una hora que no le apetece o tener que reprimirse físicamente hace que se sienta tenido en cuenta. Para los adolescentes aún es más complicado ya que en esa etapa necesitan dormir mucho más y, paradójicamente, es cuando más tienen que madrugar. Que poco escuchamos los verdaderos ritmos biológicos.

Cada vez nos vamos distanciando más de la persona que vinimos a ser. Cada vez nos vamos adaptando más al entorno y a lo que se espera de nosotros. En ocasiones llega un día que ya nos olvidamos de quién somos en realidad y cuál es nuestro propósito aquí. Solemos juzgar e interpretar las necesidades legítimas de los niños. Nos cuesta mucho respetarles y escucharles.

¿Cuáles son las tres actividades espontaneas que todo niño haría todo el día si pudiera?

  • Jugar
  • Moverse
  • Hablar

Precisamente estas tres actividades son las que más les limitamos tanto en las escuelas como en casa. No puede ser que todos los niños, sin excepción, estén equivocados necesitando jugar, moverse y hablar más de lo que muchos adultos podemos gestionar. Simplemente están conectados con su verdadera esencia. Lo que la naturaleza diseñó para su óptimo desarrollo es lo que pretendemos evitar o limitar.

Un niño no elige jugar, moverse y hablar todo el tiempo, lo hace movido por su pulsión interna innata.

Realmente pensamos que no tiene consecuencias vivir tan distanciados de nuestras verdaderas necesidades.

¿Qué debe hacer un niño para dejar de escucharse?

Necesita reprimir sus necesidades, necesita anestesiar su cuerpo para dejar de sentir como le hierve por dentro. Toda esa represión tiene sus consecuencias y puede salir en forma de:

  • Trastornos en el comportamiento
  • Dificultad en el aprendizaje
  • Agresividad
  • Problemas para concentrarse
  • Problemas de sueño
  • Inseguridad y falta de autoestima
  • Desconexión con uno mismo
  • Depresión
  • Ansiedad
  • Necesidad de aprobación
  • Dependencia emocional
  • Comportamientos compulsivos

La sobre adaptación al medio tiene sus síntomas incluso en el cuerpo.

Hay cuatro ritmos biológicos absolutamente vitales, que deberíamos intentar respetar al máximo en su autorregulación, por lo menos en primera infancia:

Los cuatro ritmos vitales son:

  1. El ritmo del sueño.
  2. El ritmo del hambre y la saciedad
  3. El ritmo del control de esfínteres.
  4. El ritmo de la motricidad.

AUTOREGULACIÓN EN EL SUEÑO

Pensamos que tenemos que enseñar al niño a autorregularse el sueño. Se dice incluso que tenemos que enseñar a los niños a dormir. Un niño sabe dormir. Cuando está en el vientre materno ya tiene momentos de vigilia y de sueño. Y lo percibimos porque hay momentos en los que está tranquilo y otros en los que da patadas y se mueve.

Hasta el año y medio o los dos solemos ser más conscientes y nos es más fácil respetar ese ritmo biológico innato del bebé. Entendemos que tiene que dormir dos o tres horas, que se despierta y necesita mamar y se vuelve a dormir.

Pero cuando cumplen los dos años en adelante aunque vengamos de una crianza consciente, empezamos a exigirle una cierta sobre adaptación. Necesitamos que sus necesidades se adapten a las nuestras cuanto antes.

AUTOREGULACIÓN EN LA COMINDA

Lo mismo sucede con los horarios de comida: mientras le damos lactancia a demanda todo marcha bien pero cuando empieza con los sólidos decidimos que ya tiene que desayunar, comer, merendar y cenar. Adaptándose a esas cuatro comidas y a sus horarios correspondientes. Muchos niños necesitarían seguir comiendo, probablemente, seis u ocho veces al día. Muchos niños necesitan comer muy poco, pero más veces al día. Eso no se suele tener en cuenta.

Comer sin hambre o tener que esperar cuando se tiene hambre es algo muy social y nada tiene que ver con lo verdaderamente biológico. Hay muchos momentos durante el día que nuestros hijos podrían tener más libertad para escucharse.

Muchos padres y madres pensarán:

“Sí, pero ¿cómo lo hago si mi hijo va al cole y yo trabajo todo el día fuera de casa?”

Si nuestro hijo se adapta a ese horario, fantástico. Pero tenemos que entender que no todos los niños comen mucho y solo cuatro veces al día. Yo os invito a conectar con la vivencia interna de vuestro hijo y con sus verdaderas necesidades aun cuando no las podáis satisfacer.

