«El corazón de la sexualidad» por Alberto Mena Godoy

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Alberto Mena Godoy es terapeuta en Integración Psico-Corporal y de Sanación Psico-Somática. Además es autor, divulgador e investigador independiente de las conductas y trasfondos del ser humano. En el año 2012 publicó su primer libro Ser o no ser hombre – Viaje a la esencia de la identidad masculina. Este año nos presenta El corazón de la sexualidad – La revolución de los afectos, una de las grandes sorpresas editoriales de este 2020.

Con aportaciones y puntos de vista hasta ahora inéditos y mediante una redacción clara y concisa, el autor aborda nuevas perspectivas acerca de diversas temáticas que giran en torno a las relaciones humanas y a la sexualidad. El texto de la contraportada se inicia así: «¿Qué necesitan los niños y niñas de sus padres para desarrollar una vinculación afectiva y una sexualidad sanas? ¿Qué hubieras necesitado tú? Cuando somos adultos, ¿qué podemos hacer al respecto? Tienes en tus manos la posibilidad de conocer y comprender cómo los comportamientos y conductas sexuales de la vida adulta se enraízan en las experiencias de relación registradas a lo largo de la infancia y la adolescencia».

A lo largo del desarrollo humano, en todos nosotros se despliegan unas necesidades instintivas, que tanto pueden ser sexuales como no sexuales. Estas necesidades reciben unas respuestas por parte de nuestros progenitores, que por un lado pueden ser sanas, y por otro lado pueden ser fuente de patología y conflicto. Ciertamente, por necesidad vital nos vinculamos afectivamente a nuestro padre y a nuestra madre, sean cuales sean las condiciones que nos ofrezcan.

A través del tiempo y a medida que se atraviesan los diferentes ciclos del desarrollo, más allá del vínculo afectivo que se establece con ellos, se configura además la vinculación afectiva, que es la impronta instintivo-emocional, sensoperceptiva, energética, corporal y cognitiva desde donde nos relacionaremos con nosotros mismos y también con los demás.

Asimismo, desde esa base de vinculación, a lo largo de determinados periodos cumbre del desarrollo de la sexualidad emergerán impulsos sexuales que, en función de las respuestas que reciban, configurarán la vinculación sexual. De modo que el vínculo afectivo, la vinculación afectiva y la vinculación sexual conformarán los tres pilares-eje que definirán nuestra capacidad vincular y las bases desde donde nos relacionaremos.

La aproximación a la sexualidad se produce en el contexto general en que se desarrolla la personalidad, no aislada de ese contexto, desde donde tan a menudo se contempla. Una vez establecidos los fundamentos sobre los que se construye, seguidamente se aborda la forma en que se estructuran los patrones de deseo y atracción que todos llevamos dentro, es decir ¿quién me atrae, a quién deseo, por qué?

Los patrones de deseo y atracción establecidos implican que a partir de la adolescencia desearemos y nos atraerá -no solo a nivel sexual- un determinado tipo de persona en función de lo que desde el desarrollo humano hayamos registrado a nivel instintivo-emocional en la relación paterno y materno-filial. Así como el deseo y la atracción se fijan en referencia a las personas, también pueden fijarse en referencia a sustancias, actitudes o conductas, que en lugar de hacernos bien, nos atrapan, o incluso nos pueden dañar.

El cuerpo medio de El corazón de la sexualidad – La revolución de los afectos gira en torno a los efectos negativos que a lo largo del desarrollo, desde la gestación hasta la adolescencia, produce una vinculación afectiva y sexual carente o dañada en alguno de sus aspectos. En la sexualidad, esos efectos negativos adoptarán la forma de disfunción o de perversión (parafilia) sexual, según el caso.

Por un lado, las disfunciones sexuales son una dificultad, anomalía o alteración psico-corporal que afecta al curso de la respuesta sexual. El daño infringido a las necesidades instintivas no ha sido favorablemente procesado y ha dejado su marca en el sistema reproductivo y en la vivencia de la intimidad sexual y relacional.

Los efectos son descritos con detalle en cada una de las disfunciones sexuales mayoritarias: deseo sexual inhibido y trastornos de la erección, dispareunia (dolor) y vaginismo, eyaculación precoz o rápida, ausencia de orgasmo (anorgasmia) y eyaculación retardada.

Por otro lado, en las perversiones sexuales se ha observado que la carencia y el daño infringido es de mayor consideración; en consecuencia, la intimidad sexual y relacional se vive de forma sobreexcitada, impulsiva, urgente, morbosa… La práctica sexual, además de producir un placer perverso y adictivo, aligera el malestar de la sobrecarga energética dolorosa, desorganizada y confusa que el sujeto alberga. Por consiguiente, se obtiene un pseudoplacer que refuerza la contracción interna, pero alivia anímicamente permitiendo circular la carga de dolor anestesiado.

Toda esta complejidad es tratada minuciosamente en la descripción de los orígenes y formación de cada una de las perversiones sexuales mayoritarias: hipersexualidad o adicción sexual, voyeurismo, exhibicionismo, frotismo o froteurismo, fetichismo, sadomasoquismo, tríos y sexo en grupo, pedofilia y pederastia. Para terminar de comprender el mecanismo de formación de las parafilias, se aborda también la necrofilia, la zoofilia o bestialismo, la urofilia y la coprofilia.