Cuando sentimos a los niños (emocionalmente hablando) es cuando podemos empezar a hacer algo por y para ellos, por poco que sea.

Obligar a un niño a comer es un acto de violencia que hemos normalizado y aceptado socialmente. Muchos niños son obligados, castigados, amenazados, humillados y rechazados por no terminarse un plato de comida que no les gusta o por no tener más hambre.

Sólo seremos capaces de ejercer esa violencia, poder y control sobre un niño si siendo niños un adulto nos hizo lo mismo. Para soportarlo tuvimos que anestesiar ese dolor, esa rabia y esa frustración. Esa anestesia emocional nos salvó siendo niños pero hoy nos impide sentir a nuestros hijos o demás niños. Perpetuamos el mismo maltrato.

Cuando algo se lleva haciendo mucho tiempo y por muchos adultos lo naturalizamos. Obligar a comer es abusar y ejercer el poder sobre un ser inferior y vulnerable. Ninguna otra especie animal, ni, muchísimo menos, un mamífero obliga a sus crías a comer lo que no desean.

Ofrécele comida sana, equilibrada, variada y de calidad a tu hijo y él sabrá perfectamente qué necesita su cuerpo.

AUTOREGULACIÓN EN EL CONTROL DE ESFÍNTERES

Otro ritmo biológico muy importante es el de control de esfínteres. El hecho de que el niño pueda controlar esfínteres cuando tiene o no pipí, cuando tiene o no caca y, cuando son pequeños, si quiere o no llevar pañal. Sobre todo el hecho de no tener que estar aguantándose cuando tiene la necesidad. Obligar a un niño a retener su esfínter es otro acto de violencia. Algunos trastorno en nuestra futura sexualidad tienen su origen en esa represión primaria forzada.

Los cuatro ritmos vitales de sueño, hambre, control de esfínteres y movimiento son vitales para que el niño pueda conectar con su registro interno. El niño necesita poder confiar en eso que su cuerpo le dicta. Esto le ayudará muchísimo después a conservar esa intuición y conexión consigo mismo.

Le ayudará a decidir si algo le gusta o no, a determinar lo que quiere estudiar o hacer, si le gusta una persona o no, a conectar con su tendencia sexual, a saber si quiere o no tomar ciertos alimentos o ciertas sustancias (drogas)… Podrá hacer caso a lo que su cuerpo, sus emociones y su psique le están diciendo.

Confunde mucho al niño cuando es muy pequeño y le hacen dormir cuando no tiene sueño y cuando tiene sueño le hacen estar despierto. Cuando no tiene hambre le hacen comer más y cuando tiene hambre le hacen esperar porque todavía no es la hora. Cuando no está preparado le quitan el pañal y se orina encima. Si cuando necesita moverse no puede y lo reprimen.

Todo ello le hace tener al niño la sensación de que está equivocado sintiendo lo que siente y necesitando lo que necesita. Y ahí tienen lugar las primeras desconexiones: se va desconectando de su ritmo biológico para irse adaptando al ritmo de mamá, de papá, de la sociedad, del cole o de los profes.

Algunos dirán:

Pues entonces mi hijo está desconectadísimo porque, claro, no hemos respetado su sueño, somos de horarios fijos en cuanto a comer, le quité el pañal a los 2 años…

Aun así, no hay nada mejor que la toma de conciencia para empezar a hacer algún cambio y tomar nuevas decisiones. Si nos damos cuenta de esto, podemos nombrarlo o podemos, como he comentado anteriormente, respetar los ritmos en la medida de nuestras posibilidades.

Sin embargo, muchísimas veces ponemos el foco de atención en dar explicaciones y nos justificamos del porqué, por ejemplo, no le podemos respetar el sueño en vez de ver que sí podríamos los sábados y domingos, y también en verano o en períodos de vacaciones. Podemos empezar a ver cuándo SÍ en vez de justificar porqué NO.

En lugar de estar focalizando todos los momentos en los que no podemos respetar su autorregulación, podemos cambiar el punto de mira y centrarnos en qué momentos sí podemos, puesto que estos últimos compensarán, minimizarán y sanarán los primeros.