Capítulo aparte merece el abordaje de los orígenes relacionales de la homosexualidad masculina, la homosexualidad femenina y la bisexualidad. Ciertamente, no existen investigaciones que confirmen desde un punto de vista biológico que el homosexual nace: ni las que enfatizaban los factores genéticos hereditarios, ni las que se centraban en el desequilibrio de la proporción hormonal, ni las enfocadas en las diferencias estructurales del hipotálamo entre el cerebro homosexual y el heterosexual. Así como es evidente que no podemos obviar estas posibles causas, también es evidente que existen unos factores relacionales (ambientales) que acontecen a lo largo del desarrollo, que al mismo tiempo condicionan la orientación y la elección sexual que se define desde la adolescencia.

A partir de los datos recopilados en el espacio terapéutico, tenemos identificadas unas causas relacionales comunes que coinciden en la estructuración de la homosexualidad y de la bisexualidad. Es evidente que nadie habla de estas causas. Sin embargo, existen. En este capítulo son abordadas y explicadas con detalle. 

Antes de entrar en la recta final, el libro se sumerge en el universo de las fantasías sexuales. ¿Qué hay detrás de las fantasías sexuales? Un capítulo entero ocupa esta temática tan popularizada, pero tan desconocida en el fondo.

En una entrevista que le realizaron al autor, este comentaba que uno de los motivos más importantes que le llevaron a escribir el libro, tenía que ver con la necesidad de mostrarle a la sociedad el trasfondo patológico oculto de las perversiones sexuales. Contrariamente a lo que suele exponerse en los medios, incluso en boca de reconocidos sexólogos, psicólogos o terapeutas, según el autor ni mucho menos se trata de «liberarse» y de llevar a la práctica cualquier tipo de fantasía sexual: «hacer apología de actuar las fantasías sexuales parafílicas izando la bandera de la «liberación» no tiene nada que ver con la liberación ni con lo terapéutico. (…) Las perversiones sexuales y las fantasías sexuales parafílicas son una gran mentira que oculta una gran verdad».

Además de denunciar y desvelar estas cuestiones tan desconocidas e ignoradas incluso por especialistas en la materia, el autor apela a la responsabilidad sobre lo que deseamos, sobre lo que sentimos y sobre lo que hacemos antes de pasar al acto cualquier tipo de fantasía.

Finalmente, en las conclusiones generales se realiza una revisión del estado actual en que se encuentran las relaciones humanas. Asimismo, se exponen algunas consideraciones críticas acerca de la llamada «revolución sexual» de los años 60 del pasado siglo. Además de reconocer determinados logros de la transformación que se produjo, se advierte que en buena medida transitamos de una sexualidad represiva a una sexualidad impulsiva.

Los procesos emocionales y los recorridos afectivos y vinculares fueron desplazados progresivamente por el objetivo sexual. Como resultado de todo ese proceso, en la actualidad parece como si la desconfianza, el miedo a la vulnerabilidad y la incapacidad de sostener la frustración y el conflicto se hubieran incrustado en la normalidad relacional.

Para contrarrestar la deriva y la ausencia de rumbo en que a ese nivel nos hallamos, el autor abunda en la necesidad de hacer algo al respecto: «Es preciso orientarse hacia un nuevo orden que decididamente nos ancle en el cuerpo, nos referencie en los afectos, fije la sexualidad en ellos, y le devuelva a las relaciones humanas y a la sexualidad el valor y la integridad que no se les debió arrebatar. Desde ahí debiera promoverse la mayor revolución que como sociedad seamos capaces de emprender: la revolución de los afectos».

Es evidente que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás en función de lo que llevamos dentro. Pero ¿qué llevamos dentro? Si no tenemos conciencia de ello, sobre todo en situaciones de conflicto, ¿cómo nos podemos tomar como referencia? La revolución de los afectos que se plantea, empieza en ti y se expande a través de ti. En ese sentido, tenemos una responsabilidad y un compromiso personal, que también es social. Los contextos humanos requieren mucha más atención de la que actualmente le prestamos.

Tanto en el ámbito pedagógico como en el ámbito social y familiar, dos cuestiones básicas debieran establecerse como prioritarias: cómo nos sentimos con nosotros mismos y cómo nos sentimos con nuestras relaciones. En esa dirección se adentra finalmente el autor para que desde esa mirada, los vínculos afectivos y el corazón de la sexualidad ocupen su lugar natural de anclaje.

«Efectivamente, no es tiempo de llevar el corazón camuflado, encogido, sin pálpito relacional. Hace falta valor para vivir la vida que merecemos, dejar la huella de lo que somos y no dejarnos avasallar por el sinsentido circundante. Es tiempo de soltar el engranaje desde el que no nos reconocemos; tiempo de esperanza y de nuevas aperturas; tiempo de valientes que a pesar de sus miedos y heridas miran hacia dentro para honestamente sentirse, y se dirigen hacia fuera para expresarse, ofrecerse y darse. Desde esa coherencia todo tiene sentido».

Una obra imprescindible para los nuevos tiempos que corren.

Más información: acceso al libro, descarga primeras páginas, videoentrevistas al autor, entrevistas en radio

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