La autorregulación en la alimentación será posible si hay alimentos sanos, integrales, ricos y variados a disposición de los niños. Sería ideal tener en casa una bandeja con estos alimentos:

  • Frutas frescas
  • Verduras crudas
  • Frutos secos
  • Panes sanos
  • Tortas de algún tipo de cereal
  • Agua y zumos naturales

Podríamos observar que cuando el niño hace mucho ejercicio físico consumirá más proteína, si tiene mucho frío en invierno comerá más hidratos de carbono, si tiene mucho calor y suda preferirá los alimentos crudos.

AUTOREGULACIÓN EN LA MOTRICIDAD

Los niños necesitan moverse y jugar todo el tiempo. Tener que reprimir la necesidad de movimiento cuando su cuerpo “hierve” por dentro es muy complicado y difícil para el niño. Le confunde psíquicamente.

La represión continua de movimiento puede provocar una necesidad compulsiva de moverse en todo momento ya que esta necesidad no se satisface lo suficiente.

Muchos niños son etiquetados de hiperactivos cuando en realidad simplemente necesitan moverse más de lo que se les permite. Es vital favorecer espacios donde los niños puedan moverse: saltar, botar, correr… en libertad durante largos espacios de tiempo.

Cuando esa necesidad motriz es satisfecha en su etapa sensorio-motriz (como nombra Jean Piaget) entonces todo lo demás se desarrolla y se organiza mejor.

Hay niños que no pueden estudiar, prestar atención, memorizar o estar tranquilos haciendo algo si no han satisfecho esa necesidad motriz primero. No nos damos cuenta de este hecho y pensamos que los niños tienen algún problema.

AUTOREGULACIÓN EN LA TECNOLOGÍA

En cuanto a la autorregulación en la tecnología, hay que decir que si un niño está gran parte del día con la tablet o el móvil es porque le faltan posibilidades de juego, o cosas lo suficientemente interesantes para hacer, o mayor vínculo afectivo con mamá, o más amigos. Quizás le faltan propuestas divertidas.

Un niño que tiene diferentes opciones: aire libre, buenos amigos, juegos divertidos y sobre todo una madre disponible no tendrá problemas con la tecnología ya que será una opción más entre muchas otras. Muchos niños se refugian en la tecnología por aburrimiento, por falta de presencia materna o por estrés… La tablet no es el problema, sino más bien es el síntoma de que existe otro problema detrás que no vemos.

Cuando un niño se siente mal, notamos en él inquietud, agobio, ganas de molestar, una forma descontrolada de moverse o, al contrario, está muy callado, muy retraído, muy tímido, muy inseguro, triste o depresivo.

Es decir, cuando observamos que no hay espontaneidad, que no hay naturalidad ni equilibrio, bien por excitación o bien por sobre adaptación y represión, es porque no hay armonía, por tanto, está alejado de lo biológico: de sus verdaderas necesidades.

Quizás tenemos dudas acerca de si estamos atendiendo bien a nuestros hijos, si les estamos dando la atención o el cuidado que necesitan, si nuestra presencia está siendo suficiente, o si lo que estamos viviendo les está afectando más de lo que nos estamos dando cuenta.

¿Cómo podemos valorar si nuestros hijos reciben lo que necesitan?

Simplemente observándoles: si duermen tranquilamente, si están en armonía, si están activos, si se relacionan de forma pacífica entre ellos.

Entonces podemos estar tranquilos. Por el contrario, si observamos a los niños muy desconectados o descontrolados, si los notamos muy distanciados o muy inquietos, si se quejan, o vemos que se relacionan mucho desde el descontento, o que se están criticando o molestando continuamente, entonces podemos afirmar que existe un cierto malestar porque empiezan a estar un poco alejados de sus ritmos biológicos y de sus verdaderas necesidades.

Su comportamiento nos confirmará si están o no en armonía.

Yvonne Laborda
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MI LIBRO: Dar voz al niño
Curso online: Sanar la Herida Primaria (SHP) Los lectores de El Blog Alternativo tienen un 10% de descuento sobre el precio especial del curso con el código EBA10
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Mi web: www.yvonnelaborda.com
Formación CCEE

Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés

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Una Respuesta

  1. 1 - Daniella Lins

    15 noviembre 2017 21:36

    Tuve 3 hijos y puedo hablar que en mi primer hijo yo era muy controladora y hasta hoy después de viejo, ese mi hijo “depende” de mí para algunas cosas, tal vez sea consecuencia de mi ciración. En cambio, mis otros dos hijos decidí dejarlos más sueltos. ¿Resultado? Hoy en día son mucho más independientes que mi primer hijo.
